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Ciudad de México, 10 de agosto de 2025 (Neotraba)

Insensatos lectores: hace poco decidí echarle un vistazo a una serie de Netflix denominada Ripley, desde luego que pensé que algo tendría que ver con la obra de Patricia Highsmith.

Antes de dirigir mis pasos hacia la recámara, para ver la televisión, compré palomitas de maíz y las metí al horno de microondas. Mientras los granos estallaban me dio por recordar cuándo fue la primera vez que leí algo sobre Tom Ripley.

Si la memoria no me falla hace algunos años tomé un curso de literatura con el peor horario que pudiera existir: sábado a las 7 pm.

Infinidad de veces me pregunté lo siguiente: ¿qué tan despedorrada debe estar tu vida social para tener que encerrarte todos los sábados hasta las diez de la noche en un salón de clases? Cabe señalar que con frecuencia las sesiones terminaban después de las 11.

Aunque debo decir que llegué a hacer cosas un tanto más absurdas: como salir a correr los viernes y sábados a las 8pm por estar preparando una carrera de 10km. De esas que se organizan cada domingo sobre Reforma. Lo que es estar desquehacereado.

El tema es que, en una de tantas clases, dimos un ligero repaso por la novela policiaca, para concluir con la novela negra.

No sé si fue allí, o en algún otro sitio, donde comprendí la diferencia entre este asunto del género negro y las historias policiacas. Según entiendo, lo que provoca que sean distintos radica en la crítica que autores como Dashiell Hammett o Raymond Chandler plantearon en su literatura.

Estos escritores, en sus novelas, realizan un análisis detallado sobre la sociedad, los gobiernos, las personas o algunos grupos de poder, poniendo al descubierto temas importantes como la corrupción, la violencia, la injusticia, el fracaso o la ambición desmedida. Esto último define al género negro.

Por otra parte, en las novelas policiacas, por lo general, se persigue un crimen realizado por algún asesino; quizás un fraude llevado a cabo por un estafador o algún otro tipo de delito. En estas historias lo importante es ver al criminal siendo cazado por algún agente que represente a la justicia.

Al parecer todo empezó con Edgar Allan Poe y sus crímenes de la calle Morgue. Dicho sea de paso, este pobre sujeto, tuvo una vida miserable. Poe se llevaba fatal con su padrastro y heredó el alcoholismo de su madre. Digamos que nació siendo un José José en miniatura.

Un puto genio que murió en un hospital, luego de ser rescatado por un individuo que lo encontró en la calle en estado paranoico. Vivía en la miseria. Creo que vale la pena profundizar un poco más y denotar la importancia de este escritor. Ya lo haré en alguna columna venidera.

Como les comentaba, y si no me equivoco, Los crímenes de la calle Morgue marcan de manera indeleble la literatura occidental, pues este es el primer cuento donde aparece la figura del detective. Su nombre era Auguste Dupin.

Autores como Agatha Christie, Chesterton y Arthur Conan Doyle, enriquecieron el género. Siendo el detective de este último el más relevante de todos los tiempos. Por supuesto que me refiero a Sherlock Holmes.

He aquí una historia interesante: Conan Doyle originalmente mató a Holmes en 1893, en un relato llamado “El problema final”, pero debido a la presión de los lectores y a la popularidad del personaje, lo hizo reaparecer en “La casa vacía” en 1903, explicando que había fingido su muerte.

Con los años la evolución de este tipo de literatura dio pie a libros como Cosecha roja o El halcón maltés. Hasta alcanzar su máximo esplendor con El largo adiós.

Si no han leído El largo adiós no sé qué chingados están esperando, la historia es espectacular, y justo aquí podemos ver al detective de Raymond Chandler, llamado Phillip Marlow, en su mejor momento literario.

Chandler también tuvo una vida bastante peculiar, quizás no tan miserable como la de Poe, pero creo que al final de sus días sí se hubiera dado un quién vive con Allan Poe.

Y seguramente se estarán preguntando: ¿y cómo pa qué mierdas me hablan de todo esto si se supone que el tema de la columna es Ripley?

La verdad es que siempre había querido escribir algo sobre este asunto, pues cada uno de los autores mencionados logran darles un giro a las historias de detectives y al modo en que las percibimos hoy, y no sólo eso, dichos escritores han tenido una gran influencia en el cine y en la forma en la que se escriben las series de televisión en la actualidad.

