Crónica de un viaje a la dimensión chayera de La Rioja
Una crónica de viaje por La Rioja para encontrarse con Pancho Cabral... y amigos y vino y entrevistas. Por Fernando "Catuto" Ojeda

Una crónica de viaje por La Rioja para encontrarse con Pancho Cabral... y amigos y vino y entrevistas. Por Fernando "Catuto" Ojeda

Casa de Pancho Cabral
Patio de chaya
Por Fernando “Catuto” Ojeda
Winifreda, La Pampa, República Argentina, 23 de julio de 2025 (Neotraba)
Todas las fotos aparecen por cortesía de Fernando “Catuto” Ojeda
Los hechos de esta crónica ocurrieron en el verano del año 2025 en Argentina, Sur de “Nuestra América” como la llamó José Martí.
Mes de enero, Winifreda, un pueblo de 3,000 habitantes, provincia de La Pampa, norte de la Patagonia, Argentina.

Mis días suceden bajo la parra, siestas, lecturas de crónicas, notas periodísticas, de Osvaldo Soriano y Osvaldo Bayer; amigos y tocayos. Esto me permite sobrevivir a todo lo que nos atraviesa en esta época. Escucho entrevistas para aprender y lidiar con noches en que falta el viento y la lluvia, bebo un vino negro, evito las malas noticias televisadas, pues el fascismo de un gobierno neoliberal agobia y maltrata a todo un pueblo.
En esos días de enero tuvimos algunas charlas con Nahuel Cabral, que vive en Francia, se venía la chaya en el patio de su padre, el cantor, el músico, el poeta riojano, Pancho Cabral.
Fue en las charlas con Nahuel que surgió la idea de un viaje a la maravillosa dimensión chayera y riojana del poeta. En ese tiempo Hugo Villalva, mi vecino y amigo, viajó a pasar unas vacaciones fuera de la provincia. Por lo que me tocó varias semanas estar a cargo de su gato, El Súper.
Lunes 3 de febrero 23:55 horas, comenzó mi viaje a La Rioja. Mi amigo y vecino Hugo había regresado al pueblo unos días antes. El Super ya no extrañaría.
Primer destino: San Luis, capital puntana de la provincia homónima. El viaje fue por la Ruta Nacional 35 y luego siguió por la Ruta Nacional 7. Allí en San Luis viví durante diez años, estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de San Luis.
El viaje de Winifreda a San Luis fue monitoreado por mi entrañable amigo, Bruno Napoli, que vive en Buenos Aires. Él me pidió que le fuera contando el viaje cual bitácora, así lo hice.
El colectivo por momentos se movía de tal forma que parecía un barco; será por aquellos versos del poeta pampeano Ricardo Nervi que sostienen “La Pampa es un viejo mar donde navega el silencio”.
Martes 4 de febrero, 7:30 horas de la mañana, San Luis amaneció nublado, las sierras tienen un verde apagado, hace tiempo que no llueve, los árboles y espinillos juntan polvo, las sierras que circundan la ciudad no brillan por el mismo polvo suspendido en el aire.
Desde la estación terminal de ómnibus de San Luis, tomé el colectivo con destino a Potrero de los Funes –pueblo que está a 15 km de la ciudad capital. Fui al encuentro de unos de mis hermanos de la vida, Hernán Kelly. Cuando llegué nos dimos un fuerte y breve abrazo, no hubo tiempo para otra cosa. Fuimos a llevar a su hija y a su hijo a la colonia de vacaciones. A media mañana, Hernán me llevó a la casa de mi hermana, Azul, y de su compañero Damián, allí me esperaron junto a los pequeños y sus perras. Arriba en las sierras, en las márgenes del pueblo Potrero de los Funes.
Pasé la mañana y parte de la tarde con ellos. Jugamos con Ciro, mi sobrino, a las sombras de los espinillos, detrás de las grandes piedras que son parte del paisaje donde viven. Las perras descansaron al sol y a la sombra de acuerdo con las horas del día. Luca, el más chico es un bebé, durmió la mayor parte del tiempo y solo se despertó para reclamar su ración de leche.
En la tardecita, mi hermana junto a su compañero y sus hijos, me llevaron a la casa de Hernán. Esa noche Hernán ofició de anfitrión y asador, nos juntamos con Heber, Marcos y Ramiro. El asado salió sabroso, estuvo bien regado con vermut y vinos, canciones, partida de Truco (naipes) e historias compartidas. Es notorio, cuando los argentinos nos juntamos lo primero que hacemos es compartir un asado, de carne de vaca y unos chorizos. La otra comida que solemos compartir es empanadas y a veces pucheros.
Miércoles 5 de febrero 10:30 horas, Hernán me dejó en casa de Heber –otro hermano de la vida universitaria. Heber vive en Juana Koslay es una ciudad que está a mitad de camino entre Potrero de Los Funes y San Luis. Los hijos de Heber juegan, mientras nosotros compartimos unos mates amargos, charlamos, nos reíamos de vivencias pasadas y nos molestamos con el actual gobierno neoliberal y sus socios.
A medio día Heber me llevó a la Estación Terminal de Ómnibus de San Luis, el calor ya se hizo sentir, nos dimos un abrazo con Heber con el deseo de reencuentro en un futuro mediato. Siempre que parto de San Luis todo es volver a empezar.

