Fotos de Martha Vivar Coyotl para Neotraba
Por Jorge Majfud
Sin quererlo, en 1690 Sor Juana Inés de la Cruz demostró, con su vida y con su muerte, que una persona puede ser terriblemente censurada mediante la publicación de sus propios textos. Algo semejante se podría considerar sobre la censura de los medios de comunicación. No es necesario silenciar a alguien para censurarlo. Nadie prohíbe que un aficionado grite en un estadio repleto de gente, pero tampoco nadie, o casi nadie lo va a escuchar. Si tuviese algo importante que decir o que gritar estaría en la misma, o en casi la misma situación que alguien que ha sido amordazado en una sala silenciosa.
Algo semejante ocurre con la importancia de cada evento global. En este siglo es casi imposible una dictadura al estilo del siglo XX, digamos una dictadura absoluta de algún general en alguna república bananera o de un gran país como Estados Unidos o la Unión Soviética donde había diferentes concepciones sobre la libertad de expresión; en uno, el Estado era dueño de la verdad y de las noticias; en el otro, los millonarios y los gerentes de las grandes cadenas de información eran los dueños de casi toda la libertad de expresión.
Con el arribo y casi instalación de la Era digital, también aquellos modelos de censura se volvieron obsoletos. No la censura. Los individuos reclamaron y en muchos casos obtuvieron cierta participación en la discusión de los grandes temas. Sólo que ahora se parecen a aquel aficionado de fútbol que grita en un estadio enardecido. Su voz y sus palabras virtuales se pierden en océanos de otras voces y de otras palabras. De vez en cuando, casi siempre por una relevante frivolidad como demostrar la habilidad de morderse un ojo o por haber tenido el mérito de crear la peor canción del mundo o la mejor teoría conspiratoria (imposible de probar y de refutar), algunos saltan a la fugaz celebridad de la que hablaba Andy Warhol. Siempre he sospechado que las teorías conspiratorias son creadas y promovidas por los supuestos perjudicados. Como decía uno de mis personajes en Memorias de un desaparecido (1996):
Pero claro, esta teoría de una “fabrica de conspiraciones” no deja de pertenecer al mismo género de las teorías conspiratorias. El mecanismo y la trampa se basan en una premisa: de cada mil teorías conspiratorias, una es, o debe ser, verdad.
Como la teoría X ha tomado estado público, no se la puede suprimir. La mejor forma es hacerla desaparecer entre un mar de absurdos semejantes.
Ahora, dejemos de lado por un momento el problema de si existe un grupo, un gobierno o una agencia que mueve los hilos de la percepción mundial (que es lo mismo que mover los hilos de la realidad). Vamos a asumir que todo se trata de una creación colectiva en la que todos participamos, como una macro cultura, como una civilización o como un sistema sobrenatural que suele recibir diversos nombres, algunos muy gastados.
En su lugar podemos concentrarnos en los hechos. Por ejemplo, un hecho es que, al igual que en cualquier otro período de la historia, “nosotros somos los buenos y ellos son los malos”, lo que justifica nuestro accionar brutal o explica por qué somos víctimas del sistema en cuestión.
Pero si volvemos al punto concreto de la censura (uno de los instrumentos principales de cualquier poder dominante) veremos que en nuestro tiempo queda una forma posible y devastadora por su alta eficacia: la promoción de “lo que es importante”.
Un rápido y reciente ejemplo es la muerte o asesinato de Osama Bin Laden. Cierto, yo tampoco me negué a responder a entrevistas de radio de muchos países y hasta en diversos idiomas. En todos de los casos fue más por un gesto de amabilidad que de convicción. Sin embargo, esta vez me abstuve de escribir sobre el tema.
En mi modesta opinión, entiendo que se ha cumplido una vez más el mecanismo de la censura contemporánea: el exceso de discusión y pasión con que las partes disputan la verdad sobre un tema nos inhabilita para concentrarnos en otros temas y, sobre todo, para valorar la importancia de unos temas sobre otros. Es como si alguien o algo decidieran qué es importante y qué no, como alguien o algo decide qué estilo o qué color de ropa debe llevarse en una temporada.
