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Marchas y Futbol

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"Freedom" imagen obtenida de http://obeygiant.com/prints/freedom

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Por Gilberto González Morán

 

Esta semana estuvo llena de fuertes emociones, tanto futboleras como de participación social. El domingo 8 de mayo, miles de mexicanos fueron parte de la marcha convocada por el poeta Javier Sicilia a favor de la paz, durante este transitar rumbo al zócalo chilango, el poeta respondió a la prensa y puso en su lugar a varios políticos, desde los panistas y priistas que defienden a ultranza las acciones del gobierno federal en contra del narcotráfico, hasta la contradictoria izquierda mexicana —sólo me refiero a una parte del PRD— que ha hipotecado su credibilidad ante la sociedad.

Estamos ante una crisis de las instituciones sociales. Los partidos políticos han perdido legitimidad, —aunque no sé si en algún momento la tuvieron— y ante esta situación es alentador el surgimiento de un movimiento de estas características, encabezado por un poeta, esto lo hace más interesante. Es definitivamente plausible lo que ha hecho Sicilia. Hay que estar informados.

Con la caída de las instituciones y del país en general, los aficionados al futbol se desbordan de pasión por sus equipos, ejemplo de esto, es lo que sucedió en León, en donde hubo varios heridos.

No pude alejarme de la realidad futbolera, y presuroso en mi troca, llegué a casa de Pilar para ver el partido entre los Pumas y el Monterrey. No importaron los incómodos silencios que me disparó —todo por llegar tarde y con chelas al mismo tiempo—, no pude más y me diluí en ese ambiente. Primero, un gol de palomita del Chispa Velarde, después David Fuentes terminó por liquidar al Monterrey. En ese momento me sentí pleno, los Pumas estaban en semifinales. (La marcha todavía no llegaba al zócalo).

Nunca me enteré del trayecto de la marcha hasta el día siguiente por la prensa escrita. Me declaré victima de la enajenación una vez que leí el periódico. ¿Cómo fue posible? Me tomó un par de minutos superar mi autocrítica.

 

 

"Ak47 vs M16" imagen obtenida de http://obeygiant.com/shows/duality-of-humanity/ak47-vs-m16-hpm-on-paper

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El jueves la frustración mojó los cigarros que ya me había fumado. Una tremenda falla del portero de Pumas le regaló el empate a las Chivas cinco minutos antes de que terminara el partido. Todo esto empezó por arruinar mi semana y otra vez la misma pregunta ¿cómo es posible?, sólo es futbol.

Desde pequeño al único equipo al que sigo con fervor es a los Pumas. Ahora en este afán de explicarle a mis alumnos mi afición a este equipo, encontré un argumento escuálido, casi irreal, pero en ese casi me gusta imaginarlo: los Pumas son el equipo de la gente crítica, todos sus seguidores por lo menos compramos el periódico y la gran mayoría somos universitarios —a un buen amigo le argumenté lo mismo pero me desarmó al recordarme que López Dóriga también es seguidor de los universitarios.

 

 

Alguna vez dijo Maradona que Bilardo, director técnico de la selección de Argentina, antes de enfrentar a los ingleses en el mundial de México ‘86, para animar al equipo aseveró: “Cada gol que metan representa a un argentino caído en las Malvinas”.

 

El último campeonato de los Pumas, en el dos mil nueve, fue como robarle un caramelo a Felipe Calderón, ya que nunca oculto su apoyo al equipo rival: el Pachuca. Finalmente hubo algo más que futbol en la cancha.

En este idilio final, puedo concluir con dos muy buenas noticias. En México se está gestando un movimiento pacífico importante cuyas exigencias son válidas y sobre todo básicas para la convivencia entre los miembros de una sociedad, esperemos que siga creciendo; y la otra noticia buena, no para todo el país, ni para todos los mexicanos, sino para el futbol mexicano —y por supuesto para mí— que los Pumas están en semifinales.

Ah, también es bueno que las Chivas estén en semifinales —lo digo sólo porque tienen a jugadores muy buenos, mexicanos y muy jóvenes.

Juan Gerardo Sampedro

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Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

Entrevista por Óscar Alarcón y Gilberto González

Entrevista a Juan Gerardo Sampedro

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Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

 

Por Óscar Alarcón y Gilberto González

Ciudad de Puebla, 7 de mayo de 2011

 

Es americanista de corazón; experto en los símbolos de la corrección de estilo, por mucho tiempo ha trabajado en el mundo editorial; sarcástico y gran conversador. Juan Gerardo Sampedro, nació en Zacatecas pero es poblano por adopción; Puebla lo vio llegar en 1977, ha sido profesor en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla por muchos años, en donde ha visto pasar a muchas generaciones de escritores.

Por ello, a punto de cumplirse los primeros 100 días de la administración del gobernador, Rafael Moreno Valle, Neotraba se acercó a este narrador, periodista y escritor, quien ganara el Premio Latinoamericano para Libros de Cuentos, en 1984, para que nos diera su opinión del ambiente literario y cultural, que actualmente se vive en Puebla.

 

Óscar Alarcón. ¿Cómo percibes la administración de la cultura en Puebla?

Juan Gerardo Sampedro. Mi único contacto con lo que fue la Secretaría de Cultura —que era la Casa de la Cultura antes de que se convirtiera en Secretaría—, fue mi participación en los talleres literarios que impartía Miguel Donoso Pareja.

Creo que fuimos los pioneros en participar en un taller literario, al antecedente inmediato son los que formaron la Bohemia Poblana, pero de ellos casi todos han desaparecido. El último miembro que aún vive es Antonio Esparza; acaba de morir Luis Neve, Eladio Villagrán, era un grupo nutrido. Hacían varias cosas en Puebla: teatro, literatura. Era el círculo de intelectuales de ese momento.

Después hubo una especie de vacío hasta los años 70’s. A iniciativa del profesor Pedro Ángel Palou Pérez —que era el director de la Casa de la Cultura—, se le ocurrió invitar a Miguel Donoso Pareja a que fundara un taller literario; el taller básicamente era de cuento y poesía, no se veía novela porque Donoso decía que la novela era algo más complejo.

Miguel Donoso abrió una convocatoria, a la que atendieron cerca de cincuenta personas, y admitió quince, pues previamente te pedía un trabajo. De esos quince, quedamos ocho o diez quienes terminamos los tres años del taller, que era lo que en aquél tiempo se tenía como meta. Ese taller literario se impartió del ’79 en adelante; después vinieron David Ojeda, Ignacio Betancourt, y después se acabaron los talleres. Los que quedaron, eran de iniciación artística para niños. Nacho Betancourt se fue cuando Héctor Azar inició su periodo, su administración también se quedó sin talleres.

 

Pero Azar impulsó el teatro, le dio continuidad a los concursos de literatura, les dio vida a las bibliotecas; tenía un Subsecretario de Cultura con toda la experiencia del mundo, que era Pedro Ángel Palou Pérez.

 

La Secretaría de Cultura se funda a inicios de los 80´s. El primer secretario de cultura fue Pedro Ángel Palou Pérez; le sigue Efraín Castro; después un maestro del CENCH; a continuación Pedro Ángel Palou García; y después tenemos la desgracia de que llega una persona que no tiene ninguna trayectoria cultural, que no es un administrador, o promotor de la cultura, y que llega como el Borras. Llega sin tener publicada una obra, no es creador —a diferencia de los otros secretarios—, no es cuentista, pintor, músico, ni siquiera bailarín. Él dice que es historiador. Y digo que tuvimos esa gran tragedia, porque todo lo que se había hecho en la Secretaría de Cultura, hasta Pedro Ángel Palou García, se viene abajo en los primeros cien días de gobierno de Mario Marín Torres.

