Por José Luis Dávila
Caminar bajo la tarde nublada después del trabajo, y seguir el mismo rumbo un día tras otro, y otro, sin sentirlo pesado, sin decir que es rutina o monotonía. Eso he hecho últimamente: caminar y pensar, y sentir que los pasos que doy tienen un sentido más allá del mero hecho de trasladarse. Aunque de trasladarme, me traslado. Voy de un sitio a otro, como cualquiera, y en el camino me da tiempo para reflexionar lo que no se puede cuando se está inmóvil.
El camino es, pues, un aliciente para el cansancio de lo inerte. El camino es una forma de sentir que la vida se mueve. Pensemos que el camino es una alegoría de la construcción de la comunicación. El camino es tantas cosas. También es el nombre del más reciente disco de The Black Keys. El séptimo, para ser preciso.



