Por ejemplo, no hubo medio de comunicación en que periodistas, lectores y usuarios de todo tipo, color y nacionalidad discutieran apasionadamente durante semanas sobre la legitimidad del ajusticiamiento de Bin Laden. Por supuesto que todo puede y debe ser revisado. Pero si bien es legítimo un debate de este tipo, se torna globalmente trágico cuando observamos que el foco de atención ha determinado y definido lo que es importante. Sin embargo, ¿qué importa si un personaje nefasto (ficticio o real) como Bin Laden fue bien o mal ejecutado cuando ni se menciona lo indiscutible: el asesinato de niños y otros inocentes como rutinarios efectos colaterales?
En el caso de la ejecución de Bin Laden, al menos esta vez Estados Unidos procedió de una forma realmente quirúrgica, como falsamente se ha proclamado en otras ocasiones. La vida de los niños que moraban en la casa fue preservada, más allá, obviamente, de la experiencia traumática. Mas allá de que esta opción debió ser estratégica y no humanitaria, recordemos que no hace muchos años, meses, se optaba por bombardear el objetivo sin importar los “efectos colaterales”, es decir, sin importar la presencia de inocentes, muchas veces niños. Esta tragedia ha sido tan común en la historia contemporánea que las autoridades afectadas se limitaban apenas a reclamar mejores explicaciones de peores barbaridades antes de echarlas al olvido colectivo.
Para no irnos muy lejos bastaría con mencionar el reciente bombardeo a la casa del dictador libio (o llámenlo como quieran) Muammar Gaddafi por parte de la OTAN. En este bombardeo no murió el “objetivo”. La operación quirúrgica mató, asesinó, a varias personas, entre ellas el hijo de Gaddafi, y a tres de sus nietos.
¿Quién recuerda sus nombres? ¿A quién le importa?
En esto no hay relativismos: un niño es un ser inocente sin importar la circunstancia, la identidad, la religión, la ideología o cualquier acción de sus padres. Un niño es siempre (siempre) inocente y lo es sin atenuantes, por más que como padres muchas veces nos hagan perder la paciencia.
Si la policía de cualquiera de nuestros países civilizados arrojase una bomba en la casa del peor de los asesinos, del peor de los violadores y matase a tres niños, seguramente habría una revuelta popular en ese país. Si el gobierno hubiese dado la orden de semejante procedimiento, seguramente caería en menos de veinticuatro horas y sus responsables serían llevados ante pulcros tribunales.
Pero como lo mismo se les hizo a niños pertenecientes a pueblos barbaros, salvajes, atrasados, entonces la acción se convierte en un simple “efecto colateral” y sus autores son apreciados como líderes responsables y valerosos que defienden la civilización, la libertad y, en definitiva, la vida de los inocentes.
Y para que la discusión no tome el centro de todas las discusiones, alguien o algo decide que lo realmente importante es discutir sobre la forma o la legitimidad de la ejecución un tipo que había hecho meritos suficientes para terminar como terminó.
majfud.org
11 de mayo de 2011.
Jacksonville University
Después de un mes de comenzar a jugar una de las historias mejor contadas en un videojuego, les traigo hasta su pantalla:
John Marston, el personaje principal, es un forajido del viejo oeste que sólo busca el bienestar de su familia. John es obligado a atrapar a miembros de su antigua banda de delincuentes —los cuales lo hacían muerto— o de lo contrario su familia pagará las consecuencias de sus actos.
A pesar de que John había decido dejar ese estilo de vida —matón-cazarecompenzas—, para ser un granjero por completo, se ve presionado en el momento en que su familia está en juego, con lo que nos da ofrece momentos de acción, sentimentalismo, tensión y una gran ansiedad por saber qué pasará.
El juego es muy complejo en cuanto a las temáticas, ya que toca la religión, política, ciencia, moral e incluso tiene una cosmovisión, por ejemplo: que los indios son seres salvajes incapaces de comportarse en sociedad. Todo esto se debe a que el juego se desarrolla en 1911, en pleno apogeo de la revolución mexicana y el lugar es la frontera de EE.UU. con México.
Cazarás, comprarás, matarás, pero siempre tendrás la dedición de cuál será tu siguiente paso; decirte qué puedes hacer me tomaría bastante tiempo por ello te sugiero que consigas el juego lo antes posible.
Es un mundo más, en consola.
Pero no es sólo eso, la música forma parte también de este buen juego.
La composición musical está a cargo de Bill Elm y su ex-compañero Woody Jackson, miembros de Friends of Dean Martinez (grupo de rock instrumental).
Lo curioso es que existe un doble final: terminas y luego re-terminas el juego. Es difícil explicar.
