Knut Hamsun y la alarma sísmica
Knut Hamsun y la alarma sísmica de Gabriel Duarte nos lleva hacia el sobresalto sonoro y a la emoción por descubrir a un autor que obtuvo el Nobel en 1920

Knut Hamsun y la alarma sísmica de Gabriel Duarte nos lleva hacia el sobresalto sonoro y a la emoción por descubrir a un autor que obtuvo el Nobel en 1920

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 18 de enero de 2026 (Neotraba)
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Insensatos lectores: hoy es sábado 17 de enero. Hace frío. Me encuentro en un café cerca de mi casa pensando de qué debería hablar (más bien escribir).
Primero que nada, debo informarles que hoy no trabajé. De hecho, no trabajé toda la semana. Me tomé vacaciones y mi estado anímico fue de lo más absurdo.
Decidí no salir a ningún lado. Ganas no me faltaban de largarme a alguna playa, pero llegué a la conclusión que sería mejor no ir al trabajo durante 8 días, quedarme en casa y hacer algunas tareas pendientes que no había podido llevar a cabo.
Y se preguntará usted, damita, caballero: ¿dónde está lo absurdo? Pues resulta que hubo días en los que me quería largar a trabajar. Fui víctima de un estado ansioso bastante extraño.
Lo más peculiar del asunto era que estaba un poco harto de la tienda antes de las vacaciones y durante ellas lo que quería era regresar a la cárcel que yo solito me he construido.
Por fortuna pasaron los días, me relajé y desde el jueves me desperté hasta que la cama tuvo a bien vomitarme como a eso de las 2 pm. Mañana es mi último día de descanso y no pienso despertar hasta tener una degeneración de los discos lumbares de tanto estar acostado.
Quizás lo anterior llegue a suceder por ahí de las 5 pm. Aunque tal vez el hambre gane la partida. Aún no lo sabemos. Ya les diré.
Ahora sí, me reporto listo para habitar este año que ya está dando señales de que la cosa se va a poner de ambiente: esta semana volvió a sonar la pinche alarma sísmica.
Yo pensé que los rusos nos estaban invadiendo. Me puse a buscar un búnker para esconderme del inminente ataque nuclear. O al menos eso pienso cada vez que escucho la alarma del teléfono. Suena de su puta madre.
Lo más bochornoso de todo es bajar en calzones y salir a la calle. Por fortuna eso no me sucedió a mí, ya saben, le pasó al primo de un amigo.
Para chingarla de acabar, ni siquiera tembló: vale madres.
En fin, que si uno quiere pasar vergüenzas y sustos no hay nada como vivir en la poderosa CDMX.
Por otra parte, me acabo de enterar de una gran noticia: ¿recuerdan Mr Gwin de Alessandro Baricco? Si no se acuerdan de nada, les dejo aquí una breve síntesis: resulta que un escritor denominado Jasper Gwyn decide un buen día dejar de escribir libros.
No se trata precisamente de una crisis de inspiración, es sólo que siente que todo lo que había hecho para ganarse la vida ha dejado de ser conveniente para él y opta por convertirse en un “copista de vidas”. Y se preguntarán: ¿qué mamada es esa? Permítanme tantito.
Primero debo decirles que justo en el momento en que Jasper Gwyn toma esta decisión goza de fama en Inglaterra y de cierto reconocimiento internacional. Anuncia en el periódico una lista de 52 cosas que dejará de hacer, incluyendo escribir libros, y justo esto es lo que escandaliza a los lectores.
Su nuevo oficio consiste en retratar con palabras a personas en su estudio y no por su apariencia física, lo que en realidad busca es capturar su alma.
Al terminar de leer Mr Gwyn, de Alessandro Baricco, el director de escena Alonso Íñiguez tuvo la certeza de que ahí había una obra de teatro.
La adaptación a estrenarse en México, esta semana, la hizo Juan Cabello.
Mr. Gwyn tendrá temporada del jueves 15 de enero al domingo 15 de febrero, de jueves a domingo, en el Centro Cultural Helénico.
Francamente no sé qué tal vaya a estar la obra de teatro, pero sí sé que el libro es una joya. Yo lo situaría dentro de mis 10 lecturas favoritas de todos los tiempos. Si deciden leerlo les aseguro que no se van a arrepentir. Denle una oportunidad.
Por último, les diré que me parece un gran proyecto llevar a Baricco al teatro, pero no sabría decirles nada más, creo que hay que ir a ver la obra para poder hacerse un juicio.
El día que vaya les haré saber por este medio si Mr Gwynvale o no la pena.
Para finalizar, les diré que el año pasado me costó mucho trabajo encontrar libros que me hicieran feliz. Me refiero a las lecturas. Pensaba escribir algo sobre la novela que estoy leyendo y cómo fue que llegó a mis manos, pero, hablando de libros y deportes: debo comentarles que en breve le pienso dar chicharrón a mi biblioteca.
Si bien no pienso venderlo todo, sí creo que ha llegado el momento de dejar ir algunos libros de colección que tengo y que no estoy ocupando. Confieso que muchas veces los compré para aprender sobre coleccionismo y para visitar ciertas obras de autores raros.
También hubo muchas compras por impulso y algunas otras por curiosidad o por no tener nada mejor qué hacer.
El caso es que creo que ha llegado el momento de decirle adiós a ciertas novelas que tengo y que en su momento disfruté.
Tampoco es que tenga incunables o la Biblia de Gutemberg, pero me parece que pronto tendré un nuevo oficio. De hecho, siempre he querido ser librero o anticuario. Creo que es el momento de ir planeando mi futuro y mi vejez.
Espero que mis libros encuentren un buen hogar. De no ser así, les aseguro que el dinero que obtenga por ellos sí quedará en buenas manos.
Los mantendré al tanto.
Ahora sí, y para finalizar, les diré que estoy leyendo Hambre de Knut Hamsun y me está gustando mucho.
Les hablaré un poco sobre el autor: Knut Hamsun fue un escritor noruego que nació el 4 de agosto de 1859.
Su obra le valió el Premio Nobel en 1920 y es considerada una de las más influyentes en la novela del siglo XX.
Hamsun fue uno de los pioneros de la literatura psicológica con técnicas de corriente de conciencia y monólogo interior. De su novela llaman la atención dos factores principales: el carácter imprevisible de la narración y la belleza de su prosa.
El claroscuro romántico es una constante, especialmente en sus obras iniciales como Hambre, Pan y Misterios.
Sus tres primeros libros están basados en seguir la historia del personaje principal, siempre complejo, apasionado e intempestivo.
Vale la pena resaltar que siempre son personajes asociados a un dolor profundo por su inadaptación.
Justo vengo empezando con Hambre. Por ahora sólo puedo decirles que el libro va de un escritor vagabundo que vive en la miseria y se ve orillado a lidiar con la pobreza extrema y la desorientación existencial.
Sé que lo anterior no suena demasiado atractivo, pero estoy seguro de que la novela vale mucho la pena y no lo digo yo, lo decidieron los suecos al darle el Premio Nobel.
En la siguiente entrega ya les diré algo más sobre Knut Hamsun. Por ahora me voy porque el frío ya está pegando machín y pienso ir al Moro. Me voy a rifar unos churros con chocolate.
Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que odia la alarma sísmica y en breve piensa vender su biblioteca, favor de mandarnos sus comentarios, empoderada damita, aguerrido caballero.