Mi colectivo salió a las 13:25 horas rumbo a La Rioja fue por RN 146 y luego por RN 79.
Las sierras puntanas las tengo durante muchos kilómetros a mi derecha, del otro lado de la ruta, a la izquierda, se ve la llanura semiárida con una vegetación media y baja, cargada de espinillos y arbustos silvestres que no alcanzo a identificar. Cada tanto se puede divisar alguna casa baja, de los campesinos, con sus patios ralos, cercados por troncos y alambrados con pocos hilos. Por aquí no hay caldenes tan propios de la región pampeana central.
La siesta es calurosa, sólo que en el colectivo no se siente, el aire acondicionado anda bien y el viaje se presenta agradable, disfruto de ver estos paisajes. Hace mucho que no trepaba hacia el norte de nuestro país, Argentina. Pasó una hora desde que salimos, llegamos a San Francio del Monte de Oro, un pueblito de San Luis que se encuentra a 110 km al norte de la ciudad capital de esta provincia.
En este pueblo dice la historia que el Maestro Domingo Faustino Sarmiento fundó una de las primeras escuelas de la patria e impartió clases. Sarmiento, el mismo que luego mandó a degollar indios y gauchos rebeldes cuando se convirtió en presidente de La República Argentina.
Sarmiento creía, como Belgrano, que la Educación Pública era un derecho de todos. La diferencia es que Belgrano en lugar de degollar indios, los defendió. Belgrano incluso propuso que en caso de tener una monarquía ésta fuera con un monarca de los pueblos originarios de Nuestra América.
Lujan, fue el próximo pueblo que nos tocó parar, este pueblo está al norte de San Francisco del Monte de Oro, dentro de la provincia de San Luis. El calor ya no se fue más. Viajamos unos kilómetros, siempre en dirección Norte, pues el destino es La Rioja. Quines, otro pueblo del norte de San Luis. La parada es en la calle, a la vera de una casona antigua, paredes pintadas de un rojo teja, rojo ladrillo. El viaje avanzó, el calor también, llegamos a Candelaria, San Luis, las calles son de tierra y de cemento. Durante todo el viaje no dormí, no quise perderme detalles. Ahora el colectivo viaja por la RN 79.
16:47 horas, llegamos a Ulapes, sur de La Rioja, pueblo agreste, flanqueado por los cerros, hace 36 grados a la sombra. El colectivo sufrió el corte de la correa del aire acondicionado. Este inconveniente hizo que el viaje se retome 45 minutos después.