Aún desconozco por qué fue designado un personaje como éste, nunca lo quise averiguar, creo que fue como comprar un billete de lotería. Lo que sí hace muy bien es ser un intrigoso de primer nivel, y después arma un equipo de incompetentes —claro, no todos pero sí en su mayoría— y se dedica más que hacer cultura, a golpear a sus detractores, o simplemente a quien le cayera gordo. Sólo porque se levantaba con la idea de correr a alguien. Es un hombre de ideas fijas pero agresivas. Me acuerdo de una frase del doctor en física, Jaime Krasov, que decía que lo peor de este mundo era una persona con baja capacidad y con iniciativas. Creo que se le aplica muy bien al ex secretario de cultura: Alejandro Montiel. Él pensaba que estaba haciendo algo innovador para la cultura en Puebla, y lo que provocó fue que la Secretaría de Cultura tuviera que desaparecer, para dejarle el paso al Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.

Yo creo que Saúl Juárez va a tener nuevamente la capacidad necesaria para echar a andar todo lo que dejó tirado el ex secretario del sexenio anterior.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA

 

ÓA. ¿En todas las áreas, incluso literatura?

JGS. Yo creo que sí. Aunque creo que literatura es el área más dañada de todas.

Si te fijas, los museos están abandonados, las bibliotecas están sin atención. El área de música está bien, porque la dirige un gran conocedor del tema como Elio Huesca.

Y digo que el área de literatura ha sido la más dañada de todas, porque tenía grandes responsabilidades que echaron abajo. Voy a poner un par de ejemplos: los talleres literarios —que estaban antes de que llegaran Montiel y Roberto Martínez Garcilazo—, y las convocatorias de los concursos. Te hablo sobre las convocatorias porque en la época de Héctor Azar y un poco antes, yo ayudaba con su distribución. Todo lo que aprendí en gestión de la cultura se lo debo al profesor Pedro Ángel Palou Pérez. Las convocatorias tenían que salir en enero, para que se enviaran a las embajadas de todos los países latinoamericanos. Estamos en mayo y no he visto las convocatorias.

Desde hace tres años no sabemos quiénes son los que han obtenido los premios de cuento. Parece ser que es una medida que ellos tomaron, ya que regularmente trabajaron juntos. Cualquier decisión que tomaba Martínez Garcilazo la tomaba con el Simpatías [Alejandro Montiel], y entre ellas fue no dar a conocer quiénes habían ganado los concursos de cuento. Si hay alguien que me diga quién ganó los últimos tres años, se lo voy a agradecer mucho, porque nunca se dio a conocer en la prensa. Lo mismo pasó con el concurso de Ciencia Ficción y Fantasía y con el concurso de Lenguas Indígenas; no sé qué diablos pasó por su cabeza que hasta la fecha la convocatoria no ha salido. Si sale en mayo o junio, la gente tiene muy poco tiempo para participar, además, sólo circulan a nivel local.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA para Neotraba

 

ÓA. Aunque eso no quiere decir que no haya concurso o ganadores, si nos metemos a los archivos de la Secretaría podremos encontrarlos, ¿estaríamos hablando de que son concursos amañados?

JGS. Yo no digo que estén amañados, yo digo que está muy restringida la participación de los escritores de México y Latinoamérica porque no les llega la convocatoria, no se da a conocer ni siquiera a nivel nacional. Se da a conocer a través de la página de la Secretaría de Cultura pero nada más.

Esta convocatoria hace muchos años la publicaba la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, y circulaba por toda América. Cuando les preguntabas a los ganadores de los concursos cómo se habían enterado, te respondían que lo habían visto en la revista El Cuento, o bien, que en Argentina lo habían publicado en una revista que leían, o en Perú a través de un periódico, porque las embajadas las hacían llegar.

 

Actualmente, la participación de escritores para un concurso latinoamericano es, si acaso, de trescientos cuentos, cuando en una buena época llegó a tener mil cuatrocientos concursantes. Incluso se exhibían en el patio los paquetes de los cuentos que llegaban a la Casa de la Cultura. El año pasado tuvieron que ampliar la convocatoria porque tenían cincuenta cuentos en junio, y todos de una calidad infame.

 

 

Juan Gerardo Sampedro en el café Wimpy's, foto ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro en el café Wimpy's, foto ÓA para Neotraba

 

ÓA. ¿Y solamente eran locales? ¿Ya no tiene impacto en Latinoamérica?

JGS. Pero no por ser locales son infames. En Puebla tenemos grandes cuentistas. La participación fue escasa.

Quienes leyeron lo que alguna vez escribí en una nota para el periódico Milenio: “no ha salido la convocatoria”, me escribían para preguntarme “oye y por cierto, ¿cuándo sale?”, entonces yo tenía que mandarles las bases —que tomaba de las fotocopias que mandaban a la Casa de la Cultura. Ahora las convocatorias las reparten como si fueran volantes, sólo falta que alguien se pare en la puerta de Casa de Cultura y reparta las fotocopias para ver quién entra.

 

ÓA. ¿Has sido de los mayores críticos del director de la Casa del Escritor, a qué se debe?

JGS. No sólo de él sino de toda la administración completa. Yo creo que se debe al doble discurso del director. Ideológicamente uno se va formando desde muy joven, y eso es importantísimo. Roberto Martínez Garcilazo, proviene de las Juventudes de la Izquierda Mexicana mientras nosotros militábamos en el glorioso Partido Comunista Mexicano. Después, entró a trabajar a la burocracia de la Secretaría de Salud, donde finalmente se hace de una plaza. Era secretario particular del doctor [Eduardo] Vázquez Valdez, que era el Secretario de Salud en la época de Manuel Bartlett.

Pedro Ángel Palou me comentó que no había alguien que dirigiera la Casa del Escritor, porque [Enrique de Jesús] Pimentel se había ido. Le comenté que yo tenía un alumno con mucho talento; Palou me pidió que lo llevara con el subsecretario, que era Alejandro Montiel. Lo llevé para presentárselo y la impresión que le dio fue que no cubría el perfil, no sé por qué lo dijo pero lo comentó delante de mí, sin embargo, a los dos días estaba contratado como director de la Casa del Escritor. Después vi que hizo una gran amistad con el subsecretario; cuando llegó a ser secretario de cultura esa amistad se afianzó. Aquello de que lo quiso despedir fue show para hacer creer que había diferencias, si las hubiese habido, lo hubiera corrido sin miramientos. Todo fue preparado,  no sé con qué fin.

Cuando se da el cambio de sexenio, de Melquiades Morales a Mario Marín, nombran a Pedro Ángel como secretario de cultura, pero está muy poco tiempo. Para mi sorpresa, Martínez Garcilazo ocupa la dirección de literatura, es como si tú propones a alguien para que le den un empleo, se queda y te quita tu carga de trabajo. Es normal que esto suceda sexenio tras sexenio porque los cargos no son eternos, lo que no se entiende es que desde el cargo que recién ostentaba te despida. Esto lo hizo en un convenio verbal con el entonces secretario de cultura, Alejandro Montiel, y me dejan afuera.

Aquí es donde me refiero al doble discurso, porque él dice que el ex secretario de cultura lo castigó y por eso su área no funcionó. Eso está declarado a una reportera de La Jornada: “Alejandro Montiel me castigó y no quiero que me pase lo mismo con Saúl Juárez”, porque éste tiene una gran trayectoria como creador y promotor de la cultura. Como si esa declaración le diera inmunidad a lo que hizo en seis años, como casi desaparecer los concursos, abandonar la Casa del Escritor o una biblioteca como la Tola de Habich, —esta biblioteca, inicialmente tenía setenta mil ejemplares sobre el siglo XIX, y la montan en un espacio muy pequeño. Por eso nadie cree que lo hayan castigado, porque en contubernio hicieron muchas pendejadas. Nadie lo cree.

