Mr. Gwyn, el Aguachicol y algunos temas que se quedarán pendientes
Libros, series en streaming y gente robándose pipas de agua, de esto va la columna de Gabriel Duarte esta semana.

Libros, series en streaming y gente robándose pipas de agua, de esto va la columna de Gabriel Duarte esta semana.

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 20 de julio de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: resulta que mi editor salió de viaje, estará ausente dos semanas, me dijo a dónde iba, pero la verdad es que no lo recuerdo, sólo sé que el sitio en cuestión se escuchaba bien pinches lejos.
El asunto es que se fue de vacaciones y durante 15 días no habrá columna.
Como yo no salí de viaje, se me ocurrió que bien podría escribirles algo breve y quizás hacer un artículo en tres partes, para que cuando mi editor regrese aglutine todo en una sola columna.
Para comenzar, debo decirles que llevaba un tiempo buscando alguna nota en el periódico que valiera la pena ser compartida, y no había encontrado ni madres, hasta el día de hoy que tomé el Reforma y me vengo enterando que hay una banda de “aguachicoleros”, así como lo está usted viendo, damita, caballero: a-gua-chi-co-le-ros.
Digamos que se dedican a lo mismo, que es robar, sólo que esta gente en vez de vender gasolina o diésel trafica con agua. Perforan ductos en domicilios particulares y almacenan el líquido en pipas que después se dedican a vender.
El título de la nota es el siguiente: “Ganan ¡mil millones de pesos al año! Con venta de aguachicol”. Reforma, 5 de julio:
“Grupos generadores de violencia en el Estado de México ganan cifras escandalosas al año con la venta de agua que roban en diferentes municipios.”
La estimación la hicieron autoridades que se dedican a investigar este delito, tras asegurar, de abril a la fecha, 12 extractores hídricos irregulares, entre ellos tres pozos, y 26 tomas clandestinas en los municipios de Texcoco, Ocoyoacac, Chicoloapan, Jocotitlán, y más recientemente en Ecatepec (llevo una media hora intentando aprenderme esos pinshis nombres y el único que puedo decir es Texcoco. Me siento como retrasado mental).
Desde la infraestructura asegurada, las organizaciones extraían de manera ilícita el líquido para venderlo en pipas tanto en la CDMX como en el Estado de México. Una fuente de la Fiscalía General de Justicia, detalló que existían nueve equipos de extracción que eran cisternas de rebombeo del Sistema Cutzamala que habían sido intervenidas por los delincuentes. En tanto, las 26 tomas estaban dentro de domicilios particulares.
La Fiscalía dio a conocer que varios de los operativos se efectuaron tras denuncias anónimas que llegaron a la Comisión de Recursos Hidráulicos. Con las acciones, afirmó, los grupos que realizan esta práctica vieron afectada su estructura financiera, pues acostumbraban a vender el contenido de una pipa hasta en 4 mil pechereques.
La diputada Miriam Silva explicó que uno de los destinos de las pipas con líquido robado es Ecatepec, donde los colonos padecen escasez de agua.”
¿No les parece una locura? Ahora, supongo yo, que habrá una doble escasez en donde se vendían estas pipas clandestinas. No habrá agua de manera lícita y tampoco de manera ilícita, ¿o sí?, ¿será que alguien va a aprovechar este desabasto y el agua subirá de precio?, ¿quién habrá efectuado esas llamadas anónimas? Vaya usted a saber, damita, caballero, pero si sé de algo los mantendré informados.
Por otra parte, el día de ayer me dediqué a buscar un libro que me había costado casi un huevo encontrar, pero tuve a bien perderlo de manera un tanto rara: venía muy feliz manejando mi acuamotito cuando dos sujetos en otra moto se me acercaron y de un modo un tanto abrupto me arrebataron una bolsa que contenía algunas de mis pertenencias: un block de notas, mi agenda y el libro en cuestión.
Lo que más me preocupaba eran las notas de mis clientes, pero los pasé a ver, les expliqué lo sucedido, amablemente recolectaron las copias de las notas que siempre les entrego y aclaramos todo. A través de este medio les agradezco su comprensión.
Por otro lado, pensé que sería imposible encontrar el libro de nuevo, pues antes de perderlo, más bien antes de que me lo robaran, lo busque en varias librerías y en algunos puestos de dudosa procedencia y nada.
Se me ocurrió llamar a Gandhi y me comentaron que quizás en la librería de Madero podría ser posible que tuvieran un ejemplar. Y allá va el pendejo a mojarse en su acuamotito para llegar a ver si existía o no el libro.
Recorrí Eje Central. Me sorprende ver que esa calle nació con tráfico y morirá con tráfico, parece estacionamiento, siempre es un desmadre pasar por allí. Desde Fray Servando hasta Bellas Artes. Así vayas en moto, en bici, en perro o en camión. Es como llegar al Triángulo de las Bermudas: no sabes si saldrás con vida o si llegarás a tu destino. Le di la vuelta a la Alameda y dejé estacionada mi acuamotito a unas cuantas calles del lugar de la búsqueda.
