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Ciudad de México, 14 de septiembre de 2025 (Neotraba)

Insensatos lectores: les confieso que no soy de esas personas que asisten con frecuencia a hacer sus compras en algún súper mercado. La neta soy más de hacer pequeños consumos en Oxxo. Vivo solo y no necesito mucho: jabón, shampoo, detergente y ese tipo de cosas.

Cuando llego a comprar víveres, para preparar comida en casa, me revienta que los pocos alimentos que compro se me echen a perder.

Un día quería hacerme un sándwich y descubrí un jamón radioactivo en mi refri y algunas rebanadas de queso que parecían retazos de llanta de tractocamión. Estaban junto a un bote de mayonesa, yo pensé que era mostaza de lo amarilla que estaba.

Y ya no hablemos de los ladrillos que me encontré creyendo que eran rebanadas de pan.

Hablando de embutidos: ¿a ustedes no les da miedo el queso de puerco? Si lo analizamos bien, de queso no tiene nada, pero lo que sí tiene es harto pellejo, barba y bigote.

He llegado a pensar que en cualquier momento una rebanada de queso de puerco tomará vida y despertará a sus secuaces para acabar con la humanidad y dominar el mundo antes de que lo haga la Inteligencia Artificial.

Lo anterior me orilló a pensar en el Frankenstein de Guillermo del Toro. La rompió en el Festival de Venecia. Recibió una ovación de pie durante 14 minutos.

Pero no nos desviemos del tema original: les confieso que quiero ir el fin de semana a ver un súper mercado. Repito: sólo quiero ir a ver, no pretendo comprar nada.

Y seguro deben pensar que me está dominando el espíritu del ama de casa que vive dentro de mí, pero no es eso. Es algo que nada tiene que ver con salchichas o embutidos.

Me explico: recuerdo que hace mucho tiempo me di una vuelta en un Walmart justo por estas patrióticas fechas y me quedé hecho un pendejo viendo que ya había adornos navideños.

¿Esferas y cosas de Santa Claus en septiembre? ¿Neta? Y no sé ustedes, pero a mí no me hace mucha gracia la Navidad. En primera, muchos de mis amigos están de vacaciones y, por lo general, en esas fechas es justo cuando yo estoy hasta mi madre de trabajo.

La neta me da envidia. Y no, no es de la buena ni de la mala. Sólo es envidia. ¿Existe la envidia de la buena? No sé qué opinen pero yo creo que no.

En segunda instancia, ese asunto de “somos buenos por un día y nos queremos mucho” me parece terrorífico.

Para rematar, y lo que encuentro más grave, es eso de los propósitos de año nuevo. Ya ven que se empalman las fechas de diciembre con el primero de enero.

Lo que me pregunto es lo siguiente: ¿por qué esperar a que lleguen ciertos días del año para empezar a hacer las cosas que queremos?

Con frecuencia perdemos de vista que no somos eternos y que todos los días son un buen día para empezar a hacer lo que se nos dé nuestra re chingada gana hacer.

Estoy seguro de que hasta voy a bajar de peso en diciembre. Si en estos momentos no tengo tiempo ni siquiera para ir al baño, no sé qué va a ocurrir en plena temporada navideña. Ya me estoy preparando y me estoy mentalizando para comer poco y trabajar un chingo. Ya les comentaré qué tal me va.

Por lo pronto la pregunta es la siguiente: ¿será que ya hay adornos navideños en las tiendas departamentales? Habrá que averiguarlo. Si alguien lo sabe no dude en mandarme información: me urge comenzar a amargarme la vida cuatro meses antes de Navidad.

Pero francamente de lo que quería hablarles hoy es del libro que comencé a leer. Se llama El Sunset Limited.

Me parecería importante decirles que es del gran Cormac McCarthy (tiene nombre de mayonesa).

Quizás valga la pena revisar antes su biografía: Cormac McCarthy nació en 1933 en Rhode Island, aunque pasó la mayor parte de su niñez en Knoxville Tennessee, donde se ambientan sus primeras cuatro novelas.

En 1965 llamó la atención de la crítica internacional con su trabajo El guardián en el vergel que ganó el premio Faulkner a primera novela.

Más tarde aparecerían La oscuridad exterior, Hijo de Dios y Suttre, que se desarrollan en un sur gótico y violento y han sido comparadas con la obra de William Faulkner y Flannery O’Connor.

En 1981, Cormac McCarthy recibió el premio MacArthur Fellowship, el renombrado Genius Grant, y escribió Meridiano de sangre.

En 1982, publicó Todos los hermosos caballos, el primer volumen de una trilogía que cosechó el aplauso de la crítica y un gran número de lectores. Se convirtió en un best seller del The New York Times y fue galardonado con el National Book Critics Circle Award y con el premio literario más importante de Estados Unidos: el National Book Award.

Completan la trilogía En la frontera y Ciudades de la llanura. En 2007 publicó La carretera que fue reconocida con el premio Pulitzer.