Por eso he criticado su tarea de seis años. No sólo yo, si revisas las notas de los últimos meses verás las notas de La Jornada, las declaraciones de Juan Carlos Canales, lo que han escrito Fermín Alejandro García, Ociel Mora, Humberto Sotelo, y no hay un área de la Secretaría que haya sido más golpeada que ésta. Cuentas con los dedos las ediciones que se hicieron en seis años —porque no fueron ediciones sino reediciones.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro, foto ÓA para Neotraba

 

La tarea actual del Consejo, será levantar todo lo que quedó tirado —como en el temblor del ’99—: la Casa del Escritor huele a excusado porque no tiene agua, nadie se puede hospedar porque no hay gas. Dolores Castro se fue muy enojada de Puebla porque le dijeron que tenía que llenar la cochina —el contenedor de gas— para que pudiera hospedarse. No soy el único crítico, hablo de un doble discurso, porque si Martínez Garcilazo proviene de la izquierda y su pensamiento corresponde a esa línea política, porque dice “mi voto por el PRI, yeah señores, porque Moreno Valle no tiene proyecto cultural”, eso es lo que él dice y está publicado en una colaboración que tiene para un diario local. Encontré un link y lo subí a mi facebook y twitter. Ahí tengo de amigo a Margarito, que aparecía en televisión con el Güiri-Güiri, leyó esa nota y comentó “lo que hay que ver jojojo”. ¡Todo mundo vio la nota, hasta Margarito!

Y en Puebla, la comunidad literaria lo vio como un oportunismo porque desde su cargo de director de literatura, ediciones y bibliotecas, hizo proselitismo por un partido político que finalmente perdió las elecciones. Cuando se da cuenta de eso, publica en el periódico “espero que me levanten el castigo los que han llegado”.

No es una cuestión personal. Si él tuviera la mínima dignidad ya hubiera dicho Good Bye, irse hubiera sido una medida digna.

La época de Héctor Azar está contabilizada así: tiene más de sesenta ediciones en seis años, Piña Olaya tiene ediciones del gobierno del estado pero son ediciones exclusivas, como para coleccionistas. El periodo de Melquiades Morales tuvo más de doscientas ediciones, con la colección de siglo XIX, que se encargaba de hacerla Tola de Habich. En el sexenio que acaba de concluir, el de Montiel, no llega a diez, pero de esas, ocho son reediciones.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

 

Gilberto González. Entonces, ¿qué opinas de la desaparición de la Secretaría de Cultura?

Juan Gerardo Sampedro. Desaparece por el proyecto del actual gobernador, se origina porque él se da cuenta de la ruina en la que está la Secretaría; es insalvable. Lo que se puede hacer es un Consejo para que todo vuelva a encausarse. Creo que con la llegada de Saúl Juárez y esto va a cambiar. Platiqué con él brevemente, hace un mes, y tiene ideas, está por presentar su proyecto de cultura, tiene experiencia que lo respalda, ha estado en CONACULTA, el INBA, su trayectoria como promotor de cultura es muy larga. Lo conocí en el ’81 y él ya estaba en los talleres de Monterroso y de Donoso.

Estamos confiando en que él va a hacer un buen papel en cuanto arranque el proyecto sexenal, que será anunciado después de que se cumplan los cien días de la administración.

 

GG. ¿Qué piensas de la literatura que se hace en Puebla? Tienes mucha experiencia después de dar clases en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica (COLLHI) de la BUAP, has visto pasar a muchas generaciones.

JGS. Estaría de acuerdo con Daniel Sada, al decir que las nuevas generaciones son las que vienen después de la de Pedro Ángel Palou, porque hay un parte aguas. El antes, sería hablar de Ángeles Mastretta, Juan Tovar, los de la Bohemia Poblana, el grupo de los Cronopios, los del taller de Miguel Donoso.

Hasta donde estoy enterado hay autores que han publicado en editoriales importantes, pero no han tenido el reconocimiento necesario, como para decir que la literatura en Puebla está presente a nivel nacional. Después de Pedro Ángel Palou, nadie lo ha logrado y antes de Palou hablamos de Pitol, o de Mastretta. A pesar de que Palou podría tener muchos detractores y envidiosos, también tiene un gran trabajo que lo respalda.

Y después vienen las generaciones de los jóvenes talleristas, que han publicado su trabajo a nivel nacional. Creo que son los que vienen con más fuerza, desgraciadamente, son los que fueron muy mal atendidos por la administración pasada.

Los que fueron publicados en editoriales grandes como Alfaguara, pensaron que eso los iba a meter en la carrera de la gran literatura mexicana y eso no es cierto. Una editorial tiene exhibidos tus libros seis meses y si no vendes, los recicla. Te puedo hablar de otro autor que tiene sus lectores, Fritz Glockner —con quien nunca me he enojado y le mando un saludo— que también ha tenido proyección a nivel nacional.

Hay que esperar lo que se está desarrollando ahora. Los jóvenes a los que les quitaron el taller eran los que estaban comenzando. Se fueron Guillermo Samperio, Daniel Sada, José Vicente Anaya, quienes fueron impulsores de otra generación, y se fue abajo todo. Los que venían ya no tuvieron opción de una guía.

La propuesta del Ayuntamiento anterior al actual, que fue regresar a la SOGEM a Puebla, lo hizo pensando en que iba a tener muchos alumnos, y en realidad no la tuvo, también tenemos que señalar que fracasó rotundamente. Que alguien me diga dos escritores que hayan salido de ahí y que tengan renombre, ya no a nivel nacional.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Ese es un problema a nivel nacional, las escuelas de escritores no producen escritores, ¿no te parece?

JGS. Son contados. Pero tampoco las escuelas de letras impulsan escritores. Acabo de leer una nota de un periodista de Milenio, que lleva por título “Lo que natura no da, el ipad no lo proporciona”, y eso es cierto: “Lo que natura no da, Salamanca no lo proporciona”. Creo que está bien que haya una escuela de Letras, porque los alumnos no sólo van a aprender a escribir, sino también aprenden la docencia, a ser correctores de estilo, periodistas, historia de la literatura, investigación.

Después da la UNAM, tenemos una de las mejores escuelas de letras, la de Universidad Autónoma de Puebla. Sus fundadores tenían una gran proyección y experiencia. Gente como el doctor Carlos Colchero, gran teórico de los clásicos —yo me metía de oyente a sus clases porque yo estudiaba psicología— y era un erudito; Óscar Walker, que enseñaba el arte de la corrección de estilo; el maestro Pantaleón Riveroll, con toda su rigidez del mundo. Esa escuela viene de una gran tradición, fue de las primeras que se fundaron en el país —en 1965— después de la UNAM.

 

 

Juan Gerardo Sampedro durante la entrevista, filmado por Rodrigo Durana, foto Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro durante la entrevista, filmado por Rodrigo Durana, foto Óscar Alarcón

 

GG. Platícanos sobre el Premio Latinoamericano para Libro de Cuentos que ganaste.

JGS. Yo estaba trabajando en el taller de Donoso, y había escrito un libro que se llama Lo Terrible ya Ha Pasado, en aquel tiempo no teníamos la oportunidad de corregir en computadora, escribíamos en máquina Olympia, llevábamos el texto al taller, lo tachaban y a pasarlo otra vez. Era mucho trabajo pero era la única forma y estábamos acostumbrados.

Yo me fui de vacaciones a Zacatecas, me llevé el libro con las correcciones del taller, lo pasé en una máquina eléctrica IBM, y se me ocurrió fotocopiarlo y mandarlo al concurso, obviamente no pensé que ganaría porque llegaban muchos trabajos —por eso les digo que en ese entonces las convocatorias sí se difundían en toda Latinoamérica—, no recuerdo cuántos participaron, pero me dieron la noticia de que yo lo había obtenido.

Me dio mucho gusto porque ese libro lo imprimió la editorial Premià, que era una editorial importante por su distribución; ese ha sido mi best seller, porque el tiro fue de dos mil ejemplares y está agotado, quien tenga uno, se lo compro.

Así sucede a veces con algunos libros, uno piensa que no se van a agotar y cuando lo buscas ya no está. Aquí pueden suceder dos cosas: se captura el libro y se busca un editor que lo quiera, o le pido a quien lo tenga que me regrese todos.

