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Entrevistas

Entrevista a Rene Aviles Fabila, segunda parte

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René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz

 

Entrevista a René Avilés Fabila, segunda parte.

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En la segunda parte de la entrevista les presentamos la opinión de René Avilés Fabila sobre la literatura mexicana. Nos habla de las mafias y los grupos literarios en México.

Y nos confiesa su amor por la ciuda de México, el cual se ve reflejado en uno de sus últimos libros Antigua Grandeza Mexicana, publicado por la editorial Porrúa en 2010.

 

ÓA. Si tuvieras que escoger entre la literatura y el periodismo, ¿con cuál te quedarías?

RAF. Con la literatura, sin pensarlo. Yo soy literato de vocación, yo empecé muy chico escribiendo literatura; mi padre era escritor. Cuando yo tenía siete u ocho años, leí una novela de mi padre que se llama Leonora —que es la vida de mi hermana mayor que murió a los doce años—, y aparezco como personaje de cinco o seis años, es mi niñez. No me he visto de otra manera más que como escritor.

Al periodismo llegué por necesidad, por una necesidad doble: de dinero, y otra por la vanidad de ver mi nombre impreso y ver las reacciones que producían mis artículos.

 

ÓA. ¿Qué tanto ha cambiado el panorama literario en México, de cuando escribiste Los Juegos, a este momento? ¿Siguen las mismas mafias, con otros nombres?

RAF. En primer lugar, la mafia principal sigue ahí. Ya todos son viejitos decrépitos, no pueden bailar, ni chupar, ni hacer el amor, pero ahí están. Las bajas han sido recientes: Monsiváis, Piazza, Benítez, pero todos los demás están allí.

Hay nueva mafias, lo único que tienen es que son faltas de sentido del humor: no hay mafia más aburrida que la del Crack, son aburridos porque en el fondo tienen una conducta burocrática.

 

No estoy juzgándolos literariamente sino esa búsqueda incesante de empleos. O de declaraciones como las que hace Volpi: “ahora voy la embajada tal, para poder escribir”, eso en un país decente nadie te lo tolera. Vas a trabajar para México, a representarlo, a difundir su cultura. Me parece un cinismo que alguien diga: “voy a escribir a todo dar”. Es una beca.

Esas mafias siguen estando, se ayudan. Pero es normal, la gente se agrupa por simpatía, por afinidades, por generaciones, edades. No fue mi caso nunca, porque nosotros fuimos un grupo que equivocadamente o perversamente, se le llamó como de la Onda, pero yo no le hablo a ninguno de ellos.

A José Agustín lo he visto porque él sí era amigo mío desde la secundaria —luego ustedes [los poblanos] lo quisieron asesinar— y partir de eso nos vemos, me invita a su casa y —yo pensando en que quizá sea la última vez que lo voy a ver— acepto. Bebemos y recordamos cómo fue nuestra niñez, porque ya nuestros recuerdos recientes se nos han perdido. Pero nunca hicimos una mafia, nunca hicimos un grupo.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

ÓA. Precisamente hablando del tema de las generaciones, hay una generación de escritores nacidos en los 70’s, que se ha autonombrado como la generación sin generación, y dicen que no le reconocen nada a la generación que les antecede, y mucho menos a la generación de la Onda, ¿qué opinas de ellos?

RAF. Creo que uno debe mencionar a los escritores de alguna manera que te sea cómoda. Agruparlos por generaciones es francamente tonto pero cómodo: “vamos a ver a la generación del 27” y tú ya sabes quiénes están allí; “vamos a ver los Contemporáneos; a la Generación Taller”.

En ésta eran un montón y se reconoce sólo a unos cuantos: Paz, Huerta, Solana y probablemente a Revueltas. Fue una generación que se agrupó quince horas, hicieron una revista afamada que tuvo dos o tres números: Taller, y luego se fueron por su lado.

Unos se volvieron comunistas como Revueltas y Huerta, y otros anticomunistas como Solana y Paz; y finalmente dejaron de frecuentarse por completo.

Eso de las generaciones es algo muy efímero, quizá sólo Contemporáneos y los Estridentistas hayan tenido mayor perdurabilidad en ciertos propósitos, que también van cambiando con la edad.

De la generación del 27, personalmente sólo conocí a Alberti, platiqué con él y ni siquiera se acordaba de los que habían sido sus compañeros de generación: “¿qué piensa usted de Lorca?” “¿De quién?”

Puede ser que sea algo serio y que sí se acuerden de sus compañeros pero es un rato el que están juntos, no es mucho tiempo, eso es una invención de los críticos.

Actualmente veo escritores y escritores, uno, porque soy maestro; dos, porque ya tengo edad suficiente como para que los escritores se me acerquen a pedir un consejo, un apoyo, hasta una caridad: “una limosnita para este pobre escritor que se muere de hambre”. Constantemente soy jurado de concursos de cuento y de novela. Y no los veo ya con esa intención de agruparse, aglutinarse, identificarse a través de algo, porque el país ha perdido su personalidad en esta globalización, incluso el mundo la ha perdido.

Por ejemplo a nosotros, en ’59, ’60, políticamente nos aglutinaba la revolución cubana, era un punto importante, y después la guerra de Vietnam, la presencia del “Che” Guevara en América Latina, en África desde luego. ¿Pero hoy qué le ofreces a la juventud? A Benicio del Toro interpretando al “Che” Guevara, es lo más que puedes hacer. Si tienes una cultura clásica, te acuerdas de Homero pero el griego, no Simpson ni Adams. O algunos creen en Brad Pitt como si fuera Aquiles.

 

Creo que los países han ido perdiendo su personalidad. El capitalismo, o la globalización, nos ha quitado muchísimo la identidad. Hoy en día, vas a Francia, y no es más la que yo conocí cuando llegué en 1969 a estudiar, es un país que ha ido perdiendo personalidad y conste que la suya era enorme. Ya no encuentras el restaurante bistró en donde te atendía la familia, que comías muy rico porque guisaba el marido y la señora te servía vino de buen precio. Ahora lo que hay son Kentucky’s, MacDonald’s, pero a cada paso.

Y también hace falta una bipolaridad: lo que fue el mundo de la guerra fría. Tenía su lado negativo pero existía la esperanza de que el socialismo pudiera ser más justo y equilibrado que el capitalismo, que es por esencia desnaturalizado.

 

RAF, foto de Óscar Alarcón

RAF, foto de Óscar Alarcón

ÓA. Ahora que estamos hablando de los lugares de identificación, ¿qué es para ti la ciudad de México en tu libro más reciente Antigua Grandeza Mexicana?

RAF. Un recuerdo, un conjunto de nostalgias. Voy a caminarla a veces, por ejemplo este viernes [santo] estuve allí, pensando en que estoy en un país de católicos y entonces los cabrones van a las iglesias a llorar ¡y no!: se empedan como locos, el día que está muriendo Jesús, están todos pedísimos en las playas —y los pobres que se quedan en las pinches playas mugrosas del PRD, nadie se acuerda de que existe el Señor—, y entonces están las todas las calles llenas.

Para ver la ciudad y medio saber cómo fue la ciudad que yo vi de niño, necesitas irte cualquier día a las cuatro y media de la mañana. Está oscuro, hay muchas ratas, muchas cucarachas, muchos hambreados, gente hurgando en la basura pero ya no te encuentras, como yo, a Torres Bodet, Octavio Paz, Renato Leduc, o a Carlos Pellicer; las cantinas de hoy son lugares siniestros en donde no hay intelectuales, no hay periodistas, no hay artistas, cuando eran puntos de reunión para hacer bohemia. Había respeto por la belleza del pasado, pero de pronto la modernización, la demagogia, el populismo arruinaron por completo el centro histórico.

Hoy en día quedan restos de lo que fue esa grandeza. Pero para mí —por eso se llama Antigua Grandeza— es la nostalgia. Ahora para entrar a la Secretaría de Educación Pública a ver los murales tienes que pedir permiso, sacar una charola, identificarte, te pasan por un aparato como los que están en el aeropuerto, te quitan la ropa ¡pues no vas! Recuerdo haber visto a Siqueiros, retocando —después de salir de la cárcel— el mural que están en la parte de atrás de la Secretaría, que es la ex aduana. Un mural grande y muy bien cuidado porque está retocado recientemente, de manera relativa.

Y otros recuerdos son los edificios donde estudié la secundaria en Regina, la preparatoria en pleno centro, todos los días caminaba por los restos del templo mayor.

No soy creyente y creo que nunca lo fui, de tal manera que siempre entré a las iglesias a verlas como museos o como lugares de espiritualidad.

Entrevista a Rene Aviles Fabila

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René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz para Neotraba

René Avilés Fabila, foto de María José Morales Muñoz para Neotraba

 

Por Óscar Alarcón

Ciudad de México, 25 de abril de 2011

En esta Primera Parte de la entrevista con el escritor René Avilés Fabila, nos habla sobre la administración de la cultura en México.

 

Parte del trabajo periodístico es entrevistar a gente que entrevista. Platicar con René Avilés Fabila, después de la entrevista que le hizo a Mario Vargas LlosaPremio Nobel de Literatura 2010— se me presentaba como un reto. Y aunque ya conocía a René por sus viajes reiterantes a la ciudad de Puebla, esta vez la plática sería distinta.

En la fundación que lleva su nombre se encuentra el Museo del Escritor, de los objetos que podemos encontrar están primeras ediciones de libros como los de Gabriel García Márquez, específicamente de Cien Años de Soledad; cartas que José Revueltas escribió desde la cárcel, o la mesa en donde él y José Agustín tallerearon con Juan José Arreola.

Unas semanas atrás René estaría en Puebla, en la Casa del Escritor. Se pudo haber encontrado con Sergio Pitol, pero resultó que odia a René. Antes de la entrevista, René comenta que sólo ha visto una vez en su vida a Sergio “y fue en París, el debió tener cerca de 30 años, yo era más joven —siempre lo he sido— y sólo esa vez lo he visto, es bueno saber que tengo enemigos como Sergio Pitol, de gran tamaño”.

Entre risas, René platica y se anima más, la atmosfera para la entrevista se va creando. De Vargas Llosa, platica cómo lo recibió en la UAM; René le regaló un par de libros suyos. “No tuve tiempo de platicar previamente con él, los de CNN acapararon todo. Cuando comenzó la entrevista me di cuenta de que no había apagado mi celular y comenzó a sonar, por suerte Varga Llosa no se dio cuenta. Creo que él esperaba una entrevista con el tipo de preguntas de Carmen Aristegui ‘díganos qué piensa del narcotráfico’, pero pronto se dio cuenta que mi intención era mucho más cortés, yo quería que mis preguntas no fueran las ordinarias”.

 

Óscar Alarcón. ¿Qué piensas de la administración de la cultura en México?

René Avilés Fabila. Cada vez está peor. Tradicionalmente no ha habido una política cultural clara, definida, precisa. Hubo proyectos vagos, como los que tuvo [Víctor] Flores Olea —que fue el primer presidente de CONACULTA— pero en términos generales, la tónica es seguir las simpatías de la profesión del titular. Entonces si es un músico, se favorece a la música; si es un escritor se favorece a la literatura.

En términos generales ya no se favorece a nadie porque los actuales, son promotores culturales improvisados, no de carrera. Sergio Vela era un poco de la música, pero realmente no tenía una idea clara; lo pude comprobar siguiendo su trabajo. Y [Consuelo] Sáizar sabe algo de ediciones de libros, se formó en JUS, una editorial conservadora en su momento que hoy ha cambiado de manos, pero tampoco tiene una idea clara. No hay una idea clara de política cultural.

Esto es algo en lo que yo he insistido siempre, pues siendo México un país que promueve muchísimo las artes, que tiene como costumbre y tradición luminosa el apoyo a las artes, tendría que verse como un avance. Dado que Vasconcelos arranca la Secretaría de Educación Pública con un proyecto también muy vago, poco preciso y muy personal pero con la idea de esparcir la cultura por todo el país. No hay ninguna cosa que se pueda parecer a un proyecto cultural, serio, bien hecho en donde participen distintos sectores de la cultura: los creadores, los periodistas culturales, los promotores culturales. Eso definitivamente no lo hay.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

 

ÓA. Tocando el tema que acabas de mencionar, hace un par de meses hubo muchas críticas hacia Consuelo Sáizar, sobre todo en los usuarios de las redes sociales, quienes estaban en contra de la desaparición de algunos talleres, como se había anunciado, ¿con la llegada de los tecnócratas se forman este tipo de vicios en los que se atenta contra la cultura o es inherente al país?

RAF. El abandono ha sido gradual y a pesar de que con el PRI siempre creció la estructura cultural, ya se notaban visos de decaimiento. Zedillo —último presidente priista— hizo crecer la estructura cultural, la apoyó, pero como una costumbre, como un “bueno, habrá que seguir apoyando las cuestiones culturales”. Parecía algo que en efecto los priistas tenían. Podían ser ignorantes pero tenían un respeto por las manifestaciones artísticas, por la cultura en general. Y la llegada del PAN lo que hizo fue acelerar ese proceso de desinterés por la estructura cultural del país.

Creo que es ofensivo que hayan puesto a Sari Bermúdez, a Sergio Vela y finalmente a Consuelo Sáizar. No tienen tamaño, no tienen obra, no tienen experiencia; y a cambio son autoritarios, difíciles. Son estructuras muy sensibles con las que hay que trabajar y manejar con cuidado, con delicadeza; no son obreros, son pintores, bailarinas, escritores. Es un sector muy sensible de la sociedad.

Honestamente, la globalización trae consigo el abandono estatal de la cultura porque en el proyecto capitalista que se hace, existe la costumbre de que sean los particulares los que creen la estructura cultural como en Estados Unidos, para no ir más lejos. Lo que da el estado es poco comparado con los grandes museos. Es el proyecto globalizador el que nos ha incluido.

Los grandes museos los hacen los particulares, las grandes fundaciones de apoyo al arte son de particulares: BANAMEX, Jumex, Televisa. El capitalismo tiene un interés en adelgazar al estado y comienza por la cultura, les parece lo más simple y lo más sencillo.

