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Entrevistas

Entrevista al Poeta Leo Lobos

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Leo Lobos en Chimkowe, en la Corporación Cultural de Peñalolén, foto de Charlie Urrutia 2010

Leo Lobos en Chimkowe, en la Corporación Cultural de Peñalolén, foto de Charlie Urrutia 2010

 

 

Leo Lobos é um poeta chileno muito amado pelos brasileiros. Nesta entrevista, feita em castelhano, esperamos mostrar um pouco deste artista tão querido para nós.

Por Jiddu Saldanha

 

 

Jiddu Saldanha. Relaté su experiencia con Brasil. ¿Lo que le tocó vivir y como eso sumó en su vida?

Leo Lobos“Esta es una mañana/ del Brasil. Vivo adentro/ de un violento diamante, / toda la transparencia/ de la tierra/ se materializó/ sobre/ mi frente, / apenas si se mueve/ la bordada verdura, / el rumoroso cinto/ de la selva: / ancha es la claridad, como una nave/ del cielo, victoriosa” estos versos de Pablo Neruda, me hacen mucho sentido en relación a lo que me preguntas. Brasil es como todos nuestros países latinoamericanos una abstracción, la misma que solo las personas y su lengua logran hacer piel y espíritu, especialmente los brasileños poetas, artistas, escultores, músicos, arquitectos, diseñadores, editores, gestores culturales, periodistas con quienes he tenido la oportunidad de conversar y compartir experiencias creativas es decir, mucho más vida a la vida. Imposible no mencionar a Cristiane Grando, Jorge Bercht,  Bez Batti, Artur Gomes, Claudio Willer, José Geraldo Neres, Jiddu Saldanha, Ademir Bacca, Naiman, Tchello de Barros, Tanussi Cardoso, Helena Ortiz, Hebert Emanuel, Ademir Assunção, Tarso de Melo, Olga Bilenky, Antonio Miranda, Angélica Torres Lima, Ana Lúcia Vasconcellos, Lúcia Gönczy, Rubens Jardim, Claudio Daniel, a mis queridos amigos fallecidos José Luis Mora Fuentes, Hilda Hilst y Roberto Piva. Brasil me dio otra lengua, otro mundo de expresión, amistad, reconocimiento el vuelo, la trayectoria, el impulso, el tramo de aire recorrido en su ascenso.

 

JS. ¿Cómo es ser poeta y artista visual, la pintura y la poesía son prácticas separadas o juntas?

LL. La poesía es un desafío. Creo fundamental la vida que ilumina la palabra y la palabra que logra a la vez iluminar la vida a través de la poesía, y en la misma medida para mi la pintura, el dibujo, la fotografía, el video y cualquier otro medio de expresión creativa, que permita desarrollar niveles superiores de comunicación. Creo en la creación multimedia e interdisciplinaria, porque la mente es como un paracaídas, sólo funciona bien cuando esta abierta a todos los estímulos de nuestro entorno cultural. El arte es una fuerza que se exterioriza capaz de cambiar la vida. Un medio para dar intensidad a la vida, un medio para dar visibilidad a lo inexpresable en palabras.

 

JS. Las últimas experiencias políticas de Chile parecen haber creado impacto en los intelectuales del país, que siente usted en relación a esto.

LL. Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe; nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos, sin destruir la tiranía.


Leo Lobos en Peñalolén, foto de Sebastián Castillo, 2011

Leo Lobos en Peñalolén, foto de Sebastián Castillo, 2011

 

JS. No tenemos, en Brasil, mucha información sobre que período literario vive Chile actualmente. ¿Quiénes son los vanguardistas chilenos? ¿Hubo rupturas?

Creo que estamos en un tiempo más bien de retaguardias artísticas aquí y en muchos lugares del mundo. La vanguardia en Chile del siglo XX tiene voces sumamente originales, dos poetas consagrados con el premio Nobel, y que forman un concierto armónico propio a pesar de la multitud de tendencias fragmentarias de nuestra época.

 

JS. ¿En qué contexto, exactamente, nace el poeta Leo Lobos?

He sido un lector incansable desde mi infancia, mi encuentro con “escritores vivos” se ha producido en la Universidad, a la que ingresé cuando tenía 17 años a comienzos de 1980. He tenido entre mis compañeros de carrera y entrañables amigos, hasta el día de hoy, a los poetas Mario García y Sergio Ojeda. Con ellos fuimos activos participes de los encuentros culturales realizados en la Universidad de La Serena en aquellos años, con los poetas Aristóteles España y Raúl Zurita, y encuentros académicos e informales con poetas como Braulio Arenas, Eduardo Llanos y Arturo Volantines. Desde muy niño he sido un lector perseverante, y desde la lectura a la escritura todo ha ido de manera natural, como del dibujo a la pintura, como de la palabra hablada a la escrita, desde el castellano a un idioma ajeno y desde ahí nuevamente a mi propia lengua.

 

JS. ¿Cuáles son sus lecturas, quién encantó tu universo poético?

Entre mis autores podría mencionar a los poetas chilenos Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Gonzalo Rojas, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Eduardo Anguita y poetas cercanos a quienes leo y con quienes dialogo como por ejemplo José María Memet, Francisco Véjar y Milagro Haack. Entre los autores extranjeros que me han influido podría mencionar al poeta venezolano Rafael Cadenas, al mexicano Octavio Paz, al poeta francés René Char, a los brasileños Ferreira Gullar, Ledo Ivo, Roberto Piva y Décio Pignatari. La música y la pintura de creadores a quienes siento muy cercanos y que me han influido poderosamente como: Joan Miró, Roberto Matta, Miquel Barceló y Antoni Tápies. A los músicos Bach, Mozart, The Beatles, Tom Jobim y João Gilberto y su maravillosa música que me acompaña.

 

 

Pintura de Leo Lobos, 2009

Pintura de Leo Lobos, 2009

 

JS. ¿Quién es Leo Lobos por Leo Lobos?

LL. Alguien que pretende descubrir la vida que ilumina la palabra. El poeta Vinicius de Moraes decía que no debemos hacer “ninguna concesión a la poesía no vivida”. Pues “La poesía es subversión del cuerpo”, nos dice el mexicano Octavio Paz. Goethe decía “los poemas que nacen de la nada no me interesan”. “Entonces un buen poema para mí es aquel que logra iluminar la vida vía verbo” dice el poeta brasileño Roberto Piva.

http://leolobos.blogspot.com/

http://www.germinaliteratura.com.br/llobos.htm

 

Leo Lobos

TEXTOS EM PORTUGUÊS

Tradução: Adriana Zapparoli – Cristiane Grando

 

Uma secreta forma

“As palavras como o rio na areia

se enterram na areia”

Roberto Matta

 

o automóvel está possuído pela força

dos animais que o habitam

como uma carruagem puxada por cavalos

sobre pedras úmidas de um passado verão

Rio de Janeiro aparece de repente como

a secreta forma que o Atlântico

deixa entrever de suas colinas de açúcar:

baleias à distância algo

comunicam à nossa humanidade surda

e cegadas pelo sol preparam seu próximo vôo

caem uma vez mais como

o têm feito há séculos

caem e crescem nas profundezas

caem e crescem em seu líquido amniótico

 

 

 

Hi-tech

com dinheiro de plástico pagamos nossos

instrumentos importados de terras distantes,

caminhões com alimentos transgênicos nos ultrapassam

na calçada

automáticos seguimos em transe numa super rodovia

lemos cartas no telefone portátil imagens ativas

de quartzo líquido que satélites

de prata nos ligam de

uma órbita desconhecida

o tempo

é

sem ser o espaço

o mesmo complemento

o relógio digital anuncia a queda do sol

aperto o controle remoto

do portão eletrônico

e no carro de combustão interna nos

deslocamos paraplégicos.

 

 

 

Uma visita ao zoológico fantasma

“Livre da enfermidade, embora em meio à enfermidade”

Yagyu  Munenori

Tenho visto tanta merda de cão

nas ruas de Paris que devo

caminhar com cuidado à noite

é quando me parece então

escutar meninos e meninas fantasmas

rirem na fila de entrada do

zoológico que para eles ali se levanta:

um desfile de elefantes brancos cruza

a praça do Louvre fazendo

malabarismos com obras de arte e restos

de arqueologias extraterrestres, girafas

correm pelos Campos Elíseos comendo

as luzes natalinas que crescem em

suas árvores, baleias, delfins,

patos selvagens nadam pelo Sena

tragando turistas desprevenidos

que acendem flashes em seus narizes

leões copulam famintos

sobre os telhados como relíquias

de cristal de uma cidade iminente…

Hipopótamos ébrios se encalham em suas

ruas serpenteantes, em seus arcos triunfais,

em sua torre famosa…

Galeristas confusos

correm atrás de cavalos livres de

carrossel que levam gravada uma estrela

de ouro em seu flanco…

Bandos de aves tropicais cobrem a lua

de plumas de plástico que

ursos vestidos à la mode sopram

com ventiladores nucleares de

globos que intermitentes sobem

e descem por escadas invisíveis

que águias cegas trazem

de Nôtre-Dame…

Sinosnuvens carregados de

perfumes humanos chovem

no final desta noite sobre

o zoológico de plasma e tudo

retorna nos olhos de um gato

sabiamente

a ser luz solar

e Paris

é outro dia.

Neotraba Radio: Fernando Morales

Posted on by Oscar Alarcon Posted in Entrevistas, Neotraba, Neotraba Radio | Leave a comment
Neotraba Radio, con el primer invitado Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Neotraba Radio, con el primer invitado Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

En nuestro primer programa de Radio, a través de http://pueblaprioridad.com nos acompañó Fernando Morales con quien pasamos un buen rato platicando sobre Borges, el futbol y Puebla.

 

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

El programa estuvo conducido por Jorge “el átomo” Durán; Gilberto “Pac-Man” González y Óscar “el tsunami” Alarcón.

En la música tuvimos la presencia de Friendly Fires.

 

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales fue el padrino del programa y se sometió al Examen Antidoping, entre sus respuestas estuvieron:

Neotraba. ¿Borges o Maradona?

Fernando Morales. Maradona, porque Maradona es dios y Borges su profeta.

 

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Neotraba. ¿El Sub comandante o el Peje?

Fernando Morales. El Sub comandante, porque me gustan los enmascarados.

 

Neotraba Radio; foto María José Morales Muñoz

Neotraba Radio; foto María José Morales Muñoz

 

Neotraba. ¿Banda derecha o banda izquierda?

Fernando Morales. El corazón está a la izquierda.

Neotraba. ¿Nietzsche o Schopenhauer?

 

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales; foto María José Morales Muñoz

Fernando Morales. Nietzsche, porque dijo que el mundo sólo tiene razón de ser como experiencia estética.

Neotraba. Fernando Morales es…

Fernando Morales. Un epígono de Borges.

Entrevista a Juan Gerardo Sampedro

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Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

 

Por Óscar Alarcón y Gilberto González

Ciudad de Puebla, 7 de mayo de 2011

 

Es americanista de corazón; experto en los símbolos de la corrección de estilo, por mucho tiempo ha trabajado en el mundo editorial; sarcástico y gran conversador. Juan Gerardo Sampedro, nació en Zacatecas pero es poblano por adopción; Puebla lo vio llegar en 1977, ha sido profesor en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla por muchos años, en donde ha visto pasar a muchas generaciones de escritores.

Por ello, a punto de cumplirse los primeros 100 días de la administración del gobernador, Rafael Moreno Valle, Neotraba se acercó a este narrador, periodista y escritor, quien ganara el Premio Latinoamericano para Libros de Cuentos, en 1984, para que nos diera su opinión del ambiente literario y cultural, que actualmente se vive en Puebla.

 

Óscar Alarcón. ¿Cómo percibes la administración de la cultura en Puebla?

Juan Gerardo Sampedro. Mi único contacto con lo que fue la Secretaría de Cultura —que era la Casa de la Cultura antes de que se convirtiera en Secretaría—, fue mi participación en los talleres literarios que impartía Miguel Donoso Pareja.

Creo que fuimos los pioneros en participar en un taller literario, al antecedente inmediato son los que formaron la Bohemia Poblana, pero de ellos casi todos han desaparecido. El último miembro que aún vive es Antonio Esparza; acaba de morir Luis Neve, Eladio Villagrán, era un grupo nutrido. Hacían varias cosas en Puebla: teatro, literatura. Era el círculo de intelectuales de ese momento.

Después hubo una especie de vacío hasta los años 70’s. A iniciativa del profesor Pedro Ángel Palou Pérez —que era el director de la Casa de la Cultura—, se le ocurrió invitar a Miguel Donoso Pareja a que fundara un taller literario; el taller básicamente era de cuento y poesía, no se veía novela porque Donoso decía que la novela era algo más complejo.

Miguel Donoso abrió una convocatoria, a la que atendieron cerca de cincuenta personas, y admitió quince, pues previamente te pedía un trabajo. De esos quince, quedamos ocho o diez quienes terminamos los tres años del taller, que era lo que en aquél tiempo se tenía como meta. Ese taller literario se impartió del ’79 en adelante; después vinieron David Ojeda, Ignacio Betancourt, y después se acabaron los talleres. Los que quedaron, eran de iniciación artística para niños. Nacho Betancourt se fue cuando Héctor Azar inició su periodo, su administración también se quedó sin talleres.

 

Pero Azar impulsó el teatro, le dio continuidad a los concursos de literatura, les dio vida a las bibliotecas; tenía un Subsecretario de Cultura con toda la experiencia del mundo, que era Pedro Ángel Palou Pérez.

 

La Secretaría de Cultura se funda a inicios de los 80´s. El primer secretario de cultura fue Pedro Ángel Palou Pérez; le sigue Efraín Castro; después un maestro del CENCH; a continuación Pedro Ángel Palou García; y después tenemos la desgracia de que llega una persona que no tiene ninguna trayectoria cultural, que no es un administrador, o promotor de la cultura, y que llega como el Borras. Llega sin tener publicada una obra, no es creador —a diferencia de los otros secretarios—, no es cuentista, pintor, músico, ni siquiera bailarín. Él dice que es historiador. Y digo que tuvimos esa gran tragedia, porque todo lo que se había hecho en la Secretaría de Cultura, hasta Pedro Ángel Palou García, se viene abajo en los primeros cien días de gobierno de Mario Marín Torres.

Aún desconozco por qué fue designado un personaje como éste, nunca lo quise averiguar, creo que fue como comprar un billete de lotería. Lo que sí hace muy bien es ser un intrigoso de primer nivel, y después arma un equipo de incompetentes —claro, no todos pero sí en su mayoría— y se dedica más que hacer cultura, a golpear a sus detractores, o simplemente a quien le cayera gordo. Sólo porque se levantaba con la idea de correr a alguien. Es un hombre de ideas fijas pero agresivas. Me acuerdo de una frase del doctor en física, Jaime Krasov, que decía que lo peor de este mundo era una persona con baja capacidad y con iniciativas. Creo que se le aplica muy bien al ex secretario de cultura: Alejandro Montiel. Él pensaba que estaba haciendo algo innovador para la cultura en Puebla, y lo que provocó fue que la Secretaría de Cultura tuviera que desaparecer, para dejarle el paso al Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.

Yo creo que Saúl Juárez va a tener nuevamente la capacidad necesaria para echar a andar todo lo que dejó tirado el ex secretario del sexenio anterior.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA

 

ÓA. ¿En todas las áreas, incluso literatura?

JGS. Yo creo que sí. Aunque creo que literatura es el área más dañada de todas.

Si te fijas, los museos están abandonados, las bibliotecas están sin atención. El área de música está bien, porque la dirige un gran conocedor del tema como Elio Huesca.

Y digo que el área de literatura ha sido la más dañada de todas, porque tenía grandes responsabilidades que echaron abajo. Voy a poner un par de ejemplos: los talleres literarios —que estaban antes de que llegaran Montiel y Roberto Martínez Garcilazo—, y las convocatorias de los concursos. Te hablo sobre las convocatorias porque en la época de Héctor Azar y un poco antes, yo ayudaba con su distribución. Todo lo que aprendí en gestión de la cultura se lo debo al profesor Pedro Ángel Palou Pérez. Las convocatorias tenían que salir en enero, para que se enviaran a las embajadas de todos los países latinoamericanos. Estamos en mayo y no he visto las convocatorias.

Desde hace tres años no sabemos quiénes son los que han obtenido los premios de cuento. Parece ser que es una medida que ellos tomaron, ya que regularmente trabajaron juntos. Cualquier decisión que tomaba Martínez Garcilazo la tomaba con el Simpatías [Alejandro Montiel], y entre ellas fue no dar a conocer quiénes habían ganado los concursos de cuento. Si hay alguien que me diga quién ganó los últimos tres años, se lo voy a agradecer mucho, porque nunca se dio a conocer en la prensa. Lo mismo pasó con el concurso de Ciencia Ficción y Fantasía y con el concurso de Lenguas Indígenas; no sé qué diablos pasó por su cabeza que hasta la fecha la convocatoria no ha salido. Si sale en mayo o junio, la gente tiene muy poco tiempo para participar, además, sólo circulan a nivel local.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro, foto de ÓA para Neotraba

 

ÓA. Aunque eso no quiere decir que no haya concurso o ganadores, si nos metemos a los archivos de la Secretaría podremos encontrarlos, ¿estaríamos hablando de que son concursos amañados?