Por Gilberto González Morán
Esta semana estuvo llena de fuertes emociones, tanto futboleras como de participación social. El domingo 8 de mayo, miles de mexicanos fueron parte de la marcha convocada por el poeta Javier Sicilia a favor de la paz, durante este transitar rumbo al zócalo chilango, el poeta respondió a la prensa y puso en su lugar a varios políticos, desde los panistas y priistas que defienden a ultranza las acciones del gobierno federal en contra del narcotráfico, hasta la contradictoria izquierda mexicana —sólo me refiero a una parte del PRD— que ha hipotecado su credibilidad ante la sociedad.
Estamos ante una crisis de las instituciones sociales. Los partidos políticos han perdido legitimidad, —aunque no sé si en algún momento la tuvieron— y ante esta situación es alentador el surgimiento de un movimiento de estas características, encabezado por un poeta, esto lo hace más interesante. Es definitivamente plausible lo que ha hecho Sicilia. Hay que estar informados.
Con la caída de las instituciones y del país en general, los aficionados al futbol se desbordan de pasión por sus equipos, ejemplo de esto, es lo que sucedió en León, en donde hubo varios heridos.
No pude alejarme de la realidad futbolera, y presuroso en mi troca, llegué a casa de Pilar para ver el partido entre los Pumas y el Monterrey. No importaron los incómodos silencios que me disparó —todo por llegar tarde y con chelas al mismo tiempo—, no pude más y me diluí en ese ambiente. Primero, un gol de palomita del Chispa Velarde, después David Fuentes terminó por liquidar al Monterrey. En ese momento me sentí pleno, los Pumas estaban en semifinales. (La marcha todavía no llegaba al zócalo).
Nunca me enteré del trayecto de la marcha hasta el día siguiente por la prensa escrita. Me declaré victima de la enajenación una vez que leí el periódico. ¿Cómo fue posible? Me tomó un par de minutos superar mi autocrítica.
"Ak47 vs M16" imagen obtenida de http://obeygiant.com/shows/duality-of-humanity/ak47-vs-m16-hpm-on-paper
El jueves la frustración mojó los cigarros que ya me había fumado. Una tremenda falla del portero de Pumas le regaló el empate a las Chivas cinco minutos antes de que terminara el partido. Todo esto empezó por arruinar mi semana y otra vez la misma pregunta ¿cómo es posible?, sólo es futbol.
Desde pequeño al único equipo al que sigo con fervor es a los Pumas. Ahora en este afán de explicarle a mis alumnos mi afición a este equipo, encontré un argumento escuálido, casi irreal, pero en ese casi me gusta imaginarlo: los Pumas son el equipo de la gente crítica, todos sus seguidores por lo menos compramos el periódico y la gran mayoría somos universitarios —a un buen amigo le argumenté lo mismo pero me desarmó al recordarme que López Dóriga también es seguidor de los universitarios.
El último campeonato de los Pumas, en el dos mil nueve, fue como robarle un caramelo a Felipe Calderón, ya que nunca oculto su apoyo al equipo rival: el Pachuca. Finalmente hubo algo más que futbol en la cancha.
En este idilio final, puedo concluir con dos muy buenas noticias. En México se está gestando un movimiento pacífico importante cuyas exigencias son válidas y sobre todo básicas para la convivencia entre los miembros de una sociedad, esperemos que siga creciendo; y la otra noticia buena, no para todo el país, ni para todos los mexicanos, sino para el futbol mexicano —y por supuesto para mí— que los Pumas están en semifinales.
Ah, también es bueno que las Chivas estén en semifinales —lo digo sólo porque tienen a jugadores muy buenos, mexicanos y muy jóvenes.
Por Óscar Alarcón y Gilberto González
Ciudad de Puebla, 7 de mayo de 2011
Es americanista de corazón; experto en los símbolos de la corrección de estilo, por mucho tiempo ha trabajado en el mundo editorial; sarcástico y gran conversador. Juan Gerardo Sampedro, nació en Zacatecas pero es poblano por adopción; Puebla lo vio llegar en 1977, ha sido profesor en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla por muchos años, en donde ha visto pasar a muchas generaciones de escritores.
Por ello, a punto de cumplirse los primeros 100 días de la administración del gobernador, Rafael Moreno Valle, Neotraba se acercó a este narrador, periodista y escritor, quien ganara el Premio Latinoamericano para Libros de Cuentos, en 1984, para que nos diera su opinión del ambiente literario y cultural, que actualmente se vive en Puebla.
