Mientras más leo sobre esta mujer, más me fascina. Julieta Fierro transmite entusiasmo, asombro y alegría. Escucharla y leerla es un placer, hace que a una le den ganas de ponerse a bailar con ella en la Luna.
Julieta nació en la Ciudad de México, el 24 de febrero de 1948. Creció en una familia numerosa, con un padre al que le gustaban los libros y que una noche, según cuenta la propia Julieta, la despertó para ver un cometa: “me acuerdo que fue maravilloso ver aquella estrella brillantísima con la cola”. Asistió a una escuela francesa y lo que más le gustaba eran las matemáticas. Desde muy joven pensó dedicarse a la ciencia pues cuando tenía 14 años murió su madre, y su padre les encargó a ella y sus hermanas el cuidado de los hermanos menores. Fue entonces que decidió que era mejor estudiar que cuidar niños, a pesar de que cuando era pequeña quería ser trapecista y tener una familia numerosa.
En una entrevista de las tantas que le han hecho nos comenta “a mi me vino la rebelión absoluta y yo dije: ¡no me voy a dejar nunca! Y tuve suerte, porque cuando iba a entrar a la universidad (la UNAM) empezó el movimiento estudiantil del 68. Para mi fue mi propia revolución, mi momento de libertad.”

























