Bibliotecas
Las calladas del Boom de Eve Gil le dan la posibilidad a Judith Castañeda Suarí de encontrarse en distintas bibliotecas a autoras que deben valorarse en la literatura latinoamericana, entre ellas a María Luisa Bombal y Armonía Somers

Las calladas del Boom de Eve Gil le dan la posibilidad a Judith Castañeda Suarí de encontrarse en distintas bibliotecas a autoras que deben valorarse en la literatura latinoamericana, entre ellas a María Luisa Bombal y Armonía Somers

Por Judith Castañeda Suarí
Puebla, Puebla, 15 de octubre de 2025 (Neotraba)
La misma atmósfera parece cobijar la obra de Eve Gil (Sonora, 1968) que tiene como finalidad visibilizar las plumas femeninas, tantas veces y tantos años acalladas.
El lector va de una página a la siguiente, localiza nombres y lee la introducción –o no–, el libro le entrega fechas, lugares, pone ante sus ojos un trabajo quizá desconocido. De pronto, inmerso en el papel y en la tinta, ese libro se transforma, cobrando la apariencia de un espacio a donde se nos ha invitado para sentarnos a platicar, donde su autora recorre estanterías y comparte con nosotros el artículo de donde obtuvo una de sus referencias, o la obra menos famosa de la autora que está abordando.
Este espacio, donde reina la amenidad, está desprovisto de lo formal del atril, de un salón de conferencias donde apenas si se escucha el eco de un carraspeo rodando entre las butacas y la voz de quien expone detrás del micrófono. Sin embargo, esto no disminuye el rigor de los esfuerzos de la autora o su seriedad ni en obras anteriores ni en la más reciente, Las calladas del Boom (Nitro Press, 2024).
Si nos hemos acercado a libros como La nueva ciudad de las damas (UNAM, 2009) o Evaporadas, las chicas malas de la literatura (Nitro Press, 2018), notaremos esta misma característica hermanándolos: rigor y amenidad tejen un encuentro donde lo primordial es entregar el mensaje a su destinatario, el lector, cuya curiosidad podría convertir dicho mensaje en una búsqueda: tal vez acuda al internet, a su propia biblioteca o a la sección de literatura de alguna librería, intentando localizar el nombre o el título que Eve Gil acaba de mencionarle.
Así se cumple el objetivo de esta divulgación, que en su interior guarda una inquietud de estudiante. Escribe Eve Gil en el prólogo de Las calladas…: “Me debía este libro. Se lo debía a una estudiante de 20 años en la década de los noventa que ingresó a la escuela de Letras Hispánicas de una ignota universidad del noroeste de México y experimentó un sobresalto del todo semejante al de quien se mira en un espejo y no se encuentra, por más que se busque…” Excepto por Sor Juana Inés de la Cruz, sigue confiándonos la autora, no había mujeres en el programa de estudios. “Es que hay muy pocas mujeres escritoras… y las pocas que existen, son muy malas”, le dijo el profesor de Literatura Española Contemporánea cuando ella lo cuestionó al respecto.
A partir de entonces, Eve ha dedicado sus esfuerzos a rescatar y presentar autoras desconocidas, así como a abordar el trabajo de aquellas de quienes se sabe el nombre, el título de alguna obra, y poco más. Prueba de ello, el blog La trenza de Sor Juana, el cual tiene como origen una columna del mismo título en el suplemento Arena del diario Excélsior.
Del papel al ciberespacio y de vuelta al papel, Eve ha delimitado el alcance de sus libros sobre otras autoras, más visiblemente en Evaporadas y en Las calladas del boom que en La nueva ciudad de las damas, cuya escritura aborda siglos e incluye a las Premio Nobel de Literatura hasta el año de su publicación. En cuanto a Las calladas…, Eve misma lo dice, realizó su selección localizando coincidencias en fecha de nacimiento y en obra con los integrantes del Boom Latinoamericano, movimiento que, siendo estudiante, percibió como el descubrimiento del año, aunque formara parte del pasado, y sobre el cual devoró ensayos, documentales, obras y todo lo relacionado a su alcance.
Fruto de lo anterior, la obra publicada en agosto del 2024 pone frente a nosotros a una veintena de autoras, entre las que podemos encontrar a Rosario Castellanos, Elena Garro y Elena Poniatowska, quienes, creo, son conocidas incluso entre el público no muy asiduo a la lectura. Junto a ellas, plumas que hemos escuchado mencionar y están rodeadas por la neblina de la duda: Silvina Ocampo, María Luisa Bombal, Clarice Lispector, quienes comparten páginas con escritoras que, al menos para mí, eran desconocidas hasta encontrármelas entre estas calladas, como Dulce María Loynaz, Nélida Piñón o Armonía Somers.