Óscar Alarcón. ¿Cómo percibes la administración de la cultura en Puebla?
Juan Gerardo Sampedro. Mi único contacto con lo que fue la Secretaría de Cultura —que era la Casa de la Cultura antes de que se convirtiera en Secretaría—, fue mi participación en los talleres literarios que impartía Miguel Donoso Pareja.
Creo que fuimos los pioneros en participar en un taller literario, al antecedente inmediato son los que formaron la Bohemia Poblana, pero de ellos casi todos han desaparecido. El último miembro que aún vive es Antonio Esparza; acaba de morir Luis Neve, Eladio Villagrán, era un grupo nutrido. Hacían varias cosas en Puebla: teatro, literatura. Era el círculo de intelectuales de ese momento.
Después hubo una especie de vacío hasta los años 70’s. A iniciativa del profesor Pedro Ángel Palou Pérez —que era el director de la Casa de la Cultura—, se le ocurrió invitar a Miguel Donoso Pareja a que fundara un taller literario; el taller básicamente era de cuento y poesía, no se veía novela porque Donoso decía que la novela era algo más complejo.
Miguel Donoso abrió una convocatoria, a la que atendieron cerca de cincuenta personas, y admitió quince, pues previamente te pedía un trabajo. De esos quince, quedamos ocho o diez quienes terminamos los tres años del taller, que era lo que en aquél tiempo se tenía como meta. Ese taller literario se impartió del ’79 en adelante; después vinieron David Ojeda, Ignacio Betancourt, y después se acabaron los talleres. Los que quedaron, eran de iniciación artística para niños. Nacho Betancourt se fue cuando Héctor Azar inició su periodo, su administración también se quedó sin talleres.
La Secretaría de Cultura se funda a inicios de los 80´s. El primer secretario de cultura fue Pedro Ángel Palou Pérez; le sigue Efraín Castro; después un maestro del CENCH; a continuación Pedro Ángel Palou García; y después tenemos la desgracia de que llega una persona que no tiene ninguna trayectoria cultural, que no es un administrador, o promotor de la cultura, y que llega como el Borras. Llega sin tener publicada una obra, no es creador —a diferencia de los otros secretarios—, no es cuentista, pintor, músico, ni siquiera bailarín. Él dice que es historiador. Y digo que tuvimos esa gran tragedia, porque todo lo que se había hecho en la Secretaría de Cultura, hasta Pedro Ángel Palou García, se viene abajo en los primeros cien días de gobierno de Mario Marín Torres.
Aún desconozco por qué fue designado un personaje como éste, nunca lo quise averiguar, creo que fue como comprar un billete de lotería. Lo que sí hace muy bien es ser un intrigoso de primer nivel, y después arma un equipo de incompetentes —claro, no todos pero sí en su mayoría— y se dedica más que hacer cultura, a golpear a sus detractores, o simplemente a quien le cayera gordo. Sólo porque se levantaba con la idea de correr a alguien. Es un hombre de ideas fijas pero agresivas. Me acuerdo de una frase del doctor en física, Jaime Krasov, que decía que lo peor de este mundo era una persona con baja capacidad y con iniciativas. Creo que se le aplica muy bien al ex secretario de cultura: Alejandro Montiel. Él pensaba que estaba haciendo algo innovador para la cultura en Puebla, y lo que provocó fue que la Secretaría de Cultura tuviera que desaparecer, para dejarle el paso al Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.
Yo creo que Saúl Juárez va a tener nuevamente la capacidad necesaria para echar a andar todo lo que dejó tirado el ex secretario del sexenio anterior.
ÓA. ¿En todas las áreas, incluso literatura?
JGS. Yo creo que sí. Aunque creo que literatura es el área más dañada de todas.
Si te fijas, los museos están abandonados, las bibliotecas están sin atención. El área de música está bien, porque la dirige un gran conocedor del tema como Elio Huesca.
Y digo que el área de literatura ha sido la más dañada de todas, porque tenía grandes responsabilidades que echaron abajo. Voy a poner un par de ejemplos: los talleres literarios —que estaban antes de que llegaran Montiel y Roberto Martínez Garcilazo—, y las convocatorias de los concursos. Te hablo sobre las convocatorias porque en la época de Héctor Azar y un poco antes, yo ayudaba con su distribución. Todo lo que aprendí en gestión de la cultura se lo debo al profesor Pedro Ángel Palou Pérez. Las convocatorias tenían que salir en enero, para que se enviaran a las embajadas de todos los países latinoamericanos. Estamos en mayo y no he visto las convocatorias.