 

ÓA. ¿Y una reedición?

JGS. Nunca se hizo porque el propietario de Premià vendió la editorial con todos los derechos, se la vendió a Coyoacán, pero no creo que les interese reeditar algunas cosas. Les vendió todo, hasta las matrices, se quedaron con todo y él se fue a España.

Él vendió la biblioteca a Puebla, por eso se llama Tola de Habich. Cada libro tenía un ex libris, por eso insisto en saber qué fue lo que pasó con esa biblioteca. Tal vez sólo sacaron algunos libros de la biblioteca “Miguel de la Madrid” y los metieron ahí.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, escribió una crónica como nota previa a esta entrevista en: http://www.poblanerias.com/columnas/juan-g-sampedro/40005-los-utracostumbristas.html

Apuntes en estado de ocio, futbol, futbol…

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Chovinismo Poblano, manipulación digital Óscar Alarcón

Chovinismo Poblano, manipulación digital Óscar Alarcón

 

Por Gilberto González Morán

 

Después de un glorioso cinco de mayo y sobre todo, después de que el Barça pasó a la final de la Champions League, me parece necesario reflexionar acerca del nacionalismo esperpéntico de nuestras sociedades.

Entre las minifaldas —que  siempre son bienvenidas— y los tambores se entremezcló el discurso patriótico de los políticos y el de uno que otro despistado. Para la gran mayoría de los ciudadanos poblanos esta fecha representa algo sagrado: la victoria del ejército mexicano ayudado por varias comunidades indígenas en contra del poderosísimo ejército francés. La verdad es que un mes después, los franceses, tomaron la ciudad de México. Otro dato importante es que una buena parte de poblanos apoyaron la intervención francesa. Pero hoy se nos olvida eso, estamos, a un paso de exigir la beatificación del General Ignacio Zaragoza.

El fútbol tiene también sus artificios. Fueron cuatro partidos los disputados entre el Barça y el Real Madrid; dos empates y una victoria para cada equipo.

Desde que el Rey Alfonso XIII otorgó el título de Real al Madrid, la relación que ha tenido con el Estado ha sido importante para su estructura financiera, que en términos monetarios, es opulenta. La FIFA lo declaró el mejor equipo del siglo pasado y no podemos olvidar su relación con el generalísimo Francisco Franco. El Real Madrid es un equipo que refleja el poder del dinero en la compra de jugadores: todo aquel que no sólo sea bueno con la pelota, sino también que cumpla con los cánones estéticos de belleza y de mercado, debe ser fichado para el Real. Esto en términos deportivos no creo que sea algo malo, mucho menos dentro del artificio del espectáculo, en otras palabras esto no es ningún reclamo. Al contrario, sólo  trato de contextualizar.

Por su parte, el Barcelona es un equipo también con muchos recursos, ejemplo claro es el fichaje del mejor jugador del mundo: Lionel Messi, cuyo contrato vale  más o menos el valor comercial de todos los equipos de la liga mexicana. Sin embargo, mientras el rey Alfonso XIII otorgaba el título nobiliario al Madrid, en la región de Cataluña comenzaba a gestarse su nacionalismo, en otras palabras, los catalanes comienzan a defender sus usos y costumbres, lo mismo que su lengua. Este movimiento fue creciendo, y durante el franquismo fue censurado.

 

En ese contexto el equipo de fútbol Barcelona se convirtió en un símbolo de identidad por parte de los catalanes, aunque el propio Franco tenía el control del equipo.

 

Bajo este contexto, el equipo azulgrana se convirtió en una especie de equipo nacional de la región de Cataluña, y los merengues en la selección de los potentados. Se supone, entonces, que los juegos entre estos equipos representan algo más que fútbol, en donde se mezcla incluso lo político. Sin embargo esto ya no sucede. Si bien el equipo catalán representa una filosofía del fútbol total, como lo entendía Bilardo, y el Real representa el juego individual, el espectáculo; en el terreno social se han acortado las distancias pues ambos equipos son dos grandes emporios del espectáculo deportivo.

Por una parte, el chovinismo vestido de minifalda caminando por el boulevard “5 de Mayo”. Y por otro lado, el mismo chovinismo pero esta vez maquillado de hincha culé —en otro artículo hablaré sobre el nombre de los aficionados al  Barça— en donde el placer estético sólo se dio con aquel golazo de Messi, que nos hace recordar la grandeza del mejor jugador del mundo: Diego Armando Maradona.

Nuestra necesidad de pertenecer a un grupo nos traiciona, nos hace crear héroes.

 

“De Pumas Yo Soy,
Y Adonde Vaya, Siempre Voy
De Pumas Yo Soy.”

Arcades

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En estas vacaciones tuve la oportunidad de salir de viaje, pero esto no es sólo para presumir la oportunidad de salir, no, no; esto es para justificar mi visita a Cuetzalan, lugar catalogado como Pueblo Mágico; pero no, tampoco es para que te cultives en información de este tipo, no, no; es sólo para ubicar mi comentario. La cuestión es que en mi visita a dicho lugar tuve la experiencia de recordar las arcades o comúnmente conocidas como maquinitas (más en la región central de México).

Las arcades son el lugar, donde podría decir que cultivé un gusto por los videojuegos, ya que siendo el primer hijo en casa aún no tenía en mi sala una consola de videojuegos. Pero, ¿por qué en Cuetzalan? ¿Y por qué hablar de ello?

En Cuetzalan me llevé la sorpresa agridulce de encontrarme con que en cada esquina existía un lugar con arcades, a pesar de que el pueblo es un lugar pequeño la cantidad de sitios para jugar videojuegos me sorprendió. Era grato tener tan cerca un vicio; un vicio que tuve que controlar a razón de que tenía que estar con la familia durante el viaje. Pero eso no es lo agrio, sino qué clase de maquinitas eran:

 

 

Maquinita adaptada con Xbox

Maquinita adaptada con Xbox

 

Era una maquinita adaptada con un Xbox, todos los lugares para jugar estaban llenos con maquinas parecidas a estas. Y no lo veo mal, la cuestión es que me hace pensar en la competencia que significan las consolas caseras contra las ahora tan olvidadas arcades. Dicha competencia significa perder la atención en crear.

Bien recuerdo la zona de maquinitas que estaba en los arcos del zócalo de Puebla, y la cantidad de arcades que habían.

 

 

Maquinitas

Maquinitas

 

 

Era para entonces un consumo sano, del cual debo aceptar contribuía y también ayudé a destruir. Pero la cuestión no es la culpa, es la memoria de lo que antes eran. De lo que sí y lo que no, de lo que se perdió y de lo que ahora se busca solo vender. Ahora en Puebla, lugar del que hablo porque conozco, muy pocos sitios mantienen arcades, y de esos pocos sitios son más en los lugares de franquicia, que han sustituido las monedas por tarjetas (más práctico sin duda).

En una metáfora con la que cualquiera se podría identificar, es como si a tu caricatura favorita de la niñez decidieran poner a Bob Esponja como personaje principal, tal vez te dé gracia, cumpla con su cometido, pero te aseguro que no es lo mismo.

Entonces, si ves por ahí una arcade clásica, sin un control conectado deberías probarlo, porque dentro de poco quedarán extintas; no es la necesidad, pero sí la experiencia.

Otro detalle, decidí llamar a mi columna de este modo porque eso es lo que te pide una maquinita para poder jugar:

“Insert Coin”.

 

Rokubi habita en: http://rokubi-s-world.blogspot.com/

EPG Records

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EPG Records, imagen obtenida de http://epgrecords.blogspot.com/

EPG Records, imagen obtenida de http://epgrecords.blogspot.com/

 

Por El Pulpo Variete

 

Desde un principio la intención de este sello es editar en formato EP rarezas, lados B o temas descartados por las bandas que integran el sello, esta singular línea de trabajo manejando las producciones no convencionales de un artista es por demás un actitud fuera de lo común.

