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Ciudad de México, 21 de octubre de 2025 (Neotraba)

La conversación terminó cuando ella –una de las mexicanas que intentó llegar a Gaza en la Flotilla Global Sumud– dijo que se preparaba para regresar y seguir trabajando para liberar Palestina. No. La conversación no terminó cuando ella –una de las mexicanas que intentó llegar a Gaza en la Flotilla Global Sumud– dijo que se preparaba para regresar y seguir trabajando para liberar Palestina. La conversación terminó cuando la interrumpí con un –¡Neetaa! ¡¿Van a liberar Palestina?!– No tuve respuesta. Nadie dijo nada. Me queda claro que, oficialmente, no hay registro de que alguno de los miembros de la Flotilla Global Sumud, o de sus portavoces, haya dicho que uno de los objetivos de la Flotilla era la liberación de Palestina. Pero ahí estaba yo, frente a una de sus navegantes, recientemente liberada y trasladada a México, escuchando que se preparaba para ir a liberar Palestina, iniciativa en cuya viabilidad me encantaría creer. Mi pregunta surgió de la sorpresa, y la sorpresa, sin duda alguna tenía su origen una envidia enraizada en el innegable hecho de que nunca he liberado a nadie, mucho menos un país. Ni siquiera me he planteado la posibilidad de participar en un acto de liberación. Para ser claros, dudo haber secuenciado las palabras “voy a liberar”, y un sustantivo propio, común, concreto, abstracto, individual, colectivo, contable o incontable, si no ha sido para anunciar que tengo que ir al baño. A lo mucho he ayudado, no más de dos veces, a sacar a alguien detenido en los separos, pero jamás iría tan lejos como para afirmar que lo liberé.


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