¿Vieron una película titulada No Country for Old man?En español le pusieron Sin lugar para los débiles. Es una gran película y justo está basada en un libro del gran McCarthy.

El asunto es que comencé a leer El Sunset Limited y de entrada me recordó una obra de teatro que vi hace mucho, llamada Los emigrados. El planteamiento es muy similar.

Dos actores en un espacio pequeño manteniendo un diálogo incómodo y atacándose en todo momento. Primero de una forma pasivo-agresiva y después de un modo frontal.

Hay otra obra de Edward Albee (Premio Pulitzer) que también conserva un formato similar. Dos hombres en escena manteniendo una confrontación. La obra se llama La historia del zoológico. Es brutal y es un clásico si estudias teatro o dramaturgia.

El Sunset Limited comienza en un austero departamento donde podemos ver a un hombre blanco, cuya profesión consiste en ser docente, y a un hombre negro que vive en ese espacio.

Me gusta la historia porque comienza con la trama ya avanzada. Nos vamos enterando poco a poco que el maestro intentó suicidarse arrojándose a las vías del metro y el hombre negro le salvó la vida, por lo que terminan en el departamento de este último.

El hombre blanco desea irse, el hombre de color hace todo por retenerlo. Al principio no sabemos qué fue lo que ocurrió y qué historia une a estos dos sujetos, conforme el libro avanza todo se va aclarando.

El hombre negro estuvo en la cárcel y comienza a contarle anécdotas al respecto, que son útiles para evidenciar las convicciones religiosas de ambos personajes.

Me parece que es importante señalar dos cosas: por un lado, tengo la impresión de que hay un desdoblamiento del autor. Me refiero a que al parecer viven dentro de él dos posturas opuestas entre sí.

La de un hombre un tanto ingenuo, devoto de Dios, Biblia en mano, y la de un hombre que ha perdido la fe y tiene un argumento ante la existencia un tanto más realista.

El hombre negro, luego de una riña en prisión y de estar a punto de morir, escuchó la voz de Dios. El hombre blanco no cree en nada, ni siquiera en sí mismo y desea suicidarse.

Por otro lado, he aquí que encuentro lo más importante: ¿nunca han pensado cosas similares? ¿nunca han dudado de la existencia de Dios? ¿Alguna vez han perdido la fe?

Y entonces sucede: en el momento menos pensado tienen alguna experiencia que los orilla suponer que la vida merece la pena y no dejan de creer que existe un ser superior.

Como muchos de ustedes fui educado dentro de una postura religiosa que hoy encuentro un tanto extraña, por no decir ridícula: bautizo, primera comunión, monaguillo, rosarios, confirmación, misas cada domingo.

A estas alturas no confío ni creo en la religión y mucho menos en la iglesia. Y, después de 14 años de psicoanálisis, menos.

Sin embargo, no dejan de sorprenderme ciertas cosas que pienso todos los días. Y no pretendo ponerme cursi y mamón hablando del amanecer y el canto de los pajarracos, pero, me pregunto: ¿por qué podemos soñar?, ¿por qué somos capaces de crear?, ¿por qué estamos vivos?

Desconozco chingos de cosas y todas las anteriores también, pero, según leí en la contraportada de El Sunset Limited, el diálogo entre los dos sujetos, y el propósito del texto, consiste en comprender la finalidad de la vida.

Les prometo acabarlo pronto para ver si me entero del chisme y se los puedo contar. Seguramente la estamos cagando y nos podemos ahorrar algunos cuantos años.

Si el sentido de la vida no aparece en El Sunset limitedpor algún lado debe estar. Así que, seguiré leyendo.

Para finalizar, les hablaré de la perversidad del algoritmo. Resulta que ahora que estoy revisando la obra de Cormac “Mayonesas” McCarthy, me di a la tarea de checar algunos otros libros escritos por él. Me puse a buscarlos en Google y me están apareciendo por todos lados: en Youtube, en Instagran y FB.

Debo confesar que yo soy de la vieja escuela y disfruto caminar e ir por mi propio pie a comprar un puto libro. Me gusta mucho visitar algunas librerías. Eso de pedir auxilio, besos, libros y comida por teléfono de plano no es para mí.

El fin de semana pienso ir por Todos los hermosos caballos. Ya lo tengo ubicado. En breve les diré qué tal está, y si lo amerita, seguramente les haré una reseña.

Recuerdo que también leí La carretera y me gustó bastante. Es un libro post apocalíptico. Va de un señor que anda con un morrito caminando por los caminos de la vida.

Por lo pronto ya me voy. Es viernes y ya me dio sed, de esa sed malévola que da comezón en la garganta y que destruye matrimonios.

No me vendrían mal unas cervezas con unos poderosos tacos de cochinita pibil. Se me portan bien que hoy me pienso seriamente emborrachar (si termino en el Torito les encargo unos tamales).

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que odia la Navidad y que anda buscando el sentido de la vida, favor de mandarnos sus comentarios, goooapísima damita, galante caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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