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Ciudad de México, 4 de noviembre de 2025 (Neotraba)

Para Ana Luisa

Las risas parecían grabadas. O, cuando menos, en exagerada concordancia con el absurdo de las escenas. Concordancia que abonaba al absurdo más que resonar de forma congruente con lo que sucedía en la pantalla. Parecía como si, por el solo hecho de tratarse de una película de Almodóvar, la gente estuviera lista para reírse a la menor provocación. El problema es que no se reían con lo que a nosotros nos parecía gracioso –sin importar si era intencional o accidental. No se reían de lo burdo de los diálogos, sobre todo cuando la película hacía un flashback para mostrarnos el recuerdo de alguno de los personajes. No se reían cada vez que los personajes decían el nombre de la película –cosa que sucedió cinco veces. En consecuencia, las dos primeras olas de risas nos tomaron por sorpresa, en fuera de lugar. Sin embargo, para la tercera ola y con no más fin que el de convivir con nuestros compañeros de sala, reímos cuando ellos rieron. Y seguimos riendo cada vez que una nueva ola tomaba por sorpresa la sala. Desde luego que hubo momentos de tensión, no fue cosa sencilla, había risas aisladas, solitarias, que llegaron a confundirnos y a las que erróneamente alguno de nosotros acompañó, había también una mujer que rio a la largo de toda la película, sin siquiera pausar para respirar. Pero, relativamente rápido, entramos en sincronía con nuestros compañeros espectadores. Y así nos mantuvimos durante buena parte de la película, incluso llegamos a adivinar cuando reirían y conseguimos reír sin desfase, a la par de ellos más que como un eco de ellos. Lo extraño sucedió cuando, por alguna razón que no entendimos, cerca del clímax, nos reímos y la sala nos hizo eco. Nos miramos y creímos que había sido una coincidencia, pero aquello se repitió durante el resto de la película, nosotros reíamos y la sala nos acompañaba con su risa, ligeramente desfasada. Más que extraño resultó incomodo, y cada risa aumentó la incomodidad. Abandonamos el cine en cuanto aparecieron los créditos, camuflados por la oscuridad.


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