JGS. Yo no digo que estén amañados, yo digo que está muy restringida la participación de los escritores de México y Latinoamérica porque no les llega la convocatoria, no se da a conocer ni siquiera a nivel nacional. Se da a conocer a través de la página de la Secretaría de Cultura pero nada más.

Esta convocatoria hace muchos años la publicaba la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, y circulaba por toda América. Cuando les preguntabas a los ganadores de los concursos cómo se habían enterado, te respondían que lo habían visto en la revista El Cuento, o bien, que en Argentina lo habían publicado en una revista que leían, o en Perú a través de un periódico, porque las embajadas las hacían llegar.

 

Actualmente, la participación de escritores para un concurso latinoamericano es, si acaso, de trescientos cuentos, cuando en una buena época llegó a tener mil cuatrocientos concursantes. Incluso se exhibían en el patio los paquetes de los cuentos que llegaban a la Casa de la Cultura. El año pasado tuvieron que ampliar la convocatoria porque tenían cincuenta cuentos en junio, y todos de una calidad infame.

 

 

Juan Gerardo Sampedro en el café Wimpy's, foto ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro en el café Wimpy's, foto ÓA para Neotraba

 

ÓA. ¿Y solamente eran locales? ¿Ya no tiene impacto en Latinoamérica?

JGS. Pero no por ser locales son infames. En Puebla tenemos grandes cuentistas. La participación fue escasa.

Quienes leyeron lo que alguna vez escribí en una nota para el periódico Milenio: “no ha salido la convocatoria”, me escribían para preguntarme “oye y por cierto, ¿cuándo sale?”, entonces yo tenía que mandarles las bases —que tomaba de las fotocopias que mandaban a la Casa de la Cultura. Ahora las convocatorias las reparten como si fueran volantes, sólo falta que alguien se pare en la puerta de Casa de Cultura y reparta las fotocopias para ver quién entra.

 

ÓA. ¿Has sido de los mayores críticos del director de la Casa del Escritor, a qué se debe?

JGS. No sólo de él sino de toda la administración completa. Yo creo que se debe al doble discurso del director. Ideológicamente uno se va formando desde muy joven, y eso es importantísimo. Roberto Martínez Garcilazo, proviene de las Juventudes de la Izquierda Mexicana mientras nosotros militábamos en el glorioso Partido Comunista Mexicano. Después, entró a trabajar a la burocracia de la Secretaría de Salud, donde finalmente se hace de una plaza. Era secretario particular del doctor [Eduardo] Vázquez Valdez, que era el Secretario de Salud en la época de Manuel Bartlett.

Pedro Ángel Palou me comentó que no había alguien que dirigiera la Casa del Escritor, porque [Enrique de Jesús] Pimentel se había ido. Le comenté que yo tenía un alumno con mucho talento; Palou me pidió que lo llevara con el subsecretario, que era Alejandro Montiel. Lo llevé para presentárselo y la impresión que le dio fue que no cubría el perfil, no sé por qué lo dijo pero lo comentó delante de mí, sin embargo, a los dos días estaba contratado como director de la Casa del Escritor. Después vi que hizo una gran amistad con el subsecretario; cuando llegó a ser secretario de cultura esa amistad se afianzó. Aquello de que lo quiso despedir fue show para hacer creer que había diferencias, si las hubiese habido, lo hubiera corrido sin miramientos. Todo fue preparado,  no sé con qué fin.

Cuando se da el cambio de sexenio, de Melquiades Morales a Mario Marín, nombran a Pedro Ángel como secretario de cultura, pero está muy poco tiempo. Para mi sorpresa, Martínez Garcilazo ocupa la dirección de literatura, es como si tú propones a alguien para que le den un empleo, se queda y te quita tu carga de trabajo. Es normal que esto suceda sexenio tras sexenio porque los cargos no son eternos, lo que no se entiende es que desde el cargo que recién ostentaba te despida. Esto lo hizo en un convenio verbal con el entonces secretario de cultura, Alejandro Montiel, y me dejan afuera.

Aquí es donde me refiero al doble discurso, porque él dice que el ex secretario de cultura lo castigó y por eso su área no funcionó. Eso está declarado a una reportera de La Jornada: “Alejandro Montiel me castigó y no quiero que me pase lo mismo con Saúl Juárez”, porque éste tiene una gran trayectoria como creador y promotor de la cultura. Como si esa declaración le diera inmunidad a lo que hizo en seis años, como casi desaparecer los concursos, abandonar la Casa del Escritor o una biblioteca como la Tola de Habich, —esta biblioteca, inicialmente tenía setenta mil ejemplares sobre el siglo XIX, y la montan en un espacio muy pequeño. Por eso nadie cree que lo hayan castigado, porque en contubernio hicieron muchas pendejadas. Nadie lo cree.

Por eso he criticado su tarea de seis años. No sólo yo, si revisas las notas de los últimos meses verás las notas de La Jornada, las declaraciones de Juan Carlos Canales, lo que han escrito Fermín Alejandro García, Ociel Mora, Humberto Sotelo, y no hay un área de la Secretaría que haya sido más golpeada que ésta. Cuentas con los dedos las ediciones que se hicieron en seis años —porque no fueron ediciones sino reediciones.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto ÓA para Neotraba

Juan Gerardo Sampedro, foto ÓA para Neotraba

 

La tarea actual del Consejo, será levantar todo lo que quedó tirado —como en el temblor del ’99—: la Casa del Escritor huele a excusado porque no tiene agua, nadie se puede hospedar porque no hay gas. Dolores Castro se fue muy enojada de Puebla porque le dijeron que tenía que llenar la cochina —el contenedor de gas— para que pudiera hospedarse. No soy el único crítico, hablo de un doble discurso, porque si Martínez Garcilazo proviene de la izquierda y su pensamiento corresponde a esa línea política, porque dice “mi voto por el PRI, yeah señores, porque Moreno Valle no tiene proyecto cultural”, eso es lo que él dice y está publicado en una colaboración que tiene para un diario local. Encontré un link y lo subí a mi facebook y twitter. Ahí tengo de amigo a Margarito, que aparecía en televisión con el Güiri-Güiri, leyó esa nota y comentó “lo que hay que ver jojojo”. ¡Todo mundo vio la nota, hasta Margarito!

Y en Puebla, la comunidad literaria lo vio como un oportunismo porque desde su cargo de director de literatura, ediciones y bibliotecas, hizo proselitismo por un partido político que finalmente perdió las elecciones. Cuando se da cuenta de eso, publica en el periódico “espero que me levanten el castigo los que han llegado”.

No es una cuestión personal. Si él tuviera la mínima dignidad ya hubiera dicho Good Bye, irse hubiera sido una medida digna.

La época de Héctor Azar está contabilizada así: tiene más de sesenta ediciones en seis años, Piña Olaya tiene ediciones del gobierno del estado pero son ediciones exclusivas, como para coleccionistas. El periodo de Melquiades Morales tuvo más de doscientas ediciones, con la colección de siglo XIX, que se encargaba de hacerla Tola de Habich. En el sexenio que acaba de concluir, el de Montiel, no llega a diez, pero de esas, ocho son reediciones.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto de Óscar Alarcón

 

Gilberto González. Entonces, ¿qué opinas de la desaparición de la Secretaría de Cultura?

Juan Gerardo Sampedro. Desaparece por el proyecto del actual gobernador, se origina porque él se da cuenta de la ruina en la que está la Secretaría; es insalvable. Lo que se puede hacer es un Consejo para que todo vuelva a encausarse. Creo que con la llegada de Saúl Juárez y esto va a cambiar. Platiqué con él brevemente, hace un mes, y tiene ideas, está por presentar su proyecto de cultura, tiene experiencia que lo respalda, ha estado en CONACULTA, el INBA, su trayectoria como promotor de cultura es muy larga. Lo conocí en el ’81 y él ya estaba en los talleres de Monterroso y de Donoso.

Estamos confiando en que él va a hacer un buen papel en cuanto arranque el proyecto sexenal, que será anunciado después de que se cumplan los cien días de la administración.

 

GG. ¿Qué piensas de la literatura que se hace en Puebla? Tienes mucha experiencia después de dar clases en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica (COLLHI) de la BUAP, has visto pasar a muchas generaciones.

JGS. Estaría de acuerdo con Daniel Sada, al decir que las nuevas generaciones son las que vienen después de la de Pedro Ángel Palou, porque hay un parte aguas. El antes, sería hablar de Ángeles Mastretta, Juan Tovar, los de la Bohemia Poblana, el grupo de los Cronopios, los del taller de Miguel Donoso.

Hasta donde estoy enterado hay autores que han publicado en editoriales importantes, pero no han tenido el reconocimiento necesario, como para decir que la literatura en Puebla está presente a nivel nacional. Después de Pedro Ángel Palou, nadie lo ha logrado y antes de Palou hablamos de Pitol, o de Mastretta. A pesar de que Palou podría tener muchos detractores y envidiosos, también tiene un gran trabajo que lo respalda.

Y después vienen las generaciones de los jóvenes talleristas, que han publicado su trabajo a nivel nacional. Creo que son los que vienen con más fuerza, desgraciadamente, son los que fueron muy mal atendidos por la administración pasada.

Los que fueron publicados en editoriales grandes como Alfaguara, pensaron que eso los iba a meter en la carrera de la gran literatura mexicana y eso no es cierto. Una editorial tiene exhibidos tus libros seis meses y si no vendes, los recicla. Te puedo hablar de otro autor que tiene sus lectores, Fritz Glockner —con quien nunca me he enojado y le mando un saludo— que también ha tenido proyección a nivel nacional.

Hay que esperar lo que se está desarrollando ahora. Los jóvenes a los que les quitaron el taller eran los que estaban comenzando. Se fueron Guillermo Samperio, Daniel Sada, José Vicente Anaya, quienes fueron impulsores de otra generación, y se fue abajo todo. Los que venían ya no tuvieron opción de una guía.

La propuesta del Ayuntamiento anterior al actual, que fue regresar a la SOGEM a Puebla, lo hizo pensando en que iba a tener muchos alumnos, y en realidad no la tuvo, también tenemos que señalar que fracasó rotundamente. Que alguien me diga dos escritores que hayan salido de ahí y que tengan renombre, ya no a nivel nacional.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro, foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Ese es un problema a nivel nacional, las escuelas de escritores no producen escritores, ¿no te parece?

JGS. Son contados. Pero tampoco las escuelas de letras impulsan escritores. Acabo de leer una nota de un periodista de Milenio, que lleva por título “Lo que natura no da, el ipad no lo proporciona”, y eso es cierto: “Lo que natura no da, Salamanca no lo proporciona”. Creo que está bien que haya una escuela de Letras, porque los alumnos no sólo van a aprender a escribir, sino también aprenden la docencia, a ser correctores de estilo, periodistas, historia de la literatura, investigación.

Después da la UNAM, tenemos una de las mejores escuelas de letras, la de Universidad Autónoma de Puebla. Sus fundadores tenían una gran proyección y experiencia. Gente como el doctor Carlos Colchero, gran teórico de los clásicos —yo me metía de oyente a sus clases porque yo estudiaba psicología— y era un erudito; Óscar Walker, que enseñaba el arte de la corrección de estilo; el maestro Pantaleón Riveroll, con toda su rigidez del mundo. Esa escuela viene de una gran tradición, fue de las primeras que se fundaron en el país —en 1965— después de la UNAM.

 

 

Juan Gerardo Sampedro durante la entrevista, filmado por Rodrigo Durana, foto Óscar Alarcón

Juan Gerardo Sampedro durante la entrevista, filmado por Rodrigo Durana, foto Óscar Alarcón

 

GG. Platícanos sobre el Premio Latinoamericano para Libro de Cuentos que ganaste.

JGS. Yo estaba trabajando en el taller de Donoso, y había escrito un libro que se llama Lo Terrible ya Ha Pasado, en aquel tiempo no teníamos la oportunidad de corregir en computadora, escribíamos en máquina Olympia, llevábamos el texto al taller, lo tachaban y a pasarlo otra vez. Era mucho trabajo pero era la única forma y estábamos acostumbrados.

Yo me fui de vacaciones a Zacatecas, me llevé el libro con las correcciones del taller, lo pasé en una máquina eléctrica IBM, y se me ocurrió fotocopiarlo y mandarlo al concurso, obviamente no pensé que ganaría porque llegaban muchos trabajos —por eso les digo que en ese entonces las convocatorias sí se difundían en toda Latinoamérica—, no recuerdo cuántos participaron, pero me dieron la noticia de que yo lo había obtenido.

Me dio mucho gusto porque ese libro lo imprimió la editorial Premià, que era una editorial importante por su distribución; ese ha sido mi best seller, porque el tiro fue de dos mil ejemplares y está agotado, quien tenga uno, se lo compro.

Así sucede a veces con algunos libros, uno piensa que no se van a agotar y cuando lo buscas ya no está. Aquí pueden suceder dos cosas: se captura el libro y se busca un editor que lo quiera, o le pido a quien lo tenga que me regrese todos.

 

ÓA. ¿Y una reedición?

JGS. Nunca se hizo porque el propietario de Premià vendió la editorial con todos los derechos, se la vendió a Coyoacán, pero no creo que les interese reeditar algunas cosas. Les vendió todo, hasta las matrices, se quedaron con todo y él se fue a España.

Él vendió la biblioteca a Puebla, por eso se llama Tola de Habich. Cada libro tenía un ex libris, por eso insisto en saber qué fue lo que pasó con esa biblioteca. Tal vez sólo sacaron algunos libros de la biblioteca “Miguel de la Madrid” y los metieron ahí.

 

 

Juan Gerardo Sampedro, escribió una crónica como nota previa a esta entrevista en: http://www.poblanerias.com/columnas/juan-g-sampedro/40005-los-utracostumbristas.html

Entrevista a Rene Aviles Fabila, tercera parte

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René Avilés Fabila, foto de Óscar Alarcón

René Avilés Fabila, foto de Óscar Alarcón

 

Entrevista a René Avilés Fabila, tercera y última parte.

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En la última entrega de esta entrevista, René Avilés Fabila nos platica su relación “afecto-aversión” con Carlos Monsiváis; cómo espera la elección presidencial de 2012; y los planes inmediatos en su vida como escritor.



ÓA. Y de los personajes de ciudad de los que ahora estás comentando, ¿qué significó para ti Carlos Monsiváis?

RAF. Con Carlos tuve una especie de relación de afecto-aversión, nos conocimos por allí de 1960, no en la escuela —él era mayor que yo, no mucho, él era del ’38, yo soy de fines del ’40—, lo conocí y él vivía en Portales y yo en la colonia anterior. Alguna vez se acercó a preguntarme algo, y pensé que era una tomadura de pelo lo que me estaba preguntando, ya era famoso, supongo que nació famoso.

Nunca se entendió, no sé si decirte con mi generación, pero por lo menos con José Agustín y conmigo no se entendió. Y en esa época Agustín y yo éramos muy unidos, muy juntos. Yo fui testigo en su boda y él fue testigo en la mía, es una relación que viene de la secundaria, nos tenemos confianza. Supongo que esas mismas afinidades nos hicieron no simpatizar con Carlos.

Yo soy un poco más sociable, o por lo menos eso aparento, y tuvimos una relación en la que viajábamos mucho, estuvimos en Alemania, en Estados Unidos varias veces, y platicábamos bien, pero después algún sarcasmo suyo o mío nos volvía a la realidad. Entonces decidimos que no podíamos ser pareja.

Cuando yo escribí mi texto, que nunca se ha publicado y que está en internet, que se llama algo así como “Sueño de una tarde de verano” —lo escribí muchísimo antes de que remotamente se supiera que iba a morir o que estuviera enfermo, estaba muy bien— y lo publiqué. La reacción fue impresionante, nunca había tenido tantos correos electrónicos y llamadas como esa ocasión, todos felicitándome, elogiándome, todos estando de acuerdo. Y no sólo eso, sino que en ocho días se había traducido al inglés —son casi veinte páginas— y estaba circulando en blogs.

Entonces me dio la impresión de que más que afecto y admiración le tenían miedo, temor y se necesitaba que alguien diera ese primer paso. Tan es así que cuando muere, Excélsior —que es uno de los periódicos en donde yo habitualmente escribo— me llamó y me dijo que iba a morir Monsiváis. Les dije: “he oído eso desde hace muchos días, ¿es cierto?” respondieron que sí y me pidieron mi opinión. Yo contesté “no será la mejor y a mí no me gusta hablar de quien no se puede defender”. Entonces ellos me dijeron que les interesaba una opinión distinta, y volví a dar una opinión del Carlos Monsiváis que yo veía, y se me quedaron cosas en el tintero.

Aunque siempre afirmé que el deslumbramiento que los mexicanos sentían por él, se debía a que no lo entendían, y entonces no sabían si criticaba o elogiaba. Era confuso —como diría Hegel— por razones de claridad. Yo nunca lo entendí y me propuse leerlo con calma, pero no sabía exactamente qué era lo que estaba diciendo.