 

El arte de tapa de las ediciones son hechas por ellos mismos, con cierta semejanza entre unas y otras que le da al producto final un concepto de pertenencia al sello, también generan fechas para que se luzcan las bandas que editan y todo este en movimiento. Musicalmente varían entre la Psicodelia, el Noise, sonidos experimentales entre otras yerbas. Además de editar grupos de la escena local lo hacen también con interesantes propuestas de otros países.

Para escuchar las bandas de EPG Records:
El Pulpo Variete también habita en: http://pulpovariete.blogspot.com/

Entrevista a Rene Aviles Fabila, tercera parte

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René Avilés Fabila, foto de Óscar Alarcón

René Avilés Fabila, foto de Óscar Alarcón

 

Entrevista a René Avilés Fabila, tercera y última parte.

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En la última entrega de esta entrevista, René Avilés Fabila nos platica su relación “afecto-aversión” con Carlos Monsiváis; cómo espera la elección presidencial de 2012; y los planes inmediatos en su vida como escritor.



ÓA. Y de los personajes de ciudad de los que ahora estás comentando, ¿qué significó para ti Carlos Monsiváis?

RAF. Con Carlos tuve una especie de relación de afecto-aversión, nos conocimos por allí de 1960, no en la escuela —él era mayor que yo, no mucho, él era del ’38, yo soy de fines del ’40—, lo conocí y él vivía en Portales y yo en la colonia anterior. Alguna vez se acercó a preguntarme algo, y pensé que era una tomadura de pelo lo que me estaba preguntando, ya era famoso, supongo que nació famoso.

Nunca se entendió, no sé si decirte con mi generación, pero por lo menos con José Agustín y conmigo no se entendió. Y en esa época Agustín y yo éramos muy unidos, muy juntos. Yo fui testigo en su boda y él fue testigo en la mía, es una relación que viene de la secundaria, nos tenemos confianza. Supongo que esas mismas afinidades nos hicieron no simpatizar con Carlos.

Yo soy un poco más sociable, o por lo menos eso aparento, y tuvimos una relación en la que viajábamos mucho, estuvimos en Alemania, en Estados Unidos varias veces, y platicábamos bien, pero después algún sarcasmo suyo o mío nos volvía a la realidad. Entonces decidimos que no podíamos ser pareja.

Cuando yo escribí mi texto, que nunca se ha publicado y que está en internet, que se llama algo así como “Sueño de una tarde de verano” —lo escribí muchísimo antes de que remotamente se supiera que iba a morir o que estuviera enfermo, estaba muy bien— y lo publiqué. La reacción fue impresionante, nunca había tenido tantos correos electrónicos y llamadas como esa ocasión, todos felicitándome, elogiándome, todos estando de acuerdo. Y no sólo eso, sino que en ocho días se había traducido al inglés —son casi veinte páginas— y estaba circulando en blogs.

Entonces me dio la impresión de que más que afecto y admiración le tenían miedo, temor y se necesitaba que alguien diera ese primer paso. Tan es así que cuando muere, Excélsior —que es uno de los periódicos en donde yo habitualmente escribo— me llamó y me dijo que iba a morir Monsiváis. Les dije: “he oído eso desde hace muchos días, ¿es cierto?” respondieron que sí y me pidieron mi opinión. Yo contesté “no será la mejor y a mí no me gusta hablar de quien no se puede defender”. Entonces ellos me dijeron que les interesaba una opinión distinta, y volví a dar una opinión del Carlos Monsiváis que yo veía, y se me quedaron cosas en el tintero.

Aunque siempre afirmé que el deslumbramiento que los mexicanos sentían por él, se debía a que no lo entendían, y entonces no sabían si criticaba o elogiaba. Era confuso —como diría Hegel— por razones de claridad. Yo nunca lo entendí y me propuse leerlo con calma, pero no sabía exactamente qué era lo que estaba diciendo.

Esto lo comprobé una vez en la que fuimos a San Antonio Texas, a una mesa redonda sobre la presencia de la literatura norteamericana en la literatura mexicana; nos pidieron, con el rigor de la academia norteamericana, que enviáramos uno o dos meses antes los textos para que pudieran ser traducidos y publicar un libro, de tal suerte que cuando llegáramos a San Antonio ya estuviera. Y efectivamente, cuando llegamos ya estaba el libro.

Lo abrí y obviamente busqué primero “Avilés” y ahí estaba yo. Lo seguí ojeando y me llamó mucho la atención de que Monsiváis estuviera en español, pregunté y me dijeron: “es que nadie lo entendió y por eso no lo pudimos traducir”.

Puedo decir en su abono que inventó un nuevo lenguaje, que sólo entienden los elegidos o que realmente tienen la habilidad de comprenderlo, pero nunca pudimos ser buenos amigos.

Y esto se acentuó cuando él se convirtió en lopezobradorista; me pareció absurdo, ridículo, que un hombre inteligente y culto no viera la clase de charlatán que es López Obrador. Porque Carlos fue uno de los beneficiarios de todos los gobiernos: de los panistas, priistas, perredistas, como Elenita [Poniatowska], como la mayor parte de los intelectuales mexicanos. De los pocos que lanzarían la primera piedra sería yo, nunca me he visto beneficiado por ningún gobierno, y sí he sido crítico absoluta y abiertamente de todos; siempre he retado a quien me critica a que me encuentre un artículo elogiando a algún político. Ahí están las hemerotecas.

Esto nos puso distancia. Yo vi a Carlos siempre muy autoritario, muy prepotente y lo era en realidad. Tan es así, que una vez que estábamos José Agustín y yo en Nueva York, se nos pegó. Los tres íbamos a lo mismo, pero con las distancias del caso, José Agustín y yo teníamos de qué hablar, e incluso éramos bebedores —yo sigo siéndolo, no sé si él— y Carlos se nos pegó, pidió una cuba —que me pareció absurdo pedir una cuba en Nueva York, pero cada quien sus gustos y yo desde luego estaba tomando etiqueta negra— y le dijo a José Agustín: “oye, por favor, no andes diciendo que soy fascista”. Entonces José Agustín con una enorme naturalidad y rapidez le dijo: “pues hijo, deja de ser fascista”.

Eso me llamó mucho la atención porque me di cuenta de que era un hombre autoritario, que decidía quién iba a ser famoso y quién no. Y como nosotros no estábamos en la lista de elegidos, no hubo esa cercanía que él tuvo con muchos otros escritores. Sin embargo, he leído a otros críticos suyos que sí pasaron por una larga e intensa amistad, como es el caso de Luis González de Alba y ha sido demoledor. A grado tal que señala cosas que a mí me parecen tontas, como el hecho de que Carlos tenía todos sus libros forrados de plástico. Nunca entendí qué objeción tenía a que un imbécil forre sus libros de plástico ¿no?, yo lo hacía de niño.

 

Creo que la falta de crítica literaria real, seria, responsable, que sea eso solamente: crítica literaria, que no se esté convirtiendo en “un día soy escritor, otro día soy crítico”, esa crítica como en Estados Unidos o en Europa, egresada de las aulas, preparada para tal efecto, es lo que nos lleva a no saber quién es quién en México, de eso estoy totalmente convencido. No sabemos quién es quién y tampoco sabemos si dentro de veinte o cincuenta años, Poniatowska va a seguir siendo la Sor Juana Inés del siglo XX y XXI. Puede ser que las cosas se queden así, puede ser que no. Por ahora es muy difícil decir quiénes ya se quedaron.

 

Veo un desdén hacia los Estridentistas, y que curiosamente ustedes los jóvenes han tratado de recuperar: una postura que por lo menos fue inalterable toda la vida. Todos estos ruquitos —yo los conocí cuando no eran tan rucos y yo era excesivamente chico, eran amigos de mi padre— fueron anti-imperialistas todo el tiempo, críticos, vieron con simpatía el marxismo, fueron irreverentes, muchas de las cualidades que uno puede y debe admirar, las presencié en ellos.

