Mi cumpleaños y algunas noticias del periódico
Gabriel Duarte escribe sobre la cruzada que Trump ha emprendido en contra del fentanilo, y también hace apuntes sobre su reciente cumpleaños

Gabriel Duarte escribe sobre la cruzada que Trump ha emprendido en contra del fentanilo, y también hace apuntes sobre su reciente cumpleaños

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 31 de agosto de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: cada vez me sorprende más la relatividad del tiempo. De nuevo es domingo. Parece que entre más ocupados estamos más pronto corren los minutos. Como si las manecillas del reloj estuvieran en una carrera de cien metros y su único deseo consistiera en despedorrarnos la vida.
Tengo que reconocer que me veo forzado a empezar esta columna hoy para poder entregar este artículo cuando es debido. Creo que está demás decirles que las horas que tengo disponibles para escribir se han visto menguadas.
Lo anterior me orilló a recordar una entrevista con el gran Pedro Mairal. Cuando le preguntan cómo escribió su última novela, cuyo título es La uruguaya,el sujeto responde que tuvo que robarle tiempo al sueño.
Se despertaba a eso de las 6 am, cuando todo aún está en silencio, y se ponía a escribir antes de llevar a su hija a la escuela.
Creo que no tendré otro remedio y me veré forzado a despertar temprano todos los días para continuar con estos menesteres. Y tal vez no sea necesario aclarar que escribo para mí. No quiero que me devore el hastío. Me aterra olvidarme de las cosas que me obligan a sentir que la vida merece la pena.
Dejando de lado el melodrama, les diré que el sábado compré el periódico y lo pude leer hasta el domingo durante el desayuno. Bueno, desayuno es un decir, me rifé unos chilaquiles como a eso de la 1:30 pm.
Les comento que todos los sábados, en el Reforma, hay un suplemento del The New York Times que vale mucho la pena.
Por lo pronto en este momento ya es lunes y son las 8:00 am.
Para ser mi primer día de escritura matutina creo que no está tan mal. El asunto es que me tengo que meter a bañar a las 9 para llegar a tiempo al trabajo.
Y sirva también este dilema del tiempo para comentarles que escribo así, por parrafitos, zurciendo las ideas poco a poco. En pausas, borrando mucho y corrigiendo en todo momento. Nunca he hecho la cuenta, pero seguro que leo y releo una columna más de cuarenta veces antes de publicarla.
El caso es que me encontré en el periódico dos noticias que me sorprendieron: la primera consiste en saber cómo se cruza el fentanilo a EU.
La segunda describe cuánto puede ganar un programador de Inteligencia Artificial. Creo que no es mucho: sólo 250 millones de dólares por cuatro años y un potencial pago hasta de 100 millones en los primeros doce meses (lo que traigo de cambio en el cenicero del coche).
Y ya sé que no podían dormir por la curiosidad y se preguntaban: ¿qué noticias se habrán publicado el sábado en el suplemento del The New York Times?, pero creo que ahora que les menciono esto quizás una ligera duda se asome por su imaginación.
Con respecto al fentanilo, leí un artículo en el que un reportero se lanza a Culiacán y en teoría se entrevista con varios personajes de un cártel. Les dice que quiere hacer un reportaje para saber cómo llega la droga de México a Estados Unidos.
De entrada, hacer eso me parece demasiado peligroso y, por otra parte, me pregunto: ¿será que alguien que se dedica al narco tenga el atrevimiento de revelar sus secretos logísticos porque se lo pide un reportero?
Francamente no lo creería si no lo estuviera leyendo y si la fuente no proviniera de un semanario informativo tan serio. Por supuesto que me refiero al TNYT. Aunque a estas alturas desconfío mucho de cualquier medio de comunicación.
El artículo, fechado el sábado 26 de agosto de este año, comienza cuando un sujeto, que al parecer se encuentra en un deshuesadero de autos, rocía seis paquetes envueltos en aluminio con un líquido que olía a cloro, que, dijo, ayudaría a disimularlo de los perros olfateadores.
Debajo del papel aluminio la droga está envuelta en papel carbón para evitar la detección con rayos X. Los paquetes se guardan dentro de un compartimiento oculto detrás del panel de la puerta de un vehículo. Siempre se esconden en sitios distintos: en ocasiones al interior del tanque de gasolina y otras veces en partes del motor o la carrocería.
El hombre de 58 años, mecánico de día, lleva más de dos décadas trabajando para el Cártel de Sinaloa, reparando y cargando autos con cocaína, metanfetamina y, ahora, fentanilo.
En todo este tiempo, según comenta, su trabajo nunca había sido tan peligroso como ahora. El cártel ha tenido que entrar en un modo de supervivencia.
El Presidente Trump ha jurado acabar con el tráfico de fentanilo, ordenando al Departamento de Defensa que comience a emplear la fuerza militar contra ciertos grupos que trafican con droga que su Administración considera organizaciones terroristas.
México, bajo la presión de Trump, ha lanzado su propia ofensiva desplegando cientos de soldados para combatir al Cártel de Sinaloa.