18:33 horas llegamos a Chepes el verde de las sierras puntanas viró a un verde grisáceo de los cerros riojanos. Los pueblos que siguieron fueron: Portezuelo, Patquía, donde la llanura es infinita, pero en lugar de ser campos donde crece el monocultivo de la soja como en mi provincia (La Pampa) aquí hay arbustos ralos y de cuando en cuando algo de monte bajo y campos con olivos. Si la memoria no me falla fue en este pueblo llamado Patquía que bajé del colectivo a buscar una botellita de agua mineral, el almacén está bien enfrente de la terminal, una señora protestó, sin embargo, el chofer, que es el que manda, no hizo problema, fue amable al habilitarme en mi búsqueda. Volvimos a la ruta, camino a La Rioja, capital.

21:30 horas llegó el colectivo a la Terminal de Ómnibus de La Rioja. Me esperaron Rosy y Mario, una pareja amiga entrañable, catamarqueños, viven en Cerro Colorado, el amado pueblo de Atahualpa Yupanqui. Rosy y Mario son amigos de Pancho. Rosy se convierte en estos días en Subcomandante del Patio de la Chaya y en todo lo que concierne al mundo de Cabral. Rosy tiene una risa contagiosa y el manejo de su ironía es fino como el mejor humor del noroeste argentino, tierno y pícaro como los pimientos que se cosechan tierras arriba. Mario, su compañero, es más bien de hablar bajo y suave, es el gran asador y cocinero.
Cuando llegamos a casa de Pancho, todo fue alegría de volvernos a ver, desde el invierno de 2022 que no nos veíamos. “¡Llegaste come pan!” me dijo Pancho, con su sonrisa y tono riojano inconfundible, la risa nos ganó a todos y nos fundimos en un gran abrazo. Al ratito ya estábamos preparándonos para cenar, y obvio este que escribe tuvo que salir a buscar pan.
Pancho Cabral, el poeta y cantor, el músico, es el comandante de todo lo que pasa en su casa. Nahuel, su hijo que ha venido de Francia es tranquilo como agua de tanque, pero de vez en cuando el noroeste argentino le aflora, y si algo no le gusta lo larga como el picante que les ponen a las empanadas. Sombra, el perrito, elude el calor al resguardo de los palos borrachos (árboles). Lucie Delahaye, es una música francesa que ha venido a vivir el Patio de Chaya como todos nosotros, es amiga de Pancho. Ella hace 15 años que se vino a vivir a nuestro país, Argentina, para profundizar su conocimiento en nuestra música popular de raíz campesina (folklore).

Jueves 6 de febrero, 8 de la mañana, Rosy ya salió al patio, Mario le sigue, detrás voy yo, sabemos que va a ser un día de mucho calor, como todos los que vamos a vivir hasta que dejemos esta ciudad. La Rioja, se encuentra en un valle a pocos kilómetros del cordón montañoso Sierra de Velasco, los lugareños le llaman “Cerro de Velasco”.
A media mañana luego de tomar unos mates, mate cocido, de charlar, a la sombra de la vid y de los palos borrachos, fuimos al supermercado con Pancho, Mario y Rosy.
Nahuel, Lucie, y Sombra quedaron en la casa.
Al medio día de ese jueves, Lucie se encargó del almuerzo, si la memoria no me falla preparó unas ricas ensaladas, una de ella a base de semillas de quinua.