Desde hace tres años no sabemos quiénes son los que han obtenido los premios de cuento. Parece ser que es una medida que ellos tomaron, ya que regularmente trabajaron juntos. Cualquier decisión que tomaba Martínez Garcilazo la tomaba con el Simpatías [Alejandro Montiel], y entre ellas fue no dar a conocer quiénes habían ganado los concursos de cuento. Si hay alguien que me diga quién ganó los últimos tres años, se lo voy a agradecer mucho, porque nunca se dio a conocer en la prensa. Lo mismo pasó con el concurso de Ciencia Ficción y Fantasía y con el concurso de Lenguas Indígenas; no sé qué diablos pasó por su cabeza que hasta la fecha la convocatoria no ha salido. Si sale en mayo o junio, la gente tiene muy poco tiempo para participar, además, sólo circulan a nivel local.
ÓA. Aunque eso no quiere decir que no haya concurso o ganadores, si nos metemos a los archivos de la Secretaría podremos encontrarlos, ¿estaríamos hablando de que son concursos amañados?
JGS. Yo no digo que estén amañados, yo digo que está muy restringida la participación de los escritores de México y Latinoamérica porque no les llega la convocatoria, no se da a conocer ni siquiera a nivel nacional. Se da a conocer a través de la página de la Secretaría de Cultura pero nada más.
Esta convocatoria hace muchos años la publicaba la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, y circulaba por toda América. Cuando les preguntabas a los ganadores de los concursos cómo se habían enterado, te respondían que lo habían visto en la revista El Cuento, o bien, que en Argentina lo habían publicado en una revista que leían, o en Perú a través de un periódico, porque las embajadas las hacían llegar.
ÓA. ¿Y solamente eran locales? ¿Ya no tiene impacto en Latinoamérica?
JGS. Pero no por ser locales son infames. En Puebla tenemos grandes cuentistas. La participación fue escasa.
Quienes leyeron lo que alguna vez escribí en una nota para el periódico Milenio: “no ha salido la convocatoria”, me escribían para preguntarme “oye y por cierto, ¿cuándo sale?”, entonces yo tenía que mandarles las bases —que tomaba de las fotocopias que mandaban a la Casa de la Cultura. Ahora las convocatorias las reparten como si fueran volantes, sólo falta que alguien se pare en la puerta de Casa de Cultura y reparta las fotocopias para ver quién entra.
ÓA. ¿Has sido de los mayores críticos del director de la Casa del Escritor, a qué se debe?
JGS. No sólo de él sino de toda la administración completa. Yo creo que se debe al doble discurso del director. Ideológicamente uno se va formando desde muy joven, y eso es importantísimo. Roberto Martínez Garcilazo, proviene de las Juventudes de la Izquierda Mexicana mientras nosotros militábamos en el glorioso Partido Comunista Mexicano. Después, entró a trabajar a la burocracia de la Secretaría de Salud, donde finalmente se hace de una plaza. Era secretario particular del doctor [Eduardo] Vázquez Valdez, que era el Secretario de Salud en la época de Manuel Bartlett.
Pedro Ángel Palou me comentó que no había alguien que dirigiera la Casa del Escritor, porque [Enrique de Jesús] Pimentel se había ido. Le comenté que yo tenía un alumno con mucho talento; Palou me pidió que lo llevara con el subsecretario, que era Alejandro Montiel. Lo llevé para presentárselo y la impresión que le dio fue que no cubría el perfil, no sé por qué lo dijo pero lo comentó delante de mí, sin embargo, a los dos días estaba contratado como director de la Casa del Escritor. Después vi que hizo una gran amistad con el subsecretario; cuando llegó a ser secretario de cultura esa amistad se afianzó. Aquello de que lo quiso despedir fue show para hacer creer que había diferencias, si las hubiese habido, lo hubiera corrido sin miramientos. Todo fue preparado, no sé con qué fin.
Cuando se da el cambio de sexenio, de Melquiades Morales a Mario Marín, nombran a Pedro Ángel como secretario de cultura, pero está muy poco tiempo. Para mi sorpresa, Martínez Garcilazo ocupa la dirección de literatura, es como si tú propones a alguien para que le den un empleo, se queda y te quita tu carga de trabajo. Es normal que esto suceda sexenio tras sexenio porque los cargos no son eternos, lo que no se entiende es que desde el cargo que recién ostentaba te despida. Esto lo hizo en un convenio verbal con el entonces secretario de cultura, Alejandro Montiel, y me dejan afuera.