O ahí está Revueltas, citado y citado pero no te das cuenta de que alguien lo haya leído realmente. Les conmovió su actitud política y ética, pero su literatura, no. La mejor prueba es que tardaron mucho en salir sus Obras Completas, y fueron promovidas más por el sentimentalismo que por una razón estética, por la presión de la familia, de los amigos que quisimos a Revueltas —ahí me confieso parte, fui de los que presionaron para la primera edición, que venían con epílogo de José Agustín—; porque veíamos con respeto a todos esos escritores, a los que veíamos realmente marginales, y que presentaban una actitud combativa constantemente. Eso es algo que hay que apreciar, y lo fundamental es la belleza de la obra.

 

 

RAF, foto por María José Morales Muñoz

RAF, foto por María José Morales Muñoz

 

ÓA. ¿Crees que la literatura —como la de la Posguerra, la del Boom, la de la Onda— pueda volver a mover y a generar un cambio para que las cosas mejoren, con todos los acontecimientos que han ocurrido últimamente en nuestro país?

RAF. En términos generales la cultura es una manera inteligente de combatir la inseguridad, la violencia, pero no por sí misma, no ella sola, tiene que ser un conjunto de acciones. Ahí está el resultado de un gobierno panista tan tonto como el de Felipe Calderón.

Yo estaba en Finlandia o Dinamarca, no lo recuerdo, cuando Felipe declaró formalmente la guerra al narcotráfico. Las noticias las estaban dando en francés y me llamó mucho la atención porque el periodista dijo —mala cosa—: “va a perder la guerra”. Solamente él cree que va ganando.

Por otro lado no tenemos a las autoridades necesarias, competentes, preparadas, capaces para manejar e impulsar la cultura. Lujambio puede ser un hombre inteligente, no lo dudo —ya me mandó sus libros para que no lo critique— pero no hay espíritu social en el gobierno mexicano. No lo hubo tampoco en el de Fox, y para ser honestos tampoco en el de Zedillo. En los estados las cosas están muy mal.

¿Cómo podemos esperar una mejoría si los secretarios de estado, antes de serlo, eran jefes de piso del Palacio de Hierro, o gerentes de sucursal bancaria en pueblo de tres mil habitantes? Son de una incapacidad total. Ya es monótono hablar con los altos funcionarios panistas —que como periodista tengo oportunidad de hacerlo— todos te cuentan lo mismo, lo primero que te dicen es: “yo no soy del PAN, yo vengo de la empresa privada”, ¿por qué no se quedaron ahí? Esta enorme carencia es algo que ha acelerado el deterioro. No tenemos la estructura cultural necesaria para echarla andar con todo su peso, a lo largo y ancho del país, para coadyuvar al esfuerzo que militar o policíacamente se lleve a cabo.

Sí se puede, pero no será en manos del PAN. Es muy curioso que un partido fundado por un intelectual como [Manuel] Gómez Morín —que justo perteneció a una generación brillante: la de los Siete Sabios, donde había figuras extraordinarias como Lombardo Toledano, con todo y lo que se le pueda criticar—, sea un partido totalmente negado para la acción cultural. No veo cómo se pueda hacer.

Al escenario que sigue —hasta este momento las encuestas indican que el PRI regresa—, en el que gana Peña Nieto, de manera abrumadora para los términos de hoy en día —o contundente para que se escuche menos dramático—, llega también un grupo o un PRI nuevo, que no tiene nada que ver con el fomento y el desarrollo cultural. El estado de México puede ser ese mismo laboratorio, ahí tienen un enorme laboratorio cultural que está en las peores manos, que no tienen idea hacia dónde va. Aunque saben que la cultura tiene un valor y repercute políticamente de manera positiva; siempre es encantador retratarte con Carlos Fuentes.

Fidel Herrera, por ejemplo, llevó a Veracruz a cuanto intelectual pudo, no porque los lea o le interese, le vale madre, el tipo es ignorante, pero sabe que tiene importancia, que te ven con Vargas Llosa y dices ¡wow! Eso es lo que el PAN no entiende.

Aunque estoy anticipándome demasiado. Veo una enorme inactividad de CONACULTA, que todo lo hacen de modo torpe, como lo que ocurrió con Bellas Artes, ¡pero es el país! Lo que se hizo con el monumento a la Revolución es un atentado, y lo que se ha hecho con infinidad de obras valiosas cuya intención era otra, menos la de divertir a una bola de piojosos que no les alcanzó para ir a la playa de Villa Olímpica, porque hasta allá no hay metro —te lo digo porque es a la que voy yo.

 

ÓA. Si pudieras recomendarle un libro a Lujambio, a López Obrador, a Peña Nieto y uno a Felipe Calderón, ¿cuáles serían?

RAF. A Felipe Calderón le recomendaría México Bárbaro; a Lujambio, los libros de Vasconcelos para que vea cómo surge esa intención de crear una Secretaría de Educación Pública de gran aliento; a López Obrador, creo que lo más adecuado sería regalarle un libro que se llama Dios mío, hazme viuda, de Josefina Vázquez Mota, ahora que está en cursos de autoestima porque dice que mientras más felices seamos, más prósperos llegaremos a ser los mexicanos. Pero eso también lo dice Og Mandino, si tú vendes durísimo eres feliz.

Creo que ese es el problema, están lejos de los libros, están lejos de la literatura adecuada. Casi a todos los conozco, me sorprende el caso de López Obrador, porque se ha hecho rodear por muy distinguidos intelectuales. Ahí está por ejemplo un hombre de gran formación marxista, Enrique González Pedrero, autor de extraordinarios ensayos y libros de historia sobre Santa Ana; igual que Víctor Flores Olea, que tuvieron un tránsito del marxismo al priismo, en donde ocuparon altos cargos y luego se fueron a la oposición perredista. En González Pedrero, probablemente tenga una explicación: fue maestro y tutor de López Obrador. Pero me refiero a que si está rodeado de personas inteligentes, de personas de cultura, de personas que políticamente tienen una gran experiencia, por qué no utilizarlas y crear un gran proyecto de gobierno, de país, distinto al que tenemos.

Lo que tiene López Obrador es un montón de parches para poner aquí y allá, y eslogans tediosos y aburridos como “primero los pobres”, que no conducen a ningún lado. Marx nunca imaginó a los pobres llenos de caridad, los imaginó con trabajo y en actitudes revolucionarias, buscando una nueva imagen. Y para que no fuera considerado un peligro para México —como decían los panistas— se convirtió en un autor de frases de autoestima y de superación personal, pero como es un político rudo, tosco, no encuentra la manera de decirlas inteligentemente, de manera que nos pueda convencer. Habría que regalarle un buen número de libros de autoestima para que siga por allí.

No va a ganar las elecciones, eso es seguro, aunque se enojen los perredistas. No es algo que yo lo diga, estoy viendo los escenarios y las encuestas. Podrá haber recorrido cuarenta veces el país, municipio por municipio, pero ya hay demasiados decepcionados de su actitud violenta, iracunda, de sus errores.

Los tiempos han cambiando aceleradamente, y cómo estaremos de perdidos que pensamos que el PRI llegará nuevo, distinto y que será otro. Para empezar, será una linda sorpresa cuando se vea que el gabinete de Peña Nieto está integrado por sus primos, tíos, cuñados, abuelitos, toda la familia y por el grupo de Atlacomulco, que para el caso es el mismo. Ya que en ese momento a Eruviel Ávila, al que no habían dejado entrar, le darán su credencial.

 

Estoy más esperanzado en la sociedad, en el lento aprendizaje que tiene la sociedad mexicana, primero en romper con el paternalismo estatal, luego dejar de creer en caudillos, pensar en ideas, buscarlas, saber cuáles son las más adecuadas para un país como el nuestro, no tenemos ejemplos internacionales sobre cuales basarnos.