Viernes 7 de febrero, otra mañana de sol resplandeciente, aprovechamos las primeras horas de la mañana para andar un poco por el patio, el resto del día las temperaturas rondan entre los 36 y 40 grados, para el sábado 8 se esperan 45 grados.
Ese medio día compartimos un puchero liviano, hice las veces de cocinero, por la siesta junto a Mario nos pusimos a cortar cubos de carne y grasa de pella para las 250 empanadas que el día sábado se van a servir en la chaya. En la tarde Mario se dispuso a cocinar la carne junto a la grasa de pella y los condimentos, sal, pimentón, pimienta negra y algo de ají picante, lo justo, y otros secretos que no serán revelados. Aquí a todo ello le llamamos el relleno o picadillo de carne para empanadas. Empanadas que se cocinan fritas en grasa de cerdo, o al horno.
La luz en el patio de la chaya se torna verde, por momentos es azulada como la canción del poeta, la que lleva por nombre “Azul Provinciano”, y que Mercedes Sosa cantó y nombró como “Ay este azul”.
Mientras escribo, la música de Pancho Cabral inunda el sucucho desde donde estoy, aquí en mi pueblo Winifreda, La Pampa, 940 km al Sur de La Rioja.
Ahora mientras busco las palabras para contar aquellos días en el patio de chaya, con el aroma de las albahacas y el perfume de patio regado a manguera, me llega la bella noticia que ha vuelto “La Perita” a su casa. “La Perita” nombrada así en memoria a Beatriz Dayot, compañera de Pancho, mamá de Inca “Chunan” y Nahuel. “La Perita” es la perrita que acompaña la vida de Pancho desde que Beatriz partió a la dimensión de las estrellas. Cada tanto “La Perita” suele escaparse, se desorienta y se pierde.

Por la noche de aquel viernes 7 de febrero, se produce una juntada previa a la chaya del patio. Aquella noche llegan a casa de Pancho Cabral, el cantor y compositor Nahuel Porcel de Peralta, llegado de México, “Sole” de Córdoba junto a otra amiga Martita. Un grupo de músicos amigos catamarqueños y un tucumano. Otros músicos cordobeses, Carlitos Paredes y su hijo vienen de otro patio de chaya.
Es febrero y en La Rioja los patios de chaya también son el tiempo, todo pasa por los patios de chaya. Solo hay que saber vivirlos, los riojanos lo saben bien, los demás nos acomodamos y aprendemos todo lo posible. Esa noche nos reunimos alrededor de una veintena de amigos y amigas. Es una peña donde había pampeanos, cordobeses, riojanos, catamarqueños, santafesinos, tucumanos, se anuncia una gran fiesta de encuentro y celebración con aroma a albahaca y canciones que se comparten como la alhoja y la harina.
La madrugada llegó, cuando el reloj marcó la 1:30 am, Pancho les advirtió a los amigos y amigas –que entonan canciones y coplas– “un rato más y a dormir que mañana hay que estar despiertos, ahora son todos guapos, los quiero ver mañana”; hubo risas y Pancho se fue sonriendo a descansar.
Rosy y Mario quedaron cual comandancia a cargo. Cuando el reloj marcó las 2:30 horas Mario les advirtió “las últimas canciones y a descansar porque en la mañana el patio de chaya nos amanece”. A las 3 de la madrugada, la visita es despedida para el descanso necesario, los faroles se apagan.

Sábado 8 de febrero, sol resplandeciente, Rosy abre el paso al patio, como cada mañana, Mario y este que ahora escribe siguieron sus pasos, más tarde llegó Lucie. No pasó mucho tiempo y llegaron, desde Merlo (San Luis) Rodrigo y Sonia Amaya.
Pancho amaneció y se aprontó al patio.
Se vive el inicio de la celebración popular, acomodamos tablones, y sillas, dejamos listo el mástil para izar las banderas, de La Rioja y de La Chaya. A media mañana, alrededor de las 11:30 horas, las visitas de cada rincón del país comenzaron a llegar.
Pancho recibe a cada una de las visitas, conversa y va dando el orden de las cosas, la fiesta de chaya es alegría compartida. Mi observación se da en medio de tareas asignadas, muchas de ellas ordenadas por Rosy, bella catamarqueña que nos cuida y nos ordena como una madre, también nos hace bromas como la mejor de las compinches. Mario sonríe y trabaja en silencio.

