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Eduardo Montagner. Foto tomada de su Facebook (sin su permiso)
Eduardo Montagner. Foto tomada de su Facebook (sin su permiso)

Por Óscar Alarcón Travolta

 

Con motivo de su inclusión en la lista de la iniciativa “México 20” para la celebración del Año de México en Reino Unido y Reino Unido en México, que se llevará a cabo en 2015 fue que le pedí a Eduardo Montagner contestara esta entrevista.

He seguido su carrera porque me parece que es un escritor de cepa, lo que lo convierte en un escritor atípico y raro para estas fechas, pues no gusta de los destellos de las cámaras ni se pasea por la Condesa ni presume su vida en las redes sociales. Alumno de Daniel Sada y Alejandro Ferrero, el año que viene escribirá desde Inglaterra y pondrá al véneto, lengua originaria de Chipilo, Puebla, en los primeros planos de la literatura mundial:

Óscar Alarcón. ¿Ya tienes pensado el proyecto que trabajarás en Inglaterra? Cuéntanos de qué trata.

Eduardo Montagner. Tengo que ponerme en contacto bien con los organizadores. Apenas se dio a conocer esto el viernes y todavía ni lo asimilo por completo. Regresaba por la noche de un establo donde fui a sacar audios, paisajes sonoros como dicen los de la ecología acústica, que es algo muy interesante para mí. Estaba casi con salpicaduras de caca de vaca en la punta de la nariz cuando me enteré de la publicación de la lista por los inbox que me mandaron Isaí Moreno y Mario Bellatin en facebook. Luego me puse a leer las notas.

 

ÓA. Se acaba de cumplir el tercer aniversario luctuoso de Daniel Sada, ¿cómo fue tu relación literaria con él?

EM. Fue mi padre literario y me hará falta toda la vida. El mundo cambió para mí cuando lo conocí y su muerte me devastó, peor porque me tomó de sorpresa: yo estaba traduciendo la prosa del poeta Andrea Zanzotto y padecía acúfenos por culpa de un medicamento: quise incluso renunciar a esa traducción ya casi terminada, pero la directora de la editorial Vaso Roto me convenció de seguir.

Me levantaba y oía esos dolorosos grillos en la nuca, quería estar acostado solamente, no pensar ni mucho menos leer o escribir, y en cambio me encontraba frente al reto de presentar con la mayor fidelidad posible a Zanzotto en castellano. Pensaba mucho en Daniel mientras hacía esa traducción porque él también fue poeta y le interesaban los poetas difíciles. Al final Zanzotto se me murió antes de acabar de traducirlo y, justo al mes siguiente, pasó lo de Daniel. Quedé lleno de rabia y culpas por no haberme dado cuenta de su gravedad. De por sí he sido siempre muy tonto para moverme en el mundo literario, y con la muerte de Daniel me alejé casi del todo de ese ámbito. Prácticamente lo que me sostuvo fue la amistad con Mario Bellatin.

Daniel fue un escritor enorme y un ser humano de sensibilidad que sólo quienes lo trataron bien pueden entender. He ido asimilando muy poco a poco su muerte, pero sigo imaginándome sus nuevos libros, la obra total que tenía pensada y que nos contaba. Él me intuía muy bien como persona y escritor. Las dos cosas más importantes que llegó a expresar sobre mí fue que encontraba misterio en mi escritura y que tengo oído, que mi prosa no es sorda.

 

ÓA. Haciendo un ejercicio de ficción, ¿qué crees que te diría Daniel sobre la inclusión en esta lista?

EM. ¡Uh! Andaría feliz. Les estaría contando a sus alumnos de talleres el asunto. Siempre que algunos de sus alumnos lograba algo llegaba y nos lo anunciaba con bombo y platillo, ante lo cual reaccionábamos atónitos y entusiastas: con él la cosa iba en serio. Adriana Jiménez, su viuda, me dijo una vez que para Daniel nosotros, sus alumnos, éramos su verdadera familia.

Una vez soñé que Daniel estaba carcajeándose mientras jugaba ajedrez con no sé quiénes, me veía y me decía: “¡ya vente para acá, güero, no seas pendejo!”. Me gusta mucho esa imagen onírica de él.

 

ÓA. Siguiendo con este ejercicio literario ¿qué crees que te diría Alejandro Ferrero? De quien se cumplió su primer aniversario luctuoso hace unos días.

EM. Mi gran Alejandro era muy distinto en carácter. Me habría dicho sinceramente que le daba gusto por mí y nos habríamos ido a tomar un café. A lo mejor me habría aconsejado algo, pero sólo si yo se lo hubiera pedido. La muerte de Alejandro también fue terrible para mí. No he pisado el centro de Puebla desde entonces, a excepción de cuando vino mi amigo Toshinori Sat? desde Japón en una visita relámpago. No he pasado por la experiencia de caminar por los dominios de Alejandro sin Alejandro.

