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Ansel Adams. Imagen cortesía de Andrea González.
Ansel Adams. Imagen cortesía de Andrea González.

Por Andrea González.

Un niño con imaginación se convertirá en un hombre o mujer creativos,

más aptos para crear, para inventar, y por lo tanto fomentar la civilización.

Lyman Frank Baum

Desde pequeños se nos inculca que existe una diferencia entre descubrimiento e invento. Feguson afirmaba que el primer instrumento de socialización es el lenguaje, y es a partir de éste como nos apropiamos de la realidad. En este sentido, y a partir de la institucionalización del mismo, la RAE define como descubrimiento, “hallazgo de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido”, mientras que invento lo define como “hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”. Así, en el imaginario colectivo, no existe una definición clara que nos permita enmarcar la diferencia que existe entre ambos conceptos.  Sin embargo, estamos consientes de que éstos son aprehendidos  como conceptos completamente excluyentes.

Se sostiene que la realidad se encuentra compuesta de descubrimientos e inventos que permiten el desarrollo de la sociedad, su “civilización”. Pero, ¿cuál es la verdadera diferencia entre ambos conceptos?, ¿cuál es el punto de ruptura que existe? Esto resulta fundamentalmente relativo y dependiente desde el campo de estudio donde se apliquen estos conceptos. Entonces en un sentido más formal, desde la perspectiva de las ciencias duras “el “descubrimiento” se refiere a algo abstracto o material, preexistente de manera “explícita o implícita”, mientras que el invento se refiere “a la obtención de algo abstracto o material, que no existía anteriormente de forma explícita o implícita, mediante alguna idea precursora”. Sin embargo, esta exclusión resulta totalmente subjetiva, ya que como afirmaba Lorenzen, es “mediante el lenguaje natural como las ciencias crean su propio lenguaje científico”. Entonces el descubrimiento y el invento dejan de ser categorías científicas, para convertirse en categorías emergidas de lo social-cultural.

Podría afirmarse, que desde la perspectiva científica el punto de ruptura entre ambos conceptos consiste en que la noción de descubrimiento reside en algo existente, pero desconocido, mientras que un invento, es algo que no existe y que se materializa a partir del conocimiento.  Y tal vez se tenga un poco de razón en el sentido de que descubrimos el universo, los planetas, las galaxias, el tiempo, etcétera, sin embargo, todo esto lo estamos explicando a partir de categorías, la cuales resultan irónicamente un invento para explicar la realidad, y que además se encuentran en constante cambio.  En consecuencia, es importante mencionar el problema fundamental de las categorías. Cuando estas ya no son suficientes para explicar el presente, entonces se crean otras, pero ¿qué son estas categorías? Son abstracciones mentales, ideas que nos forjamos de las cosas, pero, ¿cómo sabemos si son objetivas? El problema es mayor de lo que parece, ya que la subjetividad nos domina a tal grado que en la actualidad la misma objetividad consiste en el consenso de intersubjetividades. Entonces las categorías que explican la realidad son inventos dependientes del contexto histórico.

Para esto es necesario citar un ejemplo como el tiempo. El tiempo puede medirse en años, meses, días, minutos, segundos, calendarios. Sin embargo, su medición ha ido modificándose con el paso de los años, pero ¿han cambiado porque se han descubierto nuevas pautas “científicas” que permitan modificar su medida o cambian a partir de los rasgos culturales? En ambos sentidos nos estamos enfrentando al problema de la cultura y de la diversidad. La realidad no es estática, siempre está en constante cambio, afectando todos los elementos que la componen.  Así, cuando se da la transición de la monarquía a la república en Francia se crea un nuevo calendario, el cual estaba formado por estaba formado por 12 meses de 30 días cada uno, con 5 días extra (o 6 en un año bisiesto) añadidos al final para mantener la correspondencia con el año solar. Por tanto, es notable que éste cambio no relacionaba precisamente con un descubrimiento científico que permitiera esta transición, más bien respondía al conflicto entre la iglesia y el estado. Entonces, el calendario quedó reducido a un invento.

Por otra parte, un ejemplo que podría demostrarnos la complementariedad de ambas categorías es el cambio de la perspectiva geocéntrica a la heliocéntrica. ¿Cómo saber si realmente era errónea la teoría geocéntrica? Paradojamente sólo a partir de la creación de otros inventos como el telescopio. En consecuencia inventamos para descubrir.

La dialéctica fundamental entre los descubrimientos y los inventos, consiste en  que el primero implica una realidad dada. Pero entonces si esta dado, ¿cómo puede cambiarse esa perspectiva?, ¿dónde comienza la relatividad de estos conceptos? Tal vez como Berger afirma, el descubrimiento consiste en una manera diferente de interpretar la realidad.  El problema epistemológico de la realidad dada o construida, es decir inventada o descubierta,  ha sido abordado por la teoría de sistemas planteada por Niklas Luhmann, en su libro “La construcción social de la realidad”, por tanto ésta es un “producto humano”, y el humano es a la vez un producto social. Esta manera de pensar dialécticamente conlleva a poner énfasis en lo individual y lo externo a éste. Sería interesante resaltar el papel que juegan las instituciones para la construcción de la realidad y como el individuo se apropia de éstas.  Las instituciones en tanto son exteriores al individuo establecen lo dado, y el individuo tiene que adaptarse y comprenderlas introspección.

En consecuencia, el individuo se encuentra ante la necesidad de hacer un esfuerzo hermenéutico para apropiarse de la realidad que le ha sido dada, pero construida al mismo tiempo. Es decir, el individuo entiende una realidad que se construye socialmente, pero que se descubre individualmente. Pero cuando el sujeto se libera del determinismo, y toma conciencia de esta realidad y decida introyectarla de manera diferente ésta inventándola, y por tanto cambiándola. O tal vez cuando decide hacer un cambio más radical como una transformación material política, económica o cultural, está creando una realidad diferente y por tanto inventándola. Entonces el individuo primero descubre la realidad inventada y después la reinventa.

Como afirma Bordieu “el descubrimiento no se reduce nunca a una simple lectura de lo real, puesto que supone siempre la ruptura con lo real”. Pero, ¿realmente podemos romper con lo dado?, ¿cuándo el individuo deja de lado lo social, y se convierte en una persona que mira objetivamente lo “dado”? o ¿cuándo seremos capaces de distinguir entre la invención y el descubrimiento? Tal vez como el individuo nunca puede desaprehender la realidad que ha interiorizado nunca existirá un verdadero descubrimiento. En este sentido sólo descubrimos lo inventado.

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