Caminé para llegar a la librería y justamente tuve que cruzar Eje Central, esta vez a pie sobre Madero. Aquello resulta ser toda una experiencia.
Es tanta la gente que se acumula en ese cruce que da la impresión de que llegar al otro lado va a ser como llegar a la tierra prometida. He visto algunos videos por allí en donde se plantea una putiza entre dos bandos adversarios. Total, que yo ya me estaba preparando para los madrazos, se puso en verde el semáforo y lamentablemente no pasó nada. Pero sí hay que escurrirse entre las personas para poder cruzar.
Después de dos arrimones, un caderazo y tres nalgadas lo logré. Atravesé Eje Central. Para chingarla de acabar seguía lloviendo. Continué con mi camino y, por supuesto que, me seguí mojando. Después de un rato llegué a la librería.
Subí unas escaleras eléctricas y entré a Gandhi. Esperé unos minutos en la entrada para sacudirme como perro y que se me escurriera el agua. Después, me puse a correr detrás de los empleados de ese sitio, no piensen que los quería morder, aunque ganas no me faltaban, al parecer odian a los lectores, por más que uno los busca se hacen los ocupados o los desentendidos. Parecen meseros los muy hijitos de la chingada.
Justo cuando ya había conseguido la atención de una de las dependientas del lugar, apareció un sujeto con una lista de libros y se atravesó en mi camino. Se tardó como 10 minutos buscando como 10 libros y lo que más risa me dio es que no tenían ninguno.
Por fin llegó mi turno, la chica buscó en su sistema y se fue. Desapareció. Subió al segundo piso, me dijo que iba por mi libro. Yo me puse a chacharear como cualquier sujeto que entra a una librería y se siente todo un conocedor. En esas estaba cuando lo vi: encontré Mr Gwyn, estaba acurrucado y muy calladito él, entre dos libros de Alessando Baricco. Me esperaba con ansiedad. Lo tomé entre mis manos y me hice la firme promesa de perderlo hasta después de haberlo leído (no lo amamanté porque me dio pena hacerlo en público).
La verdad es que voy en la página 60, justo en el capítulo 22, y el libro está biendepocamadres. La novela va de un exitoso escritor que de un día al otro decide que dejará de escribir. No les cuento más para hablarles de esto en la siguiente entrega.
Al salir de Gandhi visité una exposición que está en el Palacio de Iturbide, ahora Centro de Cultura CitiBanamex. Se trataba de: Miguel Covarrubias. Una mirada sin fronteras. Dense una vuelta: es gratis y está súper chingona. Muy cerquita hay una sucursal del Salón Corona. Estuve tentado a embriagarme, pero venía en moto. Si usted se da una vuelta por allí, gentil damita, exitoso caballero, bien podría tomarse unas caguamas a mi salud.
Por ahora, sólo les diré que Miguel Covarrubias fue caricaturista, ilustrador, diseñador teatral, pintor y dibujante. Su postura política era de izquierda, pero su pintura y caricatura no expresaba ninguna crítica de orden político. Era un idealista y romántico que trató al prójimo como un hermano y eso queda de manifiesto es su obra. Tiene unas pinturas increíbles y en la exposición hay más de 400 piezas. Le gustaba mucho el jazz y plasmar a gente de color en sus dibujos. Por vidita suya, no se lo pierdan.
Para finalizar les diré que esta semana hubo varios estrenos que ya están disponibles en mi pirateca: se trata ni más ni menos que de la cuarta temporada de The Bear (El Oso), gran serie. Y también se estrenó la que al parecer es la última entrega de El juego del Calamar.
Por ahora puedo decirles que El Oso, es una joya. Va de un tipo que monta un restaurante buscando una estrella Michelin. Acá ya tenemos hasta en las taquerías y este pobre hombre se encarga de despedorrararle la vida a su familia, a su novia y a todo su círculo cercano. Parece Rey Midas, sólo que al revés: todo lo que toca lo hace mierda. La verdad que vale mucho la pena. Desgraciadamente me quedé hecho un pendejo porque en menos de una semana terminé la cuarta temporada y ya quiero que llegue la quinta. Habrá que esperar y ser paciente.
En cuanto a El juego del Calamar pienso verla desde hoy. Ya les daré mi veredicto. Esta serie es entretenida, no es algo espectacular, pero está de moda y está dos tres palomera.
Por otra parte, creo que también valdría la pena hablar sobre cómo echar a perder una vida en tres o cuatro sencillos pasos. Digamos que, si te llamas Julio César Chávez y eres hijo del mejor boxeador mexicano de todos los tiempos, ya sabes cómo hacerlo en unos cuantos años y sin mucho esfuerzo.
Pero de Mr Gwyn, Del juego del Calamar, de Julio César Chávez Jr., y de algunas otras cuantas cuestiones ya hablaremos en nuestra siguiente entrega.Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia, con esta columna sin editor, pero con hartas ganas de escribir, favor de mandarnos sus comentarios, huachicolera damita, aguachicolero caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
