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Portada de ¡Nocauts! Microrrelato internacional de boxeo de Aldo Flores
Portada de ¡Nocauts! Microrrelato internacional de boxeo de Aldo Flores

 

Por Luis Loyde

 

El ser humano tiene un gusto particular por partirse el hocico, los mexicanos no somos la excepción.

 

Cuando hablamos de boxeo, vienen a nuestra mente los ídolos con short y guantes, campeonatos, rings, golpes y nocauts, pero no estamos tan lejanos a ese mundo, porque diariamente la vida nos reparte unos buenos ganchos. Desde la alarma de la mañana hasta los deberes del trabajo, chicos y grandes nos ponemos en guardia y nos defendemos.

 

Nuestra pelea se desarrolla en la cama, el camión, la escuela o el trabajo. Con 24 rounds de 1 hora cada uno. Como las luchas interminables de Rocky Balboa, Mickey O’Neil o Jake LaMotta. Así pasa la vida.

En ¡Nocauts! Microrrelato internacional de boxeo, nos encontraremos a estos campeones, a la multitud gritando por sangre. Navegando a través de microhistorias reunidas por Aldo Flores. Desde las pampas argentinas, hasta los gimnasios mexicanos, nos trae historias que se dan en el ring de las páginas con guantes de letras, listas para lanzar su golpe fulminante: nocaut.

 

Una fila de escritores preparada para pelear, en este Microrrelato Internacional del Boxeo.

 

“-¿A qué sabe un nocaut?- le pregunta.

El boxeador contesta con voz débil pero decidida:

-Pregúntele a mi rival, cuando se acabe la pelea.”

El sabor de un nocaut (fragmento). Armando Alanís, pág. 44.

 

En todo los rounds -entiéndase como partes del libro- encontramos personajes aguerridos, llenos de voluntad y aferrados a la victoria. Es el caso de hombres y mujeres por igual, de los olvidados mártires del deporte que conocemos muy bien en México.

 

A lo largo del libro aparecen historias de victoria o de derrota de vez en cuando, en algunas son del protagonista y en otras del espectador. Se conjuntan eventos que han unido al mundo del boxeo: las peleas míticas de Pacquiao, la leyenda de Muhammad Ali y el símbolo naciente del “Canelo” Álvarez. Todos forman un ambiente propicio para llevarnos al mundo del pugilismo.

 

“El rojo se aglutinaba en su cara al igual que el carmín de unos guantes. Ella lo abofeteó con la izquierda y la derecha. Jorge sólo atinó a guardar después del accidente un trozo de tela suave en el vivo izquierdo de su traje blanco.

Los transeúntes, público dividido, ovacionaron la hazaña en silencio.”

El ring de la vida (fragmento). Betel T.E., pág. 98.

 

No sólo encontramos las historias de los rings rodeados de multitudes, idolatrando a los campeones, algunos de los relatos nos llevan al ámbito costumbrista, de hombres y mujeres que se meten a la lucha por el campeonato mundial de la vida en el Centro Deportivo de la calle y la cotidianidad.

 

Relatos que se adentran en lo profundo del carácter del boxeador, del cual guardamos un poco en el interior de nosotros. Porque boxeadores, somos todos:

 

“Durante el lance se supo solo, pues no había nadie mejor que él para brindarle ayuda. Fue derrotado y se sintió miserable. Con el cuerpo cansado y adolorido, cabizbajo, frustrado y rabioso, se quitó los guantes, los arrojó a una de las esquinas y salió lentamente del quirófano”

K.O. técnico. Alfonso Pedraza, pág. 45.

 

El ritmo con el que los acontecimientos suceden hace al libro digerible y bastante entretenido. Hablar del boxeo se hace tan agradable, que aun siendo distante al pugilismo, uno puede sentir la desesperación de la mujer que ve a su esposo pelear; la alegría del campeón; la aflicción del vencido y el dolor de todos los anteriores.

 

Para hablar de boxeo, se necesita hablar de ganar y perder. De los constantes sacrificios del atleta para pelear unos pocos minutos. Hablar del triunfo en pequeña masa, de la recompensa tan pequeña que se da después de una madriza descomunal. Como lo hemos hecho hasta ahora, correr en la mañana para que no se nos haga tarde como Rocky trotaba en las montañas y barrios. Pelear frente al espejo, contra uno mismo, como lo haría Mayweather. Tomar nuestra canción favorita y hacer nuestra entrada.

 

Somos pugilistas de tiempo completo. Viviendo golpizas diarias de un contrincante al que llamamos vida. Que se manifiesta en forma de ex parejas, deudas o delincuentes.

 

 

Así que damas y caballeros, pónganse sus vendas, guantes y protector bucal que la campana ha sonado. Levanten la guardia y prepárense para dar y recibir unos buenos derechazos, o tal vez, ¡nocaut!

 

 

¡Nocauts! Microrrelato internacional de boxeo. (2015). Coordinado por Aldo Flores Escobar. Fomento Editorial BUAP.

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