El guardián entre la azúcar.

El guardián entre el centeno, imagen tomada de https://www.blendspace.com/lessons/ZOP_c3Wh3i2mnA/catcher-in-the-rye

El guardián entre el centeno, imagen tomada de https://www.blendspace.com/lessons/ZOP_c3Wh3i2mnA/catcher-in-the-rye

 

Por Brandon Vázquez

Gin a body meet a body
Comin’ thro’ the rye
Gin a body kiss a body
¿Need a body cry?
Robert Burns

 

Recuerdo que al principio Holden Caulfield me pareció un niñato malcriado al que le partiría la cara si conociera en persona. La verdad es que la mayor parte de la novela me sentí así: de cierta manera, incómodo por su manera de actuar, sus pensamientos, su actitud. No obstante, al pasar el tiempo y con una lectura más minuciosa, tuve una revelación: estaba en lo correcto, el tipo es un imbécil.

 

“El problema con las chicas es que, si les gusta un chico, no importa que tan patán sea, ellas dirán que solo tiene complejo de inferioridad, pero si no les gusta, no importa que tan buen tipo sea o que tan grande sea su complejo de inferioridad, ellas dirán que es un engreído. Incluso las chicas inteligentes lo hacen”.

 

Recuerdo también que a pesar de mis diferencias con el personaje, de alguna manera, hacía que estuviera de acuerdo con él. Aún me causan mucha risa sus pequeñas desventuras. Por ejemplo, el lío que tiene con una prostituta y su padrote, todo por unos puñeteros (una palabra que usa mucho y que me encanta) cinco dólares. Jaja, incluso cuando le dice a esa chica que le cae peor que una patada en el culo, no sé, en ciertas ocasiones, las respuestas que tiene para las situaciones que experimenta, además de ser cómicas, se adhieren a nosotros: uno nunca vuelve a ser el mismo después de leer El guardián entre el centeno.

El alma de Caulfield se impregna en ti, su arrogancia, su estilo lúdico, y si mal te va, su desprecio por el mundo. No me sorprende que Chapman asesinara a Lennon después de leer el libro (o al menos eso dicen).

 

“Ella era increíble para tomarse de la mano. Cuando tomas de la mano a la mayoría de las chicas, su maldita mano se muere en la tuya, o peor, piensan que tienen que mantenerlas en movimiento todo el tiempo, como si tuvieran miedo de aburrirte o algo. Jane era diferente. Entrábamos a una película o algo y de inmediato nos agarrábamos de la mano y no nos soltábamos hasta que terminaba la película. Y sin cambiar de posición o hacer un escándalo sobre el asunto. Con Jane ni siquiera tenías que preocuparte sobre si tu mano estaba sudada o no. Todo lo que sabías es que estabas feliz. De verdad lo estabas”.

 

 

Algo que también llamó bastante mi atención fue que —no bien Holden es un bruto— tenía muy buen gusto musical. La novela está repleta de las referencias que Salinger consideró como las más apropiadas —y vaya que lo fueron—. Se está en lo inmensamente incorrecto si se pretende leer el libro sin escuchar las piezas que nos van mencionando: los discos de Jazz, las baladas. Y son necesarias porque, aunque usted no lo crea, recrean los escenarios. Te hacen sentir en ese cabaret, bailando con aquella gorda ebria que después se reirá de ti, junto con sus amigas, por ser un menor que pareciera no importarle a nadie.

Vean, hasta ya se puso sombría la reseña, mejor ahí muere. Lean el libro, Azúcar sabe que les va a encantar: El guardián entre el centeno, J.D Salinger.

Posted on by Oscar Alarcon Posted in El Club del Azúcar

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