Esto lo comprobé una vez en la que fuimos a San Antonio Texas, a una mesa redonda sobre la presencia de la literatura norteamericana en la literatura mexicana; nos pidieron, con el rigor de la academia norteamericana, que enviáramos uno o dos meses antes los textos para que pudieran ser traducidos y publicar un libro, de tal suerte que cuando llegáramos a San Antonio ya estuviera. Y efectivamente, cuando llegamos ya estaba el libro.

Lo abrí y obviamente busqué primero “Avilés” y ahí estaba yo. Lo seguí ojeando y me llamó mucho la atención de que Monsiváis estuviera en español, pregunté y me dijeron: “es que nadie lo entendió y por eso no lo pudimos traducir”.

Puedo decir en su abono que inventó un nuevo lenguaje, que sólo entienden los elegidos o que realmente tienen la habilidad de comprenderlo, pero nunca pudimos ser buenos amigos.

Y esto se acentuó cuando él se convirtió en lopezobradorista; me pareció absurdo, ridículo, que un hombre inteligente y culto no viera la clase de charlatán que es López Obrador. Porque Carlos fue uno de los beneficiarios de todos los gobiernos: de los panistas, priistas, perredistas, como Elenita [Poniatowska], como la mayor parte de los intelectuales mexicanos. De los pocos que lanzarían la primera piedra sería yo, nunca me he visto beneficiado por ningún gobierno, y sí he sido crítico absoluta y abiertamente de todos; siempre he retado a quien me critica a que me encuentre un artículo elogiando a algún político. Ahí están las hemerotecas.

Esto nos puso distancia. Yo vi a Carlos siempre muy autoritario, muy prepotente y lo era en realidad. Tan es así, que una vez que estábamos José Agustín y yo en Nueva York, se nos pegó. Los tres íbamos a lo mismo, pero con las distancias del caso, José Agustín y yo teníamos de qué hablar, e incluso éramos bebedores —yo sigo siéndolo, no sé si él— y Carlos se nos pegó, pidió una cuba —que me pareció absurdo pedir una cuba en Nueva York, pero cada quien sus gustos y yo desde luego estaba tomando etiqueta negra— y le dijo a José Agustín: “oye, por favor, no andes diciendo que soy fascista”. Entonces José Agustín con una enorme naturalidad y rapidez le dijo: “pues hijo, deja de ser fascista”.

Eso me llamó mucho la atención porque me di cuenta de que era un hombre autoritario, que decidía quién iba a ser famoso y quién no. Y como nosotros no estábamos en la lista de elegidos, no hubo esa cercanía que él tuvo con muchos otros escritores. Sin embargo, he leído a otros críticos suyos que sí pasaron por una larga e intensa amistad, como es el caso de Luis González de Alba y ha sido demoledor. A grado tal que señala cosas que a mí me parecen tontas, como el hecho de que Carlos tenía todos sus libros forrados de plástico. Nunca entendí qué objeción tenía a que un imbécil forre sus libros de plástico ¿no?, yo lo hacía de niño.

 

Creo que la falta de crítica literaria real, seria, responsable, que sea eso solamente: crítica literaria, que no se esté convirtiendo en “un día soy escritor, otro día soy crítico”, esa crítica como en Estados Unidos o en Europa, egresada de las aulas, preparada para tal efecto, es lo que nos lleva a no saber quién es quién en México, de eso estoy totalmente convencido. No sabemos quién es quién y tampoco sabemos si dentro de veinte o cincuenta años, Poniatowska va a seguir siendo la Sor Juana Inés del siglo XX y XXI. Puede ser que las cosas se queden así, puede ser que no. Por ahora es muy difícil decir quiénes ya se quedaron.

 

Veo un desdén hacia los Estridentistas, y que curiosamente ustedes los jóvenes han tratado de recuperar: una postura que por lo menos fue inalterable toda la vida. Todos estos ruquitos —yo los conocí cuando no eran tan rucos y yo era excesivamente chico, eran amigos de mi padre— fueron anti-imperialistas todo el tiempo, críticos, vieron con simpatía el marxismo, fueron irreverentes, muchas de las cualidades que uno puede y debe admirar, las presencié en ellos.

O ahí está Revueltas, citado y citado pero no te das cuenta de que alguien lo haya leído realmente. Les conmovió su actitud política y ética, pero su literatura, no. La mejor prueba es que tardaron mucho en salir sus Obras Completas, y fueron promovidas más por el sentimentalismo que por una razón estética, por la presión de la familia, de los amigos que quisimos a Revueltas —ahí me confieso parte, fui de los que presionaron para la primera edición, que venían con epílogo de José Agustín—; porque veíamos con respeto a todos esos escritores, a los que veíamos realmente marginales, y que presentaban una actitud combativa constantemente. Eso es algo que hay que apreciar, y lo fundamental es la belleza de la obra.

 

 

RAF, foto por María José Morales Muñoz

RAF, foto por María José Morales Muñoz

 

ÓA. ¿Crees que la literatura —como la de la Posguerra, la del Boom, la de la Onda— pueda volver a mover y a generar un cambio para que las cosas mejoren, con todos los acontecimientos que han ocurrido últimamente en nuestro país?

RAF. En términos generales la cultura es una manera inteligente de combatir la inseguridad, la violencia, pero no por sí misma, no ella sola, tiene que ser un conjunto de acciones. Ahí está el resultado de un gobierno panista tan tonto como el de Felipe Calderón.

Yo estaba en Finlandia o Dinamarca, no lo recuerdo, cuando Felipe declaró formalmente la guerra al narcotráfico. Las noticias las estaban dando en francés y me llamó mucho la atención porque el periodista dijo —mala cosa—: “va a perder la guerra”. Solamente él cree que va ganando.

Por otro lado no tenemos a las autoridades necesarias, competentes, preparadas, capaces para manejar e impulsar la cultura. Lujambio puede ser un hombre inteligente, no lo dudo —ya me mandó sus libros para que no lo critique— pero no hay espíritu social en el gobierno mexicano. No lo hubo tampoco en el de Fox, y para ser honestos tampoco en el de Zedillo. En los estados las cosas están muy mal.

¿Cómo podemos esperar una mejoría si los secretarios de estado, antes de serlo, eran jefes de piso del Palacio de Hierro, o gerentes de sucursal bancaria en pueblo de tres mil habitantes? Son de una incapacidad total. Ya es monótono hablar con los altos funcionarios panistas —que como periodista tengo oportunidad de hacerlo— todos te cuentan lo mismo, lo primero que te dicen es: “yo no soy del PAN, yo vengo de la empresa privada”, ¿por qué no se quedaron ahí? Esta enorme carencia es algo que ha acelerado el deterioro. No tenemos la estructura cultural necesaria para echarla andar con todo su peso, a lo largo y ancho del país, para coadyuvar al esfuerzo que militar o policíacamente se lleve a cabo.

Sí se puede, pero no será en manos del PAN. Es muy curioso que un partido fundado por un intelectual como [Manuel] Gómez Morín —que justo perteneció a una generación brillante: la de los Siete Sabios, donde había figuras extraordinarias como Lombardo Toledano, con todo y lo que se le pueda criticar—, sea un partido totalmente negado para la acción cultural. No veo cómo se pueda hacer.

Al escenario que sigue —hasta este momento las encuestas indican que el PRI regresa—, en el que gana Peña Nieto, de manera abrumadora para los términos de hoy en día —o contundente para que se escuche menos dramático—, llega también un grupo o un PRI nuevo, que no tiene nada que ver con el fomento y el desarrollo cultural. El estado de México puede ser ese mismo laboratorio, ahí tienen un enorme laboratorio cultural que está en las peores manos, que no tienen idea hacia dónde va. Aunque saben que la cultura tiene un valor y repercute políticamente de manera positiva; siempre es encantador retratarte con Carlos Fuentes.

Fidel Herrera, por ejemplo, llevó a Veracruz a cuanto intelectual pudo, no porque los lea o le interese, le vale madre, el tipo es ignorante, pero sabe que tiene importancia, que te ven con Vargas Llosa y dices ¡wow! Eso es lo que el PAN no entiende.

Aunque estoy anticipándome demasiado. Veo una enorme inactividad de CONACULTA, que todo lo hacen de modo torpe, como lo que ocurrió con Bellas Artes, ¡pero es el país! Lo que se hizo con el monumento a la Revolución es un atentado, y lo que se ha hecho con infinidad de obras valiosas cuya intención era otra, menos la de divertir a una bola de piojosos que no les alcanzó para ir a la playa de Villa Olímpica, porque hasta allá no hay metro —te lo digo porque es a la que voy yo.

 

ÓA. Si pudieras recomendarle un libro a Lujambio, a López Obrador, a Peña Nieto y uno a Felipe Calderón, ¿cuáles serían?

RAF. A Felipe Calderón le recomendaría México Bárbaro; a Lujambio, los libros de Vasconcelos para que vea cómo surge esa intención de crear una Secretaría de Educación Pública de gran aliento; a López Obrador, creo que lo más adecuado sería regalarle un libro que se llama Dios mío, hazme viuda, de Josefina Vázquez Mota, ahora que está en cursos de autoestima porque dice que mientras más felices seamos, más prósperos llegaremos a ser los mexicanos. Pero eso también lo dice Og Mandino, si tú vendes durísimo eres feliz.

Creo que ese es el problema, están lejos de los libros, están lejos de la literatura adecuada. Casi a todos los conozco, me sorprende el caso de López Obrador, porque se ha hecho rodear por muy distinguidos intelectuales. Ahí está por ejemplo un hombre de gran formación marxista, Enrique González Pedrero, autor de extraordinarios ensayos y libros de historia sobre Santa Ana; igual que Víctor Flores Olea, que tuvieron un tránsito del marxismo al priismo, en donde ocuparon altos cargos y luego se fueron a la oposición perredista. En González Pedrero, probablemente tenga una explicación: fue maestro y tutor de López Obrador. Pero me refiero a que si está rodeado de personas inteligentes, de personas de cultura, de personas que políticamente tienen una gran experiencia, por qué no utilizarlas y crear un gran proyecto de gobierno, de país, distinto al que tenemos.

Lo que tiene López Obrador es un montón de parches para poner aquí y allá, y eslogans tediosos y aburridos como “primero los pobres”, que no conducen a ningún lado. Marx nunca imaginó a los pobres llenos de caridad, los imaginó con trabajo y en actitudes revolucionarias, buscando una nueva imagen. Y para que no fuera considerado un peligro para México —como decían los panistas— se convirtió en un autor de frases de autoestima y de superación personal, pero como es un político rudo, tosco, no encuentra la manera de decirlas inteligentemente, de manera que nos pueda convencer. Habría que regalarle un buen número de libros de autoestima para que siga por allí.

No va a ganar las elecciones, eso es seguro, aunque se enojen los perredistas. No es algo que yo lo diga, estoy viendo los escenarios y las encuestas. Podrá haber recorrido cuarenta veces el país, municipio por municipio, pero ya hay demasiados decepcionados de su actitud violenta, iracunda, de sus errores.

Los tiempos han cambiando aceleradamente, y cómo estaremos de perdidos que pensamos que el PRI llegará nuevo, distinto y que será otro. Para empezar, será una linda sorpresa cuando se vea que el gabinete de Peña Nieto está integrado por sus primos, tíos, cuñados, abuelitos, toda la familia y por el grupo de Atlacomulco, que para el caso es el mismo. Ya que en ese momento a Eruviel Ávila, al que no habían dejado entrar, le darán su credencial.

 

Estoy más esperanzado en la sociedad, en el lento aprendizaje que tiene la sociedad mexicana, primero en romper con el paternalismo estatal, luego dejar de creer en caudillos, pensar en ideas, buscarlas, saber cuáles son las más adecuadas para un país como el nuestro, no tenemos ejemplos internacionales sobre cuales basarnos.

 

A no ser por estas mezclas extrañas que hay ahora en Cuba, Vietnam, China y que pronto se empezaran a ver en Corea del Norte, posiblemente, y que López Mateos llamaba economía mixta. No es ninguna novedad, es un estado fuerte con presencia de una iniciativa privada vigorosa pero controlada por el mismo estado. Eso es a lo más que se puede llegar.

Lula venía del partido comunista, era un obrero, y no vi que hiciera cambios radicales; tienes que acostumbrarte a saber que debes tratar con Estados Unidos, con las potencias europeas, con el capitalismo asiático. Lo más inteligente es ir trabajando, poniéndose al servicio de la sociedad mexicana para que ella pueda decidir su propio camino sin necesidad de personajes iluminados, sea porque resultan muy osados o porque se casan con una actriz muy guapa; pero tienen que aprender que no son los partidos políticos una solución por ahora.

Habrá que obligar a esos partidos políticos a asumir responsabilidades mayores. Y buscar en los intelectuales el apoyo necesario, siempre y cuando no sean intelectuales orgánicos de nuevo cuño, que se ponen al servicio del mejor postor.

 

 

RAF, foto por Óscar Alarcón

RAF, foto por Óscar Alarcón

 

ÓA. ¿Qué sigue para René Avilés Fabila?

RAF. Lo de siempre: seguir escribiendo literatura. La escribo con mucho entusiasmo como siempre y quizá con más rigor que antes, porque siento que ya estoy en fila para morir.

Trabajo con más cuidado mis materiales, pero no puedo dejar el periodismo por las dos razones que me inicié: porque me pagan bien y porque necesito decir cosas, dar mis opiniones.

Hay un René Avilés Fabila político, que militó muchos años en el partido comunista y que sigue viendo en las ideas marxistas un asidero como para de pronto abandonarlo. Y ese René sólo se puede ver en el periodismo.

Mis novelas son de amor, mis cuentos son fantásticos. No le veo mucho sentido a entrometer a la política, sólo de modo ocasional. Ya no es hora de escribir El Gran Solitario de Palacio.

Escribo gradualmente y te va a parecer absurdo, porque ahora soy un escritor muy reconocido, premiado, me han hecho homenajes en Bellas Artes, en la Ciudad de México, en Puebla, Veracruz, Querétaro, Morelos, en la UNAM, en la UAM, el Politécnico, todos me han hecho fiestas tumultuosas, llenas de personas que aplauden, que me quieren; todo esto es perfecto, pero no tengo en dónde editar mis libros.

En este momento no tengo editorial. Nueva Imagen finiquitó el convenio que tenía a contrato y coincide con que Larousse compró todo el consorcio, y ya no quiere autores, quieren diccionarios, enciclopedias.

Llegó a su fin el contrato de Obras Completas, nos quedamos en quince volúmenes, todos agotados desgraciadamente. Y estoy exactamente igual o peor que cuando empecé, porque ahora, a la edad que tengo ya no puedo esperar a que surja una editorial salvadora.

Tampoco creas que estoy muy preocupado, me vale madres, te lo digo con toda sinceridad; debería decírtelo con odio y con mucho resentimiento. Si aparece una editorial que se interese por un libro mío, perfecto y si no, no.

Nunca en mi vida he tenido la necesidad de tocar puertas para dos cosas: para pedir empleo, y para buscar editor. Siempre han llegado, siempre me han ofrecido.

Ahorita estoy muy contento porque van a traducir al árabe dos novelas mías: Tantadel y El Amor Intangible, me gustará ver cómo salen las mujeres desnudas con burka para que no se escandalicen los que siguen el Corán. En eso estoy, esperando ver pronto estas dos traducciones.

Disfrute mucho el año pasado cuando cumplí cincuenta años como escritor con tanta fiesta, mucho alcohol, tantos viajes, medallas, diplomas, pero no estoy preocupado. No sé si la vejez te tranquiliza o te haces creyente y esperas un milagro: que de pronto el Fondo de Cultura Económica sea puesto en tus manos, y como primer paso me mande a hacer mis obras completas en edición de lujo, en piel —humana, desde luego—, con hilos de oro.

Entrevista a Rene Aviles Fabila, segunda parte

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René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

 

Entrevista a René Avilés Fabila, segunda parte.

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En la segunda parte de la entrevista les presentamos la opinión de René Avilés Fabila sobre la literatura mexicana. Nos habla de las mafias y los grupos literarios en México.

Y nos confiesa su amor por la ciuda de México, el cual se ve reflejado en uno de sus últimos libros Antigua Grandeza Mexicana, publicado por la editorial Porrúa en 2010.

 

ÓA. Si tuvieras que escoger entre la literatura y el periodismo, ¿con cuál te quedarías?

RAF. Con la literatura, sin pensarlo. Yo soy literato de vocación, yo empecé muy chico escribiendo literatura; mi padre era escritor. Cuando yo tenía siete u ocho años, leí una novela de mi padre que se llama Leonora —que es la vida de mi hermana mayor que murió a los doce años—, y aparezco como personaje de cinco o seis años, es mi niñez. No me he visto de otra manera más que como escritor.

Al periodismo llegué por necesidad, por una necesidad doble: de dinero, y otra por la vanidad de ver mi nombre impreso y ver las reacciones que producían mis artículos.

 

ÓA. ¿Qué tanto ha cambiado el panorama literario en México, de cuando escribiste Los Juegos, a este momento? ¿Siguen las mismas mafias, con otros nombres?

RAF. En primer lugar, la mafia principal sigue ahí. Ya todos son viejitos decrépitos, no pueden bailar, ni chupar, ni hacer el amor, pero ahí están. Las bajas han sido recientes: Monsiváis, Piazza, Benítez, pero todos los demás están allí.