Llegan Marisol y Luis, una pareja de Santa Fe, con quienes tuve la suerte de trabar amistad aquel día. El camino lo allanó Rodolfo Pugliese, que con un guiño de justas palabras nos hizo saber que pertenecíamos al mundo de los compañeros. Marisa y Luis me contaron que para ellos La Rioja era su segunda casa. Se preparan todo el año para pasar febrero en La Rioja, que tratan de ir a los patios de chaya, y que en este patio de Pancho Cabral ya era el cuarto año.

El reloj marca las 13.30 horas, los fuegos ya están encendidos, el patio regado a manguera desde las primeras horas de la mañana, llegan amigos y amigas, compañeros, en la parrilla se va asando lo que se aporta, por estos lares se llama comer a la canasta, todo se comparte, la casa invita con las 250 empanadas que se cocinan al horno, y otra parte se frita en grasa de chancho en un gran disco. Hay ensaladas, la bebida también se comparte. El día es uno de los más calurosos de febrero, ronda los 45 grados.
Los asadores son Chunan Inca Cabral y su amigo Fernando, ambos riojanos.

14:30 horas, la puerta de chapa color verde aceituna del Patio de Chaya se abre y empiezan a entrar muchachos y muchachas, coloridos y armados con sus cajas copleras, es la banda “Chayeros de Ley”, resuenan sus versos y coplas, el patio estalla en alegrías, la harina se comparte, se brinda con vinos, el patio es la dimensión chayera, es una imagen cinematográfica, este paisano venido de la llanura pampeana es testigo, pues algo así nunca había vivido. Es maravilloso.

Los Chayeros de Ley vienen con dos jovencitas que se destacan por su frescura al cantar, es el dúo Ramo de albahaca, formado por jóvenes llamadas Mili Juárez y Juli Gigena.
El día transcurre entre empanadas y asado. Rodolfo Pugliese, un productor de olivos, me invita a compartir el tablón que oficia de mesa larga, está cruzado en diagonal como los otros tablones. Me siento y Rodolfo me pregunta si me gustan los vinos jóvenes o viejos, entonces le pido que me sugiera él, me vuelve a preguntar, tinto o blanco, a lo que respondo siempre me gusta el tinto.
Mirá vamos a tomar un vino viejo al corte, se llaman al corte porque están a punto de cortarse, no están picado, sino que están a punto de perder la fuerza que tienen estos vinos, son vinos más untuosos, densos, espero que te guste.
Con Pugliese aprendí sobre la nobleza de estos vinos viejos al corte, escuché sus vivencias de niño cuando salía a cazar perdices con su padre, una práctica de tierra dentro a la que se la conoce como cazar por rastro, sin perros, hay que saber leer las pisadas, conocer la actitud de las perdices, saber sobre el tiempo transcurrido entre la pisada y el paso de la perdiz por el territorio, saber si la perdiz camina sin temor de ser seguida, o con el temor de saberse seguida, pues la pisada cambia, cuanto más se acerca uno la perdiz y esta se sabe seguida, ella alarga el paso y clava más la uña delantera, y otra cosa que hace es echarse y salir espantada al vuelo entre las piernas de uno.
La charla siguió, por momentos se sumaban otros compañeros de este patio luminoso de chaya, con perfumes a albahaca y hoja de coca que saborean desde antiguos tiempos los habitantes andinos. Pasa el anfitrión, Pancho Cabral y suelta, “no pueden hablar ustedes che” (la ironía lanzada con sonrisa) … Es que llevamos cerca de 2 horas en este tablón, una mesa bien servida, sencilla pero rica, asado, empanadas y vinos. Los sonidos de la chaya son contra la tristeza, y la alegría de encontrarnos.

