¿Te gustó? ¡Comparte!

Ciudad de México, 23 de noviembre de 2025 (Neotraba)

Insensatos lectores: nuevamente es sábado, ya estoy tarde para hacer mi columna y voy comenzando. Ese tema de tener un trabajo tan demandante no es para mí, más bien en términos generales, eso de tener trabajo no es para mí que nací para rey, se lo expliqué a cuante gente se me atravesó en el camino, pero nadie lo entendió.

Después de mucho tiempo de andarle chachareando de abajo arriba y de arriba abajo, no encontré a alguien que quisiera mantenerme, así que, no tuve otro remedio que resignarme y ponerme a trabajar arduamente.

La verdad es que, de un tiempo a esta parte, mi economía ha estado bastante estropeada. Me ha costado mucho trabajo ponerme de pie, seguir adelante y pagar cuanta madre: renta, luz, agua, teléfono y mis religiosos chilaquiles dominicales.

Para ser sincero, el cierre de año pinta bien y en 2026 espero estar tranquilo y sentir de nuevo que la vida merece la pena. Aunque debo decir que, a pesar de tanto tumbo, tanto lío y tanta deuda, si le agarras el modo y guardas la calma, la vida casi siempre es medianamente llevadera.

A veces me han dado ganas de mudarme a una isla en Tailandia, tirarme en una hamaca y dejar que pase el tiempo valiéndome harta madre el mundo y sus etcéteras.

Incluso he llegado a pensar que ser hippie era la opción. Pero para eso hay que ser un sujeto con alas en los pies, para viajar ligero y vivir vendiendo pulseritas en la playa. Lamentablemente no es mi caso. A veces creo que tengo plomo en los tobillos.

Pero basta ya de tanta quejumbrosidad. Ha llegado el momento de separar el frijol del gorgojo y de quitarle las pulgas al firulais, es decir, pasemos al asunto importante: como les comenté he estado leyendo Great Expectations de Charles Dickens. Es un verdadero ladrillo.

Debo comentarles de nuevo que ya no acostumbro a hacer lecturas de ese tipo. Si lo empecé a leer fue porque mi hermano me dijo que ya lo ha leído tres veces y que a él le gusta bastante.

Así que pensé: seguro que vale la pena.

Es curioso, llevo unas 250 páginas y no ha pasado gran cosa, lo que más me sorprende es que se han escurrido, la lectura es demasiado ligera. No entiendo bien a qué se debe. Quizás el estilo de Dickens sea así: liviano como pompa de jabón.

La historia va de un morrito pobre que vive con su hermana y su cuñado. El morrito se llama Pip. Después de 250 cuartillas, sólo sé que Pip es un tanto ingenuo, que le avergüenza un poco su condición social, su falta de educación y que está enamorado.

Y no me pregunten por qué, pero casi estoy seguro que este texto guarda una relación importante con el Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerarld. Recuerdo haberlo leído hace un chingo de tiempo atrás.

Sólo recuerdo que la importancia de esta obra radica en su crítica al sueño americano, hace un retrato de la corrupción moral y la decadencia en EUA en la década de 1920. La novela explora temas como la vanidad, la codicia, la clase social y la imposibilidad de recuperar el pasado.

Debido a que encuentro muchas similitudes entre un libro y otro me dio por investigar y esto fue lo que me encontré:

Muchos críticos dicen que Gatsby es una especie de reescritura moderna de Great Expectations.

Los protagonistas de ambas historias son hombres que provienen de orígenes humildes. Se sienten avergonzados de su clase social. Aspiran a “convertirse en alguien” para ser dignos de la mujer que aman y consideran que el dinero y el refinamiento son la llave para lograr esa aceptación.

En ambos casos, la transformación social tiene más que ver con el deseo amoroso que con la ambición económica.

Por otra parte, tanto Pip como Gatsby, guardan un amor idealizado y destructivo. Idealizan una mujer que en realidad es emocionalmente inaccesible. Estella y Daisy (las coprotagonistas de cada novela) comparten un rasgo: representan una fantasía más que un amor real.

