Captura de pantalla del video para la canción El Zahir, de Rita Indiana.
Captura de pantalla del video para la canción El Zahir, de Rita Indiana.

Por Adán Medellín (@adan_medellin)

Ciudad Tula, Tamaulipas, 05 de junio de 2020 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

Jorge Luis Borges nunca tuvo el dinero como uno de sus temas predilectos. La imagen de la literatura borgiana se nos presenta llena de laberintos, espejos, bibliotecas infinitas, manuscritos extraviados y reencontrados, cuchilleros, citas en idiomas desconocidos y conversaciones con otros Borges y su compañero de juergas librescas, Adolfo Bioy Casares.

Aunque el tema de los intercambios simbólicos se muestre en diversas ficciones del escritor argentino, quizá una de las más extrañas sea El Zahir, que se centra en el hallazgo de una moneda antigua que se transforma en una obsesión para el personaje Borges y amenaza con llevarlo a la locura. Este Zahir es un objeto mágico que se le presenta a las personas en distintas figuras (puede ser un tigre o una piedra preciosa, por ejemplo), pero al gran bibliotecario Borges se le aparece como una moneda sucia que le entregan de cambio en un localito donde algunos hombres nocturnos juegan truco.

“Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. (…) Una moneda simboliza nuestro libre albedrío”, expresa el narrador de Borges, quien ve la moneda como un pequeño universo concentrado en un solo objeto-espacio (como en “El Aleph”) que no puede sacarse de la cabeza. La moneda amenaza destruir su razón y su existencia, y el protagonista la compara y la analiza desde tradiciones culturales que van desde el Islam hasta los tigres mágicos.

Siguiendo a Borges, quizás el escritor más literario de la literatura latinoamericana, podemos decir que la relación entre el dinero y la literatura es, por lo menos, tensa y problemática. Se dice que los escritores deberían estar por encima de cualquier ganancia por su trabajo, de lo contrario su arte pierde pureza, hondura humana y legitimidad. Que se contaminan o se venden con premios, becas o fondos nacionales, estatales o regionales. Pero los escritores comen, pagan cuentas, gastan en pasajes para ir a sus trabajos generalmente fuera de la esfera literaria, se enferman, compran libros, viajan, mantienen un hogar. Los escritores tienen hijos, pagan créditos, trámites, seguros, cirugías; pañales, condones, analgésicos, cervezas; computadoras, hojas y tinta para sus escritos.

Las formas de subsistencia para los escritores empleados o freelancers son una de las preocupaciones más acuciantes para quienes vivimos de la creatividad, contratada desde editoriales, agencias de publicidad, periódicos, sitios web, aulas físicas o virtuales, proyectos culturales o pequeños negocios.

Hace unas semanas, la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM en conjunto con la consultora Mitofsky envió una larga encuesta a los creadores culturales para conocer el impacto de la pandemia en su situación económica, anímica, creativa y laboral. Algunos reactivos obligaban a detenerse y tomar aire, porque nos reiteraban la incertidumbre y la ansiedad que causa calcular el monto de pérdidas de ingresos, apoyos y trabajos; pero también el pesar y la desilusión por la caída de numerosos proyectos, viajes, intercambios, becas, estancias, ferias o encuentros literarios.

Reinterpretar la dura realidad desde la pandemia y la “nueva normalidad” es una tarea que escritores y creadores desde distintas disciplinas, al igual que tantos otros trabajadores, debemos afrontar y resolver. Es claro que, a como dé lugar, con pasión, redes virtuales e improvisación, entre analgésicos, antidepresivos, ansiolíticos, deudas, préstamos y créditos, buscaremos que la función no se detenga.  

Desde estas condiciones críticas, me gustaría terminar resaltando un ejemplo actualísimo de locura creativa en el mundo distópico que hoy vivimos. Rita Indiana es una escritora, compositora y cantante dominicana que ganó renombre primero por sus novelas, teñidas del lenguaje y la cultura afrocaribeñas y populares, pero se ha saltado la barda para ponerle ritmo y música a su quehacer con las palabras. Desde ese espíritu inquieto, ha jugado con fusiones electrotechno de merengue con su agrupación Los Misterios y ahora trabaja el punk rock, el funk y el rap en su proyecto más nuevo, el disco Mandinga Times.

Fiel a su primera vocación literaria, Indiana juega en su sencillo más reciente con El Zahir borgiano, creando una canción homónima que trae de vuelta en clave musical la obsesión por la moneda en el relato en un contexto contemporáneo con guitarras postpunk y coros de trap. Los guiños a Borges están presentes en la rola, desde el “Hola, moneda” de su coro hasta las líneas “una moneda en el bolsillo es bien poco / según un ciego puede volverte loco”. Dinero como posibilidad, como recurso, como obsesión en el mundo contemporáneo que se reconstruye desde el cúmulo de preguntas que ha sembrado el COVID-19.

Las notas de producción resaltan otro aspecto que, al menos, despertaría la curiosidad nórdica de Borges: la colaboración del músico y sonidista Sakari Jantti que canta en noruego algunos versos “sobre esclavos que se dejan enterrar con sus amos muertos para obtener riquezas en el otro mundo”. El video musical de El Zahir fue grabado durante la cuarentena con un celular, bajo la dirección de Noelia Quintero Herencia, colaboradora habitual de Rita Indiana.

Puedes mirar esta transfiguración del intelecto narrativo borgiano aquí:

El penúltimo lector

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