Hay nueva mafias, lo único que tienen es que son faltas de sentido del humor: no hay mafia más aburrida que la del Crack, son aburridos porque en el fondo tienen una conducta burocrática.

 

No estoy juzgándolos literariamente sino esa búsqueda incesante de empleos. O de declaraciones como las que hace Volpi: “ahora voy la embajada tal, para poder escribir”, eso en un país decente nadie te lo tolera. Vas a trabajar para México, a representarlo, a difundir su cultura. Me parece un cinismo que alguien diga: “voy a escribir a todo dar”. Es una beca.

Esas mafias siguen estando, se ayudan. Pero es normal, la gente se agrupa por simpatía, por afinidades, por generaciones, edades. No fue mi caso nunca, porque nosotros fuimos un grupo que equivocadamente o perversamente, se le llamó como de la Onda, pero yo no le hablo a ninguno de ellos.

A José Agustín lo he visto porque él sí era amigo mío desde la secundaria —luego ustedes [los poblanos] lo quisieron asesinar— y partir de eso nos vemos, me invita a su casa y —yo pensando en que quizá sea la última vez que lo voy a ver— acepto. Bebemos y recordamos cómo fue nuestra niñez, porque ya nuestros recuerdos recientes se nos han perdido. Pero nunca hicimos una mafia, nunca hicimos un grupo.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

ÓA. Precisamente hablando del tema de las generaciones, hay una generación de escritores nacidos en los 70’s, que se ha autonombrado como la generación sin generación, y dicen que no le reconocen nada a la generación que les antecede, y mucho menos a la generación de la Onda, ¿qué opinas de ellos?

RAF. Creo que uno debe mencionar a los escritores de alguna manera que te sea cómoda. Agruparlos por generaciones es francamente tonto pero cómodo: “vamos a ver a la generación del 27” y tú ya sabes quiénes están allí; “vamos a ver los Contemporáneos; a la Generación Taller”.

En ésta eran un montón y se reconoce sólo a unos cuantos: Paz, Huerta, Solana y probablemente a Revueltas. Fue una generación que se agrupó quince horas, hicieron una revista afamada que tuvo dos o tres números: Taller, y luego se fueron por su lado.

Unos se volvieron comunistas como Revueltas y Huerta, y otros anticomunistas como Solana y Paz; y finalmente dejaron de frecuentarse por completo.

Eso de las generaciones es algo muy efímero, quizá sólo Contemporáneos y los Estridentistas hayan tenido mayor perdurabilidad en ciertos propósitos, que también van cambiando con la edad.

De la generación del 27, personalmente sólo conocí a Alberti, platiqué con él y ni siquiera se acordaba de los que habían sido sus compañeros de generación: “¿qué piensa usted de Lorca?” “¿De quién?”

Puede ser que sea algo serio y que sí se acuerden de sus compañeros pero es un rato el que están juntos, no es mucho tiempo, eso es una invención de los críticos.

Actualmente veo escritores y escritores, uno, porque soy maestro; dos, porque ya tengo edad suficiente como para que los escritores se me acerquen a pedir un consejo, un apoyo, hasta una caridad: “una limosnita para este pobre escritor que se muere de hambre”. Constantemente soy jurado de concursos de cuento y de novela. Y no los veo ya con esa intención de agruparse, aglutinarse, identificarse a través de algo, porque el país ha perdido su personalidad en esta globalización, incluso el mundo la ha perdido.

Por ejemplo a nosotros, en ’59, ’60, políticamente nos aglutinaba la revolución cubana, era un punto importante, y después la guerra de Vietnam, la presencia del “Che” Guevara en América Latina, en África desde luego. ¿Pero hoy qué le ofreces a la juventud? A Benicio del Toro interpretando al “Che” Guevara, es lo más que puedes hacer. Si tienes una cultura clásica, te acuerdas de Homero pero el griego, no Simpson ni Adams. O algunos creen en Brad Pitt como si fuera Aquiles.

 

Creo que los países han ido perdiendo su personalidad. El capitalismo, o la globalización, nos ha quitado muchísimo la identidad. Hoy en día, vas a Francia, y no es más la que yo conocí cuando llegué en 1969 a estudiar, es un país que ha ido perdiendo personalidad y conste que la suya era enorme. Ya no encuentras el restaurante bistró en donde te atendía la familia, que comías muy rico porque guisaba el marido y la señora te servía vino de buen precio. Ahora lo que hay son Kentucky’s, MacDonald’s, pero a cada paso.

Y también hace falta una bipolaridad: lo que fue el mundo de la guerra fría. Tenía su lado negativo pero existía la esperanza de que el socialismo pudiera ser más justo y equilibrado que el capitalismo, que es por esencia desnaturalizado.

 

RAF, foto de Óscar Alarcón

RAF, foto de Óscar Alarcón

ÓA. Ahora que estamos hablando de los lugares de identificación, ¿qué es para ti la ciudad de México en tu libro más reciente Antigua Grandeza Mexicana?

RAF. Un recuerdo, un conjunto de nostalgias. Voy a caminarla a veces, por ejemplo este viernes [santo] estuve allí, pensando en que estoy en un país de católicos y entonces los cabrones van a las iglesias a llorar ¡y no!: se empedan como locos, el día que está muriendo Jesús, están todos pedísimos en las playas —y los pobres que se quedan en las pinches playas mugrosas del PRD, nadie se acuerda de que existe el Señor—, y entonces están las todas las calles llenas.

Para ver la ciudad y medio saber cómo fue la ciudad que yo vi de niño, necesitas irte cualquier día a las cuatro y media de la mañana. Está oscuro, hay muchas ratas, muchas cucarachas, muchos hambreados, gente hurgando en la basura pero ya no te encuentras, como yo, a Torres Bodet, Octavio Paz, Renato Leduc, o a Carlos Pellicer; las cantinas de hoy son lugares siniestros en donde no hay intelectuales, no hay periodistas, no hay artistas, cuando eran puntos de reunión para hacer bohemia. Había respeto por la belleza del pasado, pero de pronto la modernización, la demagogia, el populismo arruinaron por completo el centro histórico.

Hoy en día quedan restos de lo que fue esa grandeza. Pero para mí —por eso se llama Antigua Grandeza— es la nostalgia. Ahora para entrar a la Secretaría de Educación Pública a ver los murales tienes que pedir permiso, sacar una charola, identificarte, te pasan por un aparato como los que están en el aeropuerto, te quitan la ropa ¡pues no vas! Recuerdo haber visto a Siqueiros, retocando —después de salir de la cárcel— el mural que están en la parte de atrás de la Secretaría, que es la ex aduana. Un mural grande y muy bien cuidado porque está retocado recientemente, de manera relativa.

Y otros recuerdos son los edificios donde estudié la secundaria en Regina, la preparatoria en pleno centro, todos los días caminaba por los restos del templo mayor.

No soy creyente y creo que nunca lo fui, de tal manera que siempre entré a las iglesias a verlas como museos o como lugares de espiritualidad.

Entrevista a Rene Aviles Fabila

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René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz para Neotraba

René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz para Neotraba

 

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En esta Primera Parte de la entrevista con el escritor René Avilés Fabila, nos habla sobre la administración de la cultura en México.

 

Parte del trabajo periodístico es entrevistar a gente que entrevista. Platicar con René Avilés Fabila, después de la entrevista que le hizo a Mario Vargas LlosaPremio Nobel de Literatura 2010— se me presentaba como un reto. Y aunque ya conocía a René por sus viajes reiterantes a la ciudad de Puebla, esta vez la plática sería distinta.

En la fundación que lleva su nombre se encuentra el Museo del Escritor, de los objetos que podemos encontrar están primeras ediciones de libros como los de Gabriel García Márquez, específicamente de Cien Años de Soledad; cartas que José Revueltas escribió desde la cárcel, o la mesa en donde él y José Agustín tallerearon con Juan José Arreola.

Unas semanas atrás René estaría en Puebla, en la Casa del Escritor. Se pudo haber encontrado con Sergio Pitol, pero resultó que odia a René. Antes de la entrevista, René comenta que sólo ha visto una vez en su vida a Sergio “y fue en París, el debió tener cerca de 30 años, yo era más joven —siempre lo he sido— y sólo esa vez lo he visto, es bueno saber que tengo enemigos como Sergio Pitol, de gran tamaño”.

Entre risas, René platica y se anima más, la atmosfera para la entrevista se va creando. De Vargas Llosa, platica cómo lo recibió en la UAM; René le regaló un par de libros suyos. “No tuve tiempo de platicar previamente con él, los de CNN acapararon todo. Cuando comenzó la entrevista me di cuenta de que no había apagado mi celular y comenzó a sonar, por suerte Varga Llosa no se dio cuenta. Creo que él esperaba una entrevista con el tipo de preguntas de Carmen Aristegui ‘díganos qué piensa del narcotráfico’, pero pronto se dio cuenta que mi intención era mucho más cortés, yo quería que mis preguntas no fueran las ordinarias”.

 

Óscar Alarcón. ¿Qué piensas de la administración de la cultura en México?

René Avilés Fabila. Cada vez está peor. Tradicionalmente no ha habido una política cultural clara, definida, precisa. Hubo proyectos vagos, como los que tuvo [Víctor] Flores Olea —que fue el primer presidente de CONACULTA— pero en términos generales, la tónica es seguir las simpatías de la profesión del titular. Entonces si es un músico, se favorece a la música; si es un escritor se favorece a la literatura.

En términos generales ya no se favorece a nadie porque los actuales, son promotores culturales improvisados, no de carrera. Sergio Vela era un poco de la música, pero realmente no tenía una idea clara; lo pude comprobar siguiendo su trabajo. Y [Consuelo] Sáizar sabe algo de ediciones de libros, se formó en JUS, una editorial conservadora en su momento que hoy ha cambiado de manos, pero tampoco tiene una idea clara. No hay una idea clara de política cultural.

Esto es algo en lo que yo he insistido siempre, pues siendo México un país que promueve muchísimo las artes, que tiene como costumbre y tradición luminosa el apoyo a las artes, tendría que verse como un avance. Dado que Vasconcelos arranca la Secretaría de Educación Pública con un proyecto también muy vago, poco preciso y muy personal pero con la idea de esparcir la cultura por todo el país. No hay ninguna cosa que se pueda parecer a un proyecto cultural, serio, bien hecho en donde participen distintos sectores de la cultura: los creadores, los periodistas culturales, los promotores culturales. Eso definitivamente no lo hay.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

 

ÓA. Tocando el tema que acabas de mencionar, hace un par de meses hubo muchas críticas hacia Consuelo Sáizar, sobre todo en los usuarios de las redes sociales, quienes estaban en contra de la desaparición de algunos talleres, como se había anunciado, ¿con la llegada de los tecnócratas se forman este tipo de vicios en los que se atenta contra la cultura o es inherente al país?

RAF. El abandono ha sido gradual y a pesar de que con el PRI siempre creció la estructura cultural, ya se notaban visos de decaimiento. Zedillo —último presidente priista— hizo crecer la estructura cultural, la apoyó, pero como una costumbre, como un “bueno, habrá que seguir apoyando las cuestiones culturales”. Parecía algo que en efecto los priistas tenían. Podían ser ignorantes pero tenían un respeto por las manifestaciones artísticas, por la cultura en general. Y la llegada del PAN lo que hizo fue acelerar ese proceso de desinterés por la estructura cultural del país.

Creo que es ofensivo que hayan puesto a Sari Bermúdez, a Sergio Vela y finalmente a Consuelo Sáizar. No tienen tamaño, no tienen obra, no tienen experiencia; y a cambio son autoritarios, difíciles. Son estructuras muy sensibles con las que hay que trabajar y manejar con cuidado, con delicadeza; no son obreros, son pintores, bailarinas, escritores. Es un sector muy sensible de la sociedad.

Honestamente, la globalización trae consigo el abandono estatal de la cultura porque en el proyecto capitalista que se hace, existe la costumbre de que sean los particulares los que creen la estructura cultural como en Estados Unidos, para no ir más lejos. Lo que da el estado es poco comparado con los grandes museos. Es el proyecto globalizador el que nos ha incluido.

Los grandes museos los hacen los particulares, las grandes fundaciones de apoyo al arte son de particulares: BANAMEX, Jumex, Televisa. El capitalismo tiene un interés en adelgazar al estado y comienza por la cultura, les parece lo más simple y lo más sencillo.

Finalmente, el escritor sigue siendo escritor, el pintor siguen pintando con o sin el apoyo del estado, podrá ser más difícil el camino pero el talento aflora.

 

ÓA. La siguiente pregunta tiene que ver con lo que acabas de mencionar. ¿Qué piensas de las nuevas campañas de lectura que se están haciendo? Podemos ver a Gloria Trevi, a Ely Guerra, diciéndonos que leamos un libro, pero son de cartón. Aunque está bien que los particulares lo hagan, ¿por qué hacerlo de esta forma?, ¿no crees que eso aleja a los lectores?

RAF. Esas son tomaduras de pelo. Honestamente, los particulares no tienen gran interés en la cultura, salvo en la medida en la que se publicitan, se promueven y eliminan impuestos.

Hay otros casos como el de Carlos Slim, que tiene algún afecto por la cultura —y mucho más por su esposa—, que ha hecho el Taj Mahal mexicano. Creo que está bien que los particulares participen e intervengan, pero nosotros debemos seguir dentro de la tradición en la que el Estado protege y estimula a las artes con libertad.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

 

ÓA. ¿Las becas del estado producen buenos escritores?

RAF. No sabemos exactamente porque la mayor parte de los becados son escritores con méritos propios. En el primer año del FONCA, todos los grandes escritores se repartieron las becas alegremente: Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Monsiváis, Elena Poniatowska. Primero, se adjudicaron becas a perpetuidad, y luego pues si sobro alguna también se la dieron.

No es fácil obtenerla y varían los criterios de acuerdo a las autoridades, por ejemplo, para quitármela, argumentaron que yo era un hombre rico. Y realmente no lo soy. Ese no es un argumento literario. Hay una cantidad de escritores que han sido becados y que no tienen realmente ninguna importancia, son recomendaciones.

No creo en las becas, no creo en estímulos, no creo ni siquiera en los premios literarios. Pueden ayudarte, pueden acertar pero las más de las veces tengo la impresión de que llueve sobre mojado. ¿Cuántos premios no recibió, o ha recibido, Elena Poniatowska? ¿Cuántos recibió Monsiváis? Infinidad.

 

Y por otro lado, hay muchos escritores que han recibido premios y no mejoraron nunca, se quedaron en su gran mediocridad. Esto tiene que ver con la gran falta de crítica literaria, porque quien te da los premios, las becas o los reconocimientos, siempre son tus semejantes, tus pares.

No son críticos literarios especializados, siempre es un imbécil que también escribe y que le caes bien o le caes mal. Punto.

 

ÓA. ¿Por compadrazgo?

RAF. Sí, de alguna manera así funciona. De ahí, la necesidad de una política cultural, de un proyecto en donde efectivamente se sepa con claridad cómo y por qué te van a dar un premio o una beca.

 

ÓA. Con todo y rendición de cuentas.

RAF. Como hacía el Centro Mexicano de Escritores, que es un buen ejemplo. Curiosamente era de iniciativa privada. Te daban dos o tres mil pesos mensuales, ibas cumpliendo, al final entregabas el libro y te daban una cantidad extra. Todos teníamos que entregar el libro.

Yo tengo la memoria del Centro Mexicano de Escritores —no sé cuántos escritores hayamos tenido la beca de esa legendaria institución— y son más los desconocidos que los conocidos. Gente que tuvo la beca, escribió un cuento afortunado, un fragmento de novela atinado, y que hizo creer a Rulfo, Arreola, Monterde, Elizondo, Alí Chumacero, que tenía mucho talento y fue un fracaso. Son golpes de fortuna, hay suerte buena y mala.

Entrevista a Hugo Lopez Coronel

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Hugo López Coronel foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel foto por Óscar Alarcón

Ciudad de Puebla

18 de abril de 2011

 

Por Óscar Alarcón y Gilberto González

 

Se trata del Director de la revista y el grupo Óclesis. Siete años en el trabajo de difusión de la literatura nos hicieron voltear  a su propuesta y tener una plática con él.

Hugo llega a la cita con mucho calor; las vacaciones comenzaron y aunque sólo gozará una semana, no pierde el ánimo para comentarnos un poco sobre su trabajo como profesor en Tehuacán.

Después de pedir un refresco y hielos, nos arrancamos con la primera pregunta.

Óscar Alarcón. ¿Qué piensas de las políticas culturales en Puebla?

Hugo Coronel. Es difícil dar una opinión sin tener conocimiento amplio del tema. Lo que me queda claro es que existe un común denominador —culturalmente hablando— lo que ocurre a nivel social: no hay políticas reales ni interés por promover el arte o la cultura.

Todo está amarrado a los intereses que se manejan, las perspectivas de los artistas y humanistas no encajan. Una política como tal, no creo que exista. Y si existen, son elitistas.

 

ÓA. ¿Crees que la cultura salga perjudicada con la llegada de los tecnócratas al gobierno del estado?

