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Puebla, México, 27 de diciembre de 2025 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 8 minutos

Dedicado a Bisabuela Susana Liebano y familia

Había una vez un niño el cual desde los 10 años soñaba con ser químico, ya que su madre tenía cáncer. Todo ese sueño y pesadilla comenzó un día en el cual la mamá empezó a tener cambios negativos en su cuerpo. Harta de todo eso fue al doctor y lo más temido por ella y su familia había llegado: le diagnosticaron cáncer de mama, desde ese momento no solo cayó en pedazos la mamá sino también el papá y los hijos, pues la empezaron a ver todos los días sufrir con la quimioterapia ya que llevaba más avanzado el cáncer de mama. Empezó a tomar pastillas y las reacciones que le causaban con todo lo que le hacía eran bastantes impactantes, algo que jamás creerían ver, pues el niño ya harto de ver que su madre sufría hasta el cansancio decidió ser más fuerte que sus hermanos ya que para sus hermanos fue algo que los dejó sin palabras. Su mundo terminó pero no se quedó así sino que desde ese momento quiso hacer un cambio no solo con el caso de su mamá sino para todos aquellos que pasaban por todo eso.

Un día acompañando a su mamá al hospital para una quimioterapia vio la realidad no solo de las personas que estaban en el hospital sino de la vida en general, fue desde ahí en ese preciso momento cuando quiso y se propuso hacer realmente un cambio. Al día siguiente de que acompañó a su mamá, le comentó a su papá de cómo estaba comenzando su gran sueño de ser un gran químico en el futuro. Su papá le preguntó: ¿hijo, por qué quieres ser químico?, el niño le contestó: papá quiero ayudar a mi mamá a salir de este sufrimiento. El papá con los ojos llorosos le dijo a su hijo, verás que serás el mejor químico y doctor del mundo. El hijo más emocionado le fue a decir a su mamá de su gran sueño, la mamá llena de nostalgia y emoción le comentó a su hijo que ella siempre lo iba a apoyar pasara lo que pasara. Las quimioterapias empezaron a funcionar a pesar de la pérdida de cabello, vómito, dolor de cabeza, falta de energía su mamá siempre trataba de estar feliz y alegre con su hijo ya que ella tenía la creencia de que a pesar de todo siempre tenía que estar bien con su hijo pues eso era lo que ella siempre le quería mostrar: el ser feliz, valiente y fuerte. A los meses el tratamiento se empezaba a ver perdido a pesar de que ya había un avance, el hijo seguía con esa perseverancia de querer salvar a su mamá pues ya la veía todavía peor. El niño empezó a investigar, ir a bibliotecas a leer horas y horas acerca de lo que le estaba pasando con su mamá, pasaba horas leyendo, pues quería hacer una poción mágica para que su vida regresará a la normal no solo de su mamá sino también de él, sus hermanos y su papá.

Leía y leía hasta el cansancio, desesperado, eran como de esas cosas que jamás creería que pasaran ya que poco a poco realmente entendió lo que estaba pasando, pues por el shock desde que supo no lo había entendido, pero cuando empezó a leer comprendió todo aquello que su corazón no quería ver. Ya comprendida más la situación visitó a miles de doctores sin exagerar, supo más, más y más acerca de qué era, cómo y por qué sucedió, pues se enteró cómo se desarrolló y fue cuando las células en el tejido mamario comienzan a crecer de manera anormal y descontrolada en su mamá. Desde que empezó a investigar y dialogar con los doctores eso le motivó más a su gran sueño: “ser un químico y doctor”, pues se quería especializar en lograr tener un cura para el cáncer, como si casi casi una poción que se tomara rápidamente desapareciera todo el mal, todo el sufrimiento, la pesadilla y todo volviera a la normalidad.

Al día siguiente se enteró que su mamá estaba perdiendo cada vez más cabello, pues eso la estaba haciendo sentir mal, su hijo al ver el cómo se estaba sintiendo, decidió irle a comprar pelucas de diferentes estilos, colores y largos para así tener un poco más con ánimo a su mamá, lo que él no quería era que poco a poco esa mujer valiente, segura, feliz y calmada se volviera en una mujer apagada y agobiada. Al dárselas, sonrió como si tuviera oro en las manos, pero lo que nadie en ese momento sabía era que realmente el oro no eran las pelucas, sino ellos mismos y el hecho de que el niño estuviera aprendiendo el valor que realmente tenía la vida.

