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Ciudad de México, 22 de junio de 2025 (Neotraba)

Insensatos lectores: debo decirles que esta semana tuve chingos de trabajo, motivo por el cual no escribí ni mierdas durante la semana. Tampoco es que trabajara de noche. Mis horarios son bastante flexibles; el tema es que, al llegar a casa, con este puto frío, lo único que quería era rifarme un pan de chinos, un cafecito con leche y meterme a las cobijas. En lo último que estaba pensando era en escribir.

De tal suerte que llegó el fatídico día de la entrega. Tengo hasta el sábado para enviar mi columna y no tenía ni madres, pero estaba muy confiado, pues según yo, algo se me iba a ocurrir. Pensé que lo mejor sería que se leyeran un cuento de Francisco Hinojosa. El texto se llama “Informe Negro”. Por algún extraño motivo nunca lo había terminado de leer y estaba seguro de que era un gran cuento.

Así que, con el pretexto de leerlo por completo lo transcribí todo y llegado el final no me gusto ni tantito, son 6 malditas cuartillas y sólo se trata de un pinche cuento largo, rancio y malo. Creo que lo único que vale la pena es la estructura del relato.

El tema está ahora en lo siguiente: es sábado, son las 8:50 de la noche y aún no sé de qué tendría que ir el texto de hoy.

Por fortuna siempre tengo a la mano un putero de libros. Mientras elijo algún cuento para analizarlo me pienso rifar un tamal y un atole escuchando unos corridos tumbados.

Me sorprende lo famoso que se ha vuelto Carin León. Le escuché una rola con un tal Kakalo llamada “Tierra trágame” la canción es bastante peculiar. También canta “Viaje a ningún lado” con Pablo Alborán y escuché en una entrevista que le abrió un concierto a los Rolling Stones.

Si no conocen al sujeto del que les hablo les dejó acá la liga de su concierto en “Tiny Desk”. La neta la fusión que ha hecho con la música es muy interesante:

El asunto es que se acabaron los tamales y justo acabo de encontrar este relato:

Nadie lee nada

Un amigo mío me habla pestes de un autor reconocido. Me dice que le parece tan malo, que no ha leído una sola línea suya. Le pregunto cómo puede sustentar su juicio si no lo ha leído, y me contesta: “Por puro olfato”. Le digo que a mí me parece un escritor pasable. Lo digo por puro olfato, porque tampoco lo he leído.

Seguimos discutiendo, él esgrimiendo sus razones olfativas y yo las mías. No es difícil imaginar a un escritor cuyos libros nadie ha leído y sobre el cual todos opinan por olfato. Su primer libro, por ejemplo, se publica gracias a su amistad con el editor, el cual, bien sea por olfato o por falta de tiempo, sólo hojea el manuscrito y luego lo entrega al corrector de estilo de la editorial, que no lo lee, sino que lo corrige, que es distinto.

El libro, una vez publicado, da lugar a entrevistas hechas por periodistas que han leído sólo la contraportada, cosa bastante común, y es reseñado brevemente por reseñistas que también sólo han leído la contraportada.

Se vende poco, pero no menos que otros. Los pocos compradores leen la contraportada y luego olvidan el libro en una repisa de un librero, como ocurre a menudo. El autor publica un segundo, tercer y cuarto libro, que suscitan entrevistas, reseñas, ventas bajas y cero lectores.

Es más, ni él mismo se ha leído, porque, como suele referir en las entrevistas, escribe en estado de trance, de modo que apenas revisa lo que escribe. En resumen, el único que ha pasado reseña concienzuda a sus líneas es el corrector de estilo de la editorial, que no ha leído propiamente sino corregido, por lo cual no representa una fuente confiable para saber de qué tratan los libros de nuestro autor.

Entre más libros suyos se publican, más difícil se vuelve que alguien lo lea, porque ha alcanzado esa modestia notoriedad que en lugar de azuzar la curiosidad del público, la mata de raíz. En suma, es un autor de tan invisible, perfecto. Un clásico. Y a su muerte sus libros acaban en las escuelas, donde, como es sabido, nadie lee nada.

Fabio Morábito

***

Por ahora creo que hemos llegado al final. La próxima semana también andaré con harto jale. Prometo ponerme al tiro. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna llena de tumbados corridos y de textos que nadie lee, favor de mandarnos sus comentarios, damita, caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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