Ezra y los maltrataditos
Ezra es un lector asiduo a los libros maltratados. ¿Por qué? Hay una historia de ternura en esta columna de Sergio Núñez

Ezra es un lector asiduo a los libros maltratados. ¿Por qué? Hay una historia de ternura en esta columna de Sergio Núñez

Por Sergio Núñez
Ciudad de México, 18 de julio de 2025 (Neotraba)
Ezra es un tipo joven con poco más de treinta años, citadino de una colonia popular con padres trabajadores, tiene carrera trunca y labora en un taller de serigrafía, tiene un carro destartalado pero que aún jala, vive solo en un pequeño departamento sin lujos, únicamente con lo necesario, lleva una vida despreocupada, sus únicos vicios son comprar libros y leer, lee a toda hora, lo primero que hace al despertar es tomar el libro que dejó pendiente la noche anterior.
Le gusta chacharear y visitar las librerías de viejo, sobre todo cuando hay ofertas. Tiene unas costumbres muy peculiares, todos sus trastes son desechables, pero Ezra los reutiliza, el vaso de unicel que hace cuatro meses compró con un atole de vainilla ahora le sirve para tomar agua y la charola donde alguna vez hubo un huarache gigante de costilla es su plato regular para comer pasta.
Sólo tiene tres mudas de ropa, no necesita más.

Pero lo que más me llama la atención de Ezra es que no le gustan los libros nuevos, solo usados, esto no tiene nada de particular, pero además busca que estén maltratados, lo he visto comparar entre dos ediciones prácticamente idénticas y siempre se decide por la que tiene algún doblez en la portada o un golpe en el lomo.
Lo he mirado varias veces mientras escoge libros, es una actitud qué me intriga y siempre repite el mismo patrón, revisa las mesas y anaqueles con mirada de librero experto, se detiene cuando ve un libro maltrecho, pero tampoco es que elija el ejemplar por el hecho de no estar en las mejores condiciones, tiene que ser un clásico de la literatura universal, si llega a ver un libro de Dostoievski con el lomo despegado se le iluminan los ojos y lo toma sin dudarlo, en una ocasión sacó del anaquel una Divina Comedia y al abrirlo se partió en dos, notoriamente amó el detalle y se lo llevó.
Le atraen los libros con la costura expuesta, cuando descubre que son los cuentos de Wilde lo aprisiona a su pecho y no lo suelta. Últimamente ha comprado muchos libros con resaltador, en la mesa de ofertas había un tomo de Trotta de Paul Ricoeur que nadie había tomado, al abrirlo se percató que el sesenta por ciento de las páginas estaban con marcas amarillas, para sus apartados.

Le he vendido pequeños lotes de libros de literatura que él mismo escoge, ninguno en buenas condiciones, pero eso sí, de Bram Stoker, Virginia Woolf, José Emilio Pacheco, Rosario Castellanos, Tolstoi, Chejov, Boccaccio, Hesse, etc. Es decir, tiene buen gusto el muchacho.
Hace unos días no soporté más y le pregunté sobre sus peculiaridades al hacerse de libros, respondió esto: “mira, Sergio, me gustan los libros leídos, siento que comparto la lectura con alguien, es cómo mi club de lectura, ja, ja, si ya fue leído algo bueno tendrá, si el autor es famoso y viene en los libros de texto me garantiza un buen rato. Elijo los maltrataditos porque a esos nadie los pela, siempre los desprecian y siento tristeza, las personas se dejan llevar por lo exterior o que si el libro es de una buena editorial, yo no, a mí me late el contenido, no los arreglo, me gustan los libros deshojados, siento una gran satisfacción al leer una hoja desprendida y completar mi lectura. No me gustan esos cementerios de libros llamados bodegas donde terminan siendo olvidados, debo confesarte que la otra vez lloré cuando me enteré que algunas editoriales destruyen sus saldos”.
Ezra se ha convertido en uno de mis clientes favoritos y siempre, siempre le tengo algún ejemplar de Baudelaire deshojado o con manchas de humedad para que no se vaya con las manos vacías.
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