Poco a poco la mamá se fue deteriorando pues el sufrimiento ya era extremo, ella ya sabía lo que estaba por suceder, decidió hablar con el doctor, le explicó que ya estaba cansada, sin fuerza y que ya no podía más. El doctor, al ver realmente cómo se estaba poniendo la situación, decidió darla de alta. Se fue a su casa muy alegre ya que lo que menos quería era darle a sus hijos más tristes recuerdos. Le dieron de pronóstico 2 meses en los cuales ella quiso que fueran los más felices. Llegando a su casa, sus hijos la estaban esperando con regalos, flores y un pastel. Emocionados al ver a su mamá corrieron a abrazarla con lágrimas en los ojos, disfrutaron tanto, pero tanto, ese momento que por unos minutos se les olvido todo aquello malo que estaba pasando. La mamá les contó un cuento a todos sus hijos. Desde ahí el sueño del niño, a pesar de que algunos creyeran que ya se iba a dar por vencido, realmente fue cuando inició más su motivación. Pasaron los 2 meses y a pesar de que se disfrutaron como nunca, la mamá había dejado un vacío en cada uno de la familia.

En lugar de deprimirse empezó y empezó a estudiar, pasaron 20 años desde aquella pesadilla y puedo lograr su sueño, pues se convirtió en el mejor químico del mundo, logró muchas cosas en una de ellas ganar premios y reconocimientos, todos dedicados a su mamá, pero lo más importante fue que ayudó a combatir esta enfermedad con una poción mágica fue como si esa mezcla brillante y chispeante llevará en su interior el poder de mil soles. Al tomarla, los guerreros diminutos del cuerpo, los glóbulos blancos, se llenaron de fuerza y valentía. Juntos, comenzaron una batalla épica contra las células malignas, que se escondían en lo más profundo del reino del cuerpo. Cada gota de la poción traía consigo esperanza, amor, y el recuerdo de todas las personas que luchaban a su lado. Y así, poco a poco, la oscuridad fue retrocediendo, hasta que un día, la luz volvió a brillar con más fuerza que nunca. Pues el niño ahora ya adulto y químico logró lo que nunca pensó que lograría ayudar a personas a combatir el cáncer. Lo único que a veces lo ponía mal era que todo lo que estaba logrando no lo podía ver su mamá y que también deseaba con todo su ser el poder regresar al pasado y poder ayudar más a su mamá pero eso ya se había quedado en recuerdos de tristeza, nostalgia y aunque la mayoría fue malo también de felicidad y buenos recuerdos ya que recordó que su mamá siempre lo había hecho alguien valiente y fuerte como ella.

Así que hoy en día toda aquella pesadilla, por su perseverancia y esfuerzo, se convirtió en logros. Continuó con su vida conoció a una hermosa mujer, se casó y tuvo dos hermosos hijos, un niño y una niña; al igual que el sus hermanos también hicieron sus vidas porque a pesar de todo, todos tuvieron que salir adelante, todos lograron sus sueños y metas poco a poco; su papá, a pesar de la tristeza y de extrañar a la que fue su acompañante de vida por mucho tiempo, estaba bastante feliz ya que sus nietos le alegraban todos los días con sus travesuras.

A veces a toda la familia le ganaba la nostalgia y tristeza pero recordaban siempre con alegría la sonrisa que siempre les ponía su mamá y recordaban que siempre los cuidaría estuvieran donde estuvieran.

Pasaron todavía más años y sus nietos ya eran adultos y resultó que los hijos querían también ser químicos como su papá, pues empezaron a tener ese gran sueño que algún día tuvo su papá. Le contaron a su papá y con lágrimas en los ojos pero no de tristeza sino más bien de orgullo y felicidad, les dijo que estaba muy feliz de que tuvieran el mismo sueño que alguna vez tuvo y que siempre los iba a apoyar como algún día los apoyaron sus papás. Y ahí es cuando nos damos cuenta que la vida es más corta de lo que pensamos y que debemos de disfrutar cada momento que pasamos y que sin darnos cuenta estábamos rodeados de oro y tesoros: la familia.


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