El calor afuera es agobiante, en el patio está disimulado por la vid, la media sombra y los palos borrachos.
Canciones, poesías, coplas, poetas, cantores, cantoras fueron tomando el canto, subía el día, lentamente hacia la noche.
Noche arriba, el cantar no amainaba más bien animaba el decir de todo un pueblo en este patio de chaya, en este patio de Pancho Cabral, de Beatriz que vive en el canto y poesía de quien la ama y enarbola la bandera de la Chaya, símbolo de esta festividad ancestral y popular.


La noche se iba.
Antes del breve y profundo sueño en que podía entrar este que escribe, Pancho Cabral le soltó: “Pampeano ¿ya te vas a dormir? Y no leíste “Las coplas del come pan”. Me levanté y fui al patio, allí con los que aún estaban pedí la palabra y leí “Las coplas del come pan”, unas coplas que me dedicó el poeta Pancho Cabral, por mi afección a comer mucho pan.
Se anunciaba el nuevo día.

Domingo 9 de febrero, el día trepó luminoso, la tarea de limpieza fue colectiva y efectiva al punto que para las 14 horas nos encontramos una veintena de amigos y amigas a la sombra de los palos borrachos, las vides y las medias sombras para cerrar aquella celebración del Patio de Chaya. Comenzábamos a irnos de a poco, queríamos quedarnos.
Febrero no suelta cuando uno vive la chaya de un patio.
El NOA (Noroeste Argentino) es una región que está constituida desde lo físico, lo cultural y lo económico, pero sobre todo es una región marcada por el ethos, es decir por los valores vigentes de la vida emotiva, sumados a anhelos comunes que fusionan a los pueblos.
La Rioja es parte de esta región, quien pasa más de una semana, o permanece en estas geografías sabe que entra en otra dimensión temporal y sensitiva que es bien distinta para los que venimos de la llanura patagónica.
Mi estadía en La Rioja se extendió hasta el martes 11 de febrero, salí al Sur rumbo a San Luis a las 13:30 horas; me fueron a despedir Mario y Rosy, también Pancho Cabral y Lucie.
Como nos suele pasar aquí en el Sur de Nuestra América, en nuestro país, Argentina, todo se vuelve nostalgioso, nos invade estos sentimientos que no son tristezas, es algo difícil de explicar, es un fado, un tango, quizás una milonga, una copla andina. Es un irse, queriendo quedarse, y saber que volver es nuestra condición de andar. “La huella de ida y vuelta” habla de este sentimiento, canción que escribió el poeta, músico y cantautor pampeano Roberto Yacomuzzi.



