La sal de la tierra (primera parte)
En La sal de la tierra, Gabriel Duarte escribe sobre el trabajo de Sebastián Salgado, fotógrafo brasileño

En La sal de la tierra, Gabriel Duarte escribe sobre el trabajo de Sebastián Salgado, fotógrafo brasileño

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 14 de diciembre de 2025 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 5 minutos
Insensatos lectores: debo decirles que en términos generales mi vida ha cambiado mucho. De un tiempo a esta parte casi no tengo tiempo libre, dejé de hacer ejercicio y estoy saturado con el trabajo.
Por las noches llego un poco estropeado a mi casa. Que quede claro que no me estoy quejando, sólo estoy haciendo una radiografía de mi actualidad para ponernos al tanto. Si soy muy honesto me siento profundamente agradecido con mis circunstancias.
De entrada, creo que en breve debo ponerme a hacer algo con respecto al ejercicio. Me gustaría retomar alguna clase en grupo, quizás hacer un poco de bici o encontrar algún lugar de esos en donde la gente ejercita todo el cuerpo en cada sesión.
Sólo que no quiero algo tan intenso. He ido a varios sitios en donde cada clase parece una pelea de Mortal Kombat y la neta ya no estoy para eso.
He visto últimamente que algunas personas se preparan para hacer algo llamado Hyrox. Creo que es una especie de concurso para medir la mamadez de los participantes y no sé, lo que es que a mí, me parece un verdadero despropósito. Pero cada quien con sus edades, sus dolencias, sus articulaciones y sus lesiones.
Unos dos o tres años atrás hice una carrera denominada Spartan. En realidad, es una prueba de obstáculos que puede durar entre 3 y 4 horas, dependiendo de la rapidez o de la lentitud del individuo. Digamos que lo hice por la anécdota, para ser honesto me sentí como Jesucristo huyendo de los sumos sacerdotes judíos.
No entiendo por qué al final después de tanta caída, tanto putazo y tanto obstáculo, no nos crucificaron. Que si lo hubieran hecho antes me hubieran ahorrado mucho tiempo y varias ampollas.
Por otra parte, no he dejado de leer y de escribir un poco. Lo hago por las mañanas, antes de salir para el trabajo. El único problema con esto radica en que tuve la brillante idea de tomar un puto libro de Dickens y no más no se acaba. Parece el antiguo testamento.
Es extraña la lectura. Al parecer no sucede nada, pero sin darme cuenta ya voy en la página 400. Francamente ya no leo libros de esa extensión, prefiero rifarme 4 novelas de 100 páginas. Ese es el tipo de literatura que me gusta escribir y de la que debo aprender.
Sin embargo, esto no está tan mal. Quizás podríamos decir que Grandes Esperanzas es un clásico. Creo que de alguna manera estoy obligado a leerlo. Se me figura mucho a la literatura de Mark Twain y me queda claro que no es Homero, Shakespeare o Cervantes, pero Dickens tiene su encanto.
Entiendo que hace más de 100 años no había tantos medios de comunicación y la gente leía para pasar el tiempo y necesitaba lecturas que le ayudaran a llenar su tiempo libre. Hoy en día la cosa es muy diferente, nuestro tiempo es limitado y creo que lo ideal es tener una literatura ágil y muy concreta.
En fin, que basta ya de tanto palabrerío y vayamos al asunto central. Continuaré con esta breve disertación haciéndoles una pregunta: ¿saben quién fue Sebastián Salgado?
Quizás muchos no lo conozcan, pero Sebastián Salgado es uno de los fotógrafos documentales más importantes del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Su obra se caracteriza por una extraña combinación entre rigor estético, compromiso ético y ambición narrativa.
Nació el 8 de febrero de 1944 en Aimorés, Minas Gerais, Brasil. En una región rural marcada por la selva atlántica, los ríos y el trabajo agrícola. Ese paisaje de abundancia natural, que más tarde vería devastado, marcaría profundamente su sensibilidad ética y estética.
Acá viene algo curioso que influyó en su carrera de una manera muy profunda: Salgado no se formó originalmente como fotógrafo. Estudió Economía en la Universidad de Sao Paulo y posteriormente realizó un doctorado en París.



Durante los años sesenta, él y su esposa Lélia Wanick Salgado se exiliaron en Francia debido a la dictadura militar brasileña.
Mientras trabajaba como economista para la Organización Internacional del Café y viajaba por África comenzó con la fotografía.
En 1973, con casi 30 años, tomó una decisión radical: abandonar la economía para dedicarse por completo a la fotografía. Este cambio no fue estético sino moral: comprendió que la cámara podría decir lo que los informes no lograban transmitir.






Salgado trabajó con algunas de las agencias más importantes del mundo: Sygma, Gamma, Magnum Photos. Sin embargo, siempre mantuvo una posición crítica frente al mercado y la especulación del dolor.
Su obra se caracteriza por mantener un blanco y negro profundo, una composición clásica, casi escultórica, ritmo lento y proyectos de largo aliento, una mirada humanista, nunca cínica.
Para Sebastián Salgado, la fotografía no era una denuncia inmediata sino memoria histórica.
Para finalizar, por hoy, les diré que sus principales proyectos fueron:
Other Americas (1986): En este trabajo retrató comunidades indígenas y campesinas de América Latina. Es una obra íntima y silenciosa, donde el tiempo parece suspendido.
Shael/Workers (1986-1993): Este libro documenta el trabajo manual en su forma más extrema: minas, plantaciones, siderúrgicas, pesca industrial. Aquí surge una de sus ideas centrales: El trabajo como último vínculo entre el hombre y la dignidad.
Las imágenes de la mina de oro de Serra Pelada se volvieron icónicas: miles de hombre cubiertos de lodo como una torre de Babel moderna.
Migrations: (1993-1999): Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos del siglo XX. Salgado recorrió más de 50 países documentando desplazamientos humanos por guerra, hambre, colapso económico y persecución.

Este trabajo lo dejó emocionalmente devastado. Él mismo reconoció que perdió la fe en la humanidad en ese periodo.
Por ahora creo que está bien ponerle fin a esta historia, no se pierdan la segunda parte. Mientras tanto les dejo unas cuantas fotos para que vean de qué estamos hablando.



Por ahora me voy. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que la próxima semana hablará sobre La sal de la tierra, documental de Sebastián Salgado, favor de mandarnos sus comentarios, fotogénica damita, good looking caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
