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Ciudad de México, 12 de septiembre de 2025 (Neotraba)

San Fernando, así se le conoce de forma escueta al autodenominado Tianguis de libros más grande de Latinoamérica y Capital del libro, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, a un costado del Museo-Panteón del mismo nombre y a unos pasos del metro Hidalgo. Cada sábado se reúnen más o menos doscientos expositores que colocan sus libros en mantas en el piso y en mesas dentro de carpas provisionales. La mayoría llega desde temprano y coloca sus ejemplares, la propuesta de la semana, las novedades que hallaron en los días previos.

Son varias generaciones de libreros los que se dan cita cada fin de semana, algunos de la tercera edad que tienen puestos o locales en otros sitios de la ciudad cómo en Ciudad Universitaria y La Lagunilla, hasta jóvenes que aún estudian el bachillerato o la universidad y buscan un extra para terminar el semestre.

San Fernando. Fotografía de Óscar Alarcón
San Fernando. Fotografía de Óscar Alarcón

Algunos no tienen lugar en el tianguis, pero citan a sus clientes para entregar los libros vendidos en sus redes sociales.

San Fernando es un punto de encuentro entre lectores y vendedores de libros nuevos y usados, el tianguis se está convirtiendo en un referente para hallar libros económicos, pero también piezas raras y únicas.

Libros en San Fernando. Fotografía de Sergio Núñez
Libros en San Fernando. Fotografía de Sergio Núñez

El bazar, cómo también se le conoce al tianguis, está conducido por varias organizaciones, algunas dirigidas por personas cuya importancia primordial radica en el cobro del lugar de cada puesto sábado a sábado; otras con un interés más puro en la difusión de la lectura armando distintos talleres, pláticas culturales y presentaciones de libros; otros más preocupados por compartir su vida bohemia en redes sociales que el negocio.

Una de las riquezas del lugar es la gran variedad de libros que se pueden encontrar, si consideramos que cada expositor lleva cien libros en promedio, entonces, se muestran más de veinte mil títulos distintos entre los pasillos del jardín, los arcos y el atrio de la iglesia, para todos los gustos y necesidades. Además, varios colegas se especializan, unos llevan únicamente arte mexicano; otros, filosofía, infantiles o literatura en editoriales de prestigio. La propuesta es muy amplia.

Venta de libros en San Fernando. Fotografía de Sergio Núñez
Venta de libros en San Fernando. Fotografía de Sergio Núñez

En cuanto a la clientela, van muchos lectores, investigadores, bibliófilos y acumuladores, también van familias, curiosos y cazadores de libros de varios estados del país. Una dinámica interna es el salto de libros de puesto en puesto, los libreros se compran entre ellos, normalmente esta venta es a primera hora, en cuanto llegan, incluso antes de que se instalen visitan a los colegas y adquieren los títulos que les hacen falta, los que les encargaron o los que no sabían que necesitaban.

El encuentro de cada fin de semana no sólo se enfoca en la exhibición y venta de libros, también se aprovecha para compartir las novedades adquiridas y los últimos chismes librescos.

San Fernando es un lugar necesario en una de las urbes más grandes del mundo para satisfacer algunas de las necesidades de los amantes de los libros y la lectura, siendo muy recomendable vivir la experiencia.

Un colega especializado en bibliofilia me confesó un par de hallazgos maravillosos, pero me pidió no compartir todos los detalles, pues no quiere competencia, pero algunos de estos tenían el exlibris de nada más y nada menos que de Dolores del Río.

Venta de libros. Foto de Sergio Núñez
Venta de libros. Foto de Sergio Núñez

San Fernando se une a los distintos lugares dentro de la ciudad para hacerse de libros viejos, otros son El corredor cultural Balderas y El callejón de la Condesa todos los días de la semana; Plaza del Ángel los sábados; el tianguis de La Lagunilla los domingos y recientemente Mercado de Libros Morisco cada mes.

Espero que el tianguis de libros más grande de Latinoamérica perdure y no se vicié bajo los intereses de unos cuantos, que siga creciendo y que los libros lleguen a los lectores adecuados.

¡Larga vida a San Fernando!


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