El Centro Histórico era su teatro personal también. Lo convertía en un escenario muy a su manera, donde todos éramos personajes, y eso me encantaba. Por cierto, no estoy al tanto de lo que se esté haciendo con su obra, pero me temo que sigue pendiente la difusión que se merece. Si es así, los que lo conocimos debemos hacer algo al respecto. Es un pilar indiscutible de la dramaturgia mexicana.

Toda esa gran verdad de Eduardo Montagner, publicado por Alfaguara
Toda esa gran verdad de Eduardo Montagner, publicado por Alfaguara

 

ÓA. Después de publicar Toda esa gran verdad tuviste un largo rato de silencio en el que no publicaste, ¿qué significa el silencio para ti?

EM. Creo que tiene que ver más con una especie de autismo literario que con el silencio en sí ¡ja! Lo que pasa es que escribo por obsesiones y sólo tras largas crisis creativas. Y no me gusta publicar por publicar. No escribiría algo con un tema calculado sólo para estar en el mercado y dar entrevistas donde el libro escrito el año anterior ni se menciona. En esencia, y para mi fortuna, porque así son mis escritores favoritos, soy escritor de un solo libro, y tampoco se trata de hacer veinte, sino el que esperé desde mi prenatalidad, como suelo decir, aunque al final corra el riesgo de resultar fallido.

Tengo varias cosas inéditas, incluso la novela que acabé durante la beca nacional del FONCA bajo la tutoría de Juan José Rodríguez. No me convenció esa novela al final y no se ha publicado. Además, está mi otra parte como escritor: la literatura en véneto. Un libro que se llama Ancora fon ora es en realidad como cinco libros si los pensamos en castellano, según el criterio de las editoriales, porque Ancora fon ora es una novela, unos cuentos y relatos que bien podrían haber sido publicados en dos ejemplares y poemas que también podrían haber sido dos poemarios. Lo que pasa es que cuando tuve la oportunidad de publicar ese libro con una beca de la Unidad de Culturas Populares me volví como loco: les pedí a Víctor Rojas y a Miraceti Jiménez tipografía de biblia para que cupiera todo, porque nunca sabes si volverás a publicar en una lengua minoritaria que ni siquiera es originaria de México. Ese libro me llevó ocho años de escritura. No sé si esa obra tenga un valor más allá de lo meramente etnolingüístico, pero yo me la tomo muy en serio, como si estuviera escribiendo para la editorial más importante del planeta.

Vi los perfiles de los escritores seleccionados en el artículo publicado en El País y me di cuenta de que no desglosaron mi obra en castellano de la escrita en véneto, como sí hicieron con el autor que escribe en zapoteco. Que, por cierto, fue un enorme gusto para mí ver a un escritor de los llamados en lenguas indígenas ahí, uno que, como yo, tiene un pie en su cultura étnica y el otro en lo nacional. Habría sido espantoso si yo hubiera sido el único “escritor indígena” de la lista.

 

ÓA. Aunque las publicaciones no hacen a los escritores, ¿por qué no has publicado recientemente? ¿En qué estás trabajando?

EM. Desde 2010 ó a lo mejor antes estoy haciendo una novela sobre mi obsesión fatal: Chipilo y su lengua, visto todo con un enfoque medio místico. Escribí dos novelas cortas en castellano y una en véneto, las tres inéditas, que ahora son sólo gérmenes de la que por fin trabajo y que está pronta a ser publicada.

Sé por dónde viene tu pregunta porque fue casi lo primero que pensé de mí mismo cuando vi esa lista. ¿Y éste qué, verdad? Vi los perfiles de los otros seleccionados y casi todos tienen estudios en el extranjero, por ejemplo. Yo he ido a presentar mis cosas a Italia pero siempre queda la cosa a nivel local incluso allá. Para los mexicanos está en chino entender lo que hago en véneto, y para los vénetos en chino entender que además escribo en español en México.

Para mí escribir es muy difícil y no estoy viendo lo que hace el vecino. Muchos se lo toman como competencia: descubrí que eso me daña. Yo concibo la escritura desde un enfoque más antropológico tal vez (el acto de escribir), pero la única manera que encontré de hacer lo que necesitaba fue uniendo mi sensibilidad, a través de la literatura, con esa visión no literaria de lo escrito.

 

ÓA. ¿De qué te gustan los tacos?

EM. ¡Ja! Soy muy poco taquero, aunque a todo le entro cuando hay hambre. Mis preferidos son los tacos dorados de pollo. Sin crema porque ya no crujen.

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