Por Joanna Mozo
Mis ojos seguían una secuencia de letras que desfilaban frente a mí como una máquina industrial. Estas máquinas están diseñadas para sacar en serie el producto que se trabaja, ya sean lápices, bebidas, legumbres o como en la misma imprenta que se elabora un libro tras otro y así sucesivamente; todos llevan un paso que no permite deslices. Así es la lectura, una línea que no comete error, y si lo tiene, es error humano.
Son cerca de las diez de la mañana, tengo aproximadamente seis minutos para poder llegar a la facultad con asistencia dentro del tiempo permitido. Una hora de camino en el autobús puede ser divertida, sólo tienes que buscar en qué entretenerte, por ejemplo ver más allá de la ventana, observar a los conductores paralelos a ti, aunque a mí me gusta más ver al chofer del autobús que abordo, pues siempre tienen una mirada muy peculiar.





