 

A no ser por estas mezclas extrañas que hay ahora en Cuba, Vietnam, China y que pronto se empezaran a ver en Corea del Norte, posiblemente, y que López Mateos llamaba economía mixta. No es ninguna novedad, es un estado fuerte con presencia de una iniciativa privada vigorosa pero controlada por el mismo estado. Eso es a lo más que se puede llegar.

Lula venía del partido comunista, era un obrero, y no vi que hiciera cambios radicales; tienes que acostumbrarte a saber que debes tratar con Estados Unidos, con las potencias europeas, con el capitalismo asiático. Lo más inteligente es ir trabajando, poniéndose al servicio de la sociedad mexicana para que ella pueda decidir su propio camino sin necesidad de personajes iluminados, sea porque resultan muy osados o porque se casan con una actriz muy guapa; pero tienen que aprender que no son los partidos políticos una solución por ahora.

Habrá que obligar a esos partidos políticos a asumir responsabilidades mayores. Y buscar en los intelectuales el apoyo necesario, siempre y cuando no sean intelectuales orgánicos de nuevo cuño, que se ponen al servicio del mejor postor.

 

 

RAF, foto por Óscar Alarcón

RAF, foto por Óscar Alarcón

 

ÓA. ¿Qué sigue para René Avilés Fabila?

RAF. Lo de siempre: seguir escribiendo literatura. La escribo con mucho entusiasmo como siempre y quizá con más rigor que antes, porque siento que ya estoy en fila para morir.

Trabajo con más cuidado mis materiales, pero no puedo dejar el periodismo por las dos razones que me inicié: porque me pagan bien y porque necesito decir cosas, dar mis opiniones.

Hay un René Avilés Fabila político, que militó muchos años en el partido comunista y que sigue viendo en las ideas marxistas un asidero como para de pronto abandonarlo. Y ese René sólo se puede ver en el periodismo.

Mis novelas son de amor, mis cuentos son fantásticos. No le veo mucho sentido a entrometer a la política, sólo de modo ocasional. Ya no es hora de escribir El Gran Solitario de Palacio.

Escribo gradualmente y te va a parecer absurdo, porque ahora soy un escritor muy reconocido, premiado, me han hecho homenajes en Bellas Artes, en la Ciudad de México, en Puebla, Veracruz, Querétaro, Morelos, en la UNAM, en la UAM, el Politécnico, todos me han hecho fiestas tumultuosas, llenas de personas que aplauden, que me quieren; todo esto es perfecto, pero no tengo en dónde editar mis libros.

En este momento no tengo editorial. Nueva Imagen finiquitó el convenio que tenía a contrato y coincide con que Larousse compró todo el consorcio, y ya no quiere autores, quieren diccionarios, enciclopedias.

Llegó a su fin el contrato de Obras Completas, nos quedamos en quince volúmenes, todos agotados desgraciadamente. Y estoy exactamente igual o peor que cuando empecé, porque ahora, a la edad que tengo ya no puedo esperar a que surja una editorial salvadora.

Tampoco creas que estoy muy preocupado, me vale madres, te lo digo con toda sinceridad; debería decírtelo con odio y con mucho resentimiento. Si aparece una editorial que se interese por un libro mío, perfecto y si no, no.

Nunca en mi vida he tenido la necesidad de tocar puertas para dos cosas: para pedir empleo, y para buscar editor. Siempre han llegado, siempre me han ofrecido.

Ahorita estoy muy contento porque van a traducir al árabe dos novelas mías: Tantadel y El Amor Intangible, me gustará ver cómo salen las mujeres desnudas con burka para que no se escandalicen los que siguen el Corán. En eso estoy, esperando ver pronto estas dos traducciones.

Disfrute mucho el año pasado cuando cumplí cincuenta años como escritor con tanta fiesta, mucho alcohol, tantos viajes, medallas, diplomas, pero no estoy preocupado. No sé si la vejez te tranquiliza o te haces creyente y esperas un milagro: que de pronto el Fondo de Cultura Económica sea puesto en tus manos, y como primer paso me mande a hacer mis obras completas en edición de lujo, en piel —humana, desde luego—, con hilos de oro.

Entrevista a Rene Aviles Fabila, segunda parte

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René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

 

Entrevista a René Avilés Fabila, segunda parte.

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En la segunda parte de la entrevista les presentamos la opinión de René Avilés Fabila sobre la literatura mexicana. Nos habla de las mafias y los grupos literarios en México.

Y nos confiesa su amor por la ciuda de México, el cual se ve reflejado en uno de sus últimos libros Antigua Grandeza Mexicana, publicado por la editorial Porrúa en 2010.

 

ÓA. Si tuvieras que escoger entre la literatura y el periodismo, ¿con cuál te quedarías?

RAF. Con la literatura, sin pensarlo. Yo soy literato de vocación, yo empecé muy chico escribiendo literatura; mi padre era escritor. Cuando yo tenía siete u ocho años, leí una novela de mi padre que se llama Leonora —que es la vida de mi hermana mayor que murió a los doce años—, y aparezco como personaje de cinco o seis años, es mi niñez. No me he visto de otra manera más que como escritor.

Al periodismo llegué por necesidad, por una necesidad doble: de dinero, y otra por la vanidad de ver mi nombre impreso y ver las reacciones que producían mis artículos.

 

ÓA. ¿Qué tanto ha cambiado el panorama literario en México, de cuando escribiste Los Juegos, a este momento? ¿Siguen las mismas mafias, con otros nombres?

RAF. En primer lugar, la mafia principal sigue ahí. Ya todos son viejitos decrépitos, no pueden bailar, ni chupar, ni hacer el amor, pero ahí están. Las bajas han sido recientes: Monsiváis, Piazza, Benítez, pero todos los demás están allí.

Hay nueva mafias, lo único que tienen es que son faltas de sentido del humor: no hay mafia más aburrida que la del Crack, son aburridos porque en el fondo tienen una conducta burocrática.

 

No estoy juzgándolos literariamente sino esa búsqueda incesante de empleos. O de declaraciones como las que hace Volpi: “ahora voy la embajada tal, para poder escribir”, eso en un país decente nadie te lo tolera. Vas a trabajar para México, a representarlo, a difundir su cultura. Me parece un cinismo que alguien diga: “voy a escribir a todo dar”. Es una beca.

Esas mafias siguen estando, se ayudan. Pero es normal, la gente se agrupa por simpatía, por afinidades, por generaciones, edades. No fue mi caso nunca, porque nosotros fuimos un grupo que equivocadamente o perversamente, se le llamó como de la Onda, pero yo no le hablo a ninguno de ellos.

A José Agustín lo he visto porque él sí era amigo mío desde la secundaria —luego ustedes [los poblanos] lo quisieron asesinar— y partir de eso nos vemos, me invita a su casa y —yo pensando en que quizá sea la última vez que lo voy a ver— acepto. Bebemos y recordamos cómo fue nuestra niñez, porque ya nuestros recuerdos recientes se nos han perdido. Pero nunca hicimos una mafia, nunca hicimos un grupo.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

ÓA. Precisamente hablando del tema de las generaciones, hay una generación de escritores nacidos en los 70’s, que se ha autonombrado como la generación sin generación, y dicen que no le reconocen nada a la generación que les antecede, y mucho menos a la generación de la Onda, ¿qué opinas de ellos?

RAF. Creo que uno debe mencionar a los escritores de alguna manera que te sea cómoda. Agruparlos por generaciones es francamente tonto pero cómodo: “vamos a ver a la generación del 27” y tú ya sabes quiénes están allí; “vamos a ver los Contemporáneos; a la Generación Taller”.

En ésta eran un montón y se reconoce sólo a unos cuantos: Paz, Huerta, Solana y probablemente a Revueltas. Fue una generación que se agrupó quince horas, hicieron una revista afamada que tuvo dos o tres números: Taller, y luego se fueron por su lado.

