Conversación es el súper.

México por Mitzi Hernández

México por Mitzi Hernández

 

Por Iván Gómez (@sanchessinz)

 

A mi mami, por tantas charlas reflexivas.

A Óscar A.: otra perspectiva.

Y a Brenda R.: aún recuerdo esa conversación cercana al 15 de septiembre.

 

-Tiramos basura porque no tenemos cultura, nos vale. Dime, ¿tú cómo crees que nos podemos generar cultura?

La conversación no inició así. De camino al súper pasamos por los alrededores de una barranca con todas sus características: sucia, grafitis en las paredes, plantas mal cuidadas, pasto crecido, olores raros… Pero de entre todas esas características notamos algo extraño, y es que en el puente que conecta un trozo de tierra con otro a 30 metros -separados por un precipicio que conduce a la barranca- había varios botes de basura sin color que parecían haber sido colocados por uno o varios ciudadanos. Mira, hasta tienen bolsas, dijo mi mamá, el problema va a ser que nadie los vaciará cuando se llenen, porque sí los ocupan, y señaló un bote que tenía un vaso de cerveza como la punta del montón de basura.

 

-Entonces la solución será que pongamos contenedores de basura cada diez metros, quizá la gente tira la basura porque le desespera llevarla en la mano tanto tiempo -dije en broma-.

 

 

Ella no rió. La plática se había tornado en algo serio. Fue ahí cuando pronunció esa frase: Tiramos la basura porque no tenemos…

 

 

No estaba seguro de qué contestar, muchos no tiran basura en la calle porque ahora está muy mal visto, pero más allá de eso, los que no la tiran porque verdaderamente poseen cultura, ¿cómo se hicieron de ella?

 

-Quizá la solución es el amor -dije, no de broma-.

Mamá sonreía, creía que no me tomaba enserio la pregunta.

-No, espérate, eso sonó cursi, te explico…

– ¿Qué es el amor? -me interrumpió-.

-No entremos en discusiones filosóficas. Uso la palabra amor asimilando el concepto (arcaico o no) que tenemos de éste: respeto, cariño, admiración; además, el amor crea una identidad, quizá es al revés, eso no importa. Piénsalo, si amaramos a nuestro país ¿crees que tiraríamos basura como si nada?

Se quedó pensando.

-Bueno, ¿y cómo hacer para que nos identifiquemos con el país?

-No sé -contesté tajantemente-.

 

La charla se pausó ahí, cruzamos la calle, ya estábamos cerca del súper; no puedo describir lo que pasaba o no a mi alrededor, mis pensamientos se fueron de lleno a la pregunta.

 

– ¿Por qué los americanos (entiéndase estadounidenses) aman su tierra? ?pensé en voz alta-.

Mamá no contestó. Ya estábamos dentro del súper. Agarra dos litros de lecho, dijo, voy por mango. Yo continuaba reflexionando, desde que leí una columna de Carlos Loret en la que concluye su texto con “no lo sé”, me di cuenta de que esas eran 3 palabras que no quería emplear cuando analizara un conflicto. Reflexionaba esto mientras me dirigía a los refrigeradores y abría la puerta, tomé la leche, seguí a mamá.

 

-Quizá hablar de los americanos es algo muy lejano. Me viene a la cabeza nuestra universidad, créeme, te sorprendería la cantidad de gente que estima a la escuela y se pone el logo en el pecho; también pienso en ti: adoras tu trabajo, en especial el departamento donde estás. Volviendo a lo de la universidad, ¿sabes por qué tanta gente la quiere? Pues porque tuvieron la oportunidad de crecer y desarrollarse. Ahora tú dime, ¿por qué quieres tanto a la empresa y a tu departamento?

-Pues porque ahí crecí laboralmente.

– ¡Exacto! Te abrió las puertas y, claro, cuidas de ella, de muchas formas, sacrificando tu tiempo para resultados, por ejemplo, y lo haces muy seguido.

-Entonces -añadí- si nuestro país nos diera más herramientas para crecer humanitaria, social, intelectual, laboralmente hablando, lo amaríamos, estaríamos íntimamente ligados e identificados con estas tierras.

– ¿Y cómo lograr eso?

 

 

Pensé en responder: teniendo mejores políticos; pero eso nos hubiera llevado a un círculo vicioso. «El país mejoraría si nuestra clase política fuera mejor» «Pero nosotros los ponemos ahí» «Recurren al fraude para ganar» «Y nosotros lo permitimos» Mejor no entrar ahí. Así que ya no respondí, me quedé callado y la conversación cambió cuando me preguntó si quería donas.

 

 

A manera de conclusión evoco una vieja charla que sostuve con un amigo, yo le decía: me cuesta mucho amar a mi país. Él me contestó: tache para ti. Yo sí lo amo, porque me amo profundamente. El país es una visión agrandada del individuo. En ese momento me dije ¡madres!, quizá tenga razón, y retomando la última pregunta, pienso: si nos amamos, nos procuramos, ¿no? Y si el país es una extensión del individuo, al amarnos nos crearíamos oportunidades mutuas, porque el país no es un ente omnipresente que quién sabe cómo sea, al país lo hacemos nosotros, y tiene forma de cornucopia (según el maestro de Carlitos, de Las batallas en el desierto), por eso es muy importante el lenguaje, mi mamá no dijo: porque ahí me hicieron crecer, dijo: porque ahí crecí, lo que significa dos cosas: que ella se creó las oportunidades porque 1) así lo quiso y 2) la empresa fue su puente.

 

Y lo segundo es que si no hubiera querido crecer, por más que la empresa la impulsara, no lo hubiera hecho. ¿Se entiende a dónde quiero llegar?

 

Nosotros nos creamos las oportunidades, ¿cómo? Ahí entra el amor propio, cosa que se vería reflejada en conjunto, otorgándonos identidad.

¿Suena lógico? ¿Ustedes qué opinan?

Posted on by Oscar Alarcon Posted in Fotografia

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