Aquí es donde me refiero al doble discurso, porque él dice que el ex secretario de cultura lo castigó y por eso su área no funcionó. Eso está declarado a una reportera de La Jornada: “Alejandro Montiel me castigó y no quiero que me pase lo mismo con Saúl Juárez”, porque éste tiene una gran trayectoria como creador y promotor de la cultura. Como si esa declaración le diera inmunidad a lo que hizo en seis años, como casi desaparecer los concursos, abandonar la Casa del Escritor o una biblioteca como la Tola de Habich, —esta biblioteca, inicialmente tenía setenta mil ejemplares sobre el siglo XIX, y la montan en un espacio muy pequeño. Por eso nadie cree que lo hayan castigado, porque en contubernio hicieron muchas pendejadas. Nadie lo cree.
Por eso he criticado su tarea de seis años. No sólo yo, si revisas las notas de los últimos meses verás las notas de La Jornada, las declaraciones de Juan Carlos Canales, lo que han escrito Fermín Alejandro García, Ociel Mora, Humberto Sotelo, y no hay un área de la Secretaría que haya sido más golpeada que ésta. Cuentas con los dedos las ediciones que se hicieron en seis años —porque no fueron ediciones sino reediciones.
La tarea actual del Consejo, será levantar todo lo que quedó tirado —como en el temblor del ’99—: la Casa del Escritor huele a excusado porque no tiene agua, nadie se puede hospedar porque no hay gas. Dolores Castro se fue muy enojada de Puebla porque le dijeron que tenía que llenar la cochina —el contenedor de gas— para que pudiera hospedarse. No soy el único crítico, hablo de un doble discurso, porque si Martínez Garcilazo proviene de la izquierda y su pensamiento corresponde a esa línea política, porque dice “mi voto por el PRI, yeah señores, porque Moreno Valle no tiene proyecto cultural”, eso es lo que él dice y está publicado en una colaboración que tiene para un diario local. Encontré un link y lo subí a mi facebook y twitter. Ahí tengo de amigo a Margarito, que aparecía en televisión con el Güiri-Güiri, leyó esa nota y comentó “lo que hay que ver jojojo”. ¡Todo mundo vio la nota, hasta Margarito!
Y en Puebla, la comunidad literaria lo vio como un oportunismo porque desde su cargo de director de literatura, ediciones y bibliotecas, hizo proselitismo por un partido político que finalmente perdió las elecciones. Cuando se da cuenta de eso, publica en el periódico “espero que me levanten el castigo los que han llegado”.
No es una cuestión personal. Si él tuviera la mínima dignidad ya hubiera dicho Good Bye, irse hubiera sido una medida digna.
La época de Héctor Azar está contabilizada así: tiene más de sesenta ediciones en seis años, Piña Olaya tiene ediciones del gobierno del estado pero son ediciones exclusivas, como para coleccionistas. El periodo de Melquiades Morales tuvo más de doscientas ediciones, con la colección de siglo XIX, que se encargaba de hacerla Tola de Habich. En el sexenio que acaba de concluir, el de Montiel, no llega a diez, pero de esas, ocho son reediciones.
Gilberto González. Entonces, ¿qué opinas de la desaparición de la Secretaría de Cultura?
Juan Gerardo Sampedro. Desaparece por el proyecto del actual gobernador, se origina porque él se da cuenta de la ruina en la que está la Secretaría; es insalvable. Lo que se puede hacer es un Consejo para que todo vuelva a encausarse. Creo que con la llegada de Saúl Juárez y esto va a cambiar. Platiqué con él brevemente, hace un mes, y tiene ideas, está por presentar su proyecto de cultura, tiene experiencia que lo respalda, ha estado en CONACULTA, el INBA, su trayectoria como promotor de cultura es muy larga. Lo conocí en el ’81 y él ya estaba en los talleres de Monterroso y de Donoso.
Estamos confiando en que él va a hacer un buen papel en cuanto arranque el proyecto sexenal, que será anunciado después de que se cumplan los cien días de la administración.
GG. ¿Qué piensas de la literatura que se hace en Puebla? Tienes mucha experiencia después de dar clases en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica (COLLHI) de la BUAP, has visto pasar a muchas generaciones.
