Por Miguel Ángel Pastrana.
“¡Si el silencio tuviera un sonido, así me sentiría, así, como la nada…!” éstas fueron las últimas palabras que escuché de Horacio Luna, ¿personaje inventado por mí? (que no por inventado necesariamente tenga que ser falso) Cuando exangüemente articuló sus últimas palabras, Horacio Luna pensó que probablemente se encontraba en una realidad que no correspondía a una creación suya, o peor aún, que era una invención de otro. En este caso, el personaje inventado por mí, dejó de existir justo en el momento en que yo abandoné mi realidad onírica. Cuando desperté, la bruma del sueño me aturdió delicadamente. Lo primero que atine a decir después del suave atolondramiento fue: “¿quién diablos es Horacio Luna?” la pregunta se esfumó inmediatamente al percatarme de la hora y de las consecuencias de llegar una vez más tarde a clase de 8
Sin embargo la pregunta me dejó una interesante idea (ahora me resulta inocua) Pensemos por un momento que pudiéramos ser la creación de otro. Después de darnos cuenta de que no estamos hablando de ningún cuento de Borges, o de alguna película de Linklater pensaríamos que sería angustiante ser el invento de otra persona, y sería un tanto peor pensar que esa persona fuera el invento de otra.



















