Sobre el libro de las mutaciones y los chatbots
Gabriel Duarte escribe sobre el libro de las mutaciones, o sea el I Ching, y los chatbots como métodos de adivinación y lectura del mundo

Gabriel Duarte escribe sobre el libro de las mutaciones, o sea el I Ching, y los chatbots como métodos de adivinación y lectura del mundo

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 16 de noviembre de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: debo decirles que redacto esta columna hecho mi pinche madre. He tenido chingos de trabajo en mi trabajo, motivo por el que no tengo mucho tiempo para escribir y, por otra parte, en la noche llego estropeado a mi casa y sin ánimo de pensar.
Lo único que deseo, al llegar a mi departamento, es escarbarme las pelusas del ombligo y sacarme los quesitos de los pies para acostarme a ver la tele y no hacer más que ni madres.
En fin, que seré breve porque es sábado, son las 6:45 de la tarde y me queda poco tiempo para poder mandar un texto medianamente decente para que salga en la edición del domingo.
Les haré una pregunta: ¿alguna vez han escuchado hablar del I Ching o libro de las mutaciones?
En realidad, es un antiguo texto chino de adivinación y sabiduría, se considera uno de los clásicos más antiguos de China. Se utiliza para obtener orientación y consejo sobre situaciones inciertas, combinando la filosofía china con un sistema oracular.
Francamente yo lo consulto con frecuencia y me ha funcionado biendepocamadres.
De hecho, tengo un gran amigo que en una ocasión se encontraba en un predicamento. Se me ocurrió llevarle el libro para que le hiciera una consulta. Al final le recomendó que no saliera con la chica con la que tenía la intención de salir, pues estaba a dos minutos de cagarla.
Debo decirles que no había que ser un puto genio para notar que la chica en cuestión padecía de sus facultades mentales, pero ya saben, a veces el amor a cualquiera le nubla la vista. Por fortuna fue obediente, le hizo caso al libro y se salvó.
Volviendo al tema: el origen del I Ching se remonta a un antiguo sistema de adivinación con caparazones de tortuga, que se remonta alrededor del 1100 a.C.
La consulta generalmente se realiza lanzando tres monedas para obtener un exagrama, que luego se interpreta para ofrecer una perspectiva sobre la situación planteada.
La leyenda cuenta que el sabio Fu-Hi descubrió ocho trigramas (Cielo, Trueno, Agua, Montaña, Tierra, Viento, Fuego y Lago) en el caparazón de una tortuga (como el cuento de Salvador Elizondo).
Resulta que las combinaciones de estos ocho trigramas forman 64 hexagramas, cada uno representado por seis líneas, ya sean continuas o quebradas.
Cada hexagrama está compuesto por un nombre, un dictamen o un comentario general y seis líneas con comentarios adicionales que ofrecen diferentes perspectivas.
La primera vez que yo supe sobre esta madre fue con un gran amigo que venía de Costa Rica. Él me enseñó a leer el libro y me pareció bastante interesante. Lo que me sorprende es que poca gente lo conoce.
Me recomendó que consiguiera cierta edición que contiene un poema de Borges, la traducción de Richard Wilhelm y el prólogo, ni más ni menos que, de C.G. Jung.
Les transcribo el muy mentado poema, creo que es un texto interesante. Incluso, tengo entendido, que es un tanto famoso:
El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la seda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.
Jorge Luis Borges
Lo primero que se pregunta cualquiera, después de leer este poema, es lo siguiente: ¿qué mierdas es una ergástula? Les ahorro el suspenso: en la antigua Roma se trataba de una cárcel de esclavos.
Por otra parte, les diré que el I Ching no ofrece respuestas de “sí” o “no”, sino que proporciona una guía para entender y afrontar mejor una situación desde una perspectiva más profunda.
Las consultas deben ser específicas y estar centradas en un problema, alguna situación concreta, una relación o ciertas decisiones importantes.
Para consultarlo se lanzan tres monedas en seis ocasiones y se obtiene un hexagrama, mismo que se determina por el resultado de los lanzamientos.
