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Puebla, México, 9 de noviembre de 2025 (Neotraba)

Sylvia Arvizu nació en Hermosillo, Sonora. Ganó varias veces el Premio Intercarcelario “José Revueltas” y en 2017 obtuvo por primera vez el Premio del Libro Sonorense en el área de Crónica por Las celdas rosas (Nitro Press, 2018). Las mujeres que aparecen en las crónicas de Arvizu se muestran sin ambages, son ellas a través de las letras de la autora, las que nos cuentan cómo les ha ido en la vida.

Para este 2025 se anunció que Sylvia Arvizu resultó ganadora por tercera vez en el área de crónica, con el texto Doña Mounstra, del que los jurados dijeron: “destacó su acercamiento narrativo a un caso real ocurrido en Nacozari, Sonora, donde una familia devota de la Santa Muerte fue condenada por homicidios cometidos entre 2009 y 2010.”

Con ocho años de diferencia y terminar un libro fuera del penal, le preguntamos a Sylvia, lo que significa ganar el Premio del Libro Sonorense en crónica en este 2025:

–Siempre que me preguntan qué significa para mí ganar un premio, nunca sé qué decir. Me parece muy simple cuando se dice: “es un honor… una satisfacción”.

Me parece bien chilo. Este premio es el más importante en Sonora –a nivel literario– y el incentivo económico es espectacular. Todo lo que implica: la publicación de la obra, la difusión; que sea un premio convocado por el gobierno del estado le da mayor visibilidad y eso me gusta muchísimo.

Cuando supe quiénes estaban compitiendo –y enterarme que estoy a la par de ellos– me pone muy feliz porque es competir con gente que admiro mucho –que cuando los leo siempre estoy aspirando a escribir algo parecido– con ese nivel, con esa claridad mental, con esa genialidad, con esa maestría, que me pongan en el terreno de juego, eso significa para mí el premio: “órale, estoy con los meros meros” o con los que lo han ganado antes o los que compitieron en esta edición. Eso es de mis mayores premios: saberme a la par de la gente que admiro.

Y aunque totalmente no es crónica penitenciaria, sí tiene un poco de crónica penitenciara, te explico por qué: esta investigación la hice con base en entrevistas, testimonios que encontré, escritos, clavados que me eché en archivos digitales; pero, además en 2012, las mujeres protagonistas de esas historias estaban en el reclusorio femenil, –yo salí en 2020– entonces tuve la oportunidad de convivir con ellas ocho años.

Muchas de las crónicas fueron a partir de la observación, de la interacción, de la convivencia. Tiene un poco de crónica penitenciaria, que es la base sobre la que yo me he construido.

Santa Muerte en Nuevo Laredo
Santa Muerte en Nuevo Laredo

La festividad del día de muertos ocurrió apenas hace una semana. Muchas ciudades del país se llenaron de colores naranjas y amarillos por la flor de cempasúchil. A la par de esta fiesta, la celebración de la Santa Muerte también se hizo presente. En Puebla, varias personas realizaron un desfile por las calles del centro. Como ya se mencionó, Nacozari en Sonora es el escenario donde ocurre el libro premiado de Sylvia, a propósito, le cuestionamos, ¿cuál es el significado social que tiene la Santa Muerte en Sonora?

–El fenómeno de la Santa Muerte es muy complejo en Sonora porque hay una división muy importante: los que lo ven como culto, como la gente que está tatuada o las capillitas que existen en la carretera y que se cree está asociado a la delincuencia, a lo nocivo, a lo oscuro; con la contraparte que es la gente que está pensando en un poder superior que viene y le soluciona las cosas, esa es la protección que reciben de la Santa Muerte porque se acogen a su voluntad en un espacio de fe, sobre todo las comunidades más marginadas, gente de escasos recursos.

En algo que coinciden –según lo que yo estuve viendo– es que la Santa Muerte no es dadora per se de su generosidad, sino que hay intercambio: tú le pides a cambio de algo que le das porque si no es muy cobrona –como dicen.

Siento que es un espacio de fe para las personas más vulnerables –asociada a la delincuencia, a lo negativo, al narco, quienes la vinculan a eso son las personas que no creen en ella–; es complejo.

Yo que ando mucho en carretera cada vez veo más capillas a la orilla, más culto, más devoción, más tatuajes en las pieles porque me manejo mucho con personas jornaleras. De repente los veo en los surcos, en las huertas y los terrenos trabajando y los veo tatuados –o las medallitas. Siento una presencia más grande de este fenómeno.

Sylvia Arvizu. Foto tomada de su FB sin su autorización
Sylvia Arvizu. Foto tomada de su FB sin su autorización

Sylvia Arvizu es autora de Breve Azul (La Cábula, 2008); Mujeres que matan (Nitro Press-UANL, 2010); Las celdas rosas (Nitro Press-Instituto Sonorense de Cultura, 2018) y Morir de tiricia y carcelazo (Nitro Press- Instituto Sonorense de Cultura, 2022); licenciada en Ciencias de la Comunicación conoce el oficio del periodismo. El jurado integrado por Sandino Bucio Dovalí, Carlos Eduardo Acuña Ramírez y Paul Antoine Matos mencionó que “la obra combina periodismo y literatura y presenta una narración coral de gran fuerza testimonial”, por ello le preguntamos a Sylvia, ¿cuáles son las características que debe tener el periodismo en el siglo XXI?

–No recuerdo de quién era la nota que el otro día estaba leyendo: la mente creativa, el cerebro detrás de Google decía que cada vez nos acercamos más a un fenómeno en la información, sobre todo en la tecnología y en medios digitales: de aquí a 5 años –y creo que 5 años es mucho– se va a perder la diferencia entre lo que es la verdad y lo que no es.

Entre más tiempo pase menos vamos a saber qué está pasando, quién tiene la verdad, qué es la verdad y qué no lo es.

Me refiero a las noticias que estamos viendo a nivel nacional, como la muerte de Carlos Manzo y que se ha dicho que fue la misma familia y otros dicen que no. Van a salir montajes, inteligencia artificial y vamos a perdernos.

Llegará un momento en el que la verdad se va a erosionar a tal grado que no vamos a saber qué es verdad y qué es mentira. Es una lástima, por supuesto, pero creo que el periodismo –más que nunca– necesita ese rigor de siempre, el que te inculcan cuando estudias la carrera desde el día uno: verificar las fuentes, escuchar todas las voces.

Me parece muy importante un ejercicio de pluralidad para escuchar todas las versiones para que el que esté leyendo, escuchando o pidiendo la información pueda tomar la mejor decisión.

Creo que el periodismo debe tener una adaptación muy importante a la tecnología porque cada vez más –lo que te venía diciendo– nos invade a todos los que damos información.

El periodismo debe de tener la adaptabilidad de tomar los medios a favor para contar historias de las nuevas plataformas y de las nuevas formas de comunicar.

Considero que lo más importante que no debe de perder el periodista es la curiosidad por los temas nuevos, no encasillarnos en una sola cosa o no prejuiciarnos o tener la predisposición a un solo tema determinado. Y la curiosidad natural del periodista: observar, buscar, indagar, investigar. El periodista es investigador, creo que todo parte de ahí.

No me queda más que agradecer por este premio, aunque estamos en un momento agridulce en Hermosillo por los hechos que ocurrieron y con todo el respeto que merecen las personas que están atravesando por esto: los que estamos alrededor también lo estamos atravesando, nos pegó muy fuerte a todos.

Aquí estamos unidos, porque Hermosillo es un pueblo que no se rinde. Sonora es una comunidad que se une.


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