HC. Tendríamos que revisar qué tipo de cultura, o más bien qué tipo de discurso. Tal vez pueda perjudicar a la cultura dominante. Puede ser que haya ciertas políticas que van a pegar. Y creo que también afectará a los que somos alternos a esas culturas.

 

ÓA. ¿La literatura en Puebla ha sufrido cambios de lo que se hacía hace 20 años a lo que se hace hoy?

HC. Creo que sí hay propuestas literarias en Puebla. Lo que falta creo que son dos cosas: primero el aspecto de la difusión, si apareces con un discurso nuevo difícilmente eres publicado o promovido, tienes que moverte en ciertos medios para que se te dé entrada a la “farándula”.

Y segundo, aunque muchos no estén de acuerdo no podemos separar los procesos —literarios, psicológicos, antropológicos, lingüísticos— del modo de producción en el que estamos atrapados: el capitalismo a ultranza.

 

 

Hugo López Coronel II foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel II foto por Óscar Alarcón

 

ÓA. Entonces todo radica en la falta de difusión, ¿en Puebla tenemos lectores, pero crees que tenemos grandes escritores o bien algunas glorias, que ya no son tan locales, como el caso de Pedro Ángel Palou? ¿En Puebla hay buenos escritores?

HC. ¿Por qué ser gloria? Regresamos al marbete del modo de producción: “si no estamos en un mercado determinado mercado no somos grandes o no somos” ¿Por qué hay que ser?

Creo que sí hay propuesta literaria, sí hay gente que está interesada en comunicar, fragmentar o provocar fisuras a los estereotipos. El problema real es el discurso, ya que tendemos a catalogar a las personas. Si nos pudiéramos quitar este biso podríamos entender muchas cosas.

Hay mucha gente que tiene propuestas muy interesantes y lo que le pasa es que no tiene un nombre.

 

ÓA. ¿Entonces lo que hace falta es un poco de autopromoción?

HC. Sí, y un poco de humildad. De pronto cuando logramos cierto reconocimiento ya no somos lo que fuimos. Y pensamos lo que pensamos que somos.

 

Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Hablando de las mafias literarias, perdón, de los grupos literarios en Puebla, ¿perteneces a alguna mafia?

HC. Pues sí, somos un cartel. No un cártel, sino un cartel.

Me llegan susurros de que hay mucho movimiento literario en Puebla, el problema es que no llega a todos. En cuanto a los grupos, ojalá y hubiera más de los que hay. Y que de verdad hubiera grupos y no sólo intereses, que están tejidos en una red que se extiende a muchas partes.

Ojalá y hubiera grupos reales que se preocuparan por los discursos artísticos en la ciudad de Puebla, y a nivel nacional.

 

ÓA. ¿Entonces estarías de acuerdo en ir a una sesión terapéutica con todo tu grupo literario?

HC. Sí, estaría muy bien. Llevaría también a mi yerbero.

 

ÓA. ¿Por qué apostarle más a una propuesta grupal y no a una individual?

HC. Creo que hay que aprenderles algo a los patrones. Hay que trabajar en equipo como una manada. Queda claro que debemos hacerle caso a nuestra genética, a nuestra biología: somos seres sociales y tenemos que encontrar un espacio en donde convertir esa manada. Y también quitarle esa parte natural: el que no pertenece a la manada hay que desgarrarlo.

Yo creo que no, por ello tenemos el libre albedrío. Algo que queda claro es que existen algunos rincones de ética. De pronto somos voces que claman solas en el desierto pero hay que trabajar en grupo.

 

Hugo López Coronel III foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel III foto por Óscar Alarcón

 

 

ÓA. ¿Cómo surgió Óclesis? Como bien lo dices, están los espacios pero poca gente conoce el trabajo. Lo que tratamos de hacer en Neotraba es dar a conocer estos grupos, que tal vez no nos pidan el espacio pero que queremos difundir.

HC. No sé si fue una cuestión pensada o sólo fue por instinto. Lo que me queda claro es que hubo una combinación de estos dos conceptos. La gente que da inicio a Óclesis viene desde otros discursos y llega en el momento oportuno para cruzarnos, y en ese momento surge algo que no tenía nombre pero que tenía fundamento en la palabra.

Todos los que iniciamos Óclesis lo hicimos con un culto muy instintivo por la palabra, sin caer en academicismos. Y poco a poco se fue haciendo un amasijo de discursos, formó “algo” y formó a “alguien”.

Nos integramos en 2004 en un espacio en donde nos hacía caso, en el Café de Nadie [de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla] nos reuníamos a leer como estúpidos con un micrófono, las bocinas y la gente pasaba y no nos pelaba, pero ahí estábamos leyendo como tarados.

Después entramos a un café y poco a poco nos fuimos consolidando, hasta que sacamos nuestra primera publicación y los discursos se fueron combinando.

 

 

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Son siete años de picar y piedra, de estar peleando a la contra y es un medio que te da pocas satisfacciones, platícanos de algo con lo que te hayas sentido bien al estar en Óclesis.

HC. Lo que más me ha pegado es ser yo mismo. Óclesis no es un desdoblamiento de mí, pero sí es un desdoblamiento de Óclesis hacia mí. Yo me di cuenta de que estaba atrapado en esa ola y creo en el proyecto y la propuesta.

 

ÓA. ¿Hacia dónde te gustaría que se dirigiera el proyecto? Te lo pregunto no porque seas el gurú de Óclesis, pero sí como la persona que lleva la voz cantante, por lo menos lo que Óclesis significa para ti.

HC. Creo que el grupo va a consolidarse más. Vamos a trabajar de manera introspectiva, tiene muchas voces, se está volviendo un crisol. Seguiremos trabajando en radio, en publicaciones, seguiremos consolidando al grupo. Yo sólo quiero ver a Óclesis.

 

Hugo López Coronel IV foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel IV foto Óscar Alarcón

 

ÓA. En el norte tenemos ya muchas manifestaciones de la literatura, pero en Puebla, ¿en dónde radicará el boom? No para que todos escriban de esa manera pero sí para que haya más escritores y lectores.

HC. Creo que es en la sociedad misma. Se están creando discursos desde ciertas escuelas pero sólo apuntan a ciertos intereses. La gente escribe porque se les imponen los temas. Y los escritores libres no crean escuelas.

Podríamos regresar a una de tus preguntas anteriores: no hay interés de la sociedad por consumir estos discursos.

La gente que está interesada en escribir tendrá que voltear a hacia sus raíces. No quiero sonar muy apartheid al decir “poblano”, pero hay ciertas identidades que están cruzadas por otras muchas razones —antropológicas, filosóficas, etc.

Cada localidad tiene su propio discurso a pesar del concepto tan globalizado de nación que tenemos.

 

ÓA. ¿Qué piensas de las campañas de lectura en las que aparecen famosos leyendo libros de cartón?

HC. Pues si se publica Esta es mi veldá, quiere decir que hay muchos sectores que fomentan la lectura basura, que no te sirve de nada.

Te forman un velo de alquitrán con diez gramos de nicotina y cocaína para que no salga nada. Si esa gente está promoviendo la lectura es porque también tienen ciertos intereses. Si realmente promovieran la lectura sería otro país.

 

Hugo López Coronel V foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel V foto Óscar Alarcón

 

 

Gilberto González. Regresando al tema de la difusión, ¿no crees que los artistas mismos no reconocen que su trabajo es de buena calidad? Vemos a muchos de ellos que se encuentran dispersos y marginales. ¿Qué se hace para evitar que se encuentren así?

HC. No sé si marginales, pero de que están ahí, lo están. Debemos trabajar en las identidades. Tal vez hace sesenta años, los habitantes de este país sí se creían mexicanos.

Ahora cuando alguien dice “soy mexicano” se tiene que pensar cuánto le cuesta ser mexicano.

Creo que hemos perdido la identidad —puedes llamarla “nacional” o “propia”— por la falta de creencias, de autovalidación sin esperar a que otros me certifiquen. Ahora imagínate trabajar en las identidades artísticas.

 

ÓA. O imaginarnos el discurso de alguien que diga “ya no quiero ser mexicano”.

HC. Alguna vez en un programa de radio lo platicábamos. Un abogado decía que no era posible que a un futbolista se le olvidara el himno nacional. Yo le pregunté que si para ser mexicano era necesario que se supiera el himno nacional. Estamos en una sociedad mediática que nos está arrasando.

 

GG. Pongamos como ejemplo al D. F. en donde tenemos una cantidad enorme de escritores publicando que quizá no tengan los recursos y sin embargo publican. ¿No sería más fácil publicar en Puebla?

HC. Pero estamos hablando de la ciudad de México. Aquí hay muchos monopolios. En el D.F. tienes una diversidad impresionante, son las ventajas del capitalismo. Tienes oportunidades de publicar de manera propia. En Puebla lo puedes hacer pero es muy caro o no tienes los espacios.

 

Hugo López Coronel VI foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel VI foto Óscar Alarcón

 

ÓA. ¿Pero decir esto, no es una forma de automarginación?

HC. No. El claro ejemplo es Óclesis. No tenemos el dinero para sacar publicaciones como queremos pero buscamos espacios. Si nos automargináramos no publicaríamos nada ni ganaríamos espacios. Trabajamos a pesar de las limitantes que tenemos, no sólo económicas sino políticas, culturales y hasta de género.

 

ÓA. Entonces te cambio la palabra “automarginación” por “prejuicio”… Tal vez ustedes digan: “yo no publico con el grupo de Alí Calderón o con el de Ricardo Cartas”.

HC. Es respetable no interactuar con otro grupo, si algún personaje decide no publicar en cierto espacio, allá ellos. Pero en el caso de nosotros yo creo que no hay problema.

En esto se fundamenta nuestra perspectiva de arte: permitir otros discursos. Y me atrevo a decir “permitir”, tal vez sería decir “creer” en otros discursos. No negar que están ahí.

 

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

GG. ¿No crees que precisamente eso sea lo que hace falta en Puebla? ¿Cuántos grupos independientes podemos contar que publiquen?

HC. Muy pocos. La única forma de cambiar a la gente es a través del arte. Tienes que creértela, puede o no venir el reconocimiento, pero si uno no está comprometido en comunicarle algo a una sociedad como la poblana, si nos interesa que esto cambie, hay que trabajar.

Te van a hacer caso o no te van a hacer caso —lo más seguro es que no— pero ¿qué haces ante los embates de los medios de comunicación, de los intereses de grupos? No me voy a suicidar. Hay que buscar otros mecanismos.

 

Hugo López Coronel VII foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel VII foto Óscar Alarcón

 

 

ÓA. ¿A cuál de los eventos del festival Palafoxiano asistirás?

HC. Yo quería ir al de Armando Manzanero pero trabajo en Tehuacán. ¿No viene Paquita la del Barrio? Creo que iré a uno en domingo porque es el único que día que puedo.

 

GG. ¿Qué es lo que hace distinto al grupo Óclesis del contexto literario en Puebla?

HC. Creo que decir alguna característica sería mucha presunción de mi parte y hasta con cierto desdén. Somos parte del todo pero como nos reconocemos de manera consciente, es lo que nos hace —más que diferentes— integrarnos a esa masa, a la maquinaria.

 

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http://oclesis.blogspot.com

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Entrevista a Guillermo Rubio

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Guillermo Rubio, pintado por Gustavo Monroy en el cuadro La Última Cena (fragmento)

Guillermo Rubio, pintado por Gustavo Monroy en el cuadro La Última Cena (fragmento)

“En México puedes hablar de lo que sea y todo está relacionado, hasta al último, con corrupción o tráfico de poder o impunidad, en la cultura, en la política, en la policía,  nuestra república es de película.”

Por Óscar Alarcón

21de diciembre de 2010

Óscar Alarcón. ¿Cómo vives la literatura actual, la escritura de los jóvenes tomando en cuenta lo que se ha escrito recientemente y a lo que se le ha llamado “el cartel de los escritores”? ¿Qué piensas de este tipo de literatura, sobre todo por el estilo en el que tú escribes?

Guillermo Rubio. Pues mentiría si te dijera que la conozco, pero ahorita es lo primero que me vas diciendo y no tengo, sinceramente, mucho tiempo para dedicar a la literatura nueva. Lo último que leí fue un libro de un escritor que hizo El cadáver andante o El cadáver ambulante, de Gonzalo Matré. Y me lo dieron en la feria del libro del zócalo, lo leí y en la dedicatoria, Matré escribió que esa era la primera narconovela.

Regresando a tu pregunta, nuevamente, mentiría si te dijera que he leído algo, de género negro específicamente, de la nueva ola.

ÓA. ¿Ni a Orfa Alarcón?

GR. La chava de Perra Brava; no, no he podido leerla, pero entré en contacto con ella. Parece que es una novela del tipo Pasito Tun Tun, pero en mujer, hay que leer ese libro. Me apena mucho no poder contestar específicamente sobre eso [risas].

ÓA. ¿Qué te parece que los jóvenes se acerquen y hagan este tipo de literatura? ¿Crees que si le das difusión a esa literatura, validas la violencia?

GR. Por lo menos sirve de denuncia. O de jugar con la imaginación y con los personajes de nuestra política, que entran como inmaculados y salen envueltos en los peores lodos de nuestra sociedad. Pero deberíamos practicar la literatura de crítica cuando menos para burlarnos de alguna manera de ellos. Imaginar cosas que después pueden ser ciertas, que jugáramos con cualquier personaje. Que pudiéramos jugar con la maestra Elba Esther [Gordillo], que se presta para hacer mil novelas, todas del género negro.

O un puedes agarrar a un gobernador al azar, un jefe de la policía, y tomar como molde a un diputado o a un senador, que hoy es un promotor de la decencia y la cultura y a los pocos días, meses o años es un depredador, como una persona que nos fustigó con los sueldos con los que cobran, que dan risa y pena. Me acabo de enterar que les van a dar trescientos ochentaitantos mil pesos a cada diputado.

Entonces eso es un aliciente para ir a tocar al FONCA y decirles “quítenles la mitad y dennos algo“.

Guillermo Rubio

Guillermo Rubio

ÓA. ¿De esta manera construiste el universo narrativo de Pasito Tun Tun, imaginando y trastocando la realidad?

GR. Lo hice con toda la mala intención de tomar las notas que fueron importantes en su época; cuando se encontraban en la opereta de que salían más cómplices y de que no encontraban al compadre Raúl Salinas [de Gortari], todo se prestó como magia. No hay ni la más mínima investigación para recrear a un tipo de pasaje de nuestra historia.

ÓA. ¿Qué tanto de autobiográfica tiene la novela Pasito Tun Tun?

GR. Nada, absolutamente nada. Al contrario, es un buen ejercicio de escritura usando la imaginación y el entorno del periódico, porque Pasito Tun Tun salió del periódico, de la televisión, de las revistas, porque fue un tema que durante meses nos metieron como una telenovela, como muchas que nos dan en México.

ÓA. ¿De dónde surge “el Yaqui”?

GR. Había que tener un pretexto para ponerle un nombre al personaje, pero podría haber sido “el Poblano” o “el Veracruzano” podría ser cualquiera.

ÓA. Cada vez que platico contigo, me recuerdas mucho a Bukowski, un tipo que llega avanzado de edad a la literatura.

GR. Sólo que él era muy borracho [risas] y además era poeta. Sí, yo llegó bastante avanzado de edad, entro a finales de mis 40 años. Es muy conocido que fui encargado de la seguridad del periódico La Jornada y de ahí, como digo en el libro, entro en contacto con escritores, cineastas, escultores, poetas, hasta a un presidente de la república conocí, premios Nobel, y eso fue como un acicate, aunado a los informes que hacía en Gobernación, y sobre todo que hacía unas novelas casi diario, porque tenía Ruta 100, que era un sindicato que estaba conceptuado quizá como el más conflictivo en el Distrito Federal, y me tocó su época de oro.

Elaboraba diariamente de 3 a 4 informes, pero extractando eran de 2 o 3 cuartillas cada informe y eran como novelas. Eso me dio un poquito de formación y sobre todo la imaginación, que conjuntado con la doble vida de la policía—o sea entre la vida clandestina y la vida oficial, que se acostumbraba en ese entonces que en tus horas de servicio fueras servidor y en las horas de no servicio, no servidor.

Durante la presentación de Pasito Tun Tun en la policía auxiliar del D.F.

Durante la presentación de Pasito Tun Tun en la policía auxiliar del D.F.

ÓA. ¿En la que cabía de todo, incluso ser escritor?

GR. No. Escritor era de manera oficial. Porque es muy diferente usar la pistola a usar la pluma. Como policía político, el arma, en vez de ser la pistola era la pluma.

Regresando al mundo de La Jornada, después de conocer a ese gran personaje como fue don Carlos Payán, y después de esa apertura a ese mundo de corte comunista-socialista, tienes que hacerte un lugar en donde estás. Yo traté de congraciarme con él y con todos los de su entorno, y más o menos lo logré, pero fueron años de rechazo de editoras y años de correcciones, de volver a hacerlo. Fue una buena experiencia que hasta la fecha sigo cosechando, de ese sencillo texto que logré hacer.

ÓA. ¿Mientras duró la convivencia con Carlos Payán, cuáles fueron tus influencias, qué leías?

GR. Había una dirección, que leyera a Dashiel Hamet, que leyera a Chandler. No creas que le hice mucho caso.

ÓA. ¿Payán te los recomendó?

