Biblioteca quemada
Una biblioteca quemada, incendiar los libros como venganza por una infidelidad. ¿Ustedes lo harían? La columna de Sergio Núñez

Una biblioteca quemada, incendiar los libros como venganza por una infidelidad. ¿Ustedes lo harían? La columna de Sergio Núñez

Por Sergio Núñez
Ciudad de México, 7 de noviembre de 2025 (Neotraba)
Sergio, mi esposa me quemó mis libros, todos los que tenía en su casa, los míos y los del negocio, mi pequeña bodega, los chidos, los de análisis matemático, los de la MIR, los de divulgación, todos. La conocí mientras me separaba de mi primera mujer, yo ya tenía cuarenta años y dos hijos, me separé y me enamoré de ella. Todo lo hacíamos juntos, fue hermosa nuestra relación, le gustaban los libros igual que a mí, me ayudaba a atender el puesto, pero ya sabes, uno es caliente y la engañé, se dio cuenta, obviamente me mandó a la chingada. Me salí de la casa, de su casa, cuando le pedí mis libros me dijo que los había quemado, sabía que no era cierto. Le dije, voy por ellos, cuando llegué vi la pila de humo saliendo de su casa, era cerca del aeropuerto, valió madres, en el patio se estaban quemando mis libros. Toqué la puerta, me abrió, le reclamé y ¿qué crees?, justo cuando entré comenzó a rociar con más gasolina la pila de libros, neta que lloré de coraje, le dije, chinga tu madre y me salí, no la volví a ver jamás. Se pasó de lista. Me quedé sin material y a comenzar de nuevo, ¡que le hacemos!
Sergio, le quemé los libros a ese cabrón, fíjate qué me engañaba con la culona del puesto de al lado; primero lo vi raro, luego me di cuenta, lo enfrenté y el muy cobarde lo negó, pensé en pagarle con la misma moneda, a mí, pretendientes me sobran, pero sería muy fácil, me pregunté, qué le duele más, sus libros, ¡sus pinches libros!

Lo acepté con todo y sus hijos, le abrí las puertas de mi casa, la usaba de bodega el muy cabrón, ahí metía todas las bibliotecas y los saldos que conseguía, los tenía por temas, ya sabes que se dedicaba a los libros técnicos, pero tenía de todo. Lo apoyé, incluso iba a atender su puesto, los maestros de la escuela de Derecho de enfrente me coqueteaban y yo era leal a él, pero el culero me la aplicó. Cuando me avisó que venía por sus libros le dije que se los había quemado, no me creyó, ¡pinche puto me las iba a pagar!, cuando llegó ya los tenía en el patio, les eché gasolina blanca y los quemé, hasta lloró el hijo de la chingada, se lo merecía, medio me dijo algo, no sé qué y luego se fue llorando. Sé que me pasé, pero me engañó y eso no iba a quedar así.
Años después supe que él murió en una pelea de faldas, lo acuchillaron y falleció en el hospital. Ella sigue viviendo de los libros, especialista en Derecho, no quiere tener otra pareja estable, no se arrepiente de nada.