Y en este momento me parece imprescindible hablar un poco sobre Raymond Chandler, quien logra crear el primer detective humano de la historia de la literatura. Antes de él los investigadores eran demasiados cerebrales, sin aparentes vicios de carácter y vivían de un modo inmaculado, hasta que aparece Phillip Marlow y le da un giro por completo a este asunto, pero, ya hablaremos de él próximamente.

En un inicio, toda la literatura policiaca se centraba en el detective y en el camino que tenía que seguir para descubrir al autor intelectual o físico de algún crimen.

Patricia Highsmith le da un giro a este asunto y se centra en el criminal. Todo inicia con una novela llamada El talentoso Mr. Ripley, en ella aparece por primera vez un singular personaje: Tom Ripley, un estafador de poca monta, quien, de un momento a otro, se ve orillado a realizar un viaje a Italia para buscar a un sujeto por encargo de un individuo que lo contrata.

Hagan de cuenta que Aristóteles Onassis tiene un hijo tarado y su papá quiere que haga algo con su vida. El sujeto en cuestión es de esas personas que se sienten artistas y creen que tienen talento para pintar, pero resulta que no podría dibujar ni si quiera un huevo medianamente bien hecho, y lo único que se le da es tomar el sol, caminar sobre la playa, beber, comer, dormir y echar unos becerros en el océano con su novia (besos en el hocico para los que les falte barrio).

El caso es que aquí arranca la historia: al principio un detective encuentra a Tom, previamente ya conocemos el modus operandi de este granuja, pues se dedica a defraudar a ciertas personas amenazándolas y haciéndoles creer que habla de un despacho jurídico y que tienen una deuda pendiente.

Obliga a sus ingenuas víctimas a liquidar los supuestos pagos atrasados con el envío de un cheque por correo que amortice el total de la deuda. Conclusión: Tom Ripley es todo un fracasado.

La historia es espectacular por sí sola, pero la serie no tiene madre. De entrada, está hecha en blanco y negro, pareciera que la fotografía la hizo Jesucristo en sus ratos libres. No mamar, por Dios, llegué a pensar que podría contarse la historia sola. Me refiero a que fuera narrada únicamente con imágenes, sin diálogos, incluso sin movimientos.

Por piedad, por vidita suya, no se la pierdan.

No tienen que hacer nada, sólo sentarse, prender la tele y contemplar a uno de tantos antihéroes que la literatura nos ha regalado. Ya si se quieren ver muy creativos pueden pasar por una torta cubana o en su defecto por unos poderosos Chetos de bolita.

No quisiera darles más datos sobre la historia, es muy buena y no se las pienso arruinar. Ya si tuvieran que irse a una isla desierta, les comento que hay un libro editado por Anagrama que contiene todas las novelas que escribió Patricia Highsmith sobre Tom Ripley: A pleno sol, La máscara de Ripley, El amigo americano, Tras los pasos de Ripley y, por último: Ripley en peligro.

Tom Ripley de Patricia Highsmith
Tom Ripley de Patricia Highsmith

El libro es muy bueno, si lo ven no lo dejen escapar, si no lo encuentran Anagrama acaba de publicarlo de nuevo, pero esta vez en dos tomos. Yo leí el que viene en la portada de este artículo.

Cabe mencionar, que también hay una película protagonizada por Matt Damon, Jude Law y Gwyneth Paltrow (pinshis gringos y sus nombres artísticos). También es muy recomendable, denle un vistazo, pero les aseguro que visualmente la serie es por mucho mejor y sólo son 8 capítulos.

Para finalizar les diré que de un tiempo a esta parte ando muy justo de tiempo. Como les he comentado antes: un escritor tiene que hacer de todo para ganarse la vida, menos escribir, así que, me vi orillado, por mis circunstancias económicas, a abrir una tienda de ropa.

La verdad el negocio va muy bien, pero no hay tiempo de nada, pues como bien sabrán: “el que tenga tienda que la atienda y si no que la venda”.

En fin, creo que estas columnas quizás deban ser más breves, pero lo que menos quisiera es dejar de publicarlas.

Correr, leer, soñar, escribir, ver a mis amigos y abrazar a mi madre, son las únicas cosas que me devuelven la certeza de estar vivo.

Se me portan bien, no quiero quejas. Cualquier duda o sugerencia con esta policiaca y negra columna, favor de mandarnos sus comentarios, detectivesca damita, fugitivo caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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