GR. Sí, e incluso me los regalaba. Payán me recomendó a Paco Ignacio Taibo II ¡imagínate! [Risas]. Mi capacidad para asimilar algunas lecturas no es universitaria, entonces me iba más hacia lo que me gustaba.

Desde antes de entrar a trabajar a La Jornada, por raíces familiares me inculcaron la lectura. Empecé leyendo a los clásicos juveniles, sobre todo las novelas y después lo policíaco y aventuras. Eso me fue mostrando una ruta: lo que me gusta terminarlo, y lo que no me gusta abandonarlo a las 3 o 4 cuartillas. Así he abandonado a gente que quizá tengan premio Nobel, pero que no me pueden llenar el gusto por leer.

ÓA. ¿Qué estás leyendo en este momento?

GR. Terminé un libro que se llama Los 30’s, que es un análisis sobre escritores mexicanos, en el que están José Emilio Pacheco y Poniatowska, un libro editado por Chema Espinaza, o sea de Ediciones sin Nombre, de la colección “La Centena”, que son unos libros pequeñitos.

Hay veces en los que entro en baches de lectura, y ahorita estoy precisamente en uno de esos. Pero sí busco, tengo en lista de espera 2 o 3 libritos, los títulos no los recuerdo pero siempre tengo en reserva.

Firmando libros

Firmando libros

ÓA. Quizá la respuesta pueda ser obvia, pero ¿por qué escribir sobre temas violentos? Entiendo que es tu contexto pero ¿por qué escribir sobre ello?

GR. Porque es lo primero que domino. Porque hay una especie de revancha de tipo personal hacia la gente que alguna vez tomé como referencia, que en cuestión de rectitud, sin saber que ellos llevaban una doble vida al igual que yo, y con una gran ganancia que era el reconocimiento popular, y era el reconocimiento por medio de votos; por ello la literatura que trato de hacer, y que siempre estará restringida por las editoras. Por los mismos personajes que inclusive están dentro de sus funciones en este momento, para mí es muy fácil imaginar las peores atrocidades porque se dan a conocer día con día.

ÓA. ¿Son parte de tu imaginación o son una experiencia vivida?

GR. No, todo es un ejercicio mental, nada más. Imaginarme que cierto personaje puede ser drogadicto, a lo mejor no lo es, o tal vez sí. Pero por mientras me gusta aventurarme, porque las acciones pueden concordar con las de una persona que ingiere drogas.

ÓA. Resulta tremendo que tú te imagines una tortura y que cuando lees la revista Proceso o lees el periódico es similar a lo que te imaginaste, cómo la realidad supera a la ficción, eso es más terrible.

GR. Como somos mexicanos y tradicionalmente tenemos una gran atracción hacia lo mal habido y sobre todo que los personajes que llegan a encumbrarse los corrompen mentalmente, es fácil llegar a los excesos más aberrantes y el aparato que los rodea es un mecanismo que los impulsa a borrar todas las buenas intenciones que tenían desde el principio. ¿Qué ejemplos te podría poner? Hay decenas de ejemplos que te podría poner de nuestra vida política, policíaca, de todos nuestros ámbitos de la sociedad, siempre hay un negrito en el arroz.

ÓA. ¿Podríamos decir que mucha de la decadencia cultural del país es culpa de la manipulación de la mente del ciudadano de a pie, por parte de los medios de comunicación?

GR. En cualquier estrato en que te desenvuelvas hay ciertos intereses entendibles. Maridajes entre gobierno-periodismo, periodismo-política. Está visto que también en la cultura, por ejemplo el FONCA, que está visto que es un círculo de becados, te dan ahora la beca y en tres años te la vuelven a dar. Y hay una cola de gente que tienen verdadero talento o verdaderas carencias y no se les respeta.

ÓA. ¿En México las becas producen escritores?

GR. Pues no se ve mucho. No sé. Ni idea tengo porque no hay difusión de los trabajos que se hace en tres años. En los pintores se ve un poco más porque presentan dos o tres exposiciones al año y con eso validan el dinero que les dieron; a los escritores me imagino que deben ser libros, pero libros que sólo leen ellos, y que pueden ganar premios. Hasta suena a revancha política [risas].

En México puedes hablar de lo que sea y todo está relacionado, hasta al último, con corrupción o tráfico de poder o impunidad, en la cultura, en la política, en la policía,  nuestra república es de película.

ÓA. ¿Cuál es el papel social de la literatura delante de los medios de comunicación? No puede competir con el cine, con la televisión, mucho menos con las telenovelas…

GR. La denuncia. Si yo fuera apóstol todos los días saldría a decir “hagan un cuento sobre Ebrad, sobre el Peje o Calderón” para tratar de narrar lo que nosotros nos imaginamos. Y serían unos cuentos fabulosos para cuando menos descargar nuestro afecto o desafecto a quien sea. La literatura es un buen camino para expresar lo que traes adentro de la cabeza y hay gente que nos volvemos puntillosos hacia lo que está ocurriendo. Pero también habrá escritores que publicarán novelas de amor y de aventuras y de todo.

Yo creo que la literatura que estoy haciendo es imaginar mi entorno político-policíaco, porque tengo gran influencia de ese contexto. Y como lector y como visor de televisión me da bastantes ideas para crear personajes dentro de nuestra vida nacional.

ÓA. ¿Ahora que liberaron al Jefe Diego, se te ocurrió algo?

GR. Me impresionó el tipo que no deja de ser valiente y un caballero —aunque sea de otro partido—, me impresionó el mensaje que les mandó “ahorita me agarraron pero no me vuelven a agarrar, me agarraron papando moscas”. Un tipo valiente, me quiero imaginar los diálogos si es que estuvo secuestrado por alguna célula guerrillera, esos debates eran para haberse grabado y para reproducirlos.

Exactamente ahorita me estás dando una idea como para hacer un cuentico —como si fuera colombiano— de esos seis meses. No está mal la idea: un líder guerrillero y un personaje que es odiado por la mitad de la población, y también manipulado. Ya bien lo dijo él “me secuestraron por la mala información de que soy el abogado más rico del mundo” y sobre todo de los malos manejos que se le atribuyen. Pero es un hombre valiente.

Creo que sus enemigos lo han de respetar por las declaraciones tan coherentes que hizo.

En la FIL del zócalo del D.F.

En la FIL del zócalo del D.F.

ÓA. En la pasada feria del libro del zócalo presentaste un texto incendiario, ¿crees que hubo censura?

GR. Hubo una total y completa censura porque abarcaba desde gobernadores, obispos, personajes del entorno, y a la vez era una invitación, a todos los que me escucharon, a jugar con los personajes sin temor, a los tiempos de los priistas. Lo que sugerí era imaginar mínimo una madriza o una desaparecida. Me di cuenta que parece que lo eché al olvido pero eso es bueno, porque ya me di cuenta de que de todos modos aunque existan tiempos de apertura de pensar, de jugar con la imaginación, serán panistas, priistas, perredistas, hay una censura visible. Lo bueno fue que era una invitación a pensar, si hubiera hecho un taller regresábamos a los tiempos priistas aunque estemos en la ciudad del perredismo.

Hay censura y te das cuenta cuando empiezas a rastrear la minuta y las notas del día: se dedicaron a leer la contraportada de Pasito Tun Tun, y todo lo que dije —que no ralla en valentía sino en desfachatez— era una franca invitación a que nos atreviéramos a tomar esos temas, no a inventar a Juan Pérez o el Shame de Taibo, qué caso tiene si puedes inventar personajes cotidianos, que en lugar de esos sea el jefe de la policía o el procurador.

Estamos en México para aprovechar los personajes y explotar lo que tienen, te podrás equivocar en 1 o 2 porque la honestidad no está muy bien conceptuada por nuestros gobernantes, especificando culturales y políticos.

“Hubo una total y completa censura porque abarcaba desde gobernadores, obispos, personajes del entorno, y a la vez era una invitación, a todos los que me escucharon, a jugar con los personajes sin temor, a los tiempos de los priistas.”

ÓA. Ahora que entré a la librería me encontré con el libro más reciente de Élmer Mendoza, ¿buscas ser un escritor de éxito?

GR. Órale, mano. Pues yo busco divertirme, jugar con mi imaginación, con el entorno cotidiano, inventar las historias con base en la realidad. Creo que El Asesino Solitario es su mejor libro; Balas de Plata es un libro para intelectuales. Considero que debemos ser menos adornados para la literatura. Élmer, Taibo, hay una generación de escritores que tienen todos los reflectores puestos en ellos pero creo que hay otros que estamos en la espera de que nos pasen la batuta tantito [risas].

Me estoy encontrando con un texto que me mandaron sobre mi novela, Visitando al Diablo, que dice “la novela necesita una radical revisión de estilo”, que eso ya lo sé. Pero ¿por qué son tan puntillosos los editores siendo, que hay textos que son perfectamente armados y son unos bodrios, que se dedican sólo a describir cómo estaban las escaleras, cómo estaban puestos los libros? Y en eso se pueden pasar tres cuartillas.

Puedes describir que te metes una línea de coca pero pasas a escenas y a escenas, pero los editores hacen la literatura con una formación como si hubiera sido con Cervantes, en los tiempos en los que era impecable la redacción.

Cuando llegas como nuevo personaje hasta una coma les molesta: “el autor tendría que poner nombres ficticios para obligarse a crear un poco más de realidad en el texto y no depender de una presunta carga testimonial o de un efecto de lo real muy fuerte, le falta ambientación propia”, entonces los editores se vuelven unos dictadores para determinar qué le puede gustar a un lector, siendo que los lectores van evolucionando en su lectura y les importa poco que esté bien construida una frase. Sí ayuda la fluidez y la buena construcción, pero tengo entendido que antes a un narrador se le podía ayudar quitándole las cursivas o acomodándole una coma. Ahora no, ahora te ven como un enemigo de la literatura y publican libros que no te llevan a ninguna parte. Pero quizá estén bien construidos y los ven como un trabajo impecable.

De izquierda a derecha: Óscar Alarcón, Mauricio Bares, Guillermo Rubio, México, D.F., 2010

De izquierda a derecha: Óscar Alarcón, Mauricio Bares, Guillermo Rubio, México, D.F., 2010

ÓA. ¿En México sobra adjetivación y faltan tramas? ¿Quién las escribe?

GR. No; sobran tramas. Y debe haber de sobra quién las escriba pero se han de estar imposibilitados, como yo, porque no están bien construidas, porque abusan del antagonista o del protagonista, pero sí hay. Me imagino que debe estar repleto de temas interesantes, escalofriantes, sorprendentes por escritores que no son escritores.

Ahora que he terminado el bloque de escritura me estoy encontrando que, en Visitando al Diablo, tengo que cambiar los nombres de los personajes, ¿por qué? Porque el editor lo quiere. Tengo que cambiar las escenas porque las consideran inverosímiles y aparte hay que revisarlo estilísticamente, bueno eso se acepta. Pero si llega don Élmer Mendoza lo reciben con aplausos y como su novela está bien construida, como es un académico, indudablemente el libro estará bien escrito pero de interesarle sólo le va a interesar a las personas que lo conocen de ganador de un importante premio.

ÓA. ¿Qué editorial fue la que te mandó este correo?

GR. Es Terracota.

“Sobran tramas. Y debe haber de sobra quién las escriba pero se han de estar imposibilitados, como yo, porque no están bien construidas, porque abusan del antagonista o del protagonista, pero sí hay. Me imagino que debe estar repleto de temas interesantes, escalofriantes, sorprendentes por escritores que no son escritores.”

ÓA. ¿Crees que sería mejor publicar en editoriales pequeñas?

GR. Lo que estoy pensando es que voy a ser famoso cuando me haya muerto, porque los textos no los voy a cambiar. Y más ahora que voy sobre la segunda novela en la que yo soy el personaje, inventando mis propias historias, ligadas con la política, con el entorno de México y sobre todo el que me interesa: el policíaco.

ÓA. Los editores siguen siendo los castigadores

GR. No encuentro qué decirles. Pero para la próxima aventura que voy a escribir me voy a disciplinar por lo menos en lo estético y en lo máximo posible de bien construido y estilizado.

ÓA. Estaba pensando en Mario Bellatin, que se ha olvidado de las editoriales y ahora él mismo imprime y vende sus libros en el parque México.

GR. Pero no me gustaría llegar a eso. Quiero dejar plasmadas mis horas de escritura para que no se pierdan, porque ya son más de mil cuartillas. Mil cuartillas mal escritas ante los ojos de cualquier editor, pero son varias historias que son cotidianas, de dominio popular y de humor negro. Tienen comicidad, algo estoy aportando a la literatura nacional.

ÓA. Eso es lo que te iba a preguntar, ¿hacia dónde va la literatura de Guillermo Rubio?

GR. Primero va divertirme con una trilogía en la que yo soy el personaje. Después unos cuentos enfocados a los problemas de corte político, va a los excesos, a cierta aceptación a las drogas y a divertir. Esa es la idea.

Alguna vez me preguntaron que si quería dejar algún mensaje. Bueno pues el mensaje es divertir nada más. Divertirme con lo negro, con lo oscuro, con lo que nadie se atreva, y sobre todo dejar de creer que nuestros personajes son intocables, y que los podemos tocar con la imaginación.

ÓA. ¿Qué es para ti la literatura?

GR. Es la huella que vas a dejar, es tu firma para toda la vida. El cuerpo se muere pero las letras no van a morir, y si son medianamente legibles pues tienes para ser recordando por muchas generaciones.

Guillermo Rubio es autor del libro Pasito Tun Tun, Tiempo Extra Editores, México, 2006.

Entrevista a Andrés Acosta

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“Hay una visión esquizofrénica; en México todo mundo tiene sentido del humor pero a la hora de hacer los libros, hay que ser serios. Es una visión decimonónica.”
Andrés Acosta en la librería “Rosario Castellanos” del Fondo de Cultura Económica, ciudad de México. Foto: Óscar Alarcón García para abartraba
Por Óscar Alarcón García
1 de julio de 2010

¿De dónde crees que viene tu vocación como narrador?
Al principio no era mi intención hacer libros sino escribir y hablar de las cosas que me pasaban durante el día, pero no como un diario formal, sino pequeños apuntes, viñetas.
Y escribiendo, de manera completamente inconsciente porque ni siquiera tenía la menor intención de ser escritor, y ni siquiera tenían forma publicable. Eran una forma de autocomunicación; siempre se habla de la literatura y más de la narrativa como una forma de expresión, y yo pienso que más bien es una especie de autoconocimiento, como para sacar lo que estás viendo y leer tus pensamientos.
Ya después viene el asunto de la comunicación con los demás, pero para mí nació como un centro de autoexplicación, para saber lo que era y qué estaba pasando en aquellos días.

¿Cuántos años tenías cuando comenzaste a hacer estos ejercicios de escritura?
Estaba en la secundaria. Tenía 14 o 15 años. Ahí entré a un concurso de cuentos y entonces fue la primera vez que hice un cuento, con la idea de competir. Pero aún así no lo veía como un mismo fenómeno, para mí escribir era algo muy personal, y lo otro era como hacer una tarea, algo sobre pedido.

¿Tienes algún ritual antes de sentarte a escribir? Recuerdo a un escritor del siglo XIX que se comía un pollo entero antes de escribir, o gente que toma mucho café…
No exactamente un ritual pero tal vez una forma de transición para ponerse en la frecuencia de escribir. Que puede ser distinto dependiendo de la época del año, de la situación o del lugar donde esté.
Puede ser una caminata previa, el laguito de los patos aquí en el parque México [en la colonia Condesa del Distrito Federal], caminar hacia donde voy a escribir, tomar café, fumar. Hace muchísimos años fumaba puro, pero era para ponerme a tono, para entrar en la frecuencia.

Creo que el valor del ritual —o más que el ritual— es que puede cambiar o puede ser cualquiera para una misma persona, inclusive; es esa facultad que te dice “ya estoy en el estado de ánimo para empezar trabajar” —de diferenciar lo que haces antes, por ejemplo: cumplir con tus labores del día.
Patricia Highsmit recomienda que cuando tienes muchas preocupaciones cotidianas, lo primero que hagas es resolver dos o tres, nada más; dedicarles una parte pequeña del día: pagar la renta, la luz, los impuestos, los recibos y luego ya empezar a trabajar. Porque con eso ya cumpliste y descansas del estrés de las preocupaciones y te metes al trabajo.

Andrés Acosta. Foto Óscar Alarcón
¿Y también te conviertes en una especie de pararrayos? Recuerdo que Guillermo Samperio decía que cuando te sientas a escribir, te conviertes en uno y comienzas a absorber ideas y a escribirlas.
Eso es cuando tienes suerte, porque hay días en los que amaneces y te cae del cielo, como la manzana de Newton, y nada más la recoges.
Pero hay ocasiones en las que no, y entonces tienes que trabajar de todos modos, ya sea porque no has terminado el capítulo que tienes que entregar o no tienes el avance que deseas; o por lo menos ya decidiste que cierto día de la semana te sentarás a escribir y a lo mejor no te caen las ideas, pero ya tienes el tiempo y no lo puedes perder porque ya libraste todos los obstáculos para tenerlo.
Entonces es cuando entra la disciplina: a pesar de que no tenga ganas de escribir, de que esté deprimido, de que esté cansado o no se me ocurra nada, comienzo a escribir y entonces la escritura arranca mecánicamente: dos personajes se enfrentan y algo tiene que pasar, le dice una cosa que tú no esperabas, y entonces el otro personaje le responde, y el texto comienza a agarrar vuelo por sí mismo, sin que se te ocurran a ti las cosas, simplemente aparecen.