El amor se vuelve una especie de proyecto imposible, que los consume y los confunde.

Vayamos a cosas más actuales y controvertidas: el origen dudoso del dinero: Pip recibe dinero de un benefactor misterioso, que luego resulta ser un convicto, lo que sacude su idea del origen “elegante” de su destino.

Gatsby también construye su fortuna en la frontera de la legalidad, a través de actividades turbias ligadas a la mafia y al contrabando.

Ambos descubren que el dinero que los sostiene no es tan puro como imaginaban, lo que hace tambalear su identidad.

Los dos libros muestran que la sociedad que intentan conquistar no los acepta del todo. El ascenso social está lleno de hipocresía, superficialidad y crueldad. La fantasía de poder convertirse en alguien más está atravesada por ilusiones, mentiras y autoengaños.

En ambos personajes hay un cambio de identidad: Pip cambia su nombre, su comportamiento y su educación. Gatsby literalmente inventa un personaje, borrando a James Gatz.

En ambos libros los narradores son testigos directos de los hechos. Grandes Esperanzas es narrado por Pip. Gatsby es narrado por Nick Carraway, un testigo que observa el ascenso y caída del protagonista.

Conclusión: El Gran Gatsby dialoga con Grandes Esperanzas como si fuese una versión moderna, amarga y desengañada del sueño del ascenso del siglo XIX. Donde Dickens muestra un aprendizaje doloroso pero posible, Fitzgerald muestra el hundimiento de un sueño que jamás estuvo destinado a realizarse.

Sin tiene tiempo, damita, caballero, dele un vistazo a estas dos obras. Yo me inclinaría más por El Gran Gatsby es mucho más contemporánea y no es tan extensa, la lectura es ligera y ágil.

Pero si no les gusta leer, les tengo una gran noticia: hay adaptaciones cinematográficas de ambas películas. Ya no tienen que esperar a que lleguen a la pantalla grande, seguro las encuentran en Netflix o en alguna otra plataforma.

Debo decirles que quería compartir alguna noticia del periódico medianamente interesante o de esas cosas que uno no da crédito que puedan suceder, pero nada extraordinario se me ha atravesado en las noticias, así que, sólo les diré que justamente hoy me encuentro feliz.

Resulta que es cumpleaños de mi mamá. Yo le digo “mamichis”. Cumplió 82 años. Les comento que la semana pasada nos dio un susto terrible.

De la nada me llaman mis hermanos para decirme que vieron mal a la “mamichis” y a correr a urgencias. Estuvo tres días en el hospital. Se le subió la presión, pero lograron controlarla. Estuvo tres días internada y la dieron de alta el miércoles. Ahora debe descansar.

Mi mamá ya está impaciente por irse a ver a sus amigas, pero eso tendrá que esperar. A comer caldito de pollo, descansar y tomar sus respectivos medicamentos.

Lo que más disfruté fue que por la mañana me reuní con mis hermanos y pasamos a verla. Mi mamá levantó los brazos y exclamó: ¡estoy viva!

Y resulta que, si estás leyendo esto, querido lector, también estás con vida, así que, date prisa: los árboles esperan, tú no esperes. Ponte al tiro con los pendientes que aún tienes que resolver. Cumple tus metas, ponte otras nuevas y sigue caminando, que de un de repente se apaga la luz y todo es oscuridad.

Antes de ponerme dramático y mamón aquí le paro, no sin antes decirles que estoy pensando muy seriamente en mandarles cada domingo un capítulo de la novela que estoy escribiendo. Es eso o de plano darme vacaciones porque tengo chingos de trabajo y poco tiempo para escribir. Ya les haré saber la decisión.

Por ahora me voy, que está haciendo mucho frío y me pienso largar por un elote con chingos de mayonesa y chilito del que no pica. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que encuentra hartas similitudes entre Dickens y Fitzgerald y que se encuentra ansiosa por celebrar la vida, favor de mandarnos sus comentarios, amable damita, gentil caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


¿Te gustó? ¡Comparte!