Por si no tuvieran suficiente, dicha organización delictiva, se ha visto afectada por luchas internas. Pero incluso en este estado tan débil el cártel continúa adaptándose. Sus contrabandistas están cambiando a cargas más pequeñas e ideando métodos creativos y modificándose en tiempo real ante las amenazas cambiantes.
Y pese a la campaña en su contra operadores de esta organización aseguraron no tener la intención de abandonar el negocio. La mayoría no mostró ningún reparo ante el devastador impacto del fentanilo en EU, donde se ha convertido en una de las principales causas de muerte.
El viaje posterior del auto con droga a Estados Unidos se reconstruyó mediante entrevistas con cinco operadores: el mecánico, un conductor, un alto mando del cártel y dos traficantes con base en Arizona.
Producir y transportar fentanilo se ha vuelto más lento, más riesgoso y mucho más caro.
El viaje de Culiacán a la frontera era una operación meticulosamente planeada. En cada etapa el conductor recibía instrucciones de mandos superiores: un mapa sobre qué caminos tomar y cuáles evitar. Los operadores dicen que los sobornos suelen negociarse en no menos de cuatro puestos militares mexicanos.
Justo cuando el conductor se acercaba a su destino recibió una llamada: “Alto”. A 115 kilómetros del sur de Tucson se detuvo. De ambos lados de la frontera una red de vigías y coordinadores trabajaba verificando que cada pieza de la operación estuviera en orden.
Un agente fronterizo estadounidense que había sido sobornado advirtió del peligro. Después de tres días llegó la señal, la operación estaba nuevamente en marcha.
El conductor dijo que el agente fronterizo de EU recibiría decenas de miles de dólares sólo por la advertencia, además del pago inicial ya prometido por dejar pasar el auto por el puerto de entrada Mariposa, en Nogales.
Finalmente, el mecánico afirmó que la droga había cruzado la frontera. A su regreso a México, el conductor declaró que había entregado la carga en Tucson y que operadores locales la llevarían a California. Aseguró que todo había marchado sobre ruedas gracias a la forma en que se había organizado todo.
Interesante, ¿no?
Sólo me pregunto: ¿no sería más sencillo para Trump enfocarse en su gente en vez de dar tanto grito y tanto sombrerazo? El consumo de fentanilo está en su país y no hay forma de que la droga termine en Estados Unidos sin el apoyo de policías y gente del gobierno de EUA que trabaje para los cárteles.
Pero claro, siempre es más sencillo culpar a alguien más por nuestras responsabilidades que hacerse cargo de ellas.
Pasando al asunto de la Inteligencia Artificial les diré dos cosas: A) Esto se ha convertido en una caza de talentos. B) ¿Por qué demonios no estudié algo relacionado con esto de la IA?
Resulta que, durante el verano, un sujeto cuyo nombre es Matt Deitke, recibió una llamada telefónica de Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta.
La compañía le prometió 125 millones de dólares en acciones y efectivo en el curso de cuatro años. La oferta no fue suficiente para atraer a Deitke, así que el dueño de Meta se reunió personalmente con él. Meta le ofreció alrededor de 250 millones de dólares en el curso de cuatro años y otros 100 millones en el transcurso de 12 meses, ¿lo pueden creer?
Las guerras de talentos, en las grandes empresas tecnológicas, se han vuelto tan extravagantes que cada vez se parecen más a la forma en la que se reclutan los jugadores para la NBA.
Y no sé ustedes, pero a mí NO me agrada el rumbo que está siguiendo la humanidad. Por una parte, hay autores, como Benjamín Labatut, que están seguros de que la IA crecerá tanto que en un determinado momento será independiente y ajena a las decisiones de los seres humanos. Llegando a dominarnos. ¿Y para eso le pagan a alguien 350 millones de dólares?
Por otra parte, una de las actividades más lucrativas en estos momentos es el narcotráfico. Roberto Saviano afirma que no hay compañía que genere tantos dividendos como las organizaciones criminales que se dedican a la venta de cocaína, fentanilo o metanfetaminas. Y esto también nos está destrozando.
¿Por qué será que como especie seremos tan caóticos y autodestructivos?
En fin, que, antes de finalizar, sólo les diré que mi cumpleaños sucedió la semana pasada. Francamente no me di ni cuenta. No hice gran cosa, más bien no hice nada. Llegué temprano a mi departamento, arrojé los zapatos, me puse la pijama y me quedé dormido viendo batallas de rap.
He notado algo importante en estas cuestiones, cada vez que viene mi cumpleaños me da por enfermarme. Por lo regular me enfermo de la garganta. Este año no fue la excepción y esta vez me dio por investigar a qué se deberá que me suceda esto.
Encontré varias teorías, pero la que más me convence es una que afirma que las personas se enferman en su cumpleaños por el estrés psicológico y físico que se experimenta al reflexionar sobre la vida y la muerte. Esta ansiedad puede debilitar el sistema inmune.
Creo que será mejor que me apure a vivir. Tal vez la muerte se acerca sigilosa y de puntillas y quizás llegue pronto. No lo sé. Sólo espero que me encuentre feliz, descalzo, despierto, escribiendo, aprendiendo, amando, viviendo.
Cualquier queja o sugerencia con esta columna que no les encuentra sentido a las decisiones del mundo, favor de mandarnos sus comentarios, meditabaja damita, cabisbundo caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