JGS. Estaría de acuerdo con Daniel Sada, al decir que las nuevas generaciones son las que vienen después de la de Pedro Ángel Palou, porque hay un parte aguas. El antes, sería hablar de Ángeles Mastretta, Juan Tovar, los de la Bohemia Poblana, el grupo de los Cronopios, los del taller de Miguel Donoso.
Hasta donde estoy enterado hay autores que han publicado en editoriales importantes, pero no han tenido el reconocimiento necesario, como para decir que la literatura en Puebla está presente a nivel nacional. Después de Pedro Ángel Palou, nadie lo ha logrado y antes de Palou hablamos de Pitol, o de Mastretta. A pesar de que Palou podría tener muchos detractores y envidiosos, también tiene un gran trabajo que lo respalda.
Y después vienen las generaciones de los jóvenes talleristas, que han publicado su trabajo a nivel nacional. Creo que son los que vienen con más fuerza, desgraciadamente, son los que fueron muy mal atendidos por la administración pasada.
Los que fueron publicados en editoriales grandes como Alfaguara, pensaron que eso los iba a meter en la carrera de la gran literatura mexicana y eso no es cierto. Una editorial tiene exhibidos tus libros seis meses y si no vendes, los recicla. Te puedo hablar de otro autor que tiene sus lectores, Fritz Glockner —con quien nunca me he enojado y le mando un saludo— que también ha tenido proyección a nivel nacional.
Hay que esperar lo que se está desarrollando ahora. Los jóvenes a los que les quitaron el taller eran los que estaban comenzando. Se fueron Guillermo Samperio, Daniel Sada, José Vicente Anaya, quienes fueron impulsores de otra generación, y se fue abajo todo. Los que venían ya no tuvieron opción de una guía.
La propuesta del Ayuntamiento anterior al actual, que fue regresar a la SOGEM a Puebla, lo hizo pensando en que iba a tener muchos alumnos, y en realidad no la tuvo, también tenemos que señalar que fracasó rotundamente. Que alguien me diga dos escritores que hayan salido de ahí y que tengan renombre, ya no a nivel nacional.
ÓA. Ese es un problema a nivel nacional, las escuelas de escritores no producen escritores, ¿no te parece?
JGS. Son contados. Pero tampoco las escuelas de letras impulsan escritores. Acabo de leer una nota de un periodista de Milenio, que lleva por título “Lo que natura no da, el ipad no lo proporciona”, y eso es cierto: “Lo que natura no da, Salamanca no lo proporciona”. Creo que está bien que haya una escuela de Letras, porque los alumnos no sólo van a aprender a escribir, sino también aprenden la docencia, a ser correctores de estilo, periodistas, historia de la literatura, investigación.
Después da la UNAM, tenemos una de las mejores escuelas de letras, la de Universidad Autónoma de Puebla. Sus fundadores tenían una gran proyección y experiencia. Gente como el doctor Carlos Colchero, gran teórico de los clásicos —yo me metía de oyente a sus clases porque yo estudiaba psicología— y era un erudito; Óscar Walker, que enseñaba el arte de la corrección de estilo; el maestro Pantaleón Riveroll, con toda su rigidez del mundo. Esa escuela viene de una gran tradición, fue de las primeras que se fundaron en el país —en 1965— después de la UNAM.
GG. Platícanos sobre el Premio Latinoamericano para Libro de Cuentos que ganaste.
JGS. Yo estaba trabajando en el taller de Donoso, y había escrito un libro que se llama Lo Terrible ya Ha Pasado, en aquel tiempo no teníamos la oportunidad de corregir en computadora, escribíamos en máquina Olympia, llevábamos el texto al taller, lo tachaban y a pasarlo otra vez. Era mucho trabajo pero era la única forma y estábamos acostumbrados.
Yo me fui de vacaciones a Zacatecas, me llevé el libro con las correcciones del taller, lo pasé en una máquina eléctrica IBM, y se me ocurrió fotocopiarlo y mandarlo al concurso, obviamente no pensé que ganaría porque llegaban muchos trabajos —por eso les digo que en ese entonces las convocatorias sí se difundían en toda Latinoamérica—, no recuerdo cuántos participaron, pero me dieron la noticia de que yo lo había obtenido.
Me dio mucho gusto porque ese libro lo imprimió la editorial Premià, que era una editorial importante por su distribución; ese ha sido mi best seller, porque el tiro fue de dos mil ejemplares y está agotado, quien tenga uno, se lo compro.
