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Ciudad de México, 21 de septiembre de 2025 (Neotraba)

Insensatos lectores: hoy es 15 de septiembre, vine a trabajar un rato y me traje mi compu. Seguramente cerraremos temprano. No es que tenga los grandes planes, la verdad sólo estoy soñando con regresar a mi casa, salir en chinga a cenar cualquier cosa, leer un poco y ponerme a escribir.

En este momento todo el mundo debe estar limpiando granos de maíz para el pozole o en su defecto comprando cervezas para “dar el grito”.

Tal vez otros hayan soñado con tostadas de pata.

Sinceramente yo no entiendo muchas celebraciones y esta tampoco. Pero dejando de lado cualquier chovinismo sí puedo afirmar que me siento orgulloso de mi país, de mis raíces, de mi familia y mis amigos.

Somos mexicanos: una peculiar mezcla de sangre española y azteca. Y también somos un desmadre: alegres, ocurrentes, recurrentes, dicharacheros, extrovertidos, simpáticos, coquetos, solidarios, humanos, responsables (a veces), trabajadores, creativos y hospitalarios. Nótese que no dije puntuales.

Y, dicho sea de paso, he notado en YouTube que hay algunos cuantos españoles a los que les gusta hacer videos sobre México. Algunos otros hasta se han venido a vivir a la poderosa CDMX. Y, al parecer, les gusta mucho nuestro país y los deportes extremos: los he visto comer en cada sitio…

Está bien eso de rifarse un tour de comida callejera, pero comer tacos de 14 pechereques me parece más arriesgado que ir a Tepito a buscar contrabando a las 3 de la mañana.

También he visto que sienten una rara fascinación por el Dr. Simi. Entiendo que en España la salud es un asunto muy diferente, y está bien que acá una consulta cueste 60 varitos, pero eso de comer donde comen y querer vivir en un consultorio de Farmacias Similares ya me parece demasiado amor por nuestro país.

En fin: ¡Qué viva México! Y el mole de guajolote.

Para continuar les tengo dos noticias, como se habrán imaginado una es buena y otra no tanto. La buena es que terminé de leer El Sunset Limited, la mala es que por más que le escarbé no encontré el sentido de la vida.

Probablemente soy medio pendejoy no entendí la tesis del gran Cormac “Mayonesas” McCarthy, aunque lo más factible es que no exista ningún libro que nos desvele el significado de la existencia humana.

Sí puedo decirles que disfruté mucho el texto. En realidad, el final es un poco abrupto. Más bien demasiado realista. Hay un sujeto que personifica a un ticher y se pone bien intenso con un individuo negro que le salvó la vida. Francamente, desde mi punto de vista, el morenazo es un tanto ingenuo.

Por su parte, el profesor se revienta algunos diálogos como de este tipo:

“Yo no creo en Dios, ¿tan difícil es de entender? Mire a su alrededor, hombre. ¿Es que no lo ve? El griterío de los que sufren lo indecible debe ser para él el más agradable de los sonidos. Y detesto estas discusiones. Lo del ateo de la aldea cuya sola pasión es vilipendiar sin descanso aquello cuya existencia niega de entrada.

Ese compañerismo, esa hermandad que usted defiende es una hermandad de dolor y punto.

¿La injusticia? ¿La fraternidad? ¿La vida eterna? No me fastidie. Dígame una religión que prepare al hombre para la muerte. Para la nada. A esa secta quizás sí me apuntaría. Su religión lo cifra todo en más vida. Más sueños, ilusiones, mentiras”.

La conclusión del libro, desde mi punto de vista, descansa en el hecho de saber que estamos solos. Es como aquel asunto de Nietzsche: simplemente Dios ha muerto.

Yo sólo podría resumir que no hay milagros, ni esperanza, ni redención que no provenga del esfuerzo de cada hombre. Nadie nos va a salvar, ni a regalar la vida en este sitio llamado tierra y mucho menos alcanzaremos la vida eterna.

Vaya usted a saber, damita, caballero, qué habrá en el más allá, pero en el más acá, las cosas no son nada sencillas, al menos es mi opinión. Como diría el gran Neruda: “sucede que me canso de ser hombre”. ¿Nunca les ha pasado? Y ya sé que socialmente está mal visto rendirse y decir que estamos cansados.

Las historias, vistas a través de un teléfono, siempre deben ser historias felices, con gente feliz en lugares felices, aunque por dentro estemos podridos.

La neta es que yo sí he tenido unas etapas en las que me gustaría pararme en medio del Zócalo, levantar la vista y los brazos al cielo y exclamar: “Ya recógeme, Diosito o de menos ya búscate otro pendejo”. “Este guerrero no es tu mejor guerrero. Ya estuvo”.