Una vez que se tiene el hexagrama, se busca su significado en el texto del I Ching para obtener una respuesta orientativa y una guía sobre cómo proceder.
A menudo se describe como un espejo que refleja las propias preocupaciones y expectativas, ayudando a conectar con la intuición de cada individuo y su sabiduría interior.
El asunto es que cuando tengo una decisión importante que tomar o me encuentro en una disyuntiva, tomo mi libro, hago una pregunta abierta, lanzo seis veces las monedas que tengo para tales efectos, luego checo los resultados y busco el hexagrama correspondiente.
Después hay que leer e interpretar el texto completo que en ocasiones es un poco extenso.
Es todo un ritual, debo decir que me gusta y a veces también me pone un tanto ansioso, pues en ocasiones las respuestas no traen buenas noticias.
Y perdonen si insisto con el tema, pero les cuento todo este desmadrito porque me dio por preguntarle al muy mentado ChatGPT si conocía el I Ching y resulta que no sólo lo conoce. Me ayudó a formular una pregunta de la manera más adecuada y hasta acá todo bien, pero…
Me preguntó si quería lanzar las monedas o si lo deseaba podría hacerlo por mí. Y entonces sí me quedé en las pendejas.
Le pedí que lo hiciera por mí y de inmediato me dio los resultados y no sólo eso, me dio una interpretación con base en la pregunta que me había ayudado a formular. Debo decir que la mayoría de las ocasiones las respuestas son un tanto confusas y hay que leer varias veces la resolución de los hexagramas.
ChatGPT me dio respuestas concisas, precisas y macizas.
Lo anterior me deja pensando de nuevo y, desde mi punto de vista, creo que no falta mucho para que la IA nos haga unos inútiles o nos enfile al desastre. El desenlace más aterrador es que nos termine gobernando.
Me da por pensar en Yo Robot, Matrix, Blade Runner, Terminator y en toda la literatura de Ciencia Ficción que he leído.
En días recientes vi un video donde una maestra estaba emputadísima con sus alumnos. Les gritaba que llevaba más de diez años impartiendo su materia y que jamás había visto que toda una clase presentara trabajos perfectos.
Justo hoy leía un artículo en el periódico. Los programadores de Inteligencia Artificial están creando Chatbots con todo y sesgos.
“Ayra” uno de los chatbots más nuevos genera contenido siguiendo instrucciones que le indican ser un modelo de IA cristiano, nacionalista y de derecha sin tapujos.
ChatGPT y Gemini han sido promocionados como fuentes imparciales.
The New York Times puso a prueba a varios de ellos y descubrió que arrojaban respuestas radicalmente distintas, sobre todo en temas políticamente delicados. Algunos hicieron afirmaciones polémicas o inventaron hechos.
Resulta que la gente elegirá sus preferencias de la misma forma en la que nosotros elegimos nuestras fuentes de información.
En fin, que, las empresas y las personalidades detrás de los chatbots desempeñarán un papel importante en la configuración de su aparente visión del mundo.
Lo que entiendo es que habrá ciertos programas para cada tipo de personas: conservadores, religiosos, anarquistas, fantasiosos, emprendedores, liberales, filósofos, locos y cuerdos.
Me pregunto si la soledad no juega un papel importante en esta ecuación: sentir que alguien del otro lado de la pantalla escucha con detenimiento, sin juicios y dándole al individuo en cuestión un punto de vista medianamente objetivo, pero, sobre todo, acorde a su ideología.
En fin, veamos qué sucede en los próximos meses. Pensaba decir años, pero a este paso creo que debemos estar atentos y pensar en el corto plazo. A ver a qué hora, al llegar a nuestras casas, no nos encontramos un robot viviendo nuestra vida, durmiendo en nuestra cama y soñando nuestros sueños.
Por ahora me tengo que ir, hace mucho frío y ya me dio harto sueño. Creo que mandaré en chinga este texto porque las sábanas me esperan. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que consulta el I Ching y que está aterrada porque la IA ya no tarda en ponerse al brinco, favor de mandarnos sus comentarios, analítica damita, calculador caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