Tenía un maestro en la universidad que decía que en el trabajo, 90% es disciplina y 10% talento, ¿crees que en la escritura sea así?
Sí, la verdad sí. Ese asunto de la inspiración, del talento, de las capacidades es un engaño y puede hacer mucho daño a los que comienzan a escribir, pensando en “¿yo tendré talento?, ¿seré capaz de escribir una obra como la de este gran escritor?”.
Por otra parte, cuando acabas de escribir un buen cuento y la gente dice que eres un buen escritor, entonces piensas: “bueno, entonces ya tengo talento, ya la hice.” También es un engaño muy fuerte porque el trabajo es más importante a corto y a largo plazo. El trabajo es más importante que el talento porque prácticamente cualquier persona tiene talento.
Si tú eres un buen coordinador de taller y pones a la gente a hacer ejercicios, escriben cosas impresionantes, cosas muy buenas, que ni se la esperaban, es realmente conducirlos. Pero de ahí a que alguien haga realmente una carrera, publique un libro o escriba una novela, la diferencia es el trabajo.

¿Has escuchado sobre la generación inexistente, o también llamada la generación atari?, es la generación de los escritores que nacieron en lo
s 70’s y que dicen que no tienen padres literarios, ¿qué opinas de ella?

Siempre existe la intención de los escritores de romper con las generaciones anteriores, y es sano. Porque si fuera una simple continuación de los anteriores, entonces sería aburrida. Si le encuentran los defectos a los anteriores y no los quieren continuar es una buena actitud.
Pero siendo realistas eso no existe. Porque todos los escritores somos resultado de los anteriores, de lo que se ha leído, de la tradición la conozcas o no, directa o indirectamente y de la cultura que te permea y en la que vives inmerso.

Como actitud puede ser algo fructífero para un escritor decir “yo voy a romper con todo y voy a tratar de escribir algo nuevo”, que no puede ser nuevo completamente. Pero en la realidad, el escritor está hecho de lecturas y de la asimilación de otros lectores. La capacidad de escribir depende realmente de las lecturas. Las experiencias, es obvio; porque no existe alguien que no tiene experiencias en su vida, aunque no salga de su casa, tiene experiencias porque está vivo. Pero las lecturas no son tan gratuitas como las experiencias.

Creo que cada generación tiene la intención de marcar su territorio, de ponerse nombre para distinguirse. A algunos les gustan los grupos, a mí no me gustan, pero hay algunos que sí les funcionan. Al que le funcionen que se meta en uno, al que no, entonces que haga su trabajo en solitario.

Es importante sentirse cómodo.
Sí, porque no es una obligación ni estar solo ni estar en grupos. Lo que le funciona es lo importante para quien escribe, porque a cada uno le acomodan cosas distintas. Entonces más que generación, yo hablaría de grupos. Porque no todos los de los 70’s están en un grupo, hay unos que ni se conocen. Hay otros que sí se juntan mucho, que publican en alguna editorial, que comienzan a hacer antologías. Lo que sí es que ganan espacios, eso sí es un trabajo de relaciones; pero la verdad es que pasan 20 o 30 años y las cosas se van acomodando, y a lo largo de los años quedan pocos escritores de una generación.

Portada del libro Olfato (Premio de novela Gran Angular, 2009, ediciones SM, 2009)
¿Por qué decidiste escribir Olfato, una novela sobre vampiros? No existe una tradición literaria en México que hable sobre vampiros, ¿por qué arriesgarse a escribir una novela así?
Se me hizo algo muy interesante porque precisamente no había tradición de literatura sobre vampiros en México. Aunque hay una visión popular del vampiro que proviene de otras latitudes. El contexto era bastante adverso porque estamos en la época en la que domina el best seller juvenil, cuando los vampiros juveniles de Stephenie Meyer son la referencia, e inmediatamente cuando se publica una historia de vampiros se le tacha de best seller o cliché.

Pero me di cuenta de que el vampiro aparece prácticamente en todas las culturas, con distintos nombres y distintas características y en distintas épocas; y pensé “¿por qué no inaugurar una versión mexicana del vampiro?”. Que aunque a estas alturas lo mexicano lo entendemos como algo múltiple y ya no tanto localista.
Inclusive entre los griegos, que no es tan conocido, aparece un personaje femenino que les chupaba la sangre a los niños y después se convertía en serpiente. Eso nos demuestra que el cliché que tenemos de que el vampiro proviene de Drácula no es propio del vampiro, hay infinidad de imágenes. Entonces, abordarlo era un reto.

A los lectores jóvenes les llama mucho la atención este tipo de literatura.
Supongo que es atractivo para los jóvenes porque explora el lado oscuro, la sombra que aparece en todas las personas y que se manifiesta en la figura del vampiro. Todo el contexto de lo vampírico seduce a los jóvenes, ya que resulta una figura muy poderosa y por lo mismo muy difícil de manejar. Sobre todo porque se ha banalizado tanto, hay una visión de principio prejuiciada.
Pero eso es lo atractivo: contar la historia de un vampiro, el cual no existía con esas características.

Portada del libro El Complejo de Faetón (Mención Honorífica del Premio de Novela Juvenil Gran Angular, 2006, ediciones SM, 2006. Seleccionada para el programa Bibliotecas de Aula de la SEP 2008-2009)
¿Crees que los mexicanos, y en específico los escritores, tienen un complejo de Faetón?
Sí, porque es un complejo muy mexicano, todos los días los vemos. Recientemente con la selección de futbol, todos sabíamos que iban a perder. Ingenuamente algunos pensaban que podían ganar, pero no, eso ya estaba escrito desde antes. El ejemplo más preciso se dio en el partido contra Argentina y en la forma de pensar del mexicano. No sé si te diste cuenta que los mexicanos comenzaron jugando muy bien, dominando el balón, atacando; y los argentinos estaban desconcertados. Cuando viene el primer gol -que es la equivocación del árbitro y que les marca el gol en contra cuando no era así– ¿qué es lo que sucede? En lugar de seguir atacando más, se desmoralizan, pierden la concentración: mentalmente están acabados, en ese momento pierden el partido. Yo creo que sí estaban preparados, hacen ejercicio, juegan futbol, pero mentalmente no estaban preparados.

Eso es lo que pasa con los mexicanos, mentalmente se sienten derrotados. En distintos campos, tú lees el periódico y te das cuenta de que estamos viviendo un fracaso alarmante.

Y en el caso de la literatura me parece que sucede lo mismo. Se tienen no sólo a las glorias locales sino también a nivel nacional y son pocos los que logran trascender, no sólo de su lugar de origen sino de México.
En buena medida es porque estamos en condiciones muy difíciles. Tenemos falta de lectura, pocos apoyos reales, porque los que hay son ficticios. Una beca no es un apoyo, te hace sentir que estás viviendo como escritor unos meses o un año o tres años si bien te va, pero es algo ficticio porque la realidad no se vive así. Ese fenómeno del escritor fracasado se da mucho por todo el país y tiene que ver mucho con el contexto económico, pero también tiene que ver mucho con lo mental, desde el principio hay una derrota, por ejemplo los que escriben poesía se dicen “nunca voy a vivir de la poesía, no voy a ganar un quinto y no voy a vender un libro y únicamente me van a leer mis amigos”, porque en México no existe la visión de escribir en los géneros comerciales que posteriormente te den a ganar para escribir poesía.
O escribir una novela de éxito que me saque de la problemática que tengo y que yo pueda seguir escribiendo.
Aunque también hay muchos que escriben géneros históricos, fantasía, juvenil y que le encuentran el chiste y les puede dejar para seguir difundiendo su literatura o para formar una editorial. Pero creo que es una cuestión de mentalidad.

Portada del libro Cómo me hice poeta (Premio Bienal de Novela Juan García Ponce, 2008-2009, Ficticia, 2010)
¿Cómo fue el proceso de creación de Cómo me hice poeta?, ¿es una novela autobiográfica?
No, no es una novela autobiográfica. Pensé que sonaría autobiográfica porque está escrita en primera persona, y coincidimos en que los dos somos escritores, y pocas cosas de las que describo ahí me pasaron a mí, porque nunca estudié en una escuela de escritores como la SOGEM; coincide en el trabajo de la burocracia cultural.

Pero el personaje no tiene mucho que ver conmigo, más bien fue como meterse en la mente de alguien que quiere el extremo contrario al fracaso, que también es una forma de fracaso. Es decir, yo quiero ser un escritor de éxito pero no leo nada. La contradicción fue lo que me llamó la atención. Ni leo ni escribo nada pero yo quiero vivir de mis libros aunque no diga nada.
Es una visión crítica implícita del nivel de lectura de los escritores, de los que quieren escribir y que no se toman el trabajo de leer primero, de primero escribir correctamente y después tener influencia de grandes escritores.
En mis años de formación fui a uno o dos talleres literarios y se repetía mucho entre los asistentes la consigna de “no voy a leer a los otros escritores para no contaminarme y ser más original”, pero cuando leía sus trabajos me decía “¡mejor los hubieras leído para no cometer estos errores!” tal vez no serían tan marginales con sus errores.

Y esto está relacionado con lo que me preguntabas antes y que también es una forma de fracasar: “no voy a leer nada de mis contemporáneos porque creo en mi talento y en mis facultades mágicas de escribir textos perfectos sin conocer lo demás”, que eso tiene mucho que ver con la visión de algunos escritores que se hacen leyenda. Por ejemplo muchos decían de Rulfo que era un cuate muy campechano, medio campesino e ignorante que escribió dos súper obras magníficas. Y revisas y resulta que es todo lo contrario, que leía, que era un conocedor de literaturas de otras latitudes y de escritores. Y que tal vez no era tan farol para decirlo todo el tiempo.
Si revisas su fenómeno es un engaño hacerle creer a mucha gente que los buenos escritores no tuvieron una buena formación de lectores.

En México generalmente se tiene mucho respeto a los escritores consagrados, pero en Cómo me hice poeta, satirizas y en cierta medida te burlas y haces crítica de ellos. Por ahí aparece Juan Rulfo, hay algunas alusiones a René Avilés Fabila, ¿por qué escribir una novela tan irreverente?
Porque en México son demasiado solemnes. Parece que la literatura está casada con la solemnidad, con las cosas importantes que tienes que decir. Cuando tocas uno de estos temas como la escritura o la vida cultural en México, tienes que ser muy solemne para que parezca importante lo que estás diciendo.
Pocos se atreven a burlarse de lo que está ocurriendo, primero por el miedo a decir que es una novela fársica, irónica y satírica, pues estás haciendo una caricatura, y eso no lo toman en serio. Y eso es uno de los graves problemas de la literatura en México. Porque para que un libro parezca importante tiene que ser atormentado, trágico. Esa una visión muy antigua del escritor romántico, de cortarse las venas frente al lector para decir “miren estoy haciendo algo importante”.
Es muy raro porque en México hay un sentido del humor muy negro, cuando ocurre una tragedia, al día siguiente ya surgieron todos los chistes habidos y por haber, pero en la literatura pasa todo lo contrario: son solemnes, muy aburridos, muy serios. ¿Por qué son tan aburridos? No lo sé. Piensan que lo divertido está casado con el best seller, con las grandes ventas y con lo que, literariamente, no vale la pena.

Hay una visión esquizofrénica; en México todo mundo tiene sentido del humor pero a la hora de hacer los libros, hay que ser serios. Es una visión decimonónica.

Andrés Acosta. Fotografía: Óscar Alarcón García para abartraba
Somos muy poco festivos.
Sí, y las cosas importantes no sólo pueden decirse seriamente, sino en miles de tonalidades. Hay poca variación de tonos. Por ejemplo, predomina la novela histórica y casi toda es muy solemne, a excepción de Ibargüengoitia. Las excepciones son pequeñísimas.

Como te comentaba, hablando de Avilés Fabila, descubro en Cómo me hice poeta esa ruptura que tenía en Los Juegos. ¿Hay en tu novela una desacralización de la literatura y un rompimiento, al igual que en la de René?
No había pensando en René. No sé cuál de los personajes se pueda parecer a él.

Te lo mencionaba por lo del Museo del Escritor, que aparece en tu novela.
Ah, ya veo. Creo que eso debe ser una coincidencia, porque si te fijas en algunos personajes se funden características de distintos escritores. Por eso la novela se hace más verídica y más identificable, porque al no ser uno, se parece a todos al mismo tiempo y si no es éste, es el otro.

Como cuando mencionas al pequeño Hemingway, o lo del par de máquinas de escribir arrumbadas en el Museo del Escritor.
Ahora que me lo estás diciendo me estoy dando cuenta de eso. No lo había casado. Y fíjate cómo van surgiendo estas cosas, cuando estaba escribiendo la novela, en ningún momento pensé en el museo de René Avilés Fabila. Tal vez es inconsciente o es casualidad, algo que pudo haber sucedido en la realidad y se dio.

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba
¿Qué opinas de la administración de la cultura en México?
Más bien es la administración de la burocracia de la gente que se dedica a los ámbitos culturales.
Tenemos un país en el que se trabaja, sin que digamos cuál es. Nos damos cuenta de que es del tercer mundo porque cree en jerarquías, en injusticias y en donde los menos importantes son los creadores, los artistas y los autores. En donde lo más importante son los señores de corbata que dicen pues este día vamos a comer acá, nos vamos en avión, regresamos, pagamos los boletos VIP, y luego les arrojamos unas migajas a estos mendigos para que se entretengan y se peleen como perros rabiosos por alg
una beca del sistema
, eso es lo que hace es sistema político, con sus excepciones. Hay algunos que sí trabajan bien pero de manera aislada.

¿Y de los escritores becados?
Pues quizá a los que criticaría son a los que tienen una beca y no trabajan. Y a los que cobran una beca y no la necesitan, y no porque trabajen mucho sino porque realmente no necesitan una beca. Hay escritores que dicen “yo tengo un departamento en Nueva York”, ¿tú crees que esos van a necesitar una beca?

Entonces ¿las becas no son un índice de buena salud en la literatura mexicana?
No hay conexión. Hay momentos en los que la beca impide la producción, interrumpe la carrera literaria de muchos escritores que entran al Sistema y entonces dejan de publicar. Yo creo que ese fenómeno es único. Obviamente no todos están mal, pero sí la mayoría coinciden en que dejan de trabajar y de publicar.
Y me lo explico porque después de que toda la vida estuvieron pedaleando, escribiendo y tratando de publicar, de repente les llega la beca y ya está más tranquilamente y no se tiene que escribir en forma, incluso con sólo entregar tus informes es suficiente.
Y algunos cuando llegan a tener una beca, comienzan a tener lo que nunca tuvieron y se dicen “¿ya para qué escribo?

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba
Entonces sucede lo mismo con los premios literarios ¿hay mejores candidatos a ganar un premio entre los que son becarios?
En ocasiones sí. Pero ningún premio asegura una gran calidad literaria. Lo único que asegura un premio es que por lo menos el libro que ganó es el menos malo de los que concursaron.
Sería interesante echarse un clavado a los archivos del FONCA para ver qué fue lo que se entregó como avance y darnos cuenta de la calidad; en los premios no sucede esto, ahí por lo menos se premia al menos criticado. Esa es la diferencia entre los premios y las becas, es más riguroso el camino de los premios. Aunque si hay diez premios de narrativa en México anualmente, tampoco quiere decir que aparezcan diez libros magníficos al año, eso es imposible.

¿Qué opinas de los diversos polos literarios que se están dando en México?
Es interesante el mapa que está condicionado por la situación económica también. Alguna vez comentábamos tú y yo que el Norte y su posibilidad económica ha generado cierta calidad. Muchos escritores y muchas publicaciones. Además lo que más se escribe es novela, que es más difícil. Porque el cuento y la poesía son géneros mucho más digeribles, es más fácil que haya cuentistas y poetas que novelistas. Y eso se está dando en el Norte.
Caso contrario lo que ocurre en el Sur, en donde abundan los poetas y alguno que otro ensayista en el Centro; todo está relacionado con la economía y las posibilidades.
Por ejemplo en el estado de Guerrero es una cosa infame, no hay presupuesto, a nadie le importa la cultura y por lo tanto hay pocos escritores.

Pero esto parece ser un síntoma de casi todo México, por ejemplo en Puebla hay presupuesto pero hay pocos escritores de calidad.
Lo que me he dado cuenta es que en Puebla invitan a muchos escritores de otras partes a presentar libros, y eso genera una movilidad, que por lo menos a nivel social sí aparecen muchos escritores. En otras partes eso casi no sucede, no sólo por lo económico sino por la distancia.

¿Qué opinas del discurso oficial que expresa que “en México no se lee”?

La lectura es un fenómeno aislado, éste es un lugar muy especial [la librería “Rosario Castellanos” en la colonia Condesa del Distrito Federal] y donde efectivamente se concentran muchos escritores que son buenos lectores. Puedes encontrarte con escritores, periodistas, editores, diseñadores, gente relacionada con el mundo editorial que viene aquí, se toman un café y compran libros.

Pero esto es una burbuja, la realidad es que la gente de otras colonias, que no tiene tan cerca la librería, que no le interesa leer, no está leyendo. O lee otra cosa. Lee revistas. Si tú ves los tirajes de TV y Novelas son tirajes de doscientos mil que se agotan en una semana.
Y los libros de literatura son de mil o dos mil libros y que si se agotan en dos años ya fue mucho.

Y sólo el 2% de los municipios en México tiene librerías.
Sí, se ha dicho que tan sólo en una de las calles de España hay más librerías que en todo México. A veces la única librería que hay es la del Sanborn’s —y eso en los lugares donde hay uno. Por ejemplo en Chilpancingo no hay una sola librería; en Acapulco abrieron una Gandhi.
No hay librerías pero tampoco hay mucho interés por los libros.

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba

Aparte de la literatura ¿qué otra arte o disciplina te interesa o desarrollas?
Me encanta la música. La pintura, el teatro, casi todas las manifestaciones.
De lo único que conozco menos es de la danza, es algo que me gustaría conocer más profundo.
Pero de practicar, sólo la Literatura.

¿Qué significa el cine en tu vida?
Me fascina. Desde que era pequeño me metía al cine a ver 2 o 3 películas toda la tarde. Cuando estudiaba en la carrera me escapaba al medio día, me iba a la cineteca. Y hasta la fecha el cine me encanta. La novela es el proto cine, no sé quién lo dijo. Pero las novelas sirven al cine y si te quieres hacer popular tienes que dar ese salto.

En Cómo me hice poeta nos encontramos con muchos fragmentos que son totalmente visuales y que tienen un lenguaje fílmico.
Sí, es influencia del cine. Me ocurre que muchas veces las escenas las veo en la mente y tengo que “bajarlas” a palabras.
Desde niño he sido aficionado al cine, desde siempre.

¿Qué estás leyendo en estos momentos?
Una novela policíaca de Boris Viant, que está en Tusquets. Y de literatura juvenil, estoy leyendo un libro que se llama Cruzada en Jeans, que se trata de un chavo que viaja en una especie de máquina del tiempo y llega a la época de la Cruzada Infantil que hubo en la Edad Media. Y a mí se me había ocurrido escribir una novela con este tema ¡y da la casualidad de que ya está escrita!

¿Qué es para ti la literatura?
Es un entretenimiento, es un refugio, es un mundo de posibilidades. Me da trabajo, me da satisfacción. Y es algo con lo que puedo vivir todos los días. Si hago el dictamen de un libro, me da trabajo. Si hago ficción, es lo que yo escribo y lo que me entretiene en las noches antes de dormir.


Para conocer más acerca de Andrés Acosta se puede consultar
aquí.

Diseño, edición y manipulación digital de las imágenes: Óscar Alarcón para abartra

Entrevista a Óscar de la Borbolla

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La Libertad de Ser Distinto

Óscar de la Borbolla.
Fotografías de Pascual Borzelli Iglesias

Por Óscar Alarcón
22 de octubre de 2010

¿Cómo ves el estado de salud de la literatura en México? Se dice mucho de la generación de los nacidos en la década de los 70’s que son la generación sin generación.
Te soy franco: ni la veo. He adoptado —no sé si como filosofía o política vital— no enterarme.

La verdad es que estoy muy desconectado de la literatura; llevo años ya —creo que voy para diez— en que rara vez leo libros de literatura. Lo debo de confesar vergonzosamente, lo que sucede es que lo último que leí me sonó tan desabrido que mandó a las páginas de los libros de ciencia. Y con aquel proyecto que estaba haciendo de una novela con un matemático empecé a aficionarme y ahora es un vicio y una adicción, leer libros de ciencia. Me interesa sobre todo la filosofía de las matemáticas y ahí ando detrás de autores como John D. Barrow o Ian Stewart, y los leo con fruición. Existe otro matemático que es John Allen Paulos, que de verdad me han absorbido todas las horas de lectura que tengo. Y no estoy enterado. De las últimas cosas que leí de literatura, el último libro que leí fue La Soledad de los Números Primos de un italiano, un físico muy jovencito. Me llamó la atención justo por el tema, la novela me pareció más o menos. No estoy metido en eso. Ni sé.

Imagen de la portada del nuevo libro de Óscar de la Borbolla: La Libertad de Ser Distinto
Con anterioridad ya se había manifestado tu inclinación por la lectura de ciencia, su reflejo es en Dios sí Juega a los Dados, en donde los cuentos están armados sobre una teoría de las leyes de la física, o una teoría filosófica. No es nada nuevo ¿no?
No, no es nada nuevo. Voy por etapas, durante un tiempo estuve clavadísimo en la filosofía, luego clavadísimo en la literatura, y ando como regresando a la filosofía; de hecho este último libro, La Libertad de Ser Distinto, es como una mixtura entre el ensayo filosófico muy clavado como en La Rebeldía de Pensar, éste es la mezcla de las dos vocaciones que tengo.

Nunca dejé de preocuparme por la filosofía —aunque la desatendí un rato para clavarme en las cuestiones narrativas— pero creo que ahora quisiera cultivar las dos cosas a la par; y en lo que más me entretengo, lo que más me gusta es la parte de la ciencia, creo que hay cosas más imaginativas de ese lado. En los modelos de los matemáticos hay unos delirios de imaginación que ni los más potentes poetas son capaces de hacerme ver. Hay un montón de ciencias: la cibernética, la genética en ella se están trabajando cosas que, de veras, me provocan orgasmos de imaginación.
En cambio las anécdotas de la literatura me suenan parecidas unas a otras, y le he perdido interés.

Óscar de la Borbolla paseando a su perro Lucas

El Curioso Incidente del Perro a Medianoche, de Mark Haddon, es una novela en donde el protagonista es un niño que tiene síndrome de Asperger, y tiene una obsesión con los números y fijación con las matemáticas; ¿podríamos esperar algo en un futuro dentro de tu narrativa? ¿Una novela que contenga claves matemáticas?
Ya está la novela hecha, ya la terminé. Se llama El Futuro no Será de Nadie, y el personaje principal, que es un matemático de profesión, que para poder ganarse la vida no le queda más remedio que trabajar traicionando la pureza de la matemática, metiéndose a trabajar de actuario. Él sueña con resolver el último teorema de Fermat —pese a que ya hace unos años Andreuw Wiles comprobó que sí era verdad—, pero éste que lleva toda su vida tratando de hallar la solución, piensa que la solución de Wiles, es —aunque correcta— demasiado farragosa, poco elegante. Porque Fermat lo que dejó dicho fue que no le cabía en el margen de la página donde estaba comentando las matemáticas de Diofanto, y entonces mi matemático sueña con encontrar esa solución breve. Porque seguramente si Fermat lo dijo, la tenía.

Y en cambio Wiles se echa como 187 páginas de matemática moderna para demostrarlo —que es una cosa verdaderamente tortuosa y tosca. En matemáticas, como en el movimiento de los dedos en una flauta, la solución más sencilla es la más elegante. Porque se pueden sacar las notas de una flauta en muchas formas de poner los dedos, pero hay unas muy incómodas. Igual en matemáticas, cuando se encuentra la ruta corta, esa es la mejor.

Ó de la B

Entonces vive con esa frustración y toda la novela está cifrada con cuestiones matemáticas. El encuentro con el personaje antagonista se da a través de un modelo de Poincaré, que es “La sección de Poincaré”, así que logra encontrarla porque se le pierde en el metro. Tiene implícita una crítica a la ley más famosa de Gauss, que es la
de curva decreciente. Tengo dos personajes principales: siempre que el matemático aparece, todas las metáforas tienen alguna alusión a los números; y la co-protagonista es una pintora, todas las veces que ella aparece tiene que ver con pintura.

Ahí creo que está mi planteamiento principal. Leí muchos años para poder presentarlo de una manera suave para el lector. Y me he quedado con la inquietud filosófica de un aforismo de Einstein, que dice “lo misterioso del universo es que no sea misterioso”, y no lo es porque está escrito en caracteres matemáticos.
Le he dado muchas vueltas a esa frase porque creo que actualmente la filosofía debería de tratar de explicarse por qué la estructura última de la Realidad puede expresarse matemáticamente. Cómo es posible que algo que surgió por un mero conteo para llevar la relación de los caballos que se prestaban unos a otros —haciendo marcas en un palo o echando piedritas en una vasija— cómo es que eso ha permitido encontrar —eso que podría no haberse dado, incluso se hubiera podido desarrollar de maneras muy diferentes, hay muchas matemáticas con bases diferentes no sólo la decimal— por qué ésta en particular permite esos alcances para desentrañar el movimiento de lo real. Como filósofo me inquieta muchísimo, sobre todo porque Platón, en el último de sus libros que es el de las Leyes, dice que Dios es un geómetra —y Platón era un matemático importante.

A cada tanto va apareciendo que la verdadera ontología, o sea la lógica de la Realidad, es matemática. Y entre mis colegas veo que andan haciendo una bola de idioteces; todos los posmodernos dedicándose a comentarios de lo más sofisticados y artificiosos, complicados y tediosos, pero nadie está como en algún momento estuvo Kant, enfrentándose al problemón que le representaba la presencia de Newton, y ha conseguido armar unos juicios que eran de experiencia y sin embargo universales. Que ese es todo el problemón de Kant. Creo que actualmente hace falta un Kant que nos haga entender qué demonios pasa con esta arquitectura de lo real, que es matemática. O por lo menos hasta donde se deja ver. Eso me tiene muy preocupado y sigo leyendo cosas.

Ó de la B con Sergio Pitol

Ahora que lo mencionas, esta inquietud es añeja, no sólo en tu caso sino en la Historia de la Humanidad. Pienso en algunos frontispicios de libros que se encuentran en la Biblioteca Palafoxiana, y la maravilla de los grabados tienen una excelente técnica pero a la vez los temas están emparentados con teorías matemáticas. Entonces tiene mucha relación esta explicación que das del universo.
Si te metes un poquito y ves los números —no como las tontas y sosas cuentas que nos enseñan en la escuela que nada más nos vuelven a la matemática una cosa mecánica— y lo que representan, descubres cosas maravillosas. En el crecimiento de cualquier árbol o de cualquier persona se da una proporción áurea que tiene que ver con la numeración de Fibonacci. Si te pones a pensar en lo que representa el número Pi, parece que la relación que hay entre la distancia lineal del nacimiento del río y su desembocadura en el mar es, respecto de la trayectoria real que el río describe por todas las vueltas que va dando, la relación es de 3.14 a 1. Una cosa es la distancia lineal y la otra es 3.14 esa distancia, ¿en todos los ríos? Eso es una cosa muy extraña.

Si te pones a ver, a la hora de hacer iteraciones —que es en lo que se basan las matemáticas del caos, gracias a las computadoras que son capaces de hacer multiplicaciones por sí mismas de una cantidad por una cantidad— se consiguió una gráfica que en el principio parece ser meramente caótica, después comienza a cobrar forma, y descubre uno imágenes fractales que permiten hacer predicciones. Es interesantísimo, por ponerte un ejemplo: la primera vez que esto se nota es por una anécdota muy reveladora: llega un tipo a una universidad y pone en el pizarrón una gráfica de cómo se había comportado el precio de venta del trigo, entre tal año y tal año. Deja la gráfica en el pizarrón, termina la conferencia y sale. A continuación entra un geógrafo, que había creado un microclima y traía graficada esa conducta del clima. Y cuando ve en el pizarrón la gráfica que él traía —que era absolutamente inédita— piensa que es una broma de muy mal gusto querer burlarse de él. Arma un escándalo y descubren que no, que una y otra concuerdan. Una era simplemente un modelo por iteraciones, y la otra era el registro de la conducta de un producto.

Ó de la B

A partir de eso empiezan a hacerse estudios de cómo se reproducen los conejos; si hay manera de armar un modelo matemático que explique cómo se desenvuelven las epidemias; cómo se arraciman los autos en una carretera de un solo carril… Incluso llegaron a proponer los caóticos la posibilidad de prever movimientos insurreccionales, con modelos matemáticos. De pronto eso que parece no tener nada con la vida real, se entromete; al menos yo me quedo muy desconcertado porque ya no sé si los que suicidan lo hacen porque tienen motivos individuales y personales, o se suicidan porque cumplen con el pronóstico de suicidios anuales y tienen que completar la cifra.

Todo se rige con exactitud más o menos diabólica. Ese tipo de cosas a mí me inquietan mucho y yo me imagino que en todas las épocas han inquietado, pero ahora que los matemáticos verdaderamente están en todas partes —porque detrás de todos estos aparatos que nos rodean y n
os facilitan la vida, hay patrones matemáticos nomás. Para decírtelo de una forma, la parte más abstracta, más abstrusa, más metafísica de las matemáticas, era La Teoría de los Números, era ver qué relaciones había entre ellos. Pitágoras comienza a ver qué relaciones existían, como la de los números amigos: que uno número respecto de otro tiene unos divisores y la suma de esos divisores da un número y la suma de los otros divisores da aquél, eso que es una necedad empezó a servir para desarrollar cosas de ese tipo.

Eso que fue durante milenios un trabajo de puro regocijo personal, ahora es lo que está detrás de tu computadora, detrás de todo. Pura Teoría de los Números puesta en la práctica, ya por fin se le dio la parte tecnológica a eso que era conocimiento puro. Así como a mí, me imagino que a mucha gente, a lo largo de la historia le debió haber preocupado. No es casual es que en esos libros haya signos diversos.

Óscar de la Borbolla frente a un mural de Siqueiros

¿Y la poesía? Sabemos que tenías esa espinita clavada, por eso publicaste Los Sótanos de Babel, sería interesante ahora que planteas este tema, ver un libro de poesía con temas numéricos. Se me antojan un montón de ejercicios literarios, por ejemplo en Las Vocales Malditas, que obviamente tiene que ver con letras, pero no un cuento sino un poema que sea numérico.
¡Híjole!, a ese grado no llegaría. Lo único que conozco al respecto es un libro maravilloso, que se llama La Patología del Ser de Ramón Martínez Ocaranza, ya muerto, que era loquísimo, y trata de hacer un poema relacionado con las matemáticas “para llorar tus ceros sensitivos/toda de negro hasta los pies desnuda/todos los manicomios están locos/y Dios está tan loco como sus manicomios”, muchos de los versos tienen relación con los números, pero no conozco más. Y a mí no se me antoja. ¡Qué horror!

Ó de la B

Entonces podríamos decir que te vas en banda y que dejas de lado los temas que se están tocando, no sé si por una necesidad de la literatura mexicana o si se están tocando por moda. Si hacemos una lectura de muchos autores jóvenes siguen una misma línea. Me parece que tu literatura ya le apuesta por otro lado.
Desde siempre estuve muy alejado de lo que es mi contexto cultural. De niño, mientras que los otros leían Hombrecitos, Tom Sawyer y cosas de esas, yo leía a Giovanni Papini y a los poetas malditos y siempre he estado como en otra parte.
Hay un verso, que incluso he convertido como cosa emblemática mía, que dice: “He soñado tanto/he soñado tanto/que ya no soy de aquí”.
Óscar de la Borbolla con René Avilés Fabila

Mis ingredientes espirituales, por llamarlos de algún modo, siempre obedecen a cosas muy extrañas. Se dan montones de modas, por ejemplo ahora que estamos viviendo, sufriendo y padeciendo esto del Bicentenario, todo mundo trae una novela histórica bajo el brazo. Yo pero ni loco haría una de esas cosas. Tengo deseos autóctonos, que me salen quién sabe por qué, que me llevan quién sabe por dónde; como esto de La Libertad de Ser Distinto. De pronto se me ocurrió armar textos muy breves sobre temas que a nadie le importan como las ruedas, las ventanas; pensar qué sería eso esencialmente y luego generar ocho textos por tema. Ir armando una especie de rosario de octaedros y no sé si parezca a alguien, o sea cosa rara.

Los que escriben al grado de poder armar una secta, me parecen escritores de manada. A la hora de que me vaya a psicoanalizar, aspiro a tener una psiqué individual, odiaría que me pudieran analizar en masa.

Ó de la B

En un tema mucho más terrenal, ¿por qué cambiar de editorial, de Patria a Mondadori?
Por razones de ambición. Estuve contento en la editorial Patria, incluso me hicieron una Biblioteca que lleva mi nombre y no sé qué tanto, pero la distribución y la posibilidad de tener un trampolín desde el cual brincar, me la ofrece mucho mejor Random House. De hecho me estoy mudando completito otra vez.

Me acaban de publicar esta novedad pero en la colección de bolsillo, aparecieron simultáneamente Filosofía para Inconformes y Las Vocales Malditas, y en cuanto terminen los contratos de los otros libros, me los voy a traer también para acá. Ya sea a esta edición grandota o en la colección de los long sellers, que es la colección de bolsillo. Pero me mudo completo para Random.

Ó de la B
La última, ¿qué significa para tu vida Pascual Borzelli Iglesias?
Es un buen amigo.

Gracias, tocayo.

Diseño y edición: Óscar Alarcón para abartraba
Fotografías: Pascual Borzelli Iglesias