Javier Marín, La Sagrada Familia y el gran Morábito
Gabriel Duarte recomienda un cuento de Fabio Morábito y nos trae un deleite a la vista: la obra de un gran escultor mexicano.

Gabriel Duarte recomienda un cuento de Fabio Morábito y nos trae un deleite a la vista: la obra de un gran escultor mexicano.
Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 30 de marzo de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: ¿Qué pensaría usted, caballero, si sale con una damita y los planes son echar pasión, pero resulta que aloradelora la “ledi” se queda jetona?
Como no sé muy bien de qué debería hablarles el día de hoy, se me ocurrió que tal vez valdría la pena compartirles un texto del gran Fabio Morábito. Creo que en alguna ocasión ya les hice saber que es un escritor mexicano que nació en Egipto y de pequeño se fue a vivir a Italia, pero toda su obra la ha escrito en español.
Veamos qué opina de la pregunta en cuestión el gran Morábito:
Una amiga me contó que en una ocasión se quedó dormida en brazos de un chico mientras hacían el amor, cosa que el chico tomó como una afrenta, y no se vieron nunca más. Estaba agotada, me dijo mi amiga, y de repente, tendida sobre su cuerpo, se me cerraron los ojos.
Le dije a mi amiga que de haber sido yo el chico habría tomado aquello como un halago y no como una afrenta, pues no se duerme uno en brazos de cualquiera. Argumenté que ella había depositado en él una confianza absoluta, como un bebé en sus padres, y el chico de haber sido más inteligente lo habría apreciado en todo su valor.
Pero hacíamos el amor, dijo mi amiga, que se sentía culpable. Hacer el amor tampoco es cosa del otro mundo, repuse yo, y afirmé que a través del sueño ella le había entregado su intimidad más profundamente que si lo hubiera hecho por la vía tradicional del orgasmo.
Mi amiga me miró con gratitud, pero no se veía convencida. Eres víctima de las convenciones, le dije, y ella replicó: “Puede ser, pero a ver, tú que escribes libros, suponte que una mujer que te gusta va a tu casa y tú le das a leer un libro tuyo mientras te metes en la regadera, luego sales del baño y la mujer está dormida en el sofá con el libro abierto en las manos. ¿Te gustaría?”
Me quedé callado un momento recreando la escena y contesté: “Sí, me gustaría, o no me disgustaría, sería como si se hubiera dormido en mis brazos”. “¡Sí, pero del aburrimiento!”, replicó ella al bote pronto. Volví a quedarme callado.
“Vale, del aburrimiento, ¿y qué? Un libro tiene el derecho de aburrir a su lector. Hay páginas soporíferas en La montaña mágica y es un gran libro”.
“Pero tu libro no es una novela de setecientas páginas, sino un delgado volumen de cuentos”, contraatacó ella. “No importa. El adormecimiento como quiera que sea crea un vínculo; el libro descansa sobre el pecho de la durmiente, aguarda con paciencia su regreso, deja de ser una abstracción”, dije yo. Me miró escéptica. “Ojalá me hubiera dormido en tus brazos, eres un santo”, exclamó. “Me habría encantado” le dije.
Pues no lo sé, Rick, parece falso. Seamos honestos, ¿cuánta gente tomaría una resolución similar y cuánta otra se sentiría ofendida? Yo pienso que serían más los ofendidos que los románticos. A menos que uno esté empezando la relación y ande todo apendejado.
A ver, leidis, y ustedes qué harían si su yentelman se quedara dormido bajo las mismas circunstancias:
A) ¿Lo dejarían sin ropa y se llevarían todas sus pertenencias?
B) ¿Le depilarían los wifis?
C) ¿Le pondrían polvo pica pica en el calzón?
D) ¿Lo amarrarían a la cama y le pondrían un antifaz y ropa interior de cuero?
E) Todas las anteriores.
Francamente no sé bien qué harían damitas. Pero sería interesante saberlo. Aparte ya tienen algunas opciones. Por favor, mándenme sus comentarios. Quisiera saber qué me espera si un día me quedo dormido ante las mismas circunstancias.
Y usted, aguerrido caballero, ¿cómo actuaría?
A) ¿Le compraría chocolates?
B) ¿Le llevaría mariachis?
C) ¿Le daría una tarjeta de crédito ilimitado?
D) ¿La llevaría de vacaciones?
E) Ninguna de las anteriores.
No sé por qué, pero algo me dice que todos elegirían la opción E. Por otra parte, ¿quieren saber qué haría yo? A mi edad, en una de esas, me quedo dormido antes que ella.
En temas internacionales: para no hablar de Trump, que ahora resulta que sí aplicará un arancel del 25% a la industria automotriz, mejor les hago una breve reseña de una nota que leí el miércoles 26 de abril en el Reforma.