Así sucede a veces con algunos libros, uno piensa que no se van a agotar y cuando lo buscas ya no está. Aquí pueden suceder dos cosas: se captura el libro y se busca un editor que lo quiera, o le pido a quien lo tenga que me regrese todos.
ÓA. ¿Y una reedición?
JGS. Nunca se hizo porque el propietario de Premià vendió la editorial con todos los derechos, se la vendió a Coyoacán, pero no creo que les interese reeditar algunas cosas. Les vendió todo, hasta las matrices, se quedaron con todo y él se fue a España.
Él vendió la biblioteca a Puebla, por eso se llama Tola de Habich. Cada libro tenía un ex libris, por eso insisto en saber qué fue lo que pasó con esa biblioteca. Tal vez sólo sacaron algunos libros de la biblioteca “Miguel de la Madrid” y los metieron ahí.
Juan Gerardo Sampedro, escribió una crónica como nota previa a esta entrevista en: http://www.poblanerias.com/columnas/juan-g-sampedro/40005-los-utracostumbristas.html
En estas vacaciones tuve la oportunidad de salir de viaje, pero esto no es sólo para presumir la oportunidad de salir, no, no; esto es para justificar mi visita a Cuetzalan, lugar catalogado como Pueblo Mágico; pero no, tampoco es para que te cultives en información de este tipo, no, no; es sólo para ubicar mi comentario. La cuestión es que en mi visita a dicho lugar tuve la experiencia de recordar las arcades o comúnmente conocidas como maquinitas (más en la región central de México).
Las arcades son el lugar, donde podría decir que cultivé un gusto por los videojuegos, ya que siendo el primer hijo en casa aún no tenía en mi sala una consola de videojuegos. Pero, ¿por qué en Cuetzalan? ¿Y por qué hablar de ello?
En Cuetzalan me llevé la sorpresa agridulce de encontrarme con que en cada esquina existía un lugar con arcades, a pesar de que el pueblo es un lugar pequeño la cantidad de sitios para jugar videojuegos me sorprendió. Era grato tener tan cerca un vicio; un vicio que tuve que controlar a razón de que tenía que estar con la familia durante el viaje. Pero eso no es lo agrio, sino qué clase de maquinitas eran:
Era una maquinita adaptada con un Xbox, todos los lugares para jugar estaban llenos con maquinas parecidas a estas. Y no lo veo mal, la cuestión es que me hace pensar en la competencia que significan las consolas caseras contra las ahora tan olvidadas arcades. Dicha competencia significa perder la atención en crear.
Bien recuerdo la zona de maquinitas que estaba en los arcos del zócalo de Puebla, y la cantidad de arcades que habían.
Era para entonces un consumo sano, del cual debo aceptar contribuía y también ayudé a destruir. Pero la cuestión no es la culpa, es la memoria de lo que antes eran. De lo que sí y lo que no, de lo que se perdió y de lo que ahora se busca solo vender. Ahora en Puebla, lugar del que hablo porque conozco, muy pocos sitios mantienen arcades, y de esos pocos sitios son más en los lugares de franquicia, que han sustituido las monedas por tarjetas (más práctico sin duda).
En una metáfora con la que cualquiera se podría identificar, es como si a tu caricatura favorita de la niñez decidieran poner a Bob Esponja como personaje principal, tal vez te dé gracia, cumpla con su cometido, pero te aseguro que no es lo mismo.
Entonces, si ves por ahí una arcade clásica, sin un control conectado deberías probarlo, porque dentro de poco quedarán extintas; no es la necesidad, pero sí la experiencia.
Otro detalle, decidí llamar a mi columna de este modo porque eso es lo que te pide una maquinita para poder jugar:
“Insert Coin”.
Rokubi habita en: http://rokubi-s-world.blogspot.com/
Por El Pulpo Variete
Desde un principio la intención de este sello es editar en formato EP rarezas, lados B o temas descartados por las bandas que integran el sello, esta singular línea de trabajo manejando las producciones no convencionales de un artista es por demás un actitud fuera de lo común.
El arte de tapa de las ediciones son hechas por ellos mismos, con cierta semejanza entre unas y otras que le da al producto final un concepto de pertenencia al sello, también generan fechas para que se luzcan las bandas que editan y todo este en movimiento. Musicalmente varían entre la Psicodelia, el Noise, sonidos experimentales entre otras yerbas. Además de editar grupos de la escena local lo hacen también con interesantes propuestas de otros países.