En el recuento de Eve podemos encontrar una diversidad de temas, que van desde la inquietud por la escritura dentro de la ficción y las crónicas taurinas con seudónimo masculino de Josefina Vicens, a María Luisa Bombal, la “adelantada de lo que se ha dado en llama realismo mágico”, esto en palabras de Gabriel García Márquez, a quien la autora se refiere citando una entrevista que Waldemar Verdugo Fuentes, narrador y ensayista chileno afincado en México desde 1980, le hiciera al Nobel colombiano.
Con lo anterior, es posible darnos cuenta del rigor con el que Eve acometió sus investigaciones, ya que vemos párrafos construidos de manera similar a lo largo del libro completo. Pero dicho esfuerzo no se limita a lo literario: fragmentos biográficos se combinan con este aspecto, urdiendo, como antes mencioné, una plática amena que nos hará buscar más sobre la autora o autoras que hayan llamado nuestra atención.
Dentro de este apartado, las preferencias han de llevar a los lectores a uno u otro nombre, con mayor o menor curiosidad. En lo personal, habiendo leído antes a Josefina Vicens, Elena Garro, Rosario Castellanos, y conocidos los nombres de Silvina Ocampo, Clarice Lispector, Cristina Peri Rossi o Inés Arredondo, por citar a algunas de las escritoras que aborda el libro, llamaron mi atención, sobre todo, María Luisa Bombal y Armonía Somers.
Lo primero fue lo inusual de un nombre, de un apellido –¿alguien se llama Armonía? Bombal suena curioso–, después, eso inusual dentro de la escritura de cada una, lo que contradice tanto al profesor universitario de la autora como a quienes piensan que una mujer escribe, o ha escrito, sólo de romance y de temas relacionados con lo doméstico, pues, ¿no su entorno debe estar limitado por el hogar y las actividades que en él se desarrollan?
En ambos ensayos, Eve Gil dispone sobre el papel dos plumas que se sumergieron en lo fantástico, en temas, para la época, escandalosos, y hasta pornográficos. Entre las obras que menciona, La amortajada, de María Luisa, y El derrumbamiento y La mujer desnuda, de Armonía, fueron las que despertaron más mi curiosidad, llevándome a una búsqueda menos difícil que la de Eve en su época estudiantil, cuando el internet “se encontraba en pañales” y vivía en una ciudad pequeña “donde había solo dos librerías funcionales y un par de bibliotecas bastante desfasadas”.
En estas obras sobresale el elemento fantástico, una mujer muerta que puede percibir cuanto ocurre, así como los pensamientos, pues se ha vuelto capaz de leer la mente de sus seres queridos, en La amortajada, y otra que se corta la cabeza y sigue viviendo, que siente ese miembro fantasma, como quienes han sufrido amputaciones, sobre el cuello, para después tomar esa misma cabeza entre sus manos y colocársela de nuevo “de un golpe duro como un casco de combate”, describe el archivo PDF de La mujer desnuda que se encuentra alojado en la página web ProEVA de la Universidad de la República Uruguay.
Asimismo, Eve resalta la fantasía, esta vez trenzada de blasfemia, de El derrumbamiento, y así despierta el interés de sus lectores: “De a poco, la madrecita blanca –como la llama Tristán, el joven negro–, lo convence de ayudarla a recobrar su forma humana y verídica para vengar la muerte de su niño. De nada sirve que él, llorando, trate de hacerle entender que no puede mancillar su virginidad con su mano de asesino: recién ha matado a alguien”. La respuesta a estas palabras es una búsqueda que aterriza en el sitio Anáforas, donde, en el apartado Biblioteca Digital de Autores Uruguayos, puede encontrarse El derrumbamiento, Ediciones Salamanca 1953, escaneado, archivo que se inaugura con la siguiente frase: “Sigue lloviendo. Maldita virgen, maldita sea. ¿Por qué sigue lloviendo?” Pensamiento demasiado obscuro para su dulce voz de negro, continúa Armonía, invitándonos a más.
Lo anterior, las búsquedas, de autora y de lectores, el interés que pueden suscitar textos de la naturaleza de los que integran Las calladas del Boom, hace de esta obra una especie de mapa que, además de cristalizar las inquietudes e intereses estudiantiles de Eve, pone en marcha a quienes nos asomamos a sus páginas, llevándonos a conocer una pluma nueva o esa arista desde la cual no habíamos imaginado que se podía observar un tema.