Hace unos días una canción de Pancho Cabral me volvió a conmover de manera particular, esta canción se llama “Delina de los bordos”*. Ante este volver sobre “Delina de los bordos” lo llamé por teléfono a Pancho y le pedí que me contara más de esta canción, de Delina, de su barrio, y Pancho me contó:
Delina fue la planchadora en casa. Ella vivía en el barrio San Vicente, en los bordos, ella bajaba de allá. Yo siempre la miraba de niño. Siempre la vi, ella vivía a dos cuadras del canal donde nosotros nos bañábamos. De allí arriba venía ella. Era una calle cuesta arriba. Era una mujer con una personalidad muy fuerte. Era la única mujer que entraba al vestuario de los jugadores del Club San Vicente. Entraba y los arengaba.
Cierta vez me ve con un amigo que le dice que yo soy Pancho Cabral, ahí ella me mira y me dice “haceme una canción para mí, que tenés que hacer solo canciones para esas chinitas culeadoras…” Esto me lo decía porque yo había nombrado a otras mujeres del barrio. Un personaje total.
Es una canción que la compuse al regreso de mis años en Europa. Fue por los años ’80-‘90. Ella iba a la cancha por eso yo digo en la canción “puro grito de mi barrio, con camisa popular”, la camisa popular sería la camisa del Club San Vicente, que era a rayas, azul y negra. El San Vicente es un barrio muy especial. Yo vivía a las orillas del Rio Tajamar, un río sin agua, solo tenía agua cuando llovía y venia la creciente. Por ahí estaba el Boliche de Santo Vega. En frente de ese boliche estaba Don Aurelio Espinosa que era un músico del barrio. Todos sus hijos tocaban y cantaban. Don Aurelio Espinosa hacía un dúo con “El Ciego” Roberto Paz. Ahí venían todos los cantores de ese tiempo, todo esto pasaba cuando yo era niño. En la esquina vivía Don Nicolás Córdoba. Ahí ya se va subiendo para el lado de los bordos. Cuando vengas otra vez te voy a llevar. Don Nicolás tocaba el acordeón, y por eso yo le hice la canción “Estallando en fa”.
Todos sus hijos tocaban, violín, acordeón. Todo ese barrio era de músico. En ese barrio también estaba José Oyola. El poeta de La Chaya, así lo bautizaron. Los hijos también son músicos que han formado “Ch’alla y Huasi”. En ese barrio también estaba el Boliche de Rogelio Agüero, otro boliche como el de Ugarte, otro que le daba vida cultural al barrio, que era de Manuel Ugarte. En el barrio estaban las vidaleras, una de ellas fue Mayela Gordillo, a quien le hice una canción que se llama “Pollerita de agua”. El río Tajamar tiene agua, pero está la arena que es agua petrificada. Esto que digo después lo tomó Ángel Betancur y lo puso en un libro de él. Pancho Cabral narra este suceso y ríe.
Cuando vinimos de Europa, fuimos con Beatriz al río Tajamar y Beatriz, mira el cauce del río, me mira y me dice “¿Panchito y el agua?” a lo que yo le contesto “no mi amor, es agua petrificada”.
Pancho Cabral creador de canciones que conmueven. Canciones que son sentimientos y memorias. Tal es el caso de “Azul Provinciano” que Mercedes Sosa cantó y la nombró siempre como “Ay este azul”, tal es el caso de “Pequeños Pueblos Perdidos” donde Pancho Cabral nombra antiguos pueblos Diaguitas, Kakanos, entre otros del norte andino de nuestro territorio argentino.
Sí, nosotros geográficamente pertenecemos a la región andina. Lo que ocurre que al compartir límites con San Luis y San Juan, hace que nuestra cultura se haya contagiado, por así decir, en el mejor sentido de la palabra, la música riojana se vio influenciada por la música cuyana. Por la cueca, la tonada, y el gato. Esto pasa porque nuestros obreros que iban a trabajar a los viñedos de San Juan, San Luis y Mendoza llevaban “vidalas”, y a su regreso traían, gatos, tonadas y cuecas. Entonces, ahí es cuando se producen los cruces.
Nuestros pueblos del sur cantan más cuecas, tonadas y gatos que nosotros que estamos más al norte. En algún momento cuando el presidente fue Carlos Menem, por cuestiones estratégicas en términos económicos y políticos él generó un concepto llamado “El Nuevo Cuyo” y lo hizo con fines de mejorar la coparticipación federal para nuestra provincia. Ahora lo cierto es que nosotros no somos cuyanos, somos andinos, pertenecemos al NOA (Noroeste Argentino).
El doctor Adolfo Cueto de Mendoza en su tesis doctoral sostiene que hay zonas grises. Esas zonas grises son los pueblos del sur de nuestra provincia, Chepes, Milagros, Catuna, con todos los otros pueblos como Valle Fértil que pertenece a San Juan. En esa zona hay un mestizaje de cultura y por ende musical. Ahora bien, cada una de esas zonas tiene su modo de decir, su modo de cantar, cada una con sus tonos.
Principalmente la vida; porque aquí sucedieron y suceden muchas cosas. Es engrandecer la amistad, la confraternidad, ser felices, hemos creado muchas cosas acá con Beatriz. Nunca pensamos que iban a trascender, como la bandera de La Chaya, que en principio la pensamos como una bandera para los amigos, para que se ice en el patio durante la fiesta. Y bueno, tuvo tanta trascendencia. Es un símbolo identitario de nuestra provincianía y de nuestra música, y sobre todo con una fiesta que tiene mucho que ver con nuestra identidad. Fue tan fuerte la popularización de nuestra bandera que se provincializó. Tal es el punto que a partir de ahí ya tenemos naipes chayeros, los naipes indígenas, los artesanales. Todas estas cosas creadas y vividas hacen a la vida.