Unos se volvieron comunistas como Revueltas y Huerta, y otros anticomunistas como Solana y Paz; y finalmente dejaron de frecuentarse por completo.

Eso de las generaciones es algo muy efímero, quizá sólo Contemporáneos y los Estridentistas hayan tenido mayor perdurabilidad en ciertos propósitos, que también van cambiando con la edad.

De la generación del 27, personalmente sólo conocí a Alberti, platiqué con él y ni siquiera se acordaba de los que habían sido sus compañeros de generación: “¿qué piensa usted de Lorca?” “¿De quién?”

Puede ser que sea algo serio y que sí se acuerden de sus compañeros pero es un rato el que están juntos, no es mucho tiempo, eso es una invención de los críticos.

Actualmente veo escritores y escritores, uno, porque soy maestro; dos, porque ya tengo edad suficiente como para que los escritores se me acerquen a pedir un consejo, un apoyo, hasta una caridad: “una limosnita para este pobre escritor que se muere de hambre”. Constantemente soy jurado de concursos de cuento y de novela. Y no los veo ya con esa intención de agruparse, aglutinarse, identificarse a través de algo, porque el país ha perdido su personalidad en esta globalización, incluso el mundo la ha perdido.

Por ejemplo a nosotros, en ’59, ’60, políticamente nos aglutinaba la revolución cubana, era un punto importante, y después la guerra de Vietnam, la presencia del “Che” Guevara en América Latina, en África desde luego. ¿Pero hoy qué le ofreces a la juventud? A Benicio del Toro interpretando al “Che” Guevara, es lo más que puedes hacer. Si tienes una cultura clásica, te acuerdas de Homero pero el griego, no Simpson ni Adams. O algunos creen en Brad Pitt como si fuera Aquiles.

 

Creo que los países han ido perdiendo su personalidad. El capitalismo, o la globalización, nos ha quitado muchísimo la identidad. Hoy en día, vas a Francia, y no es más la que yo conocí cuando llegué en 1969 a estudiar, es un país que ha ido perdiendo personalidad y conste que la suya era enorme. Ya no encuentras el restaurante bistró en donde te atendía la familia, que comías muy rico porque guisaba el marido y la señora te servía vino de buen precio. Ahora lo que hay son Kentucky’s, MacDonald’s, pero a cada paso.

Y también hace falta una bipolaridad: lo que fue el mundo de la guerra fría. Tenía su lado negativo pero existía la esperanza de que el socialismo pudiera ser más justo y equilibrado que el capitalismo, que es por esencia desnaturalizado.

 

RAF, foto de Óscar Alarcón

RAF, foto de Óscar Alarcón

ÓA. Ahora que estamos hablando de los lugares de identificación, ¿qué es para ti la ciudad de México en tu libro más reciente Antigua Grandeza Mexicana?

RAF. Un recuerdo, un conjunto de nostalgias. Voy a caminarla a veces, por ejemplo este viernes [santo] estuve allí, pensando en que estoy en un país de católicos y entonces los cabrones van a las iglesias a llorar ¡y no!: se empedan como locos, el día que está muriendo Jesús, están todos pedísimos en las playas —y los pobres que se quedan en las pinches playas mugrosas del PRD, nadie se acuerda de que existe el Señor—, y entonces están las todas las calles llenas.

Para ver la ciudad y medio saber cómo fue la ciudad que yo vi de niño, necesitas irte cualquier día a las cuatro y media de la mañana. Está oscuro, hay muchas ratas, muchas cucarachas, muchos hambreados, gente hurgando en la basura pero ya no te encuentras, como yo, a Torres Bodet, Octavio Paz, Renato Leduc, o a Carlos Pellicer; las cantinas de hoy son lugares siniestros en donde no hay intelectuales, no hay periodistas, no hay artistas, cuando eran puntos de reunión para hacer bohemia. Había respeto por la belleza del pasado, pero de pronto la modernización, la demagogia, el populismo arruinaron por completo el centro histórico.

Hoy en día quedan restos de lo que fue esa grandeza. Pero para mí —por eso se llama Antigua Grandeza— es la nostalgia. Ahora para entrar a la Secretaría de Educación Pública a ver los murales tienes que pedir permiso, sacar una charola, identificarte, te pasan por un aparato como los que están en el aeropuerto, te quitan la ropa ¡pues no vas! Recuerdo haber visto a Siqueiros, retocando —después de salir de la cárcel— el mural que están en la parte de atrás de la Secretaría, que es la ex aduana. Un mural grande y muy bien cuidado porque está retocado recientemente, de manera relativa.

Y otros recuerdos son los edificios donde estudié la secundaria en Regina, la preparatoria en pleno centro, todos los días caminaba por los restos del templo mayor.

No soy creyente y creo que nunca lo fui, de tal manera que siempre entré a las iglesias a verlas como museos o como lugares de espiritualidad.

Piden a autor desalojar auditorio en Tlaxcala

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Boletín que está haciendo circular la editorial Tusquets

México, D.F. a 2 de mayo de 2011

Piden a autor desalojar auditorio en Tlaxcala

México, D.F. a 2 de mayo de 2011

En medio de la presentación de la novela Tijuana: crimen y olvido, en la Casa del Artista de Tlaxcala, le piden al autor que desaloje el auditorio

 

Hace unas semanas recibimos una invitación del Instituto Tlaxcalteca de Cultura para que nuestro autor, Luis Humberto Crosthwaite, presentara su novela más reciente, Tijuana: crimen y olvido (Andanzas, noviembre 2010), en la Casa del Artista de Tlaxcala el viernes 29 de abril, a las 18 horas.

 

El pasado viernes, el autor acudió al auditorio, que alojaba a unas cincuenta personas, en su mayoría estudiantes. Con los comentarios de la escritora Gabriela Conde se inició la presentación de la novela, que transcurría de manera habitual hasta que llegó el momento en que el autor hizo algunos comentarios que al parecer incomodaron al recién nombrado director del Instituto Tlaxcalteca de Cultura, Carlos Gerson Orozco García. De inmediato el autor recibió un mensaje escrito en el que se le notificaba que “por órdenes del Director debe suspender la presentación y desalojar la sala de inmediato”. Además se le informó que había patrullas afuera del lugar.

 

El autor terminó de responder la pregunta que le había hecho una persona del público y dio por concluida la presentación, a continuación se acercaron unas personas a pedirle que dedicara sus libros, pero sólo alcanzó a firmar unos cuantos ya que empleados de la institución comenzaron a apagar las luces del auditorio. Crosthwaite fue escoltado hacia la salida por empleados del instituto.

 

Ya en la calle, algunas otras personas le solicitaron firmar sus libros, pero fue instado nuevamente a desalojar la zona. Poco después llegó la versión oficial de que se trataba de un desalojo judicial, debido a problemas que la institución tenía con unos locatarios, razón por la que había llegado la policía. En realidad, ni el autor ni su público vieron nunca una patrulla en el lugar. Posteriormente, por medio de diversas fuentes se supo que la Casa del Artista siguió funcionando y no había sido desalojada en su totalidad, como le habían informado al escritor, seguían laborando los empleados y un taller de grabado continuó su labor sin interrupción alguna. Una hora después del incidente la casa aún mantenía sus puertas abiertas.

 

En el largo historial de Tusquets Editores, ésta es la primera vez que un autor nuestro sufre de este trato por parte de una institución pública. Nos indigna la intolerancia  y condenamos cualquier muestra de censura.

 

La novela que publicamos, Tijuana: crimen y olvido, de Luis Humberto Crosthwaite, versa sobre el peligro que corren los periodistas en el ejercicio de su profesión, lo cual convierte en algo mucho más sintomático este acontecimiento.

Les agradecemos de antemano la difusión a este hecho para evitar que se repita.

Rene Aviles Fabila

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René Avilés Fabila, foto por Óscar Alarcón García para Neotraba

René Avilés Fabila, foto por Óscar Alarcón García para Neotraba

Entrevista por Óscar Alarcón para Neotraba