Me encontré con la novedad de que el gran Javier Marín fue seleccionado junto con los artistas españoles Miquel Barceló y Cristina Iglesias, para presentar un proyecto artístico cuya finalidad consiste en construir la fachada principal de La Sagrada Familia.
Ahora bien, no sé si hablar primero de Javier Marín o de Gaudí, pero, como dijo Jack el destripador: “vamos por partes”:
Javier Marín es un escultor mexicanísimo cuyo trabajo se enfoca en realizar obras colosales que exploran la figura humana. Por cierto, hago un paréntesis, ¿sabían que Miguel Ángel diseccionaba cuerpos humanos para conocer mejor los músculos y poder hacer sus esculturas y pintar con mayor realismo a las personas?
Lo anterior me indica que, si de verdad deseamos realizar algo, hay que descomponerlo en todas sus partes para llegar al núcleo del asunto, conocerlo a profundidad y así ejecutarlo de la mejor manera posible, en fin.
Volviendo al gran Javier: podría decirles que nació en Michoacán, que tiene 63 años (y que tengo a una amiga que odio profundamente porque Javier Marín es amigo de su abuelo y le regaló un libro firmado, ¡maldita!), que es escultor, pintor y que ha hecho obras colosales, pero creo que es mejor que chequen algunas imágenes:
A mí me gusta muchísimo su obra. Tengo algunos libros de él (sin firmar).
Por otra parte, La Sagrada Familia es esta iglesia que está en Barcelona y que lleva años en construcción. Hagan de cuenta que es la carretera México-Querétaro o la México-Acapulco. Pinches carreteras, nunca las van a terminar. Lo mismo sucede con este sitio, sólo que lo anterior tiene un motivo. Se supone que la iglesia en cuestión debe construirse solamente con donativos, herencias, algunas aportaciones y los ingresos por visitas. Por este motivo, la construcción de La Sagrada Familia se ha llevado sus añitos.
Por su parte, Gaudí fue un arquitecto español y el principal representante del modernismo catalán, un movimiento centrado en la reivindicación de la identidad catalana a través de diferentes vías artísticas y culturales. Entre sus obras más importantes se encuentran El parque Güel, la Casa Batlló, La Casa Milà y por supuesto La Sagrada Familia.
La arquitectura de Gaudí está marcada por un fuerte sello personal, caracterizado por la búsqueda de nuevas soluciones estructurales, cuya obra culminará en un estilo orgánico inspirado en la naturaleza. Asimismo, introdujo nuevas técnicas en el tratamiento de los materiales, como su famoso trencadis hecho de piezas de cerámica en deshecho.
Según sé, murió de un modo bastante extraño: el 10 de junio de 1926 fue atropellado por un tranvía. Caminaba sin ninguna identificación y por su aspecto descuidado varios transeúntes lo confundieron con un mendigo y no acudieron a su auxilio.
En fin, que la fachada de la Gloria es la última que queda por construir y será la principal del templo barcelonés, su ubicación apuntará hacia el mar. Estará dedicada a explicar la historia de la humanidad, desde Adán y Eva, hasta el juicio final, pasando por las enseñanzas de Jesús, explicó el Patronato para la construcción de La Sagrada Familia, en un comunicado.
Y el gran Javier Marín está concursando para ver si le otorgan el proyecto. Cabe destacar que ya ha realizado con anterioridad diseños de arte público en espacios religiosos, tanto en Italia, como en la Habana, Cuba, y en Zacatecas.
Tan pronto se conozcan los resultados con gusto se los haré saber por este medio, damita, caballero.
Y hablando de toros y deportes: la selección de Argentina goleó a Brasil 4 goles por 1. Por su parte México ganó ante Panamá un torneo que ni siquiera sé cómo se llama (qué tan mal estará nuestro futbol que la banda se emociona porque México le gane a Panamá, ¡chale!) Y hasta donde me quedé están por prohibir las corridas de toros en la poderosa CDMX.
Para finalizar, les quería hablar de un libro que la editorial Anagrama sacó de su catálogo: ¿saben lo que es un filicidio? Es esta locura que sucede cuando un padre mata a un hijo (es un caso real y no era un niño, eran dos). A mí me parece que este asunto va a despertar un morbo terrible, pero ya hablaremos de ello en la próxima columna. Por lo pronto me voy, porque de tanto escribir ya me dio sed, de esa sed diabólica que da rascazón en las anginas y que destruye los riñones. Tengo una cita pendiente con el señor Johnnie Walker. Se me portan bien no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que se queda dormida antes de echar pasión, favor de dejarnos sus comentarios, bravísima damita, aguerrido caballero.