Sí, chayar significa rociar, mojar. En aquel tiempo de nuestros ancestros, en el tiempo de la cosecha se entregaban los frutos. Entre los vecinos de las comunidades, se pedía por la lluvia. Y se rociaba con ramilletes, no sé si de albahaca, porque la albahaca no es nuestra, ya que ella es de origen árabe. Claro que ella se quedó con nosotros como símbolo, pero también porque es parte de nuestras comidas.
En aquellos antiguos tiempos se chayaba (rociaba) con otros ramilletes, con otros yuyos. Otras hierbas, como el poleo, o el té de burro, en fin, los yuyos silvestres de esta región. Era una especie de bendición, por utilizar un término. Es el deseo de que venga una nueva siembra, que les vaya bien.
La bandera tiene 3 colores. En la parte superior el verde de la albahaca.
En el medio el blanco de la harina, antiguamente se echaban el polvo de harina que antes tiene que haber sido harina de algarroba. El algarrobo es el árbol madre, el árbol de la vida, porque te da sombra, alimento, que es su harina y da madera para construir y leña para el fuego. El algarrobo es un patrimonio cultural. Aún hoy de este árbol se obtiene el patay, la aloja que se obtiene de la algarroba molida. Hoy día en la fiesta de chaya la harina que se utiliza es la harina de trigo. Por todo esto es la franja blanca.
La tercera franja en la parte inferior es la franja amarilla que representa la vaina de la algarroba. Es un amarillo ocre de la vaina de algarroba.
En el centro tenemos la simbología del canto ancestral nuestro, que eso está representado con la caja con la que se realiza el canto. Ahí mismo en su centro la caja tiene los palos cruzados, para que el canto de los jóvenes, de las nuevas generaciones, vaya a sus cuatro rumbos, y que no se detenga, que pongan sus nuevas coplas, por eso está custodiado por dos ramos de albahaca en los costados y no están cerrados, esto es así justamente para que el canto de las nuevas generaciones no se detenga.
En estos cruces está lo clave entre lo ancestral, lo antiguo, lo que pasó con lo nuevo, con lo que está, con lo que hoy es, y de lo que va a venir en el futuro. En esto tiene que estar la nueva copla, de las nuevas generaciones.
Las cajas con las que se cantan coplas son circulares, se hacen con cuero de cabras. Es el tipo de cuero que se usan porque el cuero de animales más grande es muy grave, son cueros muy duros. También pueden ser de ovejas. También, el sonido de las cajas varía de acuerdo con el ancho de la madera que se utiliza, la madera es de ceibo. Y de acuerdo con ancho que se utilice, el sonido será más grave o más agudo.
En Chilecito las cajas son finitas, son cajas plañideras, cajas lloronas, el sonido es mucho más agudo. En la actualidad ya empezaron a hacer cajas de maderas terciadas.

Mi viaje a la dimensión de la chaya me ha dado señales que es de volver nuestro camino. Siempre se tratar de volver, como las huellas que sirven para ir y volver, como las vías de un tren.

*“Delina de los bordos” se puede escuchar en el youtube o en la plataforma spotify.
Links sobre Patio de Chaya y Pancho Cabral:
http://panchocabral.free.fr/trayectoria.html
https://www.culturasenlibertad.com.ar/pancho-cabral-presenta-de-este-lado-del-viento-en-catamarca
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Gracias gracias por el regalo del relato y la música.. que Pancho nos siga convocando.. la amistad, Rosy y Mario al calor de La Rioja y un buen vino