Sin embargo, no me he rendido y le sigo pedaleando, aunque debo confesar que en algunas ocasiones ha sido por puro y mero pundonor y sacando la lengua. A veces, incluso, me he crecido ante el castigo, como El Perro Aguayo en sus mejores tiempos.

Y como de costumbre, ya me valió harta madre y me desvié del tema. Siempre me pasa lo mismo. Del 15 de septiembre al Sunset Limited y Zaratustra, pasando por Neruda. Lo más curioso es que la columna se llama Todos los hermosos caballos. Es el nombre de un libro de Cormac McCarthy y debo confesar que aún no lo he leído. Cha-le.

La verdad compré la novela, la comencé a leer y cuando llegué a la página 22 no había entendido ni mierdas, así que, decidí empezarla de nuevo. Lo siento, pero hoy no podré escribir nada al respecto.

A cambio les pienso relatar una historia de terror: Todo comenzó el 21 de abril de 2024, cuando un sicario entró a una peluquería de la calle Carrillo Puerto, en Manzanillo, y disparó contra un hombre y la mujer que le cortaba el pelo.

La estilista falleció más tarde en el hospital, el sujeto que era el objetivo del sicario logró sobrevivir. Lo importante de este asunto radica en saber que la víctima era un marino.

Poco después, el 6 de junio, Giovany Muñoz Román, Segundo Maestre del 18 Batallón de Infantería de la Armada, fue ejecutado en su domicilio de la Colonia Abelardo L. Rodríguez, en la delegación Santiago del mismo puerto.

Otro ataque, que en principio no parecía estar relacionado, fue la ejecución de Magaly Janeth Nava Ramos, Auxiliar “B” de la Delegación de la FGR en Colima, quien fue baleada cuando circulaba a bordo de su camioneta el 21 de octubre.

La funcionaria de la FGR era novia del marino Ángel Pérez y tenía una hermana que trabajaba en una Agencia Aduanal en Manzanillo.

Ocho días después, el 29 de octubre, unos sicarios abrieron fuego desde una camioneta contra dos hombres que circulaban en la colonia Miramar. Uno murió y el otro resultó herido. El fallecido fue identificado como Josué de la Mora Cobián, un infante de la Armada que también era integrante del 18 Batallón de Infantería ubicado en Colima.

Finalmente, el 8 de noviembre el Contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar fue ejecutado en la Avenida Lázaro Cárdenas, en la Colonia Morelos del puerto. Fernando Rubén había sido, hasta el 30 de junio, Director General de Recaudación de la Agencia Nacional de Aduanas de México.

Junto con estas ejecuciones se produjeron dos muertes coincidentes. El lunes 8 de septiembre se reportó el suicidio del Capitán Jeremías Pérez, quien recibió 100 mil pechereques por el desembarque de un buque con huachicol fiscal.

Al día siguiente, el Capitán del navío, Adrián Omar Ángel Zúñiga, supuestamente murió en una práctica de tiro en Puerto Peñasco.

La información anterior deviene de un reportaje que aparece en el periódico Reforma fechado el domingo 14 de septiembre, cuyo título es el siguiente: “Un océano de corrupción”.

Las investigaciones dentro de la Marina han destapado una trama de asesinatos, tráfico de influencias, sobornos y operaciones millonarias que salpican a funcionarios y empresarios. La organización delictiva, encabezada por los hermanos Farias Laguna, habría operado desde la militarización de las aduanas durante el sexenio pasado.

Todo este desastre se generó por una red de contrabando de hidrocarburos que operaba vía marítima. Lo único que me resta cuestionarme, y que me gustaría saber, es quién estará detrás de tanta muerte, tanto dinero mal habido y tanto desmadre. Vaya usted a saber.

En total los “huachi-bukes” han dejado una estela de 7 muertes. Tan pronto tenga más noticias, que supongo que las habrá, les seguiré informando. Por ahora creo que esto sería un buen argumento para una serie de Netflix.

Para finalizar, les diré que pienso seguir leyendo. Les advierto que tal vez me rife otro libro, se llama Tres Cruces y es de Alejandro Paniagua.

La neta no lo había querido leer porque el sujeto que lo escribió me dio clases y un día llevé un texto biendepocamadres a su taller de cuento, pero el caballero en cuestión como que se emputó porque el relato estaba muy bien hecho.

Siendo muy objetivo su actitud fue un tanto rara por no decir mezquina. Les podría inventar que no soy rencoroso, pero no les quiero mentir. Aun así, pienso leer su novela.

Empecé el libro desde ayer. Está medio oscuro y bien pinches denso, pero está chingón. Es una novela breve. Tal vez les hable al respecto en la siguiente entrega.

Por lo pronto ya me voy porque dejé los frijoles en la lumbre y no encuentro en qué totopos embarrarlos. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta patriótica columna que seguirá brincando de tema en tema y buscando el sentido de la vida, favor de mandarnos sus comentarios, desmadrosa damita, malportado caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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