Finalmente, el escritor sigue siendo escritor, el pintor siguen pintando con o sin el apoyo del estado, podrá ser más difícil el camino pero el talento aflora.

 

ÓA. La siguiente pregunta tiene que ver con lo que acabas de mencionar. ¿Qué piensas de las nuevas campañas de lectura que se están haciendo? Podemos ver a Gloria Trevi, a Ely Guerra, diciéndonos que leamos un libro, pero son de cartón. Aunque está bien que los particulares lo hagan, ¿por qué hacerlo de esta forma?, ¿no crees que eso aleja a los lectores?

RAF. Esas son tomaduras de pelo. Honestamente, los particulares no tienen gran interés en la cultura, salvo en la medida en la que se publicitan, se promueven y eliminan impuestos.

Hay otros casos como el de Carlos Slim, que tiene algún afecto por la cultura —y mucho más por su esposa—, que ha hecho el Taj Mahal mexicano. Creo que está bien que los particulares participen e intervengan, pero nosotros debemos seguir dentro de la tradición en la que el Estado protege y estimula a las artes con libertad.

 

RAF, foto de María José Morales Muñoz

RAF, foto de María José Morales Muñoz

 

ÓA. ¿Las becas del estado producen buenos escritores?

RAF. No sabemos exactamente porque la mayor parte de los becados son escritores con méritos propios. En el primer año del FONCA, todos los grandes escritores se repartieron las becas alegremente: Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Monsiváis, Elena Poniatowska. Primero, se adjudicaron becas a perpetuidad, y luego pues si sobro alguna también se la dieron.

No es fácil obtenerla y varían los criterios de acuerdo a las autoridades, por ejemplo, para quitármela, argumentaron que yo era un hombre rico. Y realmente no lo soy. Ese no es un argumento literario. Hay una cantidad de escritores que han sido becados y que no tienen realmente ninguna importancia, son recomendaciones.

No creo en las becas, no creo en estímulos, no creo ni siquiera en los premios literarios. Pueden ayudarte, pueden acertar pero las más de las veces tengo la impresión de que llueve sobre mojado. ¿Cuántos premios no recibió, o ha recibido, Elena Poniatowska? ¿Cuántos recibió Monsiváis? Infinidad.

 

Y por otro lado, hay muchos escritores que han recibido premios y no mejoraron nunca, se quedaron en su gran mediocridad. Esto tiene que ver con la gran falta de crítica literaria, porque quien te da los premios, las becas o los reconocimientos, siempre son tus semejantes, tus pares.

No son críticos literarios especializados, siempre es un imbécil que también escribe y que le caes bien o le caes mal. Punto.

 

ÓA. ¿Por compadrazgo?

RAF. Sí, de alguna manera así funciona. De ahí, la necesidad de una política cultural, de un proyecto en donde efectivamente se sepa con claridad cómo y por qué te van a dar un premio o una beca.

 

ÓA. Con todo y rendición de cuentas.

RAF. Como hacía el Centro Mexicano de Escritores, que es un buen ejemplo. Curiosamente era de iniciativa privada. Te daban dos o tres mil pesos mensuales, ibas cumpliendo, al final entregabas el libro y te daban una cantidad extra. Todos teníamos que entregar el libro.

Yo tengo la memoria del Centro Mexicano de Escritores —no sé cuántos escritores hayamos tenido la beca de esa legendaria institución— y son más los desconocidos que los conocidos. Gente que tuvo la beca, escribió un cuento afortunado, un fragmento de novela atinado, y que hizo creer a Rulfo, Arreola, Monterde, Elizondo, Alí Chumacero, que tenía mucho talento y fue un fracaso. Son golpes de fortuna, hay suerte buena y mala.

Entrevista a Hugo Lopez Coronel

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Hugo López Coronel foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel foto por Óscar Alarcón

Ciudad de Puebla

18 de abril de 2011

 

Por Óscar Alarcón y Gilberto González

 

Se trata del Director de la revista y el grupo Óclesis. Siete años en el trabajo de difusión de la literatura nos hicieron voltear  a su propuesta y tener una plática con él.

Hugo llega a la cita con mucho calor; las vacaciones comenzaron y aunque sólo gozará una semana, no pierde el ánimo para comentarnos un poco sobre su trabajo como profesor en Tehuacán.

Después de pedir un refresco y hielos, nos arrancamos con la primera pregunta.

Óscar Alarcón. ¿Qué piensas de las políticas culturales en Puebla?

Hugo Coronel. Es difícil dar una opinión sin tener conocimiento amplio del tema. Lo que me queda claro es que existe un común denominador —culturalmente hablando— lo que ocurre a nivel social: no hay políticas reales ni interés por promover el arte o la cultura.

Todo está amarrado a los intereses que se manejan, las perspectivas de los artistas y humanistas no encajan. Una política como tal, no creo que exista. Y si existen, son elitistas.

 

ÓA. ¿Crees que la cultura salga perjudicada con la llegada de los tecnócratas al gobierno del estado?

HC. Tendríamos que revisar qué tipo de cultura, o más bien qué tipo de discurso. Tal vez pueda perjudicar a la cultura dominante. Puede ser que haya ciertas políticas que van a pegar. Y creo que también afectará a los que somos alternos a esas culturas.

 

ÓA. ¿La literatura en Puebla ha sufrido cambios de lo que se hacía hace 20 años a lo que se hace hoy?

HC. Creo que sí hay propuestas literarias en Puebla. Lo que falta creo que son dos cosas: primero el aspecto de la difusión, si apareces con un discurso nuevo difícilmente eres publicado o promovido, tienes que moverte en ciertos medios para que se te dé entrada a la “farándula”.

Y segundo, aunque muchos no estén de acuerdo no podemos separar los procesos —literarios, psicológicos, antropológicos, lingüísticos— del modo de producción en el que estamos atrapados: el capitalismo a ultranza.

 

 

Hugo López Coronel II foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel II foto por Óscar Alarcón

 

ÓA. Entonces todo radica en la falta de difusión, ¿en Puebla tenemos lectores, pero crees que tenemos grandes escritores o bien algunas glorias, que ya no son tan locales, como el caso de Pedro Ángel Palou? ¿En Puebla hay buenos escritores?

HC. ¿Por qué ser gloria? Regresamos al marbete del modo de producción: “si no estamos en un mercado determinado mercado no somos grandes o no somos” ¿Por qué hay que ser?

Creo que sí hay propuesta literaria, sí hay gente que está interesada en comunicar, fragmentar o provocar fisuras a los estereotipos. El problema real es el discurso, ya que tendemos a catalogar a las personas. Si nos pudiéramos quitar este biso podríamos entender muchas cosas.

Hay mucha gente que tiene propuestas muy interesantes y lo que le pasa es que no tiene un nombre.

 

ÓA. ¿Entonces lo que hace falta es un poco de autopromoción?

HC. Sí, y un poco de humildad. De pronto cuando logramos cierto reconocimiento ya no somos lo que fuimos. Y pensamos lo que pensamos que somos.

 

Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Hablando de las mafias literarias, perdón, de los grupos literarios en Puebla, ¿perteneces a alguna mafia?

HC. Pues sí, somos un cartel. No un cártel, sino un cartel.

Me llegan susurros de que hay mucho movimiento literario en Puebla, el problema es que no llega a todos. En cuanto a los grupos, ojalá y hubiera más de los que hay. Y que de verdad hubiera grupos y no sólo intereses, que están tejidos en una red que se extiende a muchas partes.

Ojalá y hubiera grupos reales que se preocuparan por los discursos artísticos en la ciudad de Puebla, y a nivel nacional.

 

ÓA. ¿Entonces estarías de acuerdo en ir a una sesión terapéutica con todo tu grupo literario?

HC. Sí, estaría muy bien. Llevaría también a mi yerbero.

 

ÓA. ¿Por qué apostarle más a una propuesta grupal y no a una individual?

HC. Creo que hay que aprenderles algo a los patrones. Hay que trabajar en equipo como una manada. Queda claro que debemos hacerle caso a nuestra genética, a nuestra biología: somos seres sociales y tenemos que encontrar un espacio en donde convertir esa manada. Y también quitarle esa parte natural: el que no pertenece a la manada hay que desgarrarlo.

Yo creo que no, por ello tenemos el libre albedrío. Algo que queda claro es que existen algunos rincones de ética. De pronto somos voces que claman solas en el desierto pero hay que trabajar en grupo.

 

Hugo López Coronel III foto por Óscar Alarcón

Hugo López Coronel III foto por Óscar Alarcón

 

 

ÓA. ¿Cómo surgió Óclesis? Como bien lo dices, están los espacios pero poca gente conoce el trabajo. Lo que tratamos de hacer en Neotraba es dar a conocer estos grupos, que tal vez no nos pidan el espacio pero que queremos difundir.

HC. No sé si fue una cuestión pensada o sólo fue por instinto. Lo que me queda claro es que hubo una combinación de estos dos conceptos. La gente que da inicio a Óclesis viene desde otros discursos y llega en el momento oportuno para cruzarnos, y en ese momento surge algo que no tenía nombre pero que tenía fundamento en la palabra.

Todos los que iniciamos Óclesis lo hicimos con un culto muy instintivo por la palabra, sin caer en academicismos. Y poco a poco se fue haciendo un amasijo de discursos, formó “algo” y formó a “alguien”.

Nos integramos en 2004 en un espacio en donde nos hacía caso, en el Café de Nadie [de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla] nos reuníamos a leer como estúpidos con un micrófono, las bocinas y la gente pasaba y no nos pelaba, pero ahí estábamos leyendo como tarados.

Después entramos a un café y poco a poco nos fuimos consolidando, hasta que sacamos nuestra primera publicación y los discursos se fueron combinando.

 

 

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

ÓA. Son siete años de picar y piedra, de estar peleando a la contra y es un medio que te da pocas satisfacciones, platícanos de algo con lo que te hayas sentido bien al estar en Óclesis.

HC. Lo que más me ha pegado es ser yo mismo. Óclesis no es un desdoblamiento de mí, pero sí es un desdoblamiento de Óclesis hacia mí. Yo me di cuenta de que estaba atrapado en esa ola y creo en el proyecto y la propuesta.

 

ÓA. ¿Hacia dónde te gustaría que se dirigiera el proyecto? Te lo pregunto no porque seas el gurú de Óclesis, pero sí como la persona que lleva la voz cantante, por lo menos lo que Óclesis significa para ti.

HC. Creo que el grupo va a consolidarse más. Vamos a trabajar de manera introspectiva, tiene muchas voces, se está volviendo un crisol. Seguiremos trabajando en radio, en publicaciones, seguiremos consolidando al grupo. Yo sólo quiero ver a Óclesis.

 

Hugo López Coronel IV foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel IV foto Óscar Alarcón

 

ÓA. En el norte tenemos ya muchas manifestaciones de la literatura, pero en Puebla, ¿en dónde radicará el boom? No para que todos escriban de esa manera pero sí para que haya más escritores y lectores.

HC. Creo que es en la sociedad misma. Se están creando discursos desde ciertas escuelas pero sólo apuntan a ciertos intereses. La gente escribe porque se les imponen los temas. Y los escritores libres no crean escuelas.

Podríamos regresar a una de tus preguntas anteriores: no hay interés de la sociedad por consumir estos discursos.

La gente que está interesada en escribir tendrá que voltear a hacia sus raíces. No quiero sonar muy apartheid al decir “poblano”, pero hay ciertas identidades que están cruzadas por otras muchas razones —antropológicas, filosóficas, etc.

Cada localidad tiene su propio discurso a pesar del concepto tan globalizado de nación que tenemos.

 

ÓA. ¿Qué piensas de las campañas de lectura en las que aparecen famosos leyendo libros de cartón?

HC. Pues si se publica Esta es mi veldá, quiere decir que hay muchos sectores que fomentan la lectura basura, que no te sirve de nada.

Te forman un velo de alquitrán con diez gramos de nicotina y cocaína para que no salga nada. Si esa gente está promoviendo la lectura es porque también tienen ciertos intereses. Si realmente promovieran la lectura sería otro país.

 

Hugo López Coronel V foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel V foto Óscar Alarcón

 

 

Gilberto González. Regresando al tema de la difusión, ¿no crees que los artistas mismos no reconocen que su trabajo es de buena calidad? Vemos a muchos de ellos que se encuentran dispersos y marginales. ¿Qué se hace para evitar que se encuentren así?

HC. No sé si marginales, pero de que están ahí, lo están. Debemos trabajar en las identidades. Tal vez hace sesenta años, los habitantes de este país sí se creían mexicanos.

Ahora cuando alguien dice “soy mexicano” se tiene que pensar cuánto le cuesta ser mexicano.

Creo que hemos perdido la identidad —puedes llamarla “nacional” o “propia”— por la falta de creencias, de autovalidación sin esperar a que otros me certifiquen. Ahora imagínate trabajar en las identidades artísticas.

 

ÓA. O imaginarnos el discurso de alguien que diga “ya no quiero ser mexicano”.

HC. Alguna vez en un programa de radio lo platicábamos. Un abogado decía que no era posible que a un futbolista se le olvidara el himno nacional. Yo le pregunté que si para ser mexicano era necesario que se supiera el himno nacional. Estamos en una sociedad mediática que nos está arrasando.

 

GG. Pongamos como ejemplo al D. F. en donde tenemos una cantidad enorme de escritores publicando que quizá no tengan los recursos y sin embargo publican. ¿No sería más fácil publicar en Puebla?

HC. Pero estamos hablando de la ciudad de México. Aquí hay muchos monopolios. En el D.F. tienes una diversidad impresionante, son las ventajas del capitalismo. Tienes oportunidades de publicar de manera propia. En Puebla lo puedes hacer pero es muy caro o no tienes los espacios.

 

Hugo López Coronel VI foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel VI foto Óscar Alarcón

 

ÓA. ¿Pero decir esto, no es una forma de automarginación?

HC. No. El claro ejemplo es Óclesis. No tenemos el dinero para sacar publicaciones como queremos pero buscamos espacios. Si nos automargináramos no publicaríamos nada ni ganaríamos espacios. Trabajamos a pesar de las limitantes que tenemos, no sólo económicas sino políticas, culturales y hasta de género.

 

ÓA. Entonces te cambio la palabra “automarginación” por “prejuicio”… Tal vez ustedes digan: “yo no publico con el grupo de Alí Calderón o con el de Ricardo Cartas”.

HC. Es respetable no interactuar con otro grupo, si algún personaje decide no publicar en cierto espacio, allá ellos. Pero en el caso de nosotros yo creo que no hay problema.

En esto se fundamenta nuestra perspectiva de arte: permitir otros discursos. Y me atrevo a decir “permitir”, tal vez sería decir “creer” en otros discursos. No negar que están ahí.

 

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

Portadas de la Revista Óclesis foto Óscar Alarcón

 

GG. ¿No crees que precisamente eso sea lo que hace falta en Puebla? ¿Cuántos grupos independientes podemos contar que publiquen?

HC. Muy pocos. La única forma de cambiar a la gente es a través del arte. Tienes que creértela, puede o no venir el reconocimiento, pero si uno no está comprometido en comunicarle algo a una sociedad como la poblana, si nos interesa que esto cambie, hay que trabajar.

Te van a hacer caso o no te van a hacer caso —lo más seguro es que no— pero ¿qué haces ante los embates de los medios de comunicación, de los intereses de grupos? No me voy a suicidar. Hay que buscar otros mecanismos.

 

Hugo López Coronel VII foto Óscar Alarcón

Hugo López Coronel VII foto Óscar Alarcón

 

 

ÓA. ¿A cuál de los eventos del festival Palafoxiano asistirás?

HC. Yo quería ir al de Armando Manzanero pero trabajo en Tehuacán. ¿No viene Paquita la del Barrio? Creo que iré a uno en domingo porque es el único que día que puedo.

 

GG. ¿Qué es lo que hace distinto al grupo Óclesis del contexto literario en Puebla?

HC. Creo que decir alguna característica sería mucha presunción de mi parte y hasta con cierto desdén. Somos parte del todo pero como nos reconocemos de manera consciente, es lo que nos hace —más que diferentes— integrarnos a esa masa, a la maquinaria.

 

Hugo López Coronel también habita en

http://oclesis.blogspot.com

http://ocleticos.blogspot.com/

Entrevista a Guillermo Rubio

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Guillermo Rubio, pintado por Gustavo Monroy en el cuadro La Última Cena (fragmento)

Guillermo Rubio, pintado por Gustavo Monroy en el cuadro La Última Cena (fragmento)

“En México puedes hablar de lo que sea y todo está relacionado, hasta al último, con corrupción o tráfico de poder o impunidad, en la cultura, en la política, en la policía,  nuestra república es de película.”

Por Óscar Alarcón

21de diciembre de 2010

Óscar Alarcón. ¿Cómo vives la literatura actual, la escritura de los jóvenes tomando en cuenta lo que se ha escrito recientemente y a lo que se le ha llamado “el cartel de los escritores”? ¿Qué piensas de este tipo de literatura, sobre todo por el estilo en el que tú escribes?

Guillermo Rubio. Pues mentiría si te dijera que la conozco, pero ahorita es lo primero que me vas diciendo y no tengo, sinceramente, mucho tiempo para dedicar a la literatura nueva. Lo último que leí fue un libro de un escritor que hizo El cadáver andante o El cadáver ambulante, de Gonzalo Matré. Y me lo dieron en la feria del libro del zócalo, lo leí y en la dedicatoria, Matré escribió que esa era la primera narconovela.

Regresando a tu pregunta, nuevamente, mentiría si te dijera que he leído algo, de género negro específicamente, de la nueva ola.

ÓA. ¿Ni a Orfa Alarcón?

GR. La chava de Perra Brava; no, no he podido leerla, pero entré en contacto con ella. Parece que es una novela del tipo Pasito Tun Tun, pero en mujer, hay que leer ese libro. Me apena mucho no poder contestar específicamente sobre eso [risas].

ÓA. ¿Qué te parece que los jóvenes se acerquen y hagan este tipo de literatura? ¿Crees que si le das difusión a esa literatura, validas la violencia?

GR. Por lo menos sirve de denuncia. O de jugar con la imaginación y con los personajes de nuestra política, que entran como inmaculados y salen envueltos en los peores lodos de nuestra sociedad. Pero deberíamos practicar la literatura de crítica cuando menos para burlarnos de alguna manera de ellos. Imaginar cosas que después pueden ser ciertas, que jugáramos con cualquier personaje. Que pudiéramos jugar con la maestra Elba Esther [Gordillo], que se presta para hacer mil novelas, todas del género negro.

O un puedes agarrar a un gobernador al azar, un jefe de la policía, y tomar como molde a un diputado o a un senador, que hoy es un promotor de la decencia y la cultura y a los pocos días, meses o años es un depredador, como una persona que nos fustigó con los sueldos con los que cobran, que dan risa y pena. Me acabo de enterar que les van a dar trescientos ochentaitantos mil pesos a cada diputado.

Entonces eso es un aliciente para ir a tocar al FONCA y decirles “quítenles la mitad y dennos algo“.

Guillermo Rubio

Guillermo Rubio

ÓA. ¿De esta manera construiste el universo narrativo de Pasito Tun Tun, imaginando y trastocando la realidad?

GR. Lo hice con toda la mala intención de tomar las notas que fueron importantes en su época; cuando se encontraban en la opereta de que salían más cómplices y de que no encontraban al compadre Raúl Salinas [de Gortari], todo se prestó como magia. No hay ni la más mínima investigación para recrear a un tipo de pasaje de nuestra historia.

ÓA. ¿Qué tanto de autobiográfica tiene la novela Pasito Tun Tun?

GR. Nada, absolutamente nada. Al contrario, es un buen ejercicio de escritura usando la imaginación y el entorno del periódico, porque Pasito Tun Tun salió del periódico, de la televisión, de las revistas, porque fue un tema que durante meses nos metieron como una telenovela, como muchas que nos dan en México.

ÓA. ¿De dónde surge “el Yaqui”?

GR. Había que tener un pretexto para ponerle un nombre al personaje, pero podría haber sido “el Poblano” o “el Veracruzano” podría ser cualquiera.

ÓA. Cada vez que platico contigo, me recuerdas mucho a Bukowski, un tipo que llega avanzado de edad a la literatura.

GR. Sólo que él era muy borracho [risas] y además era poeta. Sí, yo llegó bastante avanzado de edad, entro a finales de mis 40 años. Es muy conocido que fui encargado de la seguridad del periódico La Jornada y de ahí, como digo en el libro, entro en contacto con escritores, cineastas, escultores, poetas, hasta a un presidente de la república conocí, premios Nobel, y eso fue como un acicate, aunado a los informes que hacía en Gobernación, y sobre todo que hacía unas novelas casi diario, porque tenía Ruta 100, que era un sindicato que estaba conceptuado quizá como el más conflictivo en el Distrito Federal, y me tocó su época de oro.

Elaboraba diariamente de 3 a 4 informes, pero extractando eran de 2 o 3 cuartillas cada informe y eran como novelas. Eso me dio un poquito de formación y sobre todo la imaginación, que conjuntado con la doble vida de la policía—o sea entre la vida clandestina y la vida oficial, que se acostumbraba en ese entonces que en tus horas de servicio fueras servidor y en las horas de no servicio, no servidor.

Durante la presentación de Pasito Tun Tun en la policía auxiliar del D.F.

Durante la presentación de Pasito Tun Tun en la policía auxiliar del D.F.

ÓA. ¿En la que cabía de todo, incluso ser escritor?

GR. No. Escritor era de manera oficial. Porque es muy diferente usar la pistola a usar la pluma. Como policía político, el arma, en vez de ser la pistola era la pluma.

Regresando al mundo de La Jornada, después de conocer a ese gran personaje como fue don Carlos Payán, y después de esa apertura a ese mundo de corte comunista-socialista, tienes que hacerte un lugar en donde estás. Yo traté de congraciarme con él y con todos los de su entorno, y más o menos lo logré, pero fueron años de rechazo de editoras y años de correcciones, de volver a hacerlo. Fue una buena experiencia que hasta la fecha sigo cosechando, de ese sencillo texto que logré hacer.

ÓA. ¿Mientras duró la convivencia con Carlos Payán, cuáles fueron tus influencias, qué leías?

GR. Había una dirección, que leyera a Dashiel Hamet, que leyera a Chandler. No creas que le hice mucho caso.

ÓA. ¿Payán te los recomendó?

GR. Sí, e incluso me los regalaba. Payán me recomendó a Paco Ignacio Taibo II ¡imagínate! [Risas]. Mi capacidad para asimilar algunas lecturas no es universitaria, entonces me iba más hacia lo que me gustaba.

Desde antes de entrar a trabajar a La Jornada, por raíces familiares me inculcaron la lectura. Empecé leyendo a los clásicos juveniles, sobre todo las novelas y después lo policíaco y aventuras. Eso me fue mostrando una ruta: lo que me gusta terminarlo, y lo que no me gusta abandonarlo a las 3 o 4 cuartillas. Así he abandonado a gente que quizá tengan premio Nobel, pero que no me pueden llenar el gusto por leer.

ÓA. ¿Qué estás leyendo en este momento?

GR. Terminé un libro que se llama Los 30’s, que es un análisis sobre escritores mexicanos, en el que están José Emilio Pacheco y Poniatowska, un libro editado por Chema Espinaza, o sea de Ediciones sin Nombre, de la colección “La Centena”, que son unos libros pequeñitos.

Hay veces en los que entro en baches de lectura, y ahorita estoy precisamente en uno de esos. Pero sí busco, tengo en lista de espera 2 o 3 libritos, los títulos no los recuerdo pero siempre tengo en reserva.

Firmando libros

Firmando libros

ÓA. Quizá la respuesta pueda ser obvia, pero ¿por qué escribir sobre temas violentos? Entiendo que es tu contexto pero ¿por qué escribir sobre ello?

GR. Porque es lo primero que domino. Porque hay una especie de revancha de tipo personal hacia la gente que alguna vez tomé como referencia, que en cuestión de rectitud, sin saber que ellos llevaban una doble vida al igual que yo, y con una gran ganancia que era el reconocimiento popular, y era el reconocimiento por medio de votos; por ello la literatura que trato de hacer, y que siempre estará restringida por las editoras. Por los mismos personajes que inclusive están dentro de sus funciones en este momento, para mí es muy fácil imaginar las peores atrocidades porque se dan a conocer día con día.

ÓA. ¿Son parte de tu imaginación o son una experiencia vivida?

GR. No, todo es un ejercicio mental, nada más. Imaginarme que cierto personaje puede ser drogadicto, a lo mejor no lo es, o tal vez sí. Pero por mientras me gusta aventurarme, porque las acciones pueden concordar con las de una persona que ingiere drogas.

ÓA. Resulta tremendo que tú te imagines una tortura y que cuando lees la revista Proceso o lees el periódico es similar a lo que te imaginaste, cómo la realidad supera a la ficción, eso es más terrible.

GR. Como somos mexicanos y tradicionalmente tenemos una gran atracción hacia lo mal habido y sobre todo que los personajes que llegan a encumbrarse los corrompen mentalmente, es fácil llegar a los excesos más aberrantes y el aparato que los rodea es un mecanismo que los impulsa a borrar todas las buenas intenciones que tenían desde el principio. ¿Qué ejemplos te podría poner? Hay decenas de ejemplos que te podría poner de nuestra vida política, policíaca, de todos nuestros ámbitos de la sociedad, siempre hay un negrito en el arroz.

ÓA. ¿Podríamos decir que mucha de la decadencia cultural del país es culpa de la manipulación de la mente del ciudadano de a pie, por parte de los medios de comunicación?

GR. En cualquier estrato en que te desenvuelvas hay ciertos intereses entendibles. Maridajes entre gobierno-periodismo, periodismo-política. Está visto que también en la cultura, por ejemplo el FONCA, que está visto que es un círculo de becados, te dan ahora la beca y en tres años te la vuelven a dar. Y hay una cola de gente que tienen verdadero talento o verdaderas carencias y no se les respeta.

ÓA. ¿En México las becas producen escritores?

GR. Pues no se ve mucho. No sé. Ni idea tengo porque no hay difusión de los trabajos que se hace en tres años. En los pintores se ve un poco más porque presentan dos o tres exposiciones al año y con eso validan el dinero que les dieron; a los escritores me imagino que deben ser libros, pero libros que sólo leen ellos, y que pueden ganar premios. Hasta suena a revancha política [risas].

En México puedes hablar de lo que sea y todo está relacionado, hasta al último, con corrupción o tráfico de poder o impunidad, en la cultura, en la política, en la policía,  nuestra república es de película.

ÓA. ¿Cuál es el papel social de la literatura delante de los medios de comunicación? No puede competir con el cine, con la televisión, mucho menos con las telenovelas…

GR. La denuncia. Si yo fuera apóstol todos los días saldría a decir “hagan un cuento sobre Ebrad, sobre el Peje o Calderón” para tratar de narrar lo que nosotros nos imaginamos. Y serían unos cuentos fabulosos para cuando menos descargar nuestro afecto o desafecto a quien sea. La literatura es un buen camino para expresar lo que traes adentro de la cabeza y hay gente que nos volvemos puntillosos hacia lo que está ocurriendo. Pero también habrá escritores que publicarán novelas de amor y de aventuras y de todo.

Yo creo que la literatura que estoy haciendo es imaginar mi entorno político-policíaco, porque tengo gran influencia de ese contexto. Y como lector y como visor de televisión me da bastantes ideas para crear personajes dentro de nuestra vida nacional.

ÓA. ¿Ahora que liberaron al Jefe Diego, se te ocurrió algo?

GR. Me impresionó el tipo que no deja de ser valiente y un caballero —aunque sea de otro partido—, me impresionó el mensaje que les mandó “ahorita me agarraron pero no me vuelven a agarrar, me agarraron papando moscas”. Un tipo valiente, me quiero imaginar los diálogos si es que estuvo secuestrado por alguna célula guerrillera, esos debates eran para haberse grabado y para reproducirlos.

Exactamente ahorita me estás dando una idea como para hacer un cuentico —como si fuera colombiano— de esos seis meses. No está mal la idea: un líder guerrillero y un personaje que es odiado por la mitad de la población, y también manipulado. Ya bien lo dijo él “me secuestraron por la mala información de que soy el abogado más rico del mundo” y sobre todo de los malos manejos que se le atribuyen. Pero es un hombre valiente.

Creo que sus enemigos lo han de respetar por las declaraciones tan coherentes que hizo.

En la FIL del zócalo del D.F.

En la FIL del zócalo del D.F.

ÓA. En la pasada feria del libro del zócalo presentaste un texto incendiario, ¿crees que hubo censura?

GR. Hubo una total y completa censura porque abarcaba desde gobernadores, obispos, personajes del entorno, y a la vez era una invitación, a todos los que me escucharon, a jugar con los personajes sin temor, a los tiempos de los priistas. Lo que sugerí era imaginar mínimo una madriza o una desaparecida. Me di cuenta que parece que lo eché al olvido pero eso es bueno, porque ya me di cuenta de que de todos modos aunque existan tiempos de apertura de pensar, de jugar con la imaginación, serán panistas, priistas, perredistas, hay una censura visible. Lo bueno fue que era una invitación a pensar, si hubiera hecho un taller regresábamos a los tiempos priistas aunque estemos en la ciudad del perredismo.

Hay censura y te das cuenta cuando empiezas a rastrear la minuta y las notas del día: se dedicaron a leer la contraportada de Pasito Tun Tun, y todo lo que dije —que no ralla en valentía sino en desfachatez— era una franca invitación a que nos atreviéramos a tomar esos temas, no a inventar a Juan Pérez o el Shame de Taibo, qué caso tiene si puedes inventar personajes cotidianos, que en lugar de esos sea el jefe de la policía o el procurador.

Estamos en México para aprovechar los personajes y explotar lo que tienen, te podrás equivocar en 1 o 2 porque la honestidad no está muy bien conceptuada por nuestros gobernantes, especificando culturales y políticos.

“Hubo una total y completa censura porque abarcaba desde gobernadores, obispos, personajes del entorno, y a la vez era una invitación, a todos los que me escucharon, a jugar con los personajes sin temor, a los tiempos de los priistas.”

ÓA. Ahora que entré a la librería me encontré con el libro más reciente de Élmer Mendoza, ¿buscas ser un escritor de éxito?

GR. Órale, mano. Pues yo busco divertirme, jugar con mi imaginación, con el entorno cotidiano, inventar las historias con base en la realidad. Creo que El Asesino Solitario es su mejor libro; Balas de Plata es un libro para intelectuales. Considero que debemos ser menos adornados para la literatura. Élmer, Taibo, hay una generación de escritores que tienen todos los reflectores puestos en ellos pero creo que hay otros que estamos en la espera de que nos pasen la batuta tantito [risas].

Me estoy encontrando con un texto que me mandaron sobre mi novela, Visitando al Diablo, que dice “la novela necesita una radical revisión de estilo”, que eso ya lo sé. Pero ¿por qué son tan puntillosos los editores siendo, que hay textos que son perfectamente armados y son unos bodrios, que se dedican sólo a describir cómo estaban las escaleras, cómo estaban puestos los libros? Y en eso se pueden pasar tres cuartillas.

Puedes describir que te metes una línea de coca pero pasas a escenas y a escenas, pero los editores hacen la literatura con una formación como si hubiera sido con Cervantes, en los tiempos en los que era impecable la redacción.

Cuando llegas como nuevo personaje hasta una coma les molesta: “el autor tendría que poner nombres ficticios para obligarse a crear un poco más de realidad en el texto y no depender de una presunta carga testimonial o de un efecto de lo real muy fuerte, le falta ambientación propia”, entonces los editores se vuelven unos dictadores para determinar qué le puede gustar a un lector, siendo que los lectores van evolucionando en su lectura y les importa poco que esté bien construida una frase. Sí ayuda la fluidez y la buena construcción, pero tengo entendido que antes a un narrador se le podía ayudar quitándole las cursivas o acomodándole una coma. Ahora no, ahora te ven como un enemigo de la literatura y publican libros que no te llevan a ninguna parte. Pero quizá estén bien construidos y los ven como un trabajo impecable.

De izquierda a derecha: Óscar Alarcón, Mauricio Bares, Guillermo Rubio, México, D.F., 2010

De izquierda a derecha: Óscar Alarcón, Mauricio Bares, Guillermo Rubio, México, D.F., 2010

ÓA. ¿En México sobra adjetivación y faltan tramas? ¿Quién las escribe?

GR. No; sobran tramas. Y debe haber de sobra quién las escriba pero se han de estar imposibilitados, como yo, porque no están bien construidas, porque abusan del antagonista o del protagonista, pero sí hay. Me imagino que debe estar repleto de temas interesantes, escalofriantes, sorprendentes por escritores que no son escritores.

Ahora que he terminado el bloque de escritura me estoy encontrando que, en Visitando al Diablo, tengo que cambiar los nombres de los personajes, ¿por qué? Porque el editor lo quiere. Tengo que cambiar las escenas porque las consideran inverosímiles y aparte hay que revisarlo estilísticamente, bueno eso se acepta. Pero si llega don Élmer Mendoza lo reciben con aplausos y como su novela está bien construida, como es un académico, indudablemente el libro estará bien escrito pero de interesarle sólo le va a interesar a las personas que lo conocen de ganador de un importante premio.

ÓA. ¿Qué editorial fue la que te mandó este correo?

GR. Es Terracota.

“Sobran tramas. Y debe haber de sobra quién las escriba pero se han de estar imposibilitados, como yo, porque no están bien construidas, porque abusan del antagonista o del protagonista, pero sí hay. Me imagino que debe estar repleto de temas interesantes, escalofriantes, sorprendentes por escritores que no son escritores.”

ÓA. ¿Crees que sería mejor publicar en editoriales pequeñas?

GR. Lo que estoy pensando es que voy a ser famoso cuando me haya muerto, porque los textos no los voy a cambiar. Y más ahora que voy sobre la segunda novela en la que yo soy el personaje, inventando mis propias historias, ligadas con la política, con el entorno de México y sobre todo el que me interesa: el policíaco.

ÓA. Los editores siguen siendo los castigadores

GR. No encuentro qué decirles. Pero para la próxima aventura que voy a escribir me voy a disciplinar por lo menos en lo estético y en lo máximo posible de bien construido y estilizado.

ÓA. Estaba pensando en Mario Bellatin, que se ha olvidado de las editoriales y ahora él mismo imprime y vende sus libros en el parque México.

GR. Pero no me gustaría llegar a eso. Quiero dejar plasmadas mis horas de escritura para que no se pierdan, porque ya son más de mil cuartillas. Mil cuartillas mal escritas ante los ojos de cualquier editor, pero son varias historias que son cotidianas, de dominio popular y de humor negro. Tienen comicidad, algo estoy aportando a la literatura nacional.

ÓA. Eso es lo que te iba a preguntar, ¿hacia dónde va la literatura de Guillermo Rubio?

GR. Primero va divertirme con una trilogía en la que yo soy el personaje. Después unos cuentos enfocados a los problemas de corte político, va a los excesos, a cierta aceptación a las drogas y a divertir. Esa es la idea.

Alguna vez me preguntaron que si quería dejar algún mensaje. Bueno pues el mensaje es divertir nada más. Divertirme con lo negro, con lo oscuro, con lo que nadie se atreva, y sobre todo dejar de creer que nuestros personajes son intocables, y que los podemos tocar con la imaginación.

ÓA. ¿Qué es para ti la literatura?

GR. Es la huella que vas a dejar, es tu firma para toda la vida. El cuerpo se muere pero las letras no van a morir, y si son medianamente legibles pues tienes para ser recordando por muchas generaciones.

Guillermo Rubio es autor del libro Pasito Tun Tun, Tiempo Extra Editores, México, 2006.

Entrevista a Andrés Acosta

Posted on by Oscar Alarcon Posted in Entrevistas | Leave a comment
“Hay una visión esquizofrénica; en México todo mundo tiene sentido del humor pero a la hora de hacer los libros, hay que ser serios. Es una visión decimonónica.”
Andrés Acosta en la librería “Rosario Castellanos” del Fondo de Cultura Económica, ciudad de México. Foto: Óscar Alarcón García para abartraba
Por Óscar Alarcón García
1 de julio de 2010

¿De dónde crees que viene tu vocación como narrador?
Al principio no era mi intención hacer libros sino escribir y hablar de las cosas que me pasaban durante el día, pero no como un diario formal, sino pequeños apuntes, viñetas.
Y escribiendo, de manera completamente inconsciente porque ni siquiera tenía la menor intención de ser escritor, y ni siquiera tenían forma publicable. Eran una forma de autocomunicación; siempre se habla de la literatura y más de la narrativa como una forma de expresión, y yo pienso que más bien es una especie de autoconocimiento, como para sacar lo que estás viendo y leer tus pensamientos.
Ya después viene el asunto de la comunicación con los demás, pero para mí nació como un centro de autoexplicación, para saber lo que era y qué estaba pasando en aquellos días.

¿Cuántos años tenías cuando comenzaste a hacer estos ejercicios de escritura?
Estaba en la secundaria. Tenía 14 o 15 años. Ahí entré a un concurso de cuentos y entonces fue la primera vez que hice un cuento, con la idea de competir. Pero aún así no lo veía como un mismo fenómeno, para mí escribir era algo muy personal, y lo otro era como hacer una tarea, algo sobre pedido.

¿Tienes algún ritual antes de sentarte a escribir? Recuerdo a un escritor del siglo XIX que se comía un pollo entero antes de escribir, o gente que toma mucho café…
No exactamente un ritual pero tal vez una forma de transición para ponerse en la frecuencia de escribir. Que puede ser distinto dependiendo de la época del año, de la situación o del lugar donde esté.
Puede ser una caminata previa, el laguito de los patos aquí en el parque México [en la colonia Condesa del Distrito Federal], caminar hacia donde voy a escribir, tomar café, fumar. Hace muchísimos años fumaba puro, pero era para ponerme a tono, para entrar en la frecuencia.

Creo que el valor del ritual —o más que el ritual— es que puede cambiar o puede ser cualquiera para una misma persona, inclusive; es esa facultad que te dice “ya estoy en el estado de ánimo para empezar trabajar” —de diferenciar lo que haces antes, por ejemplo: cumplir con tus labores del día.
Patricia Highsmit recomienda que cuando tienes muchas preocupaciones cotidianas, lo primero que hagas es resolver dos o tres, nada más; dedicarles una parte pequeña del día: pagar la renta, la luz, los impuestos, los recibos y luego ya empezar a trabajar. Porque con eso ya cumpliste y descansas del estrés de las preocupaciones y te metes al trabajo.

Andrés Acosta. Foto Óscar Alarcón
¿Y también te conviertes en una especie de pararrayos? Recuerdo que Guillermo Samperio decía que cuando te sientas a escribir, te conviertes en uno y comienzas a absorber ideas y a escribirlas.
Eso es cuando tienes suerte, porque hay días en los que amaneces y te cae del cielo, como la manzana de Newton, y nada más la recoges.
Pero hay ocasiones en las que no, y entonces tienes que trabajar de todos modos, ya sea porque no has terminado el capítulo que tienes que entregar o no tienes el avance que deseas; o por lo menos ya decidiste que cierto día de la semana te sentarás a escribir y a lo mejor no te caen las ideas, pero ya tienes el tiempo y no lo puedes perder porque ya libraste todos los obstáculos para tenerlo.
Entonces es cuando entra la disciplina: a pesar de que no tenga ganas de escribir, de que esté deprimido, de que esté cansado o no se me ocurra nada, comienzo a escribir y entonces la escritura arranca mecánicamente: dos personajes se enfrentan y algo tiene que pasar, le dice una cosa que tú no esperabas, y entonces el otro personaje le responde, y el texto comienza a agarrar vuelo por sí mismo, sin que se te ocurran a ti las cosas, simplemente aparecen.

Tenía un maestro en la universidad que decía que en el trabajo, 90% es disciplina y 10% talento, ¿crees que en la escritura sea así?
Sí, la verdad sí. Ese asunto de la inspiración, del talento, de las capacidades es un engaño y puede hacer mucho daño a los que comienzan a escribir, pensando en “¿yo tendré talento?, ¿seré capaz de escribir una obra como la de este gran escritor?”.
Por otra parte, cuando acabas de escribir un buen cuento y la gente dice que eres un buen escritor, entonces piensas: “bueno, entonces ya tengo talento, ya la hice.” También es un engaño muy fuerte porque el trabajo es más importante a corto y a largo plazo. El trabajo es más importante que el talento porque prácticamente cualquier persona tiene talento.
Si tú eres un buen coordinador de taller y pones a la gente a hacer ejercicios, escriben cosas impresionantes, cosas muy buenas, que ni se la esperaban, es realmente conducirlos. Pero de ahí a que alguien haga realmente una carrera, publique un libro o escriba una novela, la diferencia es el trabajo.

¿Has escuchado sobre la generación inexistente, o también llamada la generación atari?, es la generación de los escritores que nacieron en lo
s 70’s y que dicen que no tienen padres literarios, ¿qué opinas de ella?

Siempre existe la intención de los escritores de romper con las generaciones anteriores, y es sano. Porque si fuera una simple continuación de los anteriores, entonces sería aburrida. Si le encuentran los defectos a los anteriores y no los quieren continuar es una buena actitud.
Pero siendo realistas eso no existe. Porque todos los escritores somos resultado de los anteriores, de lo que se ha leído, de la tradición la conozcas o no, directa o indirectamente y de la cultura que te permea y en la que vives inmerso.

Como actitud puede ser algo fructífero para un escritor decir “yo voy a romper con todo y voy a tratar de escribir algo nuevo”, que no puede ser nuevo completamente. Pero en la realidad, el escritor está hecho de lecturas y de la asimilación de otros lectores. La capacidad de escribir depende realmente de las lecturas. Las experiencias, es obvio; porque no existe alguien que no tiene experiencias en su vida, aunque no salga de su casa, tiene experiencias porque está vivo. Pero las lecturas no son tan gratuitas como las experiencias.

Creo que cada generación tiene la intención de marcar su territorio, de ponerse nombre para distinguirse. A algunos les gustan los grupos, a mí no me gustan, pero hay algunos que sí les funcionan. Al que le funcionen que se meta en uno, al que no, entonces que haga su trabajo en solitario.

Es importante sentirse cómodo.
Sí, porque no es una obligación ni estar solo ni estar en grupos. Lo que le funciona es lo importante para quien escribe, porque a cada uno le acomodan cosas distintas. Entonces más que generación, yo hablaría de grupos. Porque no todos los de los 70’s están en un grupo, hay unos que ni se conocen. Hay otros que sí se juntan mucho, que publican en alguna editorial, que comienzan a hacer antologías. Lo que sí es que ganan espacios, eso sí es un trabajo de relaciones; pero la verdad es que pasan 20 o 30 años y las cosas se van acomodando, y a lo largo de los años quedan pocos escritores de una generación.

Portada del libro Olfato (Premio de novela Gran Angular, 2009, ediciones SM, 2009)
¿Por qué decidiste escribir Olfato, una novela sobre vampiros? No existe una tradición literaria en México que hable sobre vampiros, ¿por qué arriesgarse a escribir una novela así?
Se me hizo algo muy interesante porque precisamente no había tradición de literatura sobre vampiros en México. Aunque hay una visión popular del vampiro que proviene de otras latitudes. El contexto era bastante adverso porque estamos en la época en la que domina el best seller juvenil, cuando los vampiros juveniles de Stephenie Meyer son la referencia, e inmediatamente cuando se publica una historia de vampiros se le tacha de best seller o cliché.

Pero me di cuenta de que el vampiro aparece prácticamente en todas las culturas, con distintos nombres y distintas características y en distintas épocas; y pensé “¿por qué no inaugurar una versión mexicana del vampiro?”. Que aunque a estas alturas lo mexicano lo entendemos como algo múltiple y ya no tanto localista.
Inclusive entre los griegos, que no es tan conocido, aparece un personaje femenino que les chupaba la sangre a los niños y después se convertía en serpiente. Eso nos demuestra que el cliché que tenemos de que el vampiro proviene de Drácula no es propio del vampiro, hay infinidad de imágenes. Entonces, abordarlo era un reto.

A los lectores jóvenes les llama mucho la atención este tipo de literatura.
Supongo que es atractivo para los jóvenes porque explora el lado oscuro, la sombra que aparece en todas las personas y que se manifiesta en la figura del vampiro. Todo el contexto de lo vampírico seduce a los jóvenes, ya que resulta una figura muy poderosa y por lo mismo muy difícil de manejar. Sobre todo porque se ha banalizado tanto, hay una visión de principio prejuiciada.
Pero eso es lo atractivo: contar la historia de un vampiro, el cual no existía con esas características.

Portada del libro El Complejo de Faetón (Mención Honorífica del Premio de Novela Juvenil Gran Angular, 2006, ediciones SM, 2006. Seleccionada para el programa Bibliotecas de Aula de la SEP 2008-2009)
¿Crees que los mexicanos, y en específico los escritores, tienen un complejo de Faetón?
Sí, porque es un complejo muy mexicano, todos los días los vemos. Recientemente con la selección de futbol, todos sabíamos que iban a perder. Ingenuamente algunos pensaban que podían ganar, pero no, eso ya estaba escrito desde antes. El ejemplo más preciso se dio en el partido contra Argentina y en la forma de pensar del mexicano. No sé si te diste cuenta que los mexicanos comenzaron jugando muy bien, dominando el balón, atacando; y los argentinos estaban desconcertados. Cuando viene el primer gol -que es la equivocación del árbitro y que les marca el gol en contra cuando no era así– ¿qué es lo que sucede? En lugar de seguir atacando más, se desmoralizan, pierden la concentración: mentalmente están acabados, en ese momento pierden el partido. Yo creo que sí estaban preparados, hacen ejercicio, juegan futbol, pero mentalmente no estaban preparados.

Eso es lo que pasa con los mexicanos, mentalmente se sienten derrotados. En distintos campos, tú lees el periódico y te das cuenta de que estamos viviendo un fracaso alarmante.

Y en el caso de la literatura me parece que sucede lo mismo. Se tienen no sólo a las glorias locales sino también a nivel nacional y son pocos los que logran trascender, no sólo de su lugar de origen sino de México.
En buena medida es porque estamos en condiciones muy difíciles. Tenemos falta de lectura, pocos apoyos reales, porque los que hay son ficticios. Una beca no es un apoyo, te hace sentir que estás viviendo como escritor unos meses o un año o tres años si bien te va, pero es algo ficticio porque la realidad no se vive así. Ese fenómeno del escritor fracasado se da mucho por todo el país y tiene que ver mucho con el contexto económico, pero también tiene que ver mucho con lo mental, desde el principio hay una derrota, por ejemplo los que escriben poesía se dicen “nunca voy a vivir de la poesía, no voy a ganar un quinto y no voy a vender un libro y únicamente me van a leer mis amigos”, porque en México no existe la visión de escribir en los géneros comerciales que posteriormente te den a ganar para escribir poesía.
O escribir una novela de éxito que me saque de la problemática que tengo y que yo pueda seguir escribiendo.
Aunque también hay muchos que escriben géneros históricos, fantasía, juvenil y que le encuentran el chiste y les puede dejar para seguir difundiendo su literatura o para formar una editorial. Pero creo que es una cuestión de mentalidad.

Portada del libro Cómo me hice poeta (Premio Bienal de Novela Juan García Ponce, 2008-2009, Ficticia, 2010)
¿Cómo fue el proceso de creación de Cómo me hice poeta?, ¿es una novela autobiográfica?
No, no es una novela autobiográfica. Pensé que sonaría autobiográfica porque está escrita en primera persona, y coincidimos en que los dos somos escritores, y pocas cosas de las que describo ahí me pasaron a mí, porque nunca estudié en una escuela de escritores como la SOGEM; coincide en el trabajo de la burocracia cultural.

Pero el personaje no tiene mucho que ver conmigo, más bien fue como meterse en la mente de alguien que quiere el extremo contrario al fracaso, que también es una forma de fracaso. Es decir, yo quiero ser un escritor de éxito pero no leo nada. La contradicción fue lo que me llamó la atención. Ni leo ni escribo nada pero yo quiero vivir de mis libros aunque no diga nada.
Es una visión crítica implícita del nivel de lectura de los escritores, de los que quieren escribir y que no se toman el trabajo de leer primero, de primero escribir correctamente y después tener influencia de grandes escritores.
En mis años de formación fui a uno o dos talleres literarios y se repetía mucho entre los asistentes la consigna de “no voy a leer a los otros escritores para no contaminarme y ser más original”, pero cuando leía sus trabajos me decía “¡mejor los hubieras leído para no cometer estos errores!” tal vez no serían tan marginales con sus errores.

Y esto está relacionado con lo que me preguntabas antes y que también es una forma de fracasar: “no voy a leer nada de mis contemporáneos porque creo en mi talento y en mis facultades mágicas de escribir textos perfectos sin conocer lo demás”, que eso tiene mucho que ver con la visión de algunos escritores que se hacen leyenda. Por ejemplo muchos decían de Rulfo que era un cuate muy campechano, medio campesino e ignorante que escribió dos súper obras magníficas. Y revisas y resulta que es todo lo contrario, que leía, que era un conocedor de literaturas de otras latitudes y de escritores. Y que tal vez no era tan farol para decirlo todo el tiempo.
Si revisas su fenómeno es un engaño hacerle creer a mucha gente que los buenos escritores no tuvieron una buena formación de lectores.

En México generalmente se tiene mucho respeto a los escritores consagrados, pero en Cómo me hice poeta, satirizas y en cierta medida te burlas y haces crítica de ellos. Por ahí aparece Juan Rulfo, hay algunas alusiones a René Avilés Fabila, ¿por qué escribir una novela tan irreverente?
Porque en México son demasiado solemnes. Parece que la literatura está casada con la solemnidad, con las cosas importantes que tienes que decir. Cuando tocas uno de estos temas como la escritura o la vida cultural en México, tienes que ser muy solemne para que parezca importante lo que estás diciendo.
Pocos se atreven a burlarse de lo que está ocurriendo, primero por el miedo a decir que es una novela fársica, irónica y satírica, pues estás haciendo una caricatura, y eso no lo toman en serio. Y eso es uno de los graves problemas de la literatura en México. Porque para que un libro parezca importante tiene que ser atormentado, trágico. Esa una visión muy antigua del escritor romántico, de cortarse las venas frente al lector para decir “miren estoy haciendo algo importante”.
Es muy raro porque en México hay un sentido del humor muy negro, cuando ocurre una tragedia, al día siguiente ya surgieron todos los chistes habidos y por haber, pero en la literatura pasa todo lo contrario: son solemnes, muy aburridos, muy serios. ¿Por qué son tan aburridos? No lo sé. Piensan que lo divertido está casado con el best seller, con las grandes ventas y con lo que, literariamente, no vale la pena.

Hay una visión esquizofrénica; en México todo mundo tiene sentido del humor pero a la hora de hacer los libros, hay que ser serios. Es una visión decimonónica.

Andrés Acosta. Fotografía: Óscar Alarcón García para abartraba
Somos muy poco festivos.
Sí, y las cosas importantes no sólo pueden decirse seriamente, sino en miles de tonalidades. Hay poca variación de tonos. Por ejemplo, predomina la novela histórica y casi toda es muy solemne, a excepción de Ibargüengoitia. Las excepciones son pequeñísimas.

Como te comentaba, hablando de Avilés Fabila, descubro en Cómo me hice poeta esa ruptura que tenía en Los Juegos. ¿Hay en tu novela una desacralización de la literatura y un rompimiento, al igual que en la de René?
No había pensando en René. No sé cuál de los personajes se pueda parecer a él.

Te lo mencionaba por lo del Museo del Escritor, que aparece en tu novela.
Ah, ya veo. Creo que eso debe ser una coincidencia, porque si te fijas en algunos personajes se funden características de distintos escritores. Por eso la novela se hace más verídica y más identificable, porque al no ser uno, se parece a todos al mismo tiempo y si no es éste, es el otro.

Como cuando mencionas al pequeño Hemingway, o lo del par de máquinas de escribir arrumbadas en el Museo del Escritor.
Ahora que me lo estás diciendo me estoy dando cuenta de eso. No lo había casado. Y fíjate cómo van surgiendo estas cosas, cuando estaba escribiendo la novela, en ningún momento pensé en el museo de René Avilés Fabila. Tal vez es inconsciente o es casualidad, algo que pudo haber sucedido en la realidad y se dio.

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba
¿Qué opinas de la administración de la cultura en México?
Más bien es la administración de la burocracia de la gente que se dedica a los ámbitos culturales.
Tenemos un país en el que se trabaja, sin que digamos cuál es. Nos damos cuenta de que es del tercer mundo porque cree en jerarquías, en injusticias y en donde los menos importantes son los creadores, los artistas y los autores. En donde lo más importante son los señores de corbata que dicen pues este día vamos a comer acá, nos vamos en avión, regresamos, pagamos los boletos VIP, y luego les arrojamos unas migajas a estos mendigos para que se entretengan y se peleen como perros rabiosos por alg
una beca del sistema
, eso es lo que hace es sistema político, con sus excepciones. Hay algunos que sí trabajan bien pero de manera aislada.

¿Y de los escritores becados?
Pues quizá a los que criticaría son a los que tienen una beca y no trabajan. Y a los que cobran una beca y no la necesitan, y no porque trabajen mucho sino porque realmente no necesitan una beca. Hay escritores que dicen “yo tengo un departamento en Nueva York”, ¿tú crees que esos van a necesitar una beca?

Entonces ¿las becas no son un índice de buena salud en la literatura mexicana?
No hay conexión. Hay momentos en los que la beca impide la producción, interrumpe la carrera literaria de muchos escritores que entran al Sistema y entonces dejan de publicar. Yo creo que ese fenómeno es único. Obviamente no todos están mal, pero sí la mayoría coinciden en que dejan de trabajar y de publicar.
Y me lo explico porque después de que toda la vida estuvieron pedaleando, escribiendo y tratando de publicar, de repente les llega la beca y ya está más tranquilamente y no se tiene que escribir en forma, incluso con sólo entregar tus informes es suficiente.
Y algunos cuando llegan a tener una beca, comienzan a tener lo que nunca tuvieron y se dicen “¿ya para qué escribo?

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba
Entonces sucede lo mismo con los premios literarios ¿hay mejores candidatos a ganar un premio entre los que son becarios?
En ocasiones sí. Pero ningún premio asegura una gran calidad literaria. Lo único que asegura un premio es que por lo menos el libro que ganó es el menos malo de los que concursaron.
Sería interesante echarse un clavado a los archivos del FONCA para ver qué fue lo que se entregó como avance y darnos cuenta de la calidad; en los premios no sucede esto, ahí por lo menos se premia al menos criticado. Esa es la diferencia entre los premios y las becas, es más riguroso el camino de los premios. Aunque si hay diez premios de narrativa en México anualmente, tampoco quiere decir que aparezcan diez libros magníficos al año, eso es imposible.

¿Qué opinas de los diversos polos literarios que se están dando en México?
Es interesante el mapa que está condicionado por la situación económica también. Alguna vez comentábamos tú y yo que el Norte y su posibilidad económica ha generado cierta calidad. Muchos escritores y muchas publicaciones. Además lo que más se escribe es novela, que es más difícil. Porque el cuento y la poesía son géneros mucho más digeribles, es más fácil que haya cuentistas y poetas que novelistas. Y eso se está dando en el Norte.
Caso contrario lo que ocurre en el Sur, en donde abundan los poetas y alguno que otro ensayista en el Centro; todo está relacionado con la economía y las posibilidades.
Por ejemplo en el estado de Guerrero es una cosa infame, no hay presupuesto, a nadie le importa la cultura y por lo tanto hay pocos escritores.

Pero esto parece ser un síntoma de casi todo México, por ejemplo en Puebla hay presupuesto pero hay pocos escritores de calidad.
Lo que me he dado cuenta es que en Puebla invitan a muchos escritores de otras partes a presentar libros, y eso genera una movilidad, que por lo menos a nivel social sí aparecen muchos escritores. En otras partes eso casi no sucede, no sólo por lo económico sino por la distancia.

¿Qué opinas del discurso oficial que expresa que “en México no se lee”?

La lectura es un fenómeno aislado, éste es un lugar muy especial [la librería “Rosario Castellanos” en la colonia Condesa del Distrito Federal] y donde efectivamente se concentran muchos escritores que son buenos lectores. Puedes encontrarte con escritores, periodistas, editores, diseñadores, gente relacionada con el mundo editorial que viene aquí, se toman un café y compran libros.

Pero esto es una burbuja, la realidad es que la gente de otras colonias, que no tiene tan cerca la librería, que no le interesa leer, no está leyendo. O lee otra cosa. Lee revistas. Si tú ves los tirajes de TV y Novelas son tirajes de doscientos mil que se agotan en una semana.
Y los libros de literatura son de mil o dos mil libros y que si se agotan en dos años ya fue mucho.

Y sólo el 2% de los municipios en México tiene librerías.
Sí, se ha dicho que tan sólo en una de las calles de España hay más librerías que en todo México. A veces la única librería que hay es la del Sanborn’s —y eso en los lugares donde hay uno. Por ejemplo en Chilpancingo no hay una sola librería; en Acapulco abrieron una Gandhi.
No hay librerías pero tampoco hay mucho interés por los libros.

Andrés Acosta. Foto: Óscar Alarcón para abartraba

Aparte de la literatura ¿qué otra arte o disciplina te interesa o desarrollas?
Me encanta la música. La pintura, el teatro, casi todas las manifestaciones.
De lo único que conozco menos es de la danza, es algo que me gustaría conocer más profundo.
Pero de practicar, sólo la Literatura.

¿Qué significa el cine en tu vida?
Me fascina. Desde que era pequeño me metía al cine a ver 2 o 3 películas toda la tarde. Cuando estudiaba en la carrera me escapaba al medio día, me iba a la cineteca. Y hasta la fecha el cine me encanta. La novela es el proto cine, no sé quién lo dijo. Pero las novelas sirven al cine y si te quieres hacer popular tienes que dar ese salto.

En Cómo me hice poeta nos encontramos con muchos fragmentos que son totalmente visuales y que tienen un lenguaje fílmico.
Sí, es influencia del cine. Me ocurre que muchas veces las escenas las veo en la mente y tengo que “bajarlas” a palabras.
Desde niño he sido aficionado al cine, desde siempre.

¿Qué estás leyendo en estos momentos?
Una novela policíaca de Boris Viant, que está en Tusquets. Y de literatura juvenil, estoy leyendo un libro que se llama Cruzada en Jeans, que se trata de un chavo que viaja en una especie de máquina del tiempo y llega a la época de la Cruzada Infantil que hubo en la Edad Media. Y a mí se me había ocurrido escribir una novela con este tema ¡y da la casualidad de que ya está escrita!

¿Qué es para ti la literatura?
Es un entretenimiento, es un refugio, es un mundo de posibilidades. Me da trabajo, me da satisfacción. Y es algo con lo que puedo vivir todos los días. Si hago el dictamen de un libro, me da trabajo. Si hago ficción, es lo que yo escribo y lo que me entretiene en las noches antes de dormir.


Para conocer más acerca de Andrés Acosta se puede consultar
aquí.

Diseño, edición y manipulación digital de las imágenes: Óscar Alarcón para abartra

Entrevista a Óscar de la Borbolla

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La Libertad de Ser Distinto

Óscar de la Borbolla.
Fotografías de Pascual Borzelli Iglesias

Por Óscar Alarcón
22 de octubre de 2010

¿Cómo ves el estado de salud de la literatura en México? Se dice mucho de la generación de los nacidos en la década de los 70’s que son la generación sin generación.
Te soy franco: ni la veo. He adoptado —no sé si como filosofía o política vital— no enterarme.

La verdad es que estoy muy desconectado de la literatura; llevo años ya —creo que voy para diez— en que rara vez leo libros de literatura. Lo debo de confesar vergonzosamente, lo que sucede es que lo último que leí me sonó tan desabrido que mandó a las páginas de los libros de ciencia. Y con aquel proyecto que estaba haciendo de una novela con un matemático empecé a aficionarme y ahora es un vicio y una adicción, leer libros de ciencia. Me interesa sobre todo la filosofía de las matemáticas y ahí ando detrás de autores como John D. Barrow o Ian Stewart, y los leo con fruición. Existe otro matemático que es John Allen Paulos, que de verdad me han absorbido todas las horas de lectura que tengo. Y no estoy enterado. De las últimas cosas que leí de literatura, el último libro que leí fue La Soledad de los Números Primos de un italiano, un físico muy jovencito. Me llamó la atención justo por el tema, la novela me pareció más o menos. No estoy metido en eso. Ni sé.

Imagen de la portada del nuevo libro de Óscar de la Borbolla: La Libertad de Ser Distinto
Con anterioridad ya se había manifestado tu inclinación por la lectura de ciencia, su reflejo es en Dios sí Juega a los Dados, en donde los cuentos están armados sobre una teoría de las leyes de la física, o una teoría filosófica. No es nada nuevo ¿no?
No, no es nada nuevo. Voy por etapas, durante un tiempo estuve clavadísimo en la filosofía, luego clavadísimo en la literatura, y ando como regresando a la filosofía; de hecho este último libro, La Libertad de Ser Distinto, es como una mixtura entre el ensayo filosófico muy clavado como en La Rebeldía de Pensar, éste es la mezcla de las dos vocaciones que tengo.

Nunca dejé de preocuparme por la filosofía —aunque la desatendí un rato para clavarme en las cuestiones narrativas— pero creo que ahora quisiera cultivar las dos cosas a la par; y en lo que más me entretengo, lo que más me gusta es la parte de la ciencia, creo que hay cosas más imaginativas de ese lado. En los modelos de los matemáticos hay unos delirios de imaginación que ni los más potentes poetas son capaces de hacerme ver. Hay un montón de ciencias: la cibernética, la genética en ella se están trabajando cosas que, de veras, me provocan orgasmos de imaginación.
En cambio las anécdotas de la literatura me suenan parecidas unas a otras, y le he perdido interés.

Óscar de la Borbolla paseando a su perro Lucas

El Curioso Incidente del Perro a Medianoche, de Mark Haddon, es una novela en donde el protagonista es un niño que tiene síndrome de Asperger, y tiene una obsesión con los números y fijación con las matemáticas; ¿podríamos esperar algo en un futuro dentro de tu narrativa? ¿Una novela que contenga claves matemáticas?
Ya está la novela hecha, ya la terminé. Se llama El Futuro no Será de Nadie, y el personaje principal, que es un matemático de profesión, que para poder ganarse la vida no le queda más remedio que trabajar traicionando la pureza de la matemática, metiéndose a trabajar de actuario. Él sueña con resolver el último teorema de Fermat —pese a que ya hace unos años Andreuw Wiles comprobó que sí era verdad—, pero éste que lleva toda su vida tratando de hallar la solución, piensa que la solución de Wiles, es —aunque correcta— demasiado farragosa, poco elegante. Porque Fermat lo que dejó dicho fue que no le cabía en el margen de la página donde estaba comentando las matemáticas de Diofanto, y entonces mi matemático sueña con encontrar esa solución breve. Porque seguramente si Fermat lo dijo, la tenía.

Y en cambio Wiles se echa como 187 páginas de matemática moderna para demostrarlo —que es una cosa verdaderamente tortuosa y tosca. En matemáticas, como en el movimiento de los dedos en una flauta, la solución más sencilla es la más elegante. Porque se pueden sacar las notas de una flauta en muchas formas de poner los dedos, pero hay unas muy incómodas. Igual en matemáticas, cuando se encuentra la ruta corta, esa es la mejor.

Ó de la B

Entonces vive con esa frustración y toda la novela está cifrada con cuestiones matemáticas. El encuentro con el personaje antagonista se da a través de un modelo de Poincaré, que es “La sección de Poincaré”, así que logra encontrarla porque se le pierde en el metro. Tiene implícita una crítica a la ley más famosa de Gauss, que es la
de curva decreciente. Tengo dos personajes principales: siempre que el matemático aparece, todas las metáforas tienen alguna alusión a los números; y la co-protagonista es una pintora, todas las veces que ella aparece tiene que ver con pintura.

Ahí creo que está mi planteamiento principal. Leí muchos años para poder presentarlo de una manera suave para el lector. Y me he quedado con la inquietud filosófica de un aforismo de Einstein, que dice “lo misterioso del universo es que no sea misterioso”, y no lo es porque está escrito en caracteres matemáticos.
Le he dado muchas vueltas a esa frase porque creo que actualmente la filosofía debería de tratar de explicarse por qué la estructura última de la Realidad puede expresarse matemáticamente. Cómo es posible que algo que surgió por un mero conteo para llevar la relación de los caballos que se prestaban unos a otros —haciendo marcas en un palo o echando piedritas en una vasija— cómo es que eso ha permitido encontrar —eso que podría no haberse dado, incluso se hubiera podido desarrollar de maneras muy diferentes, hay muchas matemáticas con bases diferentes no sólo la decimal— por qué ésta en particular permite esos alcances para desentrañar el movimiento de lo real. Como filósofo me inquieta muchísimo, sobre todo porque Platón, en el último de sus libros que es el de las Leyes, dice que Dios es un geómetra —y Platón era un matemático importante.

A cada tanto va apareciendo que la verdadera ontología, o sea la lógica de la Realidad, es matemática. Y entre mis colegas veo que andan haciendo una bola de idioteces; todos los posmodernos dedicándose a comentarios de lo más sofisticados y artificiosos, complicados y tediosos, pero nadie está como en algún momento estuvo Kant, enfrentándose al problemón que le representaba la presencia de Newton, y ha conseguido armar unos juicios que eran de experiencia y sin embargo universales. Que ese es todo el problemón de Kant. Creo que actualmente hace falta un Kant que nos haga entender qué demonios pasa con esta arquitectura de lo real, que es matemática. O por lo menos hasta donde se deja ver. Eso me tiene muy preocupado y sigo leyendo cosas.

Ó de la B con Sergio Pitol

Ahora que lo mencionas, esta inquietud es añeja, no sólo en tu caso sino en la Historia de la Humanidad. Pienso en algunos frontispicios de libros que se encuentran en la Biblioteca Palafoxiana, y la maravilla de los grabados tienen una excelente técnica pero a la vez los temas están emparentados con teorías matemáticas. Entonces tiene mucha relación esta explicación que das del universo.
Si te metes un poquito y ves los números —no como las tontas y sosas cuentas que nos enseñan en la escuela que nada más nos vuelven a la matemática una cosa mecánica— y lo que representan, descubres cosas maravillosas. En el crecimiento de cualquier árbol o de cualquier persona se da una proporción áurea que tiene que ver con la numeración de Fibonacci. Si te pones a pensar en lo que representa el número Pi, parece que la relación que hay entre la distancia lineal del nacimiento del río y su desembocadura en el mar es, respecto de la trayectoria real que el río describe por todas las vueltas que va dando, la relación es de 3.14 a 1. Una cosa es la distancia lineal y la otra es 3.14 esa distancia, ¿en todos los ríos? Eso es una cosa muy extraña.

Si te pones a ver, a la hora de hacer iteraciones —que es en lo que se basan las matemáticas del caos, gracias a las computadoras que son capaces de hacer multiplicaciones por sí mismas de una cantidad por una cantidad— se consiguió una gráfica que en el principio parece ser meramente caótica, después comienza a cobrar forma, y descubre uno imágenes fractales que permiten hacer predicciones. Es interesantísimo, por ponerte un ejemplo: la primera vez que esto se nota es por una anécdota muy reveladora: llega un tipo a una universidad y pone en el pizarrón una gráfica de cómo se había comportado el precio de venta del trigo, entre tal año y tal año. Deja la gráfica en el pizarrón, termina la conferencia y sale. A continuación entra un geógrafo, que había creado un microclima y traía graficada esa conducta del clima. Y cuando ve en el pizarrón la gráfica que él traía —que era absolutamente inédita— piensa que es una broma de muy mal gusto querer burlarse de él. Arma un escándalo y descubren que no, que una y otra concuerdan. Una era simplemente un modelo por iteraciones, y la otra era el registro de la conducta de un producto.

Ó de la B

A partir de eso empiezan a hacerse estudios de cómo se reproducen los conejos; si hay manera de armar un modelo matemático que explique cómo se desenvuelven las epidemias; cómo se arraciman los autos en una carretera de un solo carril… Incluso llegaron a proponer los caóticos la posibilidad de prever movimientos insurreccionales, con modelos matemáticos. De pronto eso que parece no tener nada con la vida real, se entromete; al menos yo me quedo muy desconcertado porque ya no sé si los que suicidan lo hacen porque tienen motivos individuales y personales, o se suicidan porque cumplen con el pronóstico de suicidios anuales y tienen que completar la cifra.

Todo se rige con exactitud más o menos diabólica. Ese tipo de cosas a mí me inquietan mucho y yo me imagino que en todas las épocas han inquietado, pero ahora que los matemáticos verdaderamente están en todas partes —porque detrás de todos estos aparatos que nos rodean y n
os facilitan la vida, hay patrones matemáticos nomás. Para decírtelo de una forma, la parte más abstracta, más abstrusa, más metafísica de las matemáticas, era La Teoría de los Números, era ver qué relaciones había entre ellos. Pitágoras comienza a ver qué relaciones existían, como la de los números amigos: que uno número respecto de otro tiene unos divisores y la suma de esos divisores da un número y la suma de los otros divisores da aquél, eso que es una necedad empezó a servir para desarrollar cosas de ese tipo.

Eso que fue durante milenios un trabajo de puro regocijo personal, ahora es lo que está detrás de tu computadora, detrás de todo. Pura Teoría de los Números puesta en la práctica, ya por fin se le dio la parte tecnológica a eso que era conocimiento puro. Así como a mí, me imagino que a mucha gente, a lo largo de la historia le debió haber preocupado. No es casual es que en esos libros haya signos diversos.

Óscar de la Borbolla frente a un mural de Siqueiros

¿Y la poesía? Sabemos que tenías esa espinita clavada, por eso publicaste Los Sótanos de Babel, sería interesante ahora que planteas este tema, ver un libro de poesía con temas numéricos. Se me antojan un montón de ejercicios literarios, por ejemplo en Las Vocales Malditas, que obviamente tiene que ver con letras, pero no un cuento sino un poema que sea numérico.
¡Híjole!, a ese grado no llegaría. Lo único que conozco al respecto es un libro maravilloso, que se llama La Patología del Ser de Ramón Martínez Ocaranza, ya muerto, que era loquísimo, y trata de hacer un poema relacionado con las matemáticas “para llorar tus ceros sensitivos/toda de negro hasta los pies desnuda/todos los manicomios están locos/y Dios está tan loco como sus manicomios”, muchos de los versos tienen relación con los números, pero no conozco más. Y a mí no se me antoja. ¡Qué horror!

Ó de la B

Entonces podríamos decir que te vas en banda y que dejas de lado los temas que se están tocando, no sé si por una necesidad de la literatura mexicana o si se están tocando por moda. Si hacemos una lectura de muchos autores jóvenes siguen una misma línea. Me parece que tu literatura ya le apuesta por otro lado.
Desde siempre estuve muy alejado de lo que es mi contexto cultural. De niño, mientras que los otros leían Hombrecitos, Tom Sawyer y cosas de esas, yo leía a Giovanni Papini y a los poetas malditos y siempre he estado como en otra parte.
Hay un verso, que incluso he convertido como cosa emblemática mía, que dice: “He soñado tanto/he soñado tanto/que ya no soy de aquí”.
Óscar de la Borbolla con René Avilés Fabila

Mis ingredientes espirituales, por llamarlos de algún modo, siempre obedecen a cosas muy extrañas. Se dan montones de modas, por ejemplo ahora que estamos viviendo, sufriendo y padeciendo esto del Bicentenario, todo mundo trae una novela histórica bajo el brazo. Yo pero ni loco haría una de esas cosas. Tengo deseos autóctonos, que me salen quién sabe por qué, que me llevan quién sabe por dónde; como esto de La Libertad de Ser Distinto. De pronto se me ocurrió armar textos muy breves sobre temas que a nadie le importan como las ruedas, las ventanas; pensar qué sería eso esencialmente y luego generar ocho textos por tema. Ir armando una especie de rosario de octaedros y no sé si parezca a alguien, o sea cosa rara.

Los que escriben al grado de poder armar una secta, me parecen escritores de manada. A la hora de que me vaya a psicoanalizar, aspiro a tener una psiqué individual, odiaría que me pudieran analizar en masa.

Ó de la B

En un tema mucho más terrenal, ¿por qué cambiar de editorial, de Patria a Mondadori?
Por razones de ambición. Estuve contento en la editorial Patria, incluso me hicieron una Biblioteca que lleva mi nombre y no sé qué tanto, pero la distribución y la posibilidad de tener un trampolín desde el cual brincar, me la ofrece mucho mejor Random House. De hecho me estoy mudando completito otra vez.

Me acaban de publicar esta novedad pero en la colección de bolsillo, aparecieron simultáneamente Filosofía para Inconformes y Las Vocales Malditas, y en cuanto terminen los contratos de los otros libros, me los voy a traer también para acá. Ya sea a esta edición grandota o en la colección de los long sellers, que es la colección de bolsillo. Pero me mudo completo para Random.

Ó de la B
La última, ¿qué significa para tu vida Pascual Borzelli Iglesias?
Es un buen amigo.

Gracias, tocayo.

Diseño y edición: Óscar Alarcón para abartraba
Fotografías: Pascual Borzelli Iglesias

Entrevista a Blanca Edna Alonso

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Me gusta mucho divertirme en el proceso de experimentar

Blanca Edna Alonso, foto de Ricardo Tapia, cortesía de Blanca Edna Alonso para abartraba

Por Óscar Alarcón
29 de septiembre de 2010.

Revisando tu obra pictórica me pareció que existe un rescate de lo mexicano, pero no como un baile folclórico al que estamos acostumbrados, sino una reinterpretación de la mexicanidad, ¿está presente ese rescate en tu obra?
Sí está presente. Como artista te enfocas en catalizar la época en la que vives, las situaciones. Creo que tiene mucho que ver cómo resiento la situación del México actual —por eso la imagen del cerdo— y me gusta mucho plasmar la situación que vivo.
El colectivo “Los Tamalistas”, es una reinterpretación de lo mexicano en el sentido de tratar de rescatar nuestros valores, que no son otra cosa que una súper mezcla, pero llevarla a la contemporaneidad en el arte, en la música. Siento que en Puebla es un poco estancado. Tiene un mucho de rezago. Y hay una élite que siempre expone. Sin meterme mucho, por ejemplo, Lazcarro, que son instituciones. Piensas en arte en Puebla y viene a tu mente Ramos Brito, que son buenos en los que hacen, pero que hay otras células de jóvenes que no se les toma en cuenta.

No me llames cerdo (tinta china y acrílico sobre papel. 130×76 cm. 2010)
A final de cuentas es como la célula vieja
Sí, con todo respeto. Veo la obra de Lazcarro y de Ramos Brito y las sigo considerando modernas, abstractas y siguen siendo parte de la ruptura. Y es válido porque es gente que desde hace mucho está trabajando su obra de esa manera. Pero siento que se intenta salir un poco, con el Encuentro Estatal de Arte Contemporáneo por ejemplo, y se logra medianamente porque si bien es cierto que hay mucha gente que hace arte contemporáneo, también hay mucha gente que hace ocurrencias y le pega.

Blanca Edna Alonso. Foto Óscar Alarcón.
¿Hacia dónde apunta el arte en Puebla, lo ves en bloque o segmentado?
Yo lo veo muy segmentado. Hay dos células básicas: la que quiere ser muy contemporánea, que parte de los movimientos que se dan en Cholula, en la Universidad de las Américas, en La Perrera, y la que tiene la gente que estudia artes visuales —de donde yo salí— que todavía es demasiado moderna. Tú entras a la academia de artes visuales y te encuentras con pintura, grabado, escultura, historia del arte. Una historia del arte, cabe decir, que se queda en el Modernismo, rayando a veces en el pop art. De repente hay alguien que tiene la inquietud y saca a colación el arte contemporáneo pero no te informan.
Yo salí de artes visuales y de no ser por mi tesis, no me hubiese informado de lo que es la contemporaneidad en el arte. Y es muy importante porque no tiene 10 años.
Entonces estas dos corrientes se disputan a los espectadores en Puebla.

Y el poblano es muy difícil porque tiene un tipo de carácter ligado a lo convencional. Acepta con facilidad lo que está probado. Si ven un cuadro figurativo —ahora que está de moda el hiperrealismo— está bien. Pero como ciudad no hemos tenido el proceso evolutivo del arte moderno. Nos saltamos del costumbrismo de Arrieta, de los bodegones, cúpulas, fachadas a Lazcarro y Ramos Brito, que hacen arte moderno, hasta nuestro momento en el que se quiere jalar hacia la contemporaneidad. Entonces entra los encuentros de arte contemporáneo, la Bienal de la Universidad Iberoamericana, que son movimientos que quieren quitarse ese lastre.
Pero hay mucha gente que sigue viendo al arte en Puebla como el Barrio del Artista. Con todo respeto, lo que se hace ahí es artesanía. Los que están ahí dibujan perfecto una manzana, una cara y lo han hecho toda la vida. Pero siento que va más allá. En el arte hay otro tipo de discursos. Y en Puebla hay muchos artistas que están tratando de cambiar las cosas. Pero como ciudad, nos falta mucho.

Monopoly (Tinta china y acrílico sobre papel. 100x155cm. 2009)
¿Este estancamiento no crees que se deba al priísmo?
¡Además del priísmo, la liga de la decencia! Un maestro de artes visuales intentó hacer una exposición de arte sacro pero muy actual, cambiando expresiones. Tenía el cuadro de una virgen en el que se dibuja un poco el seno y la liga de la decencia se encargó de satanizar la exposición. Y Puebla ha tenido un gobierno priísta que por mucho tiempo no dejó que vinieran otras expresiones a inundar. Y la gente que tiene dinero para comprar arte se enamoró del minimalismo y de la abstracción. Y compran mucha obra de pintores oaxaqueños.
Aunque hay mucha gente que quiere hacer algo, por ejemplo Los Tamalistas no es un grupo de arte contemporáneo, sólo retomamos tradiciones y les damos un enfoque nuevo. Aunque sí hay gente que se enfoca a hacer arte contemporáneo, que hace video, instalación multimedia y que utiliza nuevos soportes y eso es bastante plausible.
El problema ahora es quitar el monopolio que existe no sólo con la gente que vende arte sino en las becas y en los apoyos que da CONACULTA.

Foto de Ricardo Tapia, co
rtesía de Blanca Edna Alonso para abartraba

¿Tú crees que las becas producen pintores?
En el caso de la pintura es excepcional, si te dan una beca es porque has demostrado que eres un pintor con mucho trabajo. Tienes que mostrar fotos y otros antecedentes de tus trabajos. Y depende mucho de quién te dé la beca. Porque si en el jurado de CONACULTA está Teresa del Conde o Raquel Tibol se va a apuntar hacia el modernismo. Pero eso es a nivel federal. En Puebla hay mucho monopolio.
Let’s make money (Mixta sobre tela. 100×80 cm. 2010)
¿Entonces tampoco en Puebla, las becas producen pintores?
Yo creo que no. El caso del arte en Puebla es que está muy ligado a la pintura, a pesar de que actualmente le arte puede ser todo y tiene muchas otras manifestaciones, la pintura aquí sigue siendo una institución. Muchos artistas pintamos. Personalmente nunca he solicitado una beca, pero sí conozco gente que lo ha hecho. Y curiosamente los resultados siempre son hacia la misma gente. Aquí la beca de pintura sólo te produce el catálogo, te da dinero si eres consagrado, si eres alguien nuevo se enfocan más a ver tu obra.

Mesa de trabajo. Foto Óscar Alarcón para abartraba

¿Entonces para qué tener becas?
Creo que son un incentivo que te da el gobierno para pararse el cuello y decir que se está haciendo arte en Puebla. Depende del jurado para saber a quién se la van a dar, depende de la región del estado que quieran resaltar. Creo que el favoritismo en Puebla está ligado al conservadurismo. Aunque conozco a muy pocos artistas que han ganado una beca porque realmente son buenos.
Creo que los artistas se quejan de la institucionalidad del arte. Y muchos de ellos por eso deciden tomar el arte. Aunque para ser artista hay que ser autogestivo pero también hay otros que sólo llenan a la perfección los requisitos para obtener una beca. Y varios artistas viven de ganar becas.
Pero otros hacen arte porque es lo único que saben hacer. Por ejemplo, el festival de día de muertos surgió de la nada y ya vamos en la cuarta edición, y éste es el primer año en el que nos apoya el FOESCAP (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Puebla).
Danza (Litografía. 56×40 cm. 2010)
¿En estos dos polos que me dijiste, en dónde se coloca tu pintura?, ¿perteneces a alguna escuela?
Yo creo que no. Tomo el soporte clásico de la pintura pero me gusta mezclarlo con las expresiones del arte contemporáneo. No es que sea algo transgresor, pues estoy utilizando al bastidor, o a veces al papel.

No es trasgresor en cuanto a técnicas o materiales, pero ¿las temáticas?
En las temáticas me gusta mucho que lo que veas cuente una historia, una situación, una denuncia, una nota del periódico.

Foto Óscar Alarcón para abartraba
Descubrí eso en tu pintura, ¿hay una reinterpretación de algunos conceptos, como la religión?
De la religión no me puedo despegar completamente. Tengo una formación católica de familia, pero no creo en la institución. Hay ciertas reminiscencias de la religión, pero no de manera consciente. Soy una persona muy espiritual pero no tanto religiosa. Sólo una vez participé en una bienal de arte sacro en donde el tema era totalmente religioso, pero era una reinterpretación.
Y aunque el mexicano es religioso, tenemos que ver de qué manera es religioso. Por ejemplo tenemos al poblano que es doble cara, que va a la iglesia todos los domingos pero va a criticar al de junto. La religiosidad es un fenómeno que nos envuelve como mexicanos y más como poblanos.
La revancha

¿Está en tu pintura?
Conscientemente jamás he querido ligar mi pintura a la religión. Ni siquiera en forma de reinterpretación. Obviamente como forma de la mexicanidad en alguna pude haberlo plasmado, pero no de forma consciente. Me gusta más el aspecto social en el que va inmersa la religión.
Me gustan más los temas políticos.

¿Y lo lúdico? Tenemos dos casos en tu obra, uno en donde aparece un toro, que el ritual puede entenderse de dos formas: una fiesta o bien un hecho sangriento; y otro un dibujo en el que los chavos están jugando Monopoly, y que no dejan de lado la parte lúdica.
Lo lúdico está presente en mi obra en tanto que me gusta jugar con mi obra. No tengo una técnica pictórica, no uso el óleo como se debe usar el óleo, no uso el acrílico como me lo enseñaron en la escuela. La finalidad es la expresión, para mí. ¿Cómo lo hago? Con lo que tengo en la mano: embarrar, ensuciar, chorrear, eso me gusta mucho. No me gusta cuidar la técnica. Esa parte es lúdica de mi obra, pero sólo para hacerla.

¿El proceso creativo?
Exacto. Me gusta mucho divertirme en el proceso de experimentar. Y en la obra, en el caso del Monopoly, se representa jugando porque el juego es parte del ser humano, como una actividad recreativa. No puedes jugar Monopoly y hacerte el tranza de Wall Street, tienes que jugar con las reglas del juego. El juego forma. Y el arte tiene mucho de juego. Con lo lúdico me refiero a jugar con los materiales.

¿Si no te diviertes no puedes jugar?
No, yo no.

Sin título (obra en proceso al momento de la entrevista). Foto Óscar Alarcón para abartraba

¿Y también es un medio catártico?, Lo que querría decir que tu obra y tu ser no están separados.
No, no están separados. Yo creo que son un complemento. Tú que eres escritor sabes que si te fue de la fregada lo escribes. O puede ser que cuando me siento mal me pongo a ver la tele y ni pelo a la obra. Hay que ser honestos, yo encabronada no llego y ataco la obra, sólo me encabrono y ya. Después me acuerdo de lo que sentí y del por qué me enojé y entonces ya lo puedo plasmar. Y hasta me divierto en el proceso.

¿En qué momento del día pintas?
Es indistinto. Tengo una libretita y cuando tengo una idea la anoto. Sea de foto, video, pintura. Anoto la idea que tuve y el soporte en el que la quiero realizar y ahí la tengo. Comienzan a salir las ganas de pintar y listo. No soy visceral, no es que “ahorita lo sentí, me vino la idea y me voy a mi casa a pintar”. Las ideas te vienen del trabajo; la inspiración es algo que te agarra en la calle. Puedes ver un letrero que te llame la atención, la anotas y cuando tienes las ganas, la ejecutas.
La mayoría de mi obra es de dibujo porque es con lo que he interactuado más desde pequeña. Aunque la foto y el video me fascinan, la mezcla de ellos. Haciendo cortometrajes y soportes digitales me llaman mucho la atención.
Pero con lo que más identifico es con la gráfica. Mi acercamiento con el arte contemporáneo es muy reciente, casi desde que salí de la escuela. Pero de cinco años hacia atrás mi fuerte era el dibujo.
Siempre tenía la inquietud de qué decir con la pintura. Por ello no tengo cuadros en los que puedas admirar la técnica. Dame pintura y yo embarro, pero no en pos de la técnica. Jamás me ha interesado.

Sin título
¿Se puede decir que eres una pintora atípica?
Pintora; artista no. A la pintura la veo como una herramienta para expresarme. El dibujo igual. Me interesan como herramientas. Pero también me gusta la música, la instalación, algo que recree algo. No uso pintura, uso sonidos u hojas de árboles. Texturas y que eso te envuelva en la emoción que te quiero transmitir. Aunque a veces no te quiera transmitir nada. Sólo te doy los elementos y quiero saber tú que me das a mí, le lanzo las herramientas al espectador para saber qué me da a mí. En ese sentido el arte es lúdico. Por eso es que la técnica no me interesa como tal, no me importa dibujar excelente.

¿Entonces la pintura es un mero recurso para crear atmósferas?
Sí. Para hacer historias, para hacer denuncia social. Lo que yo quiera decir dámelo y lo embarro. Para mí así debe ser la pintura. Respeto a la gente que hace pintura. Pero a mí, si me das óleo pongo óleo, si me das lápices de colores, los uso.

La pintura es mucho más trascendente en cuanto a su durabilidad, ¿qué es lo que sucede, en tu caso, con lo efímero en expresiones como el performance, happening, instalaciones?
El performance, el happening, la atmósfera son expresiones muy ricas del arte porque no están completas hasta que no hay quien las ve. La expresión se forma entre el artista y el espectador, y hasta que ese momento pragmático no está presente, la obra no está completa. Y la persona que lo registra en video la conserva, pero la obra es ese momento.

Foto Óscar Alarcón para abartraba

¿Y si la obra no puede registrarse, no importa?
Yo creo que no. Lo que al artista le importa es que se haya llevado a cabo. Hay muchas obras de performanceros que no se registran. Y queda el recuerdo. Como expresión se redondea cuando alguien la ve.
Si una persona hace un performance encerrado en su casa no hizo nada. Hizo un pancho, se hizo wey. Pero alguien que comparte esa expresión con la gente sí hace una obra.

Hace poco tiempo hubo una exposición en el museo Amparo, muy chistosa que eran los videos de muchos performances. Creo que eso es un poco incoherente, es como el letrerito que está afuera de la galería de arte contemporáneo que dice: “Museo de Arte Contemporáneo” ¿cómo puedes tener un “museo” para este tipo de arte? El performance es el momento, y que tú lo vivas.
Hay performances que están pensados para el soporte digital y que los llevas por muchas galerías en el mundo y la gente se mete. Eso es rescatable. El arte que maneja la interacción con la gente, que es pragmático, me gusta mucho.

Foto Óscar Alarcón para abartraba
Que alguien registre el performance es punto y aparte, pero tú, ¿tienes la intención de que tus expresiones sean registradas?
Sí, sí la tengo. Pero imagínate en los 60’s, no todo mundo tenía cámaras para grabar el performance, pero ya se hacía. Después viene el videoarte y entonces el performance se convierte en videoarte. Pero creo que desde el artista performancero que no le importaba tener el registro y lo hacía, se cumplía la intención.
Creo que el videoarte es algo por lo que todos los artistas deberíamos discurrir, no puedes vivir en la época del internet y no usarlo.
Pienso que actualmente no debes tener una formación académica especializada para ser un artista. Si eres una persona sensible y de verdad te interesa expresarte, puedes tomar video o foto, pintar, aunque no tengas esa formación académica artística. Esa formación es más inútil que el Bicentenario.
Yo tengo una formación artística porque no me imaginaba haciendo otra cosa. Entré a la facultad de medicina y a la semana me dije que eso no era lo mío y me salí.
Creo que no necesitas una licenciatura en arte para expresarte.

Pero si necesitas un background académico para entender el lenguaje fílmico, performancero o plástico.
Eso, a final de cuentas, va a determinar si tu obra trasciende o no. Si tienes ese background se va a reflejar en tu obra, puede ser la diferencia entre algo muy bueno y algo que es mediano. Eso sí.
Si tú quieres trasgredir con la pintura pero no sabes nada de pintura, primero tienes que aprender a construir y después lo haces pedazos.
Hasta en un rayón se puede ver cuando hay algo detrás, existe gente que cree que no, pero sí se puede una tener una idea de lo que quieres trasgredir. No puedes trasgredir algo que no conoces.
A mí no me interesa la pintura, pero sé pintar porque estuve en una universidad de artes plásticas.

Pero eso no te hace ser artista.
El ser artista no te lo da ni te lo quita la academia. También hay gente que estuvo los mismos cinco años que yo y ahora no hace nada.

Cama de repollitos (Acuarela y tinta china. 35.5×47 cm. 2009)
¿Hay una crisis en las instituciones, en los museos?
Sí. Si hablamos de las Bellas Artes ya no existen. No existen porque no tienen vigencia, sabemos de ellas porque siempre vamos a tener museos que nos recuerden las épocas gloriosas de cómo era el mundo.
Lo que está de más es usar el museo para hacer arte contemporáneo. El museo es un lugar donde se guarda el arte consagrado. Hay unos muy bonitos que fungen como museo y galería.
El arte contemporáneo no está ligado a la institución. El arte es un proceso dialéctico de lo que está, de quien viene y le rompe la madre y nuevamente se convierte en institución. El museo jamás dejará de ser una institución a la que puedas ir y observar arte consagrado. Puedes ir al museo de arte moderno y ver un Tamayo y disfrutarlo.
Pero si quieres ver un performance tienes que ir a la calle, porque tiene su espacio.
Las instituciones existen para el arte contemporáneo pero no lo configuran.

Pero a Gabriel Orozco lo encuentras en los museos
Sí pero también a Duchamp lo encuentras en los museos y los detestaba. Pero precisamente eso es el proceso dialéctico del que te hablo. Aparece el Ready-Made como una protesta hacia la institucionalidad en el arte. Pero después se vuelve famoso y se pone en la galería y en el museo y todos se ponen a hacer Ready-Made, como una copia. Lo que lo vulgariza es la reiteración.
Toda la contracultura es absorbida por la cultura. Es como la música punk, en donde se plantea “vamos a darle en la madre a la música”, pero se comienza a hacer una industria del punk, discos, grupos, y se vuelve cultura. Y ahora tenemos new punk o punk pop.
Este proceso es inherente a todas las manifestaciones artísticas. A Gabriel Orozco no lo metería en un museo pero va acabar ahí. Ya estuvo en Bellas Artes.
Es como la imagen del Che, que está en todas partes, en la ropa, tasas, calzones. Y ahí por ejemplo el graffiti, Basquiat lo hacía en bastidores y lo metió al museo.
El proceso es.

Foto Óscar Alarcón para abartraba
¿Estaríamos hablando de que el arte es para los museos y las expresiones artísticas para lo que no se encuentra en él?
No lo había pensado pero puede ser. A las expresiones artísticas yo las considero como todo lo referente al arte y sus quehaceres. Pero el mismo concepto de arte se ha modificado.
Actualmente el arte es mucho de reinterpretaciones, y no sólo el pasado remoto sino el pasado inmediato. O bien, el mismo presente. Toma de todo y lo vuelve a sacar.
Puede ser que el museo conserve las tradiciones artísticas u obra de personas consagradas, no necesariamente muertas, con cierto renombre. Aunque esa persona tenga 38 años, como Takashi Murakami.
Y el arte urbano, el arte emergente, busca espacios. Una persona que está empezando no estará en un museo, para ello está la galería, las escuelas, las calles, los pasillos del metro Balderas.

¿Qué tanto está la reinterpretación de la poblanidad en tu obra? ¿O ni siquiera está?
El poblano se me hace una persona curiosa. Yo nací aquí y no los entiendo. Mi relación con personas de otras ciudades es más entrañable.
No me siento apoblanada. No me interesa el snob.
En Puebla hay cuatro galeristas que mueven obra de gente pesada —tuve la oportunidad de trabajar con dos de ellas— y lo que veía mucho es el bluff: “no sé que dice pero me gusta mucho” o “he escuchado que Toledo es buenísimo, me voy a comprar uno porque está caro”. O compran obra de Lazcarro sólo porque es él. Y su escuela tienes a veinte señoras que pintan por las tardes. Y como tienen lana, exponen.
No sé qué
tan sano es, pero hay señoras que pintan y que exponen. En muchas hay trasfondo pero en otras, no.
El poblano se maneja mucho por el bluff, por el “está de moda”, y a mí eso nunca me ha identificado. No me interesa.

Al ver tus obras encontramos una temática actual, una búsqueda de una identidad como individuo del mundo.
En Espiritualidad New Look le puede quedar al poblano. Lo que está de moda, lo que cuesta. Pero es un fenómeno que sucede en el mundo, aunque al poblano le quede la camisa.
Me gustaría llegar a la madurez en la que se pueda reflejar una realidad actual, sin ponerle el acento a México. Es una ambición posible por el proceso global del mundo. No hay nada que suceda en Estados Unidos y no recorra el mundo, llámese una moda, una noticia. A pesar de sus enormes diferencias, el mundo tiene ciertos puntos en común, que lo configuran dentro de un todo.
El internet es un fenómeno muy interesante para usarlo como un soporte. Y ya hay webart. No arte en la web, porque claro muchos artistas utilizan el internet para darse a conocer. Sino arte creado para la red.
En una etapa mucho más madura me gustaría desligarme del dibujo y comenzar a utilizar sólo soportes globales, como el internet, el video. Aunque el dibujo sea parte de mí pero no reiterado.
Muchos de los dibujos que estoy haciendo ahora tienen que ver con las redes sociales, el facebook, twitter. Es algo actual, y que no sólo está aquí, sino en Indonesia o China. Y que te obliga a tener ciertos parámetros para decir “me gusta” “ya no me gusta”. Y eso lo haces tú y lo hace un chino.
La situación en México me abruma y lo tengo que expresar. Me gustaría llegar a ese punto en el que alguien vea un dibujo o un video y una foto y le remitiera a algo conocido en su ciudad, en su país. Me gusta el arte sin muros.
Foto Óscar Alarcón para abartraba

¿Entonces estás trabajando sobre este proyecto? ¿Es el más reciente?
Estoy metida en las redes sociales, con la nueva comunicación virtual. La nueva comunicación entre los seres humanos, está evolucionando hacia un sentido casi abstracto. Es un proyecto personal.
Y estoy muy enfocada con la reinterpretación del día de muertos, del festival del 2 de noviembre, estamos en los detalles finales.
En el plano personal, estoy con las ganas de hacer mi maestría en arte contemporáneo. Como artista estoy trabajando con los nuevos soportes. Estoy buscando hacer documentales, testimoniales, instalaciones.

Que sí las he hecho, pero en mis pininos era arbitrario. No tenían una línea. Y ahora sí quiero que todo lo que vaya a hacer se enfoque a la virtualidad, como parte de esta etapa de mi vida.
Quiero saltar y explorar a la instalación y el internet. Me interesa mucho la colectividad. No se trata de que si me rompieron el corazón, lo que siento o lo que pienso. Me interesa el sentir en una colectividad. En el dibujo del cerdo es mi sentir pero refleja una colectividad, como decir “qué pasa con el narco, con los asesinatos, con los sicarios”. No sólo a mí me afecta, sino a mucha gente. Poder trabajar por el sentir de una colectividad.

Diseño, edición y texto